{"id":39995,"date":"2016-10-05T23:28:15","date_gmt":"2016-10-06T04:28:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-mayo-de-1992-canonizacion-de-claudio-la-colombiere-en-la-basilica-vaticana\/"},"modified":"2016-10-05T23:28:15","modified_gmt":"2016-10-06T04:28:15","slug":"31-de-mayo-de-1992-canonizacion-de-claudio-la-colombiere-en-la-basilica-vaticana","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-mayo-de-1992-canonizacion-de-claudio-la-colombiere-en-la-basilica-vaticana\/","title":{"rendered":"31 de mayo de 1992, Canonizaci\u00f3n de Claudio La Colombi\u00e8re en la Bas\u00edlica Vaticana"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CANONIZACI&Oacute;N DE CLAUDIO LA COLOMBI&Egrave;RE<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica Vaticana <br \/> Domingo 31 de mayo de 1992<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/font> <font size=\"3\"> <\/font> <\/p>\n<p> 1.<br \/>\n<i>&laquo;Para que el amor con que tu me has amado est&eacute; en ellos <\/i>y<br \/>\n<i> yo en ellos&raquo; <\/i>(<br \/>\n<i>Jn <\/i>17, 26). <\/p>\n<p class=\"Stile\">Cristo ora en el cen&aacute;culo. Ora la tarde en que instituye la Eucarist&iacute;a. Ora por los Ap&oacute;stoles y por todos aquellos que, &laquo;por medio de su palabra, creer&aacute;n&raquo; <i>(Jn <\/i>17, 20) a lo largo de generaciones y siglos. Pide al Padre que todos &laquo;sean uno&raquo;, del mismo modo que el Padre est&aacute; en el Hijo y el Hijo est&aacute; en el Padre: <i>&laquo;Que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros&raquo; <\/i>(<i>Jn <\/i>17, 21). <\/p>\n<p class=\"Stile\">Sean uno: la unidad de la divinidad y la unidad de la comuni&oacute;n de las Personas \u2014unidad del Padre con el Hijo y del Hijo con el Padre en el Esp&iacute;ritu Santo\u2014. <i>La unidad mediante el amor. <\/i><\/p>\n<p class=\"Stile\">Cristo ora por el amor: &laquo;Para que el amor con que t&uacute; me has amado est&eacute; en ellos y yo en ellos&raquo; <i>(Jn <\/i>17, 26). &nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp; , <\/p>\n<p class=\"Stile\">Cristo <i>revela el secreto de su coraz&oacute;n. <\/i>Precisamente ese coraz&oacute;n humano del Hijo de Dios es un santuario inefable que contiene todos los tesoros del amor: es un coraz&oacute;n &laquo;lleno de bondad y de amor&raquo; <i>(Letan&iacute;as <\/i>del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s). <\/p>\n<p class=\"Stile\">2.<i> La oraci&oacute;n que Cristo pronunci&oacute; en el cen&aacute;culo contin&uacute;a en la Iglesia: <\/i>constituye una &laquo;fuente de vida y santidad&raquo; <i>(ib.) <\/i>perenne, de siglo en siglo y de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. Pero en la historia hay momentos particulares, lugares y personas elegidas que <i>casi descubren y revelan de nuevo <\/i>esa verdad perenne e infinita sobre el amor. <\/p>\n<p class=\"Stile\">El hombre al que la Iglesia proclama hoy santo \u2014el <i>beato Claudio La Colombi&eacute;re\u2014 <\/i>es, sin duda alguna, una de estas personas. <\/p>\n<p class=\"Stile\">3.<i> En Francia el siglo XVII <\/i>fue llamado &laquo;el gran siglo de las almas&raquo;. Fue un tiempo de elevada cultura humana y de desarrollo de las instituciones de esa naci&oacute;n prestigiosa en Europa. Pero fue tambi&eacute;n un tiempo de conflictos crueles y de pobreza del pueblo. El clero y las &oacute;rdenes religiosas atravesaron muchas veces una fase de decadencia. De hecho, el pueblo permaneci&oacute; alejado de la luz de la fe, de los beneficios de la vida espiritual y de la comuni&oacute;n eclesial. Sin embargo, despu&eacute;s del concilio de Trento y de los fundadores como san Francisco de Sales, B&eacute;rulle o san Vicente de Pa&uacute;l, <i>un movimiento espiritual intenso comenz&oacute; a animar la Iglesia en Francia. <\/i>Se asisti&oacute; a una gran actividad reformadora: el ministerio sacerdotal se renov&oacute;, sobre todo con la creaci&oacute;n de seminarios; los religiosos