{"id":39982,"date":"2016-10-05T23:27:54","date_gmt":"2016-10-06T04:27:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-1992-celebracion-de-la-palabra-en-el-pontificio-colegio-mexicano-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:27:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:27:54","slug":"24-de-noviembre-de-1992-celebracion-de-la-palabra-en-el-pontificio-colegio-mexicano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-1992-celebracion-de-la-palabra-en-el-pontificio-colegio-mexicano-2\/","title":{"rendered":"24 de noviembre de 1992, Celebraci\u00f3n de la Palabra en el Pontificio Colegio Mexicano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">XXV ANIVERSARIO DEL PONTIFICIO COLEGIO MEXICANO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/>Martes 24 de noviembre de 1992<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>\u201cYo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que t&uacute; me diste; porque son tuyos, y todo lo m&iacute;o es tuyo y lo tuyo m&iacute;o\u201d <\/i>(<i>Jn<\/i> 17, 9-10). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos en el episcopado, <br \/> amad&iacute;simos sacerdotes, religiosas, <br \/> hermanos y hermanas: <\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Con inmenso gozo me encuentro nuevamente en este Pontificio Colegio Mexicano para celebrar, junto con todos vosotros, el XXV Aniversario de su fundaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Mi primera visita tuvo lugar a mi regreso de aquel viaje apost&oacute;lico a M&eacute;xico en 1979, del que conservo tan entra&ntilde;ables recuerdos, y durante el cual el Se&ntilde;or me concedi&oacute; la gracia de poder inaugurar en Puebla de los &Aacute;ngeles la III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que tan sazonados frutos eclesiales produjo, particularmente en el aumento de las vocaciones al sacerdocio, a la vida religiosa y al apostolado laical. <\/p>\n<p align=\"left\"> En esta ocasi&oacute;n, y despu&eacute;s del viaje a Santo Domingo, donde inaugur&eacute; la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, me encuentro de nuevo entre vosotros para dar fervientes gracias a Dios por los veinticinco a&ntilde;os de vida de esta instituci&oacute;n eclesi&aacute;stica, que es como una parcela de la Naci&oacute;n mexicana aqu&iacute; en Roma. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Las palabras de Jes&uacute;s en su oraci&oacute;n sacerdotal, que acabamos de escuchar, nos introducen en la plegaria comunitaria de esta Liturgia de la Palabra. Como los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo con Mar&iacute;a, nos hemos congregado aqu&iacute; bajo la mirada maternal de Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe, para elevar nuestra ferviente acci&oacute;n de gracias a Dios por los muchos dones que ha concedido a este Colegio y, por su medio, a la Iglesia en M&eacute;xico, durante estos cinco lustros de formaci&oacute;n y vida sacerdotal. <\/p>\n<p align=\"left\"> Mi saludo cordial y agradecido se dirige a los Se&ntilde;ores Obispos de M&eacute;xico que nos acompa&ntilde;an y a cuantos desde la patria se unen espiritualmente a nuestra celebraci&oacute;n. Un recuerdo especial, tambi&eacute;n lleno de gratitud, a los Superiores del Colegio y a aquellas personas que, de diversas formas, han contribuido a hacer de esta instituci&oacute;n v&aacute;lido instrumento para bien de la Iglesia en M&eacute;xico. Saludo asimismo a todos los presentes y, en especial, a los actuales alumnos que represent&aacute;is a tantos sacerdotes de numerosas di&oacute;cesis mexicanas, que se enriquecieron en este centro con una esmerada formaci&oacute;n sacerdotal e intelectual junto a la Sede de Pedro. Los a&ntilde;os de vuestra permanencia en Roma os permiten, sin duda, adquirir una especial experiencia de la Iglesia universal, no s&oacute;lo por estar cerca del Sucesor de Pedro sino tambi&eacute;n por los variados y enriquecedores contactos con Pastores de las Iglesias particulares y con otros eclesi&aacute;sticos de diversos pa&iacute;ses y continentes, as&iacute; como con compa&ntilde;eros estudiantes procedentes de todas las partes del mundo. Toda esta riqueza de experiencias, queridos sacerdotes, debe ayudaros a corroborar s&oacute;lidamente la virtud del equilibrio, tanto a nivel personal como eclesial, lo cual se refleje ben&eacute;ficamente en vuestros respectivos presbiterios diocesanos, en la &iacute;ntima y sincera comuni&oacute;n con vuestros Obispos, y en la colaboraci&oacute;n fraterna con los religiosos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Un saludo afectuoso quiero reservar a las religiosas y personal auxiliar que, con su labor constante y callada, colaboran a hacer m&aacute;s acogedora la vida diaria de la casa. