{"id":39991,"date":"2016-10-05T23:28:02","date_gmt":"2016-10-06T04:28:02","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-octubre-de-1992-santa-misa-para-los-sacerdotes-religiosos-y-religiosas-en-santo-domingo\/"},"modified":"2016-10-05T23:28:02","modified_gmt":"2016-10-06T04:28:02","slug":"10-de-octubre-de-1992-santa-misa-para-los-sacerdotes-religiosos-y-religiosas-en-santo-domingo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-octubre-de-1992-santa-misa-para-los-sacerdotes-religiosos-y-religiosas-en-santo-domingo\/","title":{"rendered":"10 de octubre de 1992, Santa Misa para los sacerdotes, religiosos y religiosas en Santo Domingo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/travels\/1992\/travels\/documents\/trav_santo-domingo-1992.html\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A SANTO DOMINGO<\/a><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/i><\/b><i><br \/>S&aacute;bado 10 de octubre de 1992<\/i><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p> <i>\u201cVosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, naci&oacute;n santa, pueblo adquirido para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz\u201d<\/i> (<i>1P<\/i> 2, 9). <\/p>\n<p> <i>Amados sacerdotes, religiosos, religiosas, <br \/> miembros de vida consagrada y contemplativa: <\/i> <\/p>\n<p> 1. Reunidos en torno al altar en esta catedral primada os saludo en el Se&ntilde;or con estas palabras del ap&oacute;stol san Pedro, dirigidas a los primeros cristianos. En efecto, todos est&aacute;is llamados a anunciar con vuestra vida y ministerio a Jesucristo, el que ha iluminado con la luz de la verdad a los pueblos de Am&eacute;rica, haciendo de ellos un sacerdocio real y <i>una naci&oacute;n santa por medio del bautismo<\/i>. <\/p>\n<p> Nos encontramos en este templo ante la \u201cCruz de la Evangelizaci&oacute;n\u201d y ante el primer cuadro de la Sant&iacute;sima Virgen tra&iacute;do a Am&eacute;rica: Nuestra Se&ntilde;ora de la Antigua. Es como si estuvi&eacute;semos en el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, donde los disc&iacute;pulos se reunieron \u201ccon Mar&iacute;a la Madre de Jes&uacute;s\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 14), \u201c<i>para implorar al Esp&iacute;ritu y obtener fuerzas y valor para cumplir el mandato misionero<\/i>\u201d (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a><\/i>, 92). <\/p>\n<p> En vosotros, queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, saludo a cuantos en Am&eacute;rica Latina dedican generosamente su vida a la edificaci&oacute;n del Reino de Dios. Abrazo con afecto a todos los ministros de la evangelizaci&oacute;n, hombres y mujeres, que en los lugares m&aacute;s remotos de este Continente de la esperanza hacen presente el mensaje de salvaci&oacute;n, sembrado hace cinco siglos en el alma noble de los pueblos de Am&eacute;rica. Al mismo tiempo, deseo manifestar a todos mi gratitud por la labor sacrificada con la que, \u201ccomo piedras vivas\u201d (<i>1P<\/i> 2, 5), constru&iacute;s d&iacute;a a d&iacute;a la Iglesia, difundiendo la Palabra de Dios y administrando los sacramentos que santifican. Gracias por vuestra labor pastoral en los diversos campos, como son la catequesis, la educaci&oacute;n, la salud, la promoci&oacute;n humana, la pastoral familiar, las vocaciones, la ense&ntilde;anza, los asilos, los hospitales y all&iacute; donde hac&eacute;is tangible y cercana la presencia de la Iglesia entre los m&aacute;s pobres y abandonados. <\/p>\n<p> Mi saludo fraterno se dirige igualmente a todos los Se&ntilde;ores Obispos aqu&iacute; presentes y, en especial, al Episcopado de este entra&ntilde;able pa&iacute;s que nos acoge para conmemorar el V Centenario de la Evangelizaci&oacute;n del Continente. <\/p>\n<p> 2. Las palabras del