encontraron nuevamente la autenticidad de su vocaci&oacute;n y surgieron nuevas fundaciones; la evangelizaci&oacute;n del campo adquiri&oacute; un nuevo impulso con las misiones parroquiales; a la reflexi&oacute;n teol&oacute;gica se asoci&oacute; un florecimiento m&iacute;stico. <\/p>\n<p class=\"Stile\">En el coraz&oacute;n de ese siglo vivi&oacute; <i>Claudio La-Colombi&eacute;re, <\/i>que entr&oacute; en la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s siendo muy joven. Ejerci&oacute; su misi&oacute;n en Par&iacute;s y en varias provincias y tuvo una influencia notable por su esfuerzo intelectual y, m&aacute;s a&uacute;n, por el dinamismo de vida cristiana que supo transmitir. <\/p>\n<p class=\"Stile\">4. <i>Verdadero compa&ntilde;ero de san Ignacio<\/i>, Claudio aprendi&oacute; a encauzar su fuerte sensibilidad. Mir&oacute; con humildad el sentido de &laquo;su miseria&raquo; para apoyarse s&oacute;lo en su esperanza en Dios y en su confianza en la gracia. Tom&oacute; decididamente el camino de la santidad. Se adhiri&oacute; con todo su ser a las constituciones y a las reglas del instituto, rechazando toda tibieza. Fidelidad y obediencia se traducen ante Dios en un &laquo;deseo&#8230; de confianza, de amor, de resignaci&oacute;n y de sacrificio perfecto&raquo; <i>(Retraites, 28). <\/i> <\/p>\n<p class=\"Stile\">El padre Claudio forj&oacute; su <i>espiritualidad en la escuela de los ejercicios. <\/i> Hemos mirado su impresionante diario. Se consagr&oacute;, por encima de todo, a <i>&laquo;meditar profundamente la vida, de Jesucristo, <\/i>que es el modelo de la nuestra&raquo; <i>(ib.<\/i>, n. 33). Contemplar a Cristo permite vivir en familiaridad con &eacute;l para pertenecerle totalmente: &laquo;Veo que es absolutamente necesario que yo sea suyo&raquo; <i>(ib., <\/i>n. 71). Y si Claudio os&oacute; tender hacia esa fidelidad total, lo hizo en virtud de su agudo sentido del poder de la gracia que lo transforma. Accede a la libertad perfecta de aquel que se abandona sin reservas a la voluntad de Dios. &laquo;Tengo un coraz&oacute;n libre&raquo;, sol&iacute;a decir <i>(ib., <\/i>n. 12). Aceptaba las pruebas y los sacrificios &laquo;pensando que Dios exige todo de nosotros por amistad&raquo; (<i>ib.<\/i>, n. 38). Su gusto por la amistad lo llevaba a responder a la amistad de Dios con un impulso de amor que se renovaba todos los d&iacute;as. <\/p>\n<p class=\"Stile\">El padre La Colombiere <i>se comprometi&oacute; en el apostolado <\/i>con la convicci&oacute;n de que era un instrumento de la obra de Dios: &laquo;Para hacer mucho por Dios, es necesario ser completamente suyo&raquo; (<i>ib.<\/i>, n. 37). La oraci&oacute;n, afirmaba, es &laquo;el &uacute;nico medio &#8230; por el que Dios se une a nosotros a fin de que hagamos algo para su gloria&raquo; <i>(ib., <\/i>n. 52). En el apostolado, los frutos y los &eacute;xitos no se obtienen tanto por la capacidad de las personas cuanto por la fidelidad a la voluntad divina y la transparencia de su acci&oacute;n. <\/p>\n<p class=\"Stile\">5. Este religioso de coraz&oacute;n puro y libre fue <i>preparado para comprender <\/i>y predicar <i>el mensaje que, <\/i>al mismo tiempo, <i>el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s confiaba a sor Margarita Mar&iacute;a Alacoque. <\/i>Paray-le-Monial es, a nuestros ojos, la etapa m&aacute;s fecunda del breve camino de Claudio La Colombiere. Lleg&oacute; a esa ciudad, rica de una larga tradici&oacute;n de vida religiosa, para encontrarse providencialmente con la humilde salesa que hab&iacute;a entrado en di&aacute;logo constante con su &laquo;divino Maestro&raquo;, que le hab&iacute;a prometido &laquo;las delicias de [su] amor puro&raquo;. Descubri&oacute; en ella a una religiosa que deseaba ardientemente &laquo;la cruz completamente pura&raquo; <i>(M&eacute;moire, <\/i>49), y que ofrec&iacute;a su penitencia y sus penas sin reticencia. <\/p>\n<p> El padre La Colombiere, con una gran<br \/>\n<i>seguridad de discernimiento, <\/i>acredit&oacute; enseguida la experiencia m&iacute;stica de esa &laquo;disc&iacute;pula amada [del] Sagrado Coraz&oacute;n&raquo; (<br \/>\n<i>ib.