{"id":39994,"date":"2016-10-05T23:28:13","date_gmt":"2016-10-06T04:28:13","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-junio-de-1992-solemnidad-del-corpus-christi-en-la-basilica-de-san-juan-de-letran\/"},"modified":"2016-10-05T23:28:13","modified_gmt":"2016-10-06T04:28:13","slug":"18-de-junio-de-1992-solemnidad-del-corpus-christi-en-la-basilica-de-san-juan-de-letran","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/18-de-junio-de-1992-solemnidad-del-corpus-christi-en-la-basilica-de-san-juan-de-letran\/","title":{"rendered":"18 de junio de 1992, Solemnidad del  \u00abCorpus Christi\u00bb en la Bas\u00edlica de San Juan de Letr\u00e1n"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE<font face=\"Times New Roman\"> &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo;<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/i><\/b><\/font><br \/> <font color=\"#663300\"><i><br \/> Jueves 18 de junio de 1992 <\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. &laquo;<i>Yo soy el pan vivo&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 6, 51).<\/p>\n<p>Los Ap&oacute;stoles dicen a Jes&uacute;s en el desierto: &laquo;Despide a la gente&raquo; (<i>Lc<\/i> 9, 12). Esa gente segu&iacute;a al Maestro, escuchando sus palabras sobre el reino de Dios; pero ya se acercaba la noche y la hora de la cena. La muchedumbre segu&iacute;a all&iacute; en silencio, esperando.<\/p>\n<p>En otra ocasi&oacute;n, en el desierto, cuando les falt&oacute; el pan, los hijos de Israel se rebelaron contra Mois&eacute;s. Entonces recibieron el <i>alimento<\/i> que ca&iacute;a todas las ma&ntilde;anas sobre el campamento, y lo llamaron &laquo;<i>man&aacute;&raquo;<\/i>. As&iacute; el pueblo, procedente de la tierra de Egipto, pudo seguir su camino desde el pa&iacute;s de la esclavitud, hacia la tierra prometida.<\/p>\n<p>Ahora, Jes&uacute;s dice a los Ap&oacute;stoles: &laquo;Dadles vosotros de comer&raquo; (<i>Lc<\/i> 9, 13) y, puesto que ellos no logran encontrar ninguna soluci&oacute;n, <i>Cristo multiplica los panes:<\/i> bendice lo poco que tienen, lo parte y lo da a los disc&iacute;pulos; y &eacute;stos, a su vez, al pueblo. &laquo;Comieron todos hasta saciarse&raquo;.<\/p>\n<p>2. <i>La multiplicaci&oacute;n de los panes<\/i> en el desierto <i>es un anuncio,<\/i> como lo fue el man&aacute;: la multitud sigue a Jes&uacute;s, cuando experimenta su poder sobre el alimento y sobre el hambre humana. Est&aacute;n dispuestos, incluso, a proclamarlo rey. &iquest;Acaso el salmo de David no habla del dominio del Mes&iacute;as y del d&iacute;a de su triunfo? &laquo;Para ti el principado \u2014dice\u2014 el d&iacute;a de tu nacimiento&raquo; (<i>Sal<\/i> 110, 3).<\/p>\n<p>Al mismo tiempo, ese salmo llama sacerdote al Mes&iacute;as real: es sacerdote por siempre, seg&uacute;n el orden de Melquisedec (cf. <i>ib.<\/i>, v. 4).<\/p>\n<p><i>Melquisedec<\/i>&nbsp;fue rey y, al mismo tiempo, sacerdote del Dios alt&iacute;simo. A diferencia de los sacerdotes de la antigua alianza, no ofreci&oacute; a Dios la sangre de animales inmolados, sino pan y vino.<\/p>\n<p>3. La multiplicaci&oacute;n de los panes en el desierto es, por esa misma raz&oacute;n, un mensaje prof&eacute;tico: <i>Cristo<\/i> sabe que &eacute;l mismo realizar&aacute; un d&iacute;a la profec&iacute;a encerrada en el sacrificio de Melquisedec. <i>Como sacerdote<\/i> de la nueva alianza \u2014de la alianza eterna\u2014, Jes&uacute;s <i>entrar&aacute; en el santuario eterno,<\/i> despu&eacute;s de haber llevado a cabo la obra de la redenci&oacute;n del mundo <i>gracias a su propia sangre.