Evangelio nos han recordado <i>los comienzos de la predicaci&oacute;n de Jes&uacute;s<\/i>, el anuncio del Reino, el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. Un anuncio de felicidad y de gozo: las bienaventuranzas, c&oacute;digo del seguimiento de Cristo, expresi&oacute;n de la novedad que el Hijo de Dios, como nuevo Mois&eacute;s, proclama con autoridad. Junto al Maestro estaban sus disc&iacute;pulos que, dej&aacute;ndolo todo, le hab&iacute;an seguido. Ellos acog&iacute;an sus palabras como primeros destinatarios de la Buena Noticia que hab&iacute;an de anunciar por todo el mundo. <\/p>\n<p> <i>Hoy se cumple tambi&eacute;n esta Escritur<\/i>a. Junto al Se&ntilde;or, presente en medio de nosotros, estamos reunidos para escuchar las palabras de vida que nos convocan a la misi&oacute;n. Estoy firmemente convencido de que el futuro de la nueva evangelizaci&oacute;n en Am&eacute;rica Latina depende principalmente de la entrega y fidelidad de los sacerdotes y religiosos, que a imitaci&oacute;n de los disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or, \u201clo dejaron todo y le siguieron\u201d (<i>Lc<\/i> 5, 11) para \u201cestar con &eacute;l y para ser enviados a predicar\u201d (<i>Mc<\/i> 3, 14). <\/p>\n<p> El programa de vida \u2013que para el disc&iacute;pulo del Se&ntilde;or son las bienaventuranzas que hemos proclamado\u2013 exige una renovaci&oacute;n espiritual fundada en el seguimiento radical de Cristo Sacerdote, Maestro y Buen Pastor. <i>Se trata de hacer de la propia vida un don, una oblaci&oacute;n<\/i> a Dios, que nos llama a construir el edificio espiritual que es la Iglesia. <\/p>\n<p> &Eacute;ste es el sentido de la exhortaci&oacute;n de san Pedro contenida en la primera lectura: \u201c<i>Vosotros, como piedras vivas, entrad en la construcci&oacute;n del templo del Esp&iacute;ritu, formando un sacerdocio sagrado para ofrecer sacrificios espirituales que Dios acepta por Jesucristo\u201d<\/i> (<i>1P<\/i> 2, 5). <\/p>\n<p> 3. Estas palabras, dirigidas a los cristianos de la Iglesia naciente, vinieron a ser una realidad para los habitantes de estas tierras, cuando hace cinco siglos el mensaje de salvaci&oacute;n fue anunciado por primera vez. <i>Todos ellos fueron llamados a formar parte del edificio espiritual que es la Iglesia<\/i>, cuya piedra angular es Cristo Jes&uacute;s. El Evangelio fue proclamado por abnegados misioneros \u2013la mayor parte de ellos pertenecientes a &oacute;rdenes religiosas\u2013 y lo que antes eran s&oacute;lo \u201csemillas del Verbo\u201d (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 16; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\"> Ad gentes<\/a><\/i>, 2) se convirti&oacute; por la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, en un &aacute;rbol frondoso, que hunde sus ra&iacute;ces en el coraz&oacute;n de los hombres y de los pueblos latinoamericanos. <\/p>\n<p> Hasta este Continente lleg&oacute; el Evangelio de las bienaventuranzas, el anuncio de Cristo Crucificado y Resucitado, de su dolor solidario y liberador, camino hacia un nuevo cielo y una nueva tierra donde no habr&aacute; m&aacute;s l&aacute;grimas, ni muerte (cf. <i> Ap<\/i> 21, 1.4). \u201cLa bondad de Dios nuestro Salvador y su amor a los hombres\u201d (<i>Tt<\/i> 3, 4) han sido proclamados en estas tierras. En los surcos abiertos de su historia, la semilla del Evangelio, regada por la sangre de los m&aacute;rtires, fructific&oacute; en un pueblo creyente que acogi&oacute; al Se&ntilde;or de la Vida, y \u201cla fe pas&oacute; a ser constitutiva de su ser y de su identidad\u201d (<i>Puebla<\/i>, 412), como lo demuestran cinco siglos de vida cristiana. <\/p>\n<p> Hoy la Iglesia tiene que afrontar nuevos desaf&iacute;os a los que tiene que dar una respuesta desde el Evangelio. Por ello, con amor de