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Quiero poner de relieve que este Colegio tiene la delicada misi&oacute;n de favorecer, juntamente con las Universidades eclesi&aacute;sticas de Roma, <i>la formaci&oacute;n de los presb&iacute;teros<\/i>, que son enviados por sus respectivos Obispos para obtener alguna especializaci&oacute;n en las ciencias sagradas y humanas, con el objeto de ofrecer un mejor servicio pastoral en los Seminarios e Instituciones de las Iglesias diocesanas en M&eacute;xico. <\/p>\n<p align=\"left\"> Para alentaros en este proceso formativo, deseo recordar y destacar algunos aspectos de la <i>formaci&oacute;n permanente<\/i>, que he propuesto en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica \u201cPastores Dabo Vobis\u201d. Ojal&aacute; que con vuestro esfuerzo y el de los sacerdotes en vuestras di&oacute;cesis, se logren elaborar unos \u201cprogramas de formaci&oacute;n permanente, capaces de sostener, de una manera real y eficaz, el ministerio y vida espiritual de los sacerdotes\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> En primer lugar, recordemos que \u201cla formaci&oacute;n permanente encuentra su fundamento y su raz&oacute;n de ser original en el dinamismo del sacramento del Orden\u201d, (<i>ib<\/i>. 70) que tiene diversos aspectos y un significado profundo. En efecto, ella \u201ces expresi&oacute;n y exigencia de la fidelidad del sacerdote a su ministerio, es m&aacute;s, a su propio ser&#8230; es una exigencia intr&iacute;nseca del don del ministerio sacramental recibido\u201d (<i>ib<\/i>.). <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. En la <i>liturgia de la Palabra, que estamos celebrando<\/i>, hemos escuchado el discurso de Pedro en la casa de Cornelio, en el que resume toda la vida de Jes&uacute;s con estas pocas palabras: \u201cpas&oacute; haciendo el bien\u201d (<i>Hch<\/i> 10, 38). Es &eacute;l, \u201cJes&uacute;s de Nazaret\u201d, el \u201cungido con el Esp&iacute;ritu Santo y con poder\u201d, el que muri&oacute; y resucit&oacute;, del que san Pedro dice, en nombre de los dem&aacute;s ap&oacute;stoles, \u201cnosotros somos testigos\u201d ((<i>ib<\/i>. 10, 39). <\/p>\n<p align=\"left\"> Pues bien, el sacerdote ministro ha de ser signo y transparencia de la caridad de Cristo, Buen Pastor. Por el hecho de participar de su consagraci&oacute;n, puede prolongar su misma misi&oacute;n y est&aacute; llamado a presentar su mismo estilo de vida. Todas las dimensiones de la formaci&oacute;n permanente tienden a este objetivo: \u201cAs&iacute; como toda la actividad del Se&ntilde;or ha sido fruto y signo de la caridad pastoral, de la misma manera debe ser tambi&eacute;n para la actividad ministerial del sacerdote\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 72). Por esto, el \u201csignificado profundo\u201d de la formaci&oacute;n permanente \u201ces el de ayudar al sacerdote a ser y a desempe&ntilde;ar su funci&oacute;n en el esp&iacute;ritu y seg&uacute;n el estilo de Jes&uacute;s Buen Pastor\u201d (<i>ib<\/i>. 73). <\/p>\n<p align=\"left\"> La diversas dimensiones de la formaci&oacute;n permanente se armonizan entre s&iacute;, porque todas ellas tienden a crear pastores dispuestos a dar la vida como el Se&ntilde;or. As&iacute; pues, \u201calma y forma de la formaci&oacute;n permanente del sacerdote es la caridad pastoral\u201d (<i>ib<\/i>. 