<\/i>, n. 54), con la cual entabl&oacute; una hermosa fraternidad espiritual. Recibi&oacute; de ella un mensaje, que tuvo una gran resonancia: &laquo;&Eacute;ste es el Coraz&oacute;n que am&oacute; tanto a los hombres, que no ahorr&oacute; nada, hasta agotarse y consumirse para testimoniar su amor&raquo;<br \/>\n<i>(Retraites, <\/i> 135). El Se&ntilde;or pidi&oacute; que se honrara su Coraz&oacute;n con una fiesta, haci&eacute;ndole una &laquo;reparaci&oacute;n de honor&raquo; en la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica. Margarita Mar&iacute;a transmiti&oacute; al &laquo;servidor fiel y perfecto amigo&raquo;, que reconoc&iacute;a en el padre La Colombi&egrave;re, la misi&oacute;n de &laquo;establecer esa devoci&oacute;n y de complacer a mi divino Coraz&oacute;n&raquo;<br \/>\n<i>(ib.). <\/i>Claudio, en los a&ntilde;os que a&uacute;n le quedaban por vivir, interioriz&oacute; esas &laquo;riquezas infinitas&raquo;. Desde entonces su vida espiritual se desarroll&oacute; en la perspectiva de la &laquo;reparaci&oacute;n&raquo; y de la &laquo;misericordia infinita&raquo;, tan subrayadas en Paray. Se entreg&oacute; en alma y cuerpo al Sagrado Coraz&oacute;n &laquo;ardiendo siempre de amor&raquo;. Incluso en la prueba practic&oacute; el olvido de s&iacute; mismo a fin de llegar a la pureza del amor y elevar el mundo a Dios. Sintiendo su debilidad, se remiti&oacute; al poder de la gracia: &laquo;Se&ntilde;or, haz en mi tu voluntad &#8230; Por ti, divino Coraz&oacute;n de Jesucristo, hago todo&raquo;<br \/>\n<i>(ib., Offrande, <\/i>152)<br \/>\n<i>. <\/i> <\/p>\n<p>6. Los tres siglos que han pasado nos permiten medir la importancia del mensaje confiado a Claudio La Colombi&egrave;re, En un per&iacute;odo de contrastes entre el fervor de algunos y la indiferencia o la falta de piedad de muchos, se ofrece una <i>devoci&oacute;n centrada en la humanidad de Cristo, <\/i>en su presencia, <i>en su amor misericordioso <\/i>y en su perd&oacute;n. La llamada a la &laquo;reparaci&oacute;n&raquo;, caracter&iacute;stica de Paray-le-Monial, podr&aacute; comprenderse de diversas maneras, pero esencialmente se trata de los pecadores, que son todos los hombres, vuelvan al Se&ntilde;or tocados por su amor y le ofrezcan una fidelidad m&aacute;s viva en el futuro y una vida abrasada por la caridad. Si existe solidaridad en el pecado, tambi&eacute;n existe en la salvaci&oacute;n. La ofrenda de cada uno se realiza para el bien de todos. Al imitar el ejemplo de Claudio La Colombi&egrave;re, el fiel comprende que esa actitud espiritual s&oacute;lo puede deberse a <i>la acci&oacute;n de Cristo en &eacute;l, manifestada por la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica: <\/i>acoger en su coraz&oacute;n el Coraz&oacute;n de Cristo y unirse en el sacrificio que s&oacute;lo &eacute;l puede ofrecer dignamente al Padre. <\/p>\n<p>La devoci&oacute;n al Coraz&oacute;n de Cristo fue un factor de equilibrio y de <i>afirmaci&oacute;n espiritual para las comunidades cristianas que enseguida debieron afrontar la falta de fe <\/i>de los siglos venideros: se difundir&aacute; una concepci&oacute;n impersonal de Dios; el hombre, apart&aacute;ndose del encuentro personal con Cristo y de sus fuentes de gracia, querr&aacute; ser el &uacute;nico se&ntilde;or de su historia y darse a s&iacute; mismo su ley, hasta el punto de mostrar su falta de piedad con tal de hacer realidad sus ambiciones. El mensaje de Paray, accesible tanto a los humildes como a los grandes de este mundo, responde a esos extrav&iacute;os aclarando la relaci&oacute;n del hombre con Dios y del hombre con el mundo mediante la luz que viene del Coraz&oacute;n de Dios: conforme a la Tradici&oacute;n de la Iglesia, orienta su mirada hacia la cruz del Redentor del mundo, hacia aquel &laquo;al que traspasaron&raquo; (<i>Jn <\/i>19, 37).