padre y pastor, me atrevo a preguntaros: &iquest;Qu&eacute; est&aacute;is haciendo, queridos sacerdotes, para que este V Centenario sea un tiempo de gracia en el que el mensaje de salvaci&oacute;n penetre profundamente en la vida de los individuos, de las familias, de la sociedad? &iquest;C&oacute;mo est&aacute;is contribuyendo, amados religiosos y religiosas, a las tareas de la nueva evangelizaci&oacute;n con vuestro testimonio de seguimiento radical a Cristo en la pr&aacute;ctica de los consejos evang&eacute;licos? <\/p>\n<p> 4. <i>Vosotros, sacerdotes<\/i>, est&aacute;is llamados a dar la Palabra de vida, los sacramentos, el amor y la gracia de Cristo. Esto es lo que esperan los fieles y la Iglesia os pide: que se&aacute;is sacerdotes &iacute;ntegros. En palabras de san Pablo: \u201cQue nos tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios\u201d (<i>1Co<\/i> 4, 1). Vuestra fidelidad se enmarca, pues, en el misterio de la Iglesia en la que Jes&uacute;s est&aacute; presente y operante para la salvaci&oacute;n del mundo. &Eacute;l nos ha llamado a ser sus ministros, nos ha consagrado en modo peculiar y nos env&iacute;a a predicar (cf. <i>Mt<\/i> 28, 19; <i>Mc<\/i> 3, 13-14). Por ello, el ministerio de la Palabra es nuestro primer deber, nuestra obligaci&oacute;n m&aacute;s apremiante, \u201clo que constituye la singularidad de nuestro servicio sacerdotal\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 68). <\/p>\n<p> Os exhorto, pues, a que vuestra predicaci&oacute;n se inspire siempre en la Palabra de Dios, transmitida por la Tradici&oacute;n y propuesta autorizadamente por el Magisterio de la Iglesia. Hablad con valent&iacute;a, predicad con fe profunda y alentando a la esperanza, como testigos del Se&ntilde;or Resucitado. No os consider&eacute;is maestros al margen de Cristo (cf. <i>Mt<\/i> 23, 8) sino testigos y servidores que, como nos lo recuerdan las palabras del Pontifical Romano en la ordenaci&oacute;n de los presb&iacute;teros, \u201ccreen lo que anuncian, ense&ntilde;an lo que creen y practican lo que ense&ntilde;an\u201d (<i>Pontificale Romanum<\/i>. &laquo;In presbyterorum ordinationem&raquo;). <\/p>\n<p> Sed fieles tambi&eacute;n a vuestro ministerio de santificar, pues hab&eacute;is recibido \u201cla fuerza del Esp&iacute;ritu Santo\u201d (<i>Hch<\/i> 1, 8) para ser testigos de Cristo e instrumentos de la vida nueva. El Concilio Vaticano II afirma con insistencia que la misi&oacute;n esencial del sacerdote se halla en la Eucarist&iacute;a (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 28). A trav&eacute;s de la Eucarist&iacute;a la redenci&oacute;n de Cristo toca el coraz&oacute;n de cada hombre transformando la historia del mundo. El misterio eucar&iacute;stico, intensamente vivido, reforzar&aacute; vuestra voluntad de servicio a los hermanos, os har&aacute; descubrir la importancia de los dem&aacute;s sacramentos y encontrar&eacute;is fuerza para dedicaros a la confesi&oacute;n y a la direcci&oacute;n espiritual. Para cumplir adecuadamente este ministerio, es imprescindible vuestra misma experiencia personal del sacramento de la reconciliaci&oacute;n, por medio de vuestra confesi&oacute;n frecuente. <i>La gozosa experiencia de ser perdonados por Cristo alimenta el deseo de ofrecer a los otros su perd&oacute;n<\/i>. <\/p>\n<p> El amor llev&oacute; a Jes&uacute;s a entregarse en oblaci&oacute;n por nosotros: \u201cPor ellos me consagro yo\u201d (<i>Jn<\/i> 17, 19). Tambi&eacute;n nosotros, como Jes&uacute;s y con &Eacute;l, hemos de dar la vida por los dem&aacute;s (cf. <i>ib&iacute;d<\/i>., 10, 119. Por esto, la caridad pastoral del sacerdote, alimentada por la pobreza, la castidad y la obediencia, es como un signo sacramental del amor del Buen Pastor. <\/p>\n<p> 5. Vosotros, <i>religiosos y