70). Para ser \u201csigno\u201d del Buen Pastor, que \u201cpas&oacute; haciendo el bien\u201d, el sacerdote debe ahondar en su <i>formaci&oacute;n humana<\/i>, hasta tener un \u201capasionado amor al hombre\u201d, compartiendo con &eacute;l alegr&iacute;as y trabajos. Esta solidaridad con el hombre, al estilo de Jes&uacute;s, no ser&aacute; posible sin una <i> profunda y s&oacute;lida formaci&oacute;n espiritual<\/i>, que se traduce en una &iacute;ntima relaci&oacute;n personal con el Se&ntilde;or y en el seguimiento evang&eacute;lico, hasta llegar a una participaci&oacute;n \u201ccada vez m&aacute;s amplia y radical de los sentimientos y actitudes de Jesucristo\u201d. <i>La formaci&oacute;n intelectual<\/i> \u2013continuamente actualizada\u2013 debe centrarse en el Misterio de Cristo, anunciado, celebrado, comunicado, vivido: \u201cEl sacerdote, participando de la misi&oacute;n prof&eacute;tica de Jes&uacute;s e inserto en el misterio de la Iglesia, Maestra de verdad, est&aacute; llamado a revelar a los hombres el rostro de Dios en Jesucristo\u201d (<i>ib<\/i>. 73). <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. La <i>oraci&oacute;n sacerdotal<\/i> de Jes&uacute;s durante la &uacute;ltima cena, cuyas primeras palabras hemos escuchado en esta celebraci&oacute;n, nos ofrece un aspecto esencial de la vida del presb&iacute;tero: su &iacute;ntima uni&oacute;n con Jesucristo. El Se&ntilde;or repite constantemente: \u201clos que t&uacute; me has dado&#8230; los que me has dado sac&aacute;ndolos del mundo&#8230; t&uacute; me los has dado&#8230;\u201d (<i>Jn<\/i> 17, 6). &iquest;C&oacute;mo no ver en estas palabras la fuente y centro de nuestra vocaci&oacute;n en todas las etapas y dimensiones de formaci&oacute;n inicial y permanente? Nuestro ser, nuestro obrar y nuestro estilo de vida deben ser, ante los hombres, como una \u201cprolongaci&oacute;n visible y signo sacramental de Cristo\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 16). <\/p>\n<p align=\"left\"> Las singladuras de la vida sacerdotal, queridos hermanos, est&aacute;n claramente trazadas en la doctrina, tradici&oacute;n y vida de la Iglesia. De ello estamos todos convencidos. Queda en pie, sin embargo, la cuesti&oacute;n que se plantean muchos sacerdotes: &iquest;c&oacute;mo encontrar mejor en el propio Presbiterio, con el propio Obispo, los medios necesarios para cumplir con todas estas exigencias evang&eacute;licas? He aqu&iacute; el por qu&eacute; de un \u201cprograma\u201d de vida que hay que elaborar para llevar a cabo una formaci&oacute;n permanente eficaz y que responda a las necesidades propias y de las comunidades que se os conf&iacute;an. Se trata, en efecto, de \u201chacer un proyecto y establecer un programa, capaces de estructurar la formaci&oacute;n permanente no como un mero episodio, sino como una propuesta sistem&aacute;tica de contenidos, que se desarrolla por etapas y tiene modalidades precisas\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 79). <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. La formaci&oacute;n permanente ayuda a los sacerdotes a construir esta \u201cfamilia\u201d sacerdotal y \u201cfraternidad sacramental\u201d querida por el Concilio (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\">Christus Dominus<\/a><\/i>, 28; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\"> Presbyterorum ordinis<\/a><\/i>, 8), en la que todos colaboren responsablemente a hacer realidad la \u201c&iacute;ntima fraternidad\u201d que nace \u201cde la com&uacute;n ordenaci&oacute;n sagrada y de la com&uacute;n misi&oacute;n\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 28). Porque \u201cdentro de la comuni&oacute;n eclesial, el sacerdote est&aacute; llamado de modo particular, mediante su formaci&oacute;n permanente, a <i>crecer en y con el propio Presbiterio unido al Obispo<\/i>&#8230; La fisonom&iacute;a del Presbiterio es, por tanto, la de una <i>verdadera familia<\/i>\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 74). <\/p>\n<p align=\"left\"> Los deseos ardientes de Jes&uacute;s, manifestados durante la &uacute;ltima cena, urgen a cada uno a asumir, personal y responsablemente, esa tarea de la que depende en gran parte el futuro de la Iglesia. La gracia del Esp&iacute;ritu Santo, recibida en el sacramento del Orden, nos urge a sentirnos hermanos de los dem&aacute;s sacerdotes, asumiendo la tarea de hacer del propio Presbiterio \u2013siempre en comuni&oacute;n con el propio Obispo\u2013 una verdadera familia sacerdotal en la que todos se sientan acogidos y unidos para compartir y ayudarse en los diversos campos de la vida y ministerio. <\/p>\n<p align=\"left\"> Si dejamos penetrar en nuestro coraz&oacute;n el intenso amor de Cristo a sus sacerdotes, como se manifiesta en la oraci&oacute;n sacerdotal de la &uacute;ltima cena, nos sentiremos llamados a servir con nuestros hermanos del Presbiterio a la Iglesia que es misterio, comuni&oacute;n y misi&oacute;n (cf.