<i> <\/i><\/p>\n<p>7. Damos las gracias, <i>a&uacute;n hoy, <\/i>por el mensaje confiado a los santos de Paray, que no ha cesado de irradiar su resplandor. En el umbral de nuestro siglo el Papa Le&oacute;n XIII salud&oacute; &laquo;en el Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s un s&iacute;mbolo y una <i>imagen clara del amor infinito de Jesucristo, amor que nos impulsa a amamos los unos a los otros&raquo; <\/i>(enc&iacute;clica <i>Annum sacrum, <\/i>1900). P&iacute;o XI y P&iacute;o XII favorecieron ese culto, discerniendo en &eacute;l una respuesta espiritual a las dificultades que encuentran la fe y la Iglesia. <\/p>\n<p>Ciertamente su expresi&oacute;n y sensibilidad evolucionan, pero lo esencial perdura. Cuando uno descubre en la adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica y en la meditaci&oacute;n el Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s &laquo;siempre ardiente de amor a los hombres&raquo; (<i>Retraites, <\/i>150), &iquest;c&oacute;mo podr&iacute;a dejarse seducir por formas de meditaci&oacute;n que se repliegan en s&iacute; mismas sin acoger la presencia del Se&ntilde;or? &iquest;C&oacute;mo podr&iacute;a sentirse atra&iacute;do por la proliferaci&oacute;n de concepciones de lo sagrado que no hacen m&aacute;s que enmascarar un tr&aacute;gico vac&iacute;o espiritual? <\/p>\n<p><i>Para la evangelizaci&oacute;n de hoy <\/i>es<i> <\/i>necesario que <i>el Coraz&oacute;n de Cristo sea reconocido <\/i><i>como el coraz&oacute;n de la Iglesia: <\/i>es &eacute;l quien llama a la conversi&oacute;n y a la reconciliaci&oacute;n. Es &eacute;l quien atrae los corazones puros y a los hambrientos de justicia hacia los caminos de las bienaventuranzas. Es &eacute;l quien realiza la comuni&oacute;n ardiente de los miembros del &uacute;nico Cuerpo. Es &eacute;l quien permite adherirse a la buena nueva y acoger las promesas de la vida eterna. Es &eacute;l quien env&iacute;a en misi&oacute;n. <i>El abandono en Jes&uacute;s ensancha el coraz&oacute;n del hombre hacia las dimensiones del mundo. <\/i><\/p>\n<p>&iexcl;Que la canonizaci&oacute;n de Claudio La Colombi&egrave;re sea para toda la Iglesia una llamada a vivir la consagraci&oacute;n al Coraz&oacute;n de Cristo, consagraci&oacute;n que es don de s&iacute; para dejar que el amor de Cristo nos ame, nos perdone y nos arrebate en su deseo ardiente de abrir a todos nuestros hermanos los caminos de la verdad y de la vida! <\/p>\n<p>8.<i> &laquo;Padre justo, el mundo no te ha conocido, <\/i>pero yo te he conocido y <i> &eacute;stos han conocido que t&uacute; me has enviado&raquo; <\/i>(<i>Jn <\/i>17, 25). <\/p>\n<p>&Eacute;stos: los santos \u2014las santas\u2014, la Iglesia en las &eacute;pocas siempre nuevas de la historia. <\/p>\n<p>Estos: Claudio La Colombi&egrave;re <i>\u2014Margarita Mar&iacute;a Alacoque\u2014. <\/i>La Iglesia. <\/p>\n<p>En el tiempo pascual la Iglesia revive las teofan&iacute;as de su Redentor y Se&ntilde;or, el buen pastor que &laquo;da la vida por las ovejas&raquo; (cf. <i>Jn <\/i>10, 15). <\/p>\n<p><i>Y la Iglesia fija su mirada en el cielo <\/i>junto con el di&aacute;cono Esteban, primer m&aacute;rtir lapidado en Jerusal&eacute;n. <\/p>\n<p>La Iglesia fija su mirada en el cielo como Esteban en el momento de su martirio: <i>&laquo;Estoy viendo los cielos abiertos <\/i>y <i>al Hijo del hombre que est&aacute; en pie a la diestra de Dios &#8230; <\/i>&quot;Se&ntilde;or Jes&uacute;s, recibe mi esp&iacute;ritu?&raquo; (<i>Hch <\/i>7, 56. 59). <\/p>\n<p>Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1992 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CANONIZACI&Oacute;N DE CLAUDIO LA COLOMBI&Egrave;RE HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica Vaticana Domingo 31 de mayo de 1992 1. &laquo;Para que el amor con que tu me has amado est&eacute; en ellos y yo en ellos&raquo; ( Jn 17, 26). 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