religiosas<\/i>, est&aacute;is llamados a ser signos luminosos de las realidades del Reino de Dios en su dimensi&oacute;n escatol&oacute;gica (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_perfectae-caritatis_sp.html\">Perfectae caritatis<\/a><\/i>, 1) y testigos del esp&iacute;ritu radical de las bienaventuranzas: la pobreza de esp&iacute;ritu, la mansedumbre del coraz&oacute;n, las l&aacute;grimas del dolor y de la compasi&oacute;n, el hambre y la sed de justicia, la misericordia y la pureza de coraz&oacute;n, el compromiso por la paz verdadera e incluso la persecuci&oacute;n por el nombre de Cristo. <\/p>\n<p> En medio del Pueblo de Dios que peregrina en Am&eacute;rica Latina, tan cercano a la experiencia de las bienaventuranzas evang&eacute;licas, deb&eacute;is ser heraldos de los ideales proclamados por Jes&uacute;s en el serm&oacute;n de la monta&ntilde;a. Sed luz que ilumine, sal que no pierda su sabor. Cuanto m&aacute;s intensa sea vuestra tarea apost&oacute;lica, tanto m&aacute;s eficaz debe ser el testimonio de vuestra consagraci&oacute;n a Cristo. Cuanto m&aacute;s comprometida sea vuestra animaci&oacute;n de las realidades temporales, tanto m&aacute;s deb&eacute;is aparecer en vuestras acciones <i>como personas que han optado por un irrevocable seguimiento de Cristo, pobre, obediente y casto<\/i>. Como se afirma en la Constituci&oacute;n <i>Lumen gentium<\/i>, \u201clos religiosos, en virtud de su estado, proporcionan un preclaro e inestimable testimonio de que el mundo no puede ser transformado ni ofrecido a Dios sin el esp&iacute;ritu de las bienaventuranzas\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 31). En efecto, &iquest;qu&eacute; signo m&aacute;s prof&eacute;tico e interpelante para el mundo que el de una existencia dedicada exclusivamente al Se&ntilde;or y a su mensaje? <\/p>\n<p> 6. En vosotros, adem&aacute;s, se manifiesta la variedad de carismas del Esp&iacute;ritu en la vida de la Iglesia, los cuales representan una gran riqueza en las tareas de la nueva evangelizaci&oacute;n. &iexcl;Permaneced fieles al esp&iacute;ritu de vuestros Fundadores! &iexcl;Mantened una estrecha comuni&oacute;n con los Obispos, sucesores de los Ap&oacute;stoles y responsables de toda la acci&oacute;n pastoral en las di&oacute;cesis! <\/p>\n<p> Por otra parte, la colaboraci&oacute;n entre los diversos Institutos no debe apagar ni desvirtuar la originalidad de los distintos carismas, pues todos ellos son de inestimable valor cuando se viven como expresi&oacute;n de unidad y complementariedad en el mismo Esp&iacute;ritu. De esta manera, ellos servir&aacute;n para reforzar la ayuda mutua, la comuni&oacute;n afectiva y efectiva con los Pastores, evitando cuidadosamente que vuestra actividad apost&oacute;lica se desarrolle \u201cal margen de la jerarqu&iacute;a o que ignore sus orientaciones pastorales\u201d (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/1990\/documents\/hf_jp-ii_apl_29061990_v-centenary-evang-new-world.html\">Los caminos del evangelio<\/a><\/i>, 22). <\/p>\n<p> En vuestra acci&oacute;n apost&oacute;lica no os dej&eacute;is deslumbrar por la idea de que todo queda resuelto con la denuncia de los males que obstaculizan o impiden el desarrollo social; ni siquiera con la noble voluntad de compartir la suerte de los desheredados, con lo que muchos religiosos y, sobre todo, religiosas se han ganado un justo reconocimiento. Seguid colaborando en la pastoral sanitaria, instrumento muy v&aacute;lido de evangelizaci&oacute;n por la particular cercan&iacute;a con los enfermos y sus familiares, y que ha sido pionera de los mismos servicios hospitalarios p&uacute;blicos. &iexcl;Valorad tambi&eacute;n el apostolado en vuestros centros de formaci&oacute;n, en las escuelas y universidades para formar profesionales y dirigentes con