<i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\"> Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 73). <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. La comunidad eclesial, queridos sacerdotes, necesita ver en nosotros el signo personal del Buen Pastor, que \u201cpas&oacute; haciendo el bien\u201d (<i>Hch<\/i> 10, 38). Invito, pues, a todos a <i>seguir las huellas<\/i> de tantos sacerdotes ejemplares que M&eacute;xico ha tenido a lo largo de su historia, incluida la m&aacute;s reciente. De &eacute;sta son una muestra elocuente los veintid&oacute;s sacerdotes m&aacute;rtires, que he beatificado en la fiesta de Cristo Rey. La Iglesia y la sociedad de hoy necesitan testigos cre&iacute;bles que realicen, como estos Beatos, una labor apost&oacute;lica prof&eacute;tica y martirial, \u201cprolongando cada sacerdote, y unido a los dem&aacute;s, aquella actividad pastoral que ha distinguido a los hermanos que les han precedido\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 74). Con ellos podremos decir tambi&eacute;n nosotros: \u201cJes&uacute;s de Nazaret&#8230; pas&oacute; haciendo el bien y curando a todos los oprimidos&#8230; y nosotros somos testigos de todo lo que hizo\u201d (<i>Hch<\/i> 10, 38-39). <\/p>\n<p align=\"left\"> Para instaros m&aacute;s a este compromiso de abnegada vida sacerdotal, os encomiendo a la Sant&iacute;sima Virgen, la cual, con \u201csu ejemplo y mediante su intercesi&oacute;n, sigue vigilando el desarrollo de las vocaciones y de la vida sacerdotal\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 82) en la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Deseo terminar con las palabras que pronunci&eacute; en Durango, durante mi inolvidable visita pastoral, y donde tuve la alegr&iacute;a de ordenar a un centenar de sacerdotes de todo el pa&iacute;s: \u201c&iexcl;M&eacute;xico necesita sacerdotes santos! &iexcl;M&eacute;xico necesita hombres de Dios que sepan servir a sus hermanos en las cosas de Dios&iexcl; &iquest;Ser&eacute;is vosotros esos hombres? El Papa, que os ama entra&ntilde;ablemente, as&iacute; lo espera. &iexcl;Sed los santos sacerdotes que necesitan los mexicanos y que anhela la Iglesia! &iexcl;Que Nuestra Se&ntilde;ora de Guadalupe os acompa&ntilde;e siempre por los caminos de la nueva evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica! As&iacute; sea\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1990\/documents\/hf_jp-ii_hom_19900509_durango.html\">Santa Misa en Durango<\/a><\/i>, n. 10, 9 de mayo de 1990). <\/p>\n<p align=\"left\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1992 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XXV ANIVERSARIO DEL PONTIFICIO COLEGIO MEXICANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Martes 24 de noviembre de 1992 &nbsp; \u201cYo ruego por ellos; no ruego por el mundo, sino por los que t&uacute; me diste; porque son tuyos, y todo lo m&iacute;o es tuyo y lo tuyo m&iacute;o\u201d (Jn 17, 9-10). Queridos hermanos en &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-noviembre-de-1992-celebracion-de-la-palabra-en-el-pontificio-colegio-mexicano-2\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab24 de noviembre de 1992, Celebraci\u00f3n de la Palabra en el Pontificio Colegio Mexicano\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39982","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39982","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39982"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39982\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39982"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39982"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39982"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}