<\/i><\/p>\n<p>En el cen&aacute;culo, una vez m&aacute;s, dar&aacute; a los Ap&oacute;stoles pr&aacute;cticamente el mismo mandato: &laquo;&iexcl;Dadles vosotros de comer!&raquo;, &laquo;&iexcl;Haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a!&raquo;.<\/p>\n<p>Existen diversas categor&iacute;as de hambre que atormentan a la gran familia humana. Hubo un hambre que transform&oacute; en cementerios ciudades y pa&iacute;ses enteros. Hubo el hambre de los campos de exterminio, productos de los sistemas totalitarios. En diferentes partes del globo existe a&uacute;n hoy el hambre del tercero y del &laquo;cuarto&raquo; mundo: all&iacute; mueren de hambre los hombres, las madres y los ni&ntilde;os, los adultos y los ancianos. Es terrible el <i>hambre del organismo humano,<\/i> el hambre que extermina.<\/p>\n<p>Pero existe tambi&eacute;n el <i>hambre del alma,<\/i> del esp&iacute;ritu.<\/p>\n<p>El alma humana no muere en los caminos de la historia presente. La muerte del alma humana tiene otro car&aacute;cter: asume la dimensi&oacute;n de la eternidad.. Es la &laquo;segunda muerte&raquo; (<i>Ap<\/i> 20, 14).<\/p>\n<p>Al multiplicar los panes para los hambrientos, Cristo puso el <i>signo prof&eacute;tico de la existencia de otro Pan:<\/i><\/p>\n<p>&laquo;Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. <i>Si uno come de este pan, vivir&aacute; para siempre&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 6, 51).<\/p>\n<p>4. &Eacute;ste es <i>el gran misterio de la fe.<\/i> Pero las mismas personas para las que Cristo multiplic&oacute; los panes, las que &laquo;comieron hasta saciarse&raquo; (<i>Lc<\/i> 9, 17), no fueron capaces de creer en sus palabras cuando les habl&oacute; del alimento que es su Carne, y de la bebida que es su Sangre.<\/p>\n<p>Por este motivo, las mismas personas <i>pidieron a continuaci&oacute;n su muerte en la cruz.<\/i> As&iacute; sucedi&oacute;. Y s&oacute;lo cuando todo se cumpli&oacute;, se desvel&oacute; el misterio de la &uacute;ltima cena: &laquo;&Eacute;ste es <i>mi cuerpo, que se da por vosotros&#8230;<\/i> Esta copa es la <i>nueva alianza en mi sangre&raquo;<\/i> (<i>1 Co<\/i> 11, 24-25).<\/p>\n<p>Del cen&aacute;culo sali&oacute; el sacerdote &laquo;seg&uacute;n el orden de Melquisedec&raquo;, que camina ahora con su pueblo a trav&eacute;s de la historia.<\/p>\n<p>5. Este es el contenido que la solemnidad de <i>Corpus Domini<\/i> pretende expresar y que queremos proclamar con esta procesi&oacute;n eucar&iacute;stica por las calles de Roma, desde la bas&iacute;lica del Sant&iacute;simo Salvador en San Juan de Letr&aacute;n hasta la bas&iacute;lica mariana del Esquilino.<\/p>\n<p>&laquo;Ave verum Corpus natum de Maria Virgine&raquo;.<\/p>\n<p>Que el camino que recorremos se transforme en una imagen concreta de los otros muchos caminos de la Iglesia en el mundo de hoy. El Obispo de Roma, siervo de todos los siervos de la Eucarist&iacute;a, sigue con el pensamiento y con el coraz&oacute;n <i>a cuantos hoy dan testimonio de este misterio,<\/i> de norte a sur y desde la salida del sol hasta el ocaso.<\/p>\n<p>Dondequiera que se encuentre el pueblo de Dios de la nueva alianza, tambi&eacute;n est&aacute; &eacute;l, &laquo;el pan vivo bajado del cielo&raquo;.<\/p>\n<p>Dondequiera.<\/p>\n<p>&laquo;<i>Si uno come de este pan, vivir&aacute; para siempre&raquo;<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1992 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Jueves 18 de junio de 1992 &nbsp; 1. &laquo;Yo soy el pan vivo&raquo; (Jn 6, 51). Los Ap&oacute;stoles dicen a Jes&uacute;s en el desierto: &laquo;Despide a la gente&raquo; (Lc 9, 12). 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