s&oacute;lidas convicciones y actitudes cristianas! &Eacute;sta es tambi&eacute;n una forma de expresar el verdadero amor por los pobres. <\/p>\n<p> Que no falte tampoco el aporte tan necesario de los Institutos Seculares, con su prometedora presencia y misi&oacute;n en Am&eacute;rica Latina, para ser fermento de renovaci&oacute;n en medio de la sociedad y orientar hacia Dios las realidades temporales. <\/p>\n<p> 7. Vuestra decidida voluntad de renovaci&oacute;n personal y comunitaria os ha de llevar a una seria reflexi&oacute;n para conseguir la <i>unidad de vida en la acci&oacute;n y en la contemplaci&oacute;n<\/i>. En medio del trabajo y de las tareas apost&oacute;licas hab&eacute;is de sentir la necesidad de reservar tiempos especiales e irrenunciables a la intimidad con el Se&ntilde;or. La contemplaci&oacute;n conduce a la acci&oacute;n apost&oacute;lica y &eacute;sta ayuda a valorar la importancia de los momentos dedicados expl&iacute;citamente a la plegaria. Jes&uacute;s ha de ser buscado y encontrado all&iacute; donde &Eacute;l os espera: en la Eucarist&iacute;a, en la Palabra, en los Sacramentos, en la vida comunitaria, en los hermanos y hermanas que serv&iacute;s con amor y con quienes se comparte la existencia seg&uacute;n el esp&iacute;ritu de las bienaventuranzas. <\/p>\n<p> &iexcl;Qu&eacute; inestimable riqueza es para la Iglesia y para el mundo la oraci&oacute;n intensa y callada de las almas contemplativas! En esta ocasi&oacute;n quiero dirigir un saludo especial a las &Oacute;rdenes contemplativas de toda Am&eacute;rica Latina. Para consuelo de todos, puedo constatar que cuando visit&eacute; por primera vez Santo Domingo, hab&iacute;a un solo monasterio femenino de vida contemplativa. Ahora son ya siete, lo cual es un signo del resurgir de las vocaciones en el Continente y debe ser tambi&eacute;n una respuesta a mi invitaci&oacute;n a colaborar en su implantaci&oacute;n en otras Iglesias m&aacute;s necesitadas o m&aacute;s j&oacute;venes, ya que los monasterios ofrecen \u201cun preclaro testimonio entre los no cristianos de la majestad y de la caridad de Dios, as&iacute; como de uni&oacute;n con Cristo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a><\/i>, 69; <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\"> Ad gentes<\/a><\/i>, 40)). Os aliento, pues, en vuestro esp&iacute;ritu evang&eacute;lico, que es eminentemente contemplativo y misionero. Unid vuestra oraci&oacute;n perseverante a la de Mar&iacute;a Sant&iacute;sima. Haced de vuestros monasterios Cen&aacute;culos vivientes, donde se invoque la efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu, en un continuo Pentecost&eacute;s sobre la Iglesia y el mundo. La historia salv&iacute;fica de los quinientos a&ntilde;os de fe en Am&eacute;rica Latina no hubiera sido tan rica de gracias sin la presencia de tantas vidas que, desde el silencio del claustro, han fecundado la acci&oacute;n evangelizadora de la Iglesia. <\/p>\n<p> 8. A todos los aqu&iacute; presentes y a cuantos, en los diversos campos de la pastoral y de la acci&oacute;n apost&oacute;lica en Am&eacute;rica Latina, colaboran estrechamente con los Obispos en la ingente tarea de la nueva evangelizaci&oacute;n, os exhorto a ser luz y sal que ilumine y d&eacute; sabor de virtudes cristianas a cuanto os rodea. Vuestra experiencia testimonial como sacerdotes o personas consagradas ha de ser siempre evangelizadora, para que los necesitados de la luz de la fe acojan con gozo la palabra de salvaci&oacute;n; para que los pobres y los m&aacute;s olvidados sientan la cercan&iacute;a de la solidaridad fraterna; para que los marginados y abandonados experimenten el amor de Cristo; para que los sin voz se sientan escuchados; para que los tratados injustamente hallen defensa y ayuda. <\/p>\n<p> Saludo, finalmente, a los j&oacute;venes seminaristas y aspirantes a la vida religiosa de este pa&iacute;s y de todo el Continente. Me alegra saber que aumenta el n&uacute;mero de candidatos en los seminarios y en las casas de formaci&oacute;n. A todos aliento a proseguir con generosa entrega el camino emprendido en plena fidelidad a la propia vocaci&oacute;n, a Cristo y a la Iglesia. Dedicaos intensamente a vuestra formaci&oacute;n; sed austeros, humildes, obedientes; cultivad las virtudes humanas, tan necesarias hoy en d&iacute;a para el ministerio pastoral y, sobre todo, cimentad vuestra vocaci&oacute;n sobre un gran amor personal a Cristo Eucarist&iacute;a y una \u201cfiel confianza en la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, a la que Cristo, muriendo en la cruz, entreg&oacute; como Madre al disc&iacute;pulo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_optatam-totius_sp.html\">Optatam totius<\/a><\/i>, 8). <\/p>\n<p> A los di&aacute;conos permanentes deseo animarles a una generosa dedicaci&oacute;n a las comunidades a las que sirven como disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or Jes&uacute;s. <\/p>\n<p> 9. \u201c<i>Vosotros sois piedras vivas&#8230;<\/i>\u201d (cf. <i>1P<\/i> 2, 5). Las palabras del Ap&oacute;stol resuenan en esta catedral con la intensidad del momento que estamos viviendo: la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica por la Santa Iglesia de Dios. Vosotros sois piedras vivas de la Iglesia, escogidas y talladas por el Se&ntilde;or, <i>unidas las unas a las otras en la firmeza de la verdad y en la comuni&oacute;n eclesial del amor<\/i>, apoyadas en la piedra angular que es Jesucristo, fundamento &uacute;ltimo de vuestra fe y motivaci&oacute;n suprema de vuestra vida. <\/p>\n<p> Jesucristo y la Iglesia tienen que ser la pasi&oacute;n de vuestra existencia. No se puede amar y servir a Cristo si no se ama a su Iglesia, a sus pasto res y a sus fieles. &iexcl;Sed \u201cpiedras vivas\u201d de la Iglesia de Latinoam&eacute;rica! <\/p>\n<p> Que la Virgen Mar&iacute;a, la primera evangelizadora del Continente, os confirme y aliente en el amor de Cristo para ser siempre testigos del Evangelio de las bienaventuranzas. Am&eacute;n. <\/p>\n<p> Es mi deseo anunciar con gozo que Monse&ntilde;or Antonio Camilo Gonz&aacute;lez es el nuevo Obispo de la Vega. <\/p>\n<p> Presento, por tanto, mis f&eacute;rvidos votos al nuevo Pastor y mi felicitaci&oacute;n al Episcopado Dominicano, a los sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles de la Vega, junto con la seguridad de mi oraci&oacute;n al Se&ntilde;or para que haga muy fecundo el ministerio del nuevo Pastor. <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A SANTO DOMINGO SANTA MISA PARA LOS SACERDOTES, RELIGIOSOS Y RELIGIOSAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIS&aacute;bado 10 de octubre de 1992 &nbsp; \u201cVosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, naci&oacute;n santa, pueblo adquirido para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz\u201d (1P 2, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/10-de-octubre-de-1992-santa-misa-para-los-sacerdotes-religiosos-y-religiosas-en-santo-domingo\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab10 de octubre de 1992, Santa Misa para los sacerdotes, religiosos y religiosas en Santo Domingo\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39991","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39991","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39991"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39991\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39991"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39991"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39991"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}