{"id":39999,"date":"2016-10-05T23:28:26","date_gmt":"2016-10-06T04:28:26","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-1992-celebracion-eucaristica-en-el-primer-centenario-del-pontificio-colegio-espanol-de-san-jose\/"},"modified":"2016-10-05T23:28:26","modified_gmt":"2016-10-06T04:28:26","slug":"28-de-marzo-de-1992-celebracion-eucaristica-en-el-primer-centenario-del-pontificio-colegio-espanol-de-san-jose","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-1992-celebracion-eucaristica-en-el-primer-centenario-del-pontificio-colegio-espanol-de-san-jose\/","title":{"rendered":"28 de marzo de 1992, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el primer Centenario del Pontificio Colegio Espa\u00f1ol de San Jos\u00e9 \u00a0"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">I CENTENARIO DEL PONTIFICIO COLEGIO ESPA&Ntilde;OL DE SAN JOS&Eacute;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/> S&aacute;bado 28 de marzo de 1992<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;\u201cPadre santo: guarda en tu nombre a los que me has dado para que sean uno como nosotros\u201d! <\/i>(<i>Jn<\/i> 17, 11)<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos hermanos en el episcopado, <br \/> amad&iacute;simos sacerdotes, seminaristas, <br \/> hermanos y hermanas:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Vengo hoy a compartir y celebrar con inmenso gozo con todos vosotros, y con quienes se han unido espiritualmente a este acto, el primer Centenario del Pontificio Colegio Espa&ntilde;ol de San Jos&eacute;, fundado en Roma por el Beato Manuel Domingo y Sol, en tiempos de mi venerado predecesor el Papa Le&oacute;n XIII. <\/p>\n<p align=\"left\"> Las palabras de Jes&uacute;s en su oraci&oacute;n sacerdotal, que acabamos de escuchar, nos introducen en la plegaria comunitaria de esta solemne Liturgia de la Palabra. Como los Ap&oacute;stoles reunidos en el Cen&aacute;culo con Mar&iacute;a, nos hemos congregado aqu&iacute; bajo la mirada protectora de nuestra Madre, la Virgen de la Clemencia, para elevar nuestra ferviente acci&oacute;n de gracias a Dios Padre por los muchos beneficios que ha concedido al Colegio en estos cien a&ntilde;os de formaci&oacute;n y vida sacerdotal. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ante todo, deseo saludar cordialmente a los Patronos del Colegio, a los se&ntilde;ores Cardenales, Arzobispos, Obispos y antiguos alumnos venidos de Espa&ntilde;a para participar en esta celebraci&oacute;n jubilar. Me complace saludar y expresar tambi&eacute;n mi vivo reconocimiento a la Hermandad de Sacerdotes Operarios Diocesanos del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, los cuales, siguiendo las directrices de su Fundador, el Beato Domingo y Sol, se han entregado incansablemente a la formaci&oacute;n y acompa&ntilde;amiento de todos los seminaristas y sacerdotes que han pasado por este Centro. Saludo asimismo a todos los presentes y, en especial, a los actuales alumnos que represent&aacute;is a tantos sacerdotes de las di&oacute;cesis espa&ntilde;olas, que durante este largo per&iacute;odo de tiempo se enriquecieron con una esmerada formaci&oacute;n sacerdotal e intelectual junto a la Sede de Pedro. Un saludo afectuoso lo quiero reservar a las religiosas y personal auxiliar que, con su labor constante y callada, colaboran a hacer m&aacute;s acogedora la vida diaria en esta casa. <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Las lecturas b&iacute;blicas que acaban de ser proclamadas nos acercan a aquella trilog&iacute;a que inspir&oacute; los trabajos de la octava Asamblea del S&iacute;nodo de los Obispos, sobre la formaci&oacute;n de los sacerdotes en la situaci&oacute;n actual: sacerdotes servidores de una Iglesia que es misterio, comuni&oacute;n, misi&oacute;n. En la oraci&oacute;n sacerdotal de Jes&uacute;s se encuentra el fundamento de esta trilog&iacute;a. En efecto, el sacerdote participa del mismo ser y de la misma misi&oacute;n de Jes&uacute;s: \u201c<i>Santif&iacute;calos en la verdad: tu palabra es verdad. Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; los env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo\u201d<\/i> (<i>Jn<\/i> 17, 17 s.). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;Sed pastores en el nombre del Se&ntilde;or Jes&uacute;s!<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> En la primera lectura, Ezequiel, tras profetizar contra los malos pastores, expone las cualidades del Buen Pastor, que es el Se&ntilde;or mismo. Pues bien, la Palabra de Dios os alienta hoy y cada d&iacute;a a ser pastores como Jes&uacute;s y a sentiros felices de serlo. Nunca pong&aacute;is en duda vuestra identidad ni olvid&eacute;is la presencia consoladora de Cristo que os acompa&ntilde;a siempre en vuestro ministerio. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Pastores<\/i>, antes que nada, <i>en nombre del Se&ntilde;or Jes&uacute;s<\/i>: nadie puede ser pastor en la Iglesia sino por &Eacute;l, que es \u201cel Buen Pastor\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i> 10, 11), el Pastor por antonomasia, del que todos los pastores toman su identidad, el nombre, cualidades y forma de pastorear. S&oacute;lo en la medida en que vuestra vida vaya siendo, cada d&iacute;a m&aacute;s, un reflejo de la vida de Jes&uacute;s, podr&eacute;is ser verdaderos pastores en la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. Adem&aacute;s, la <i>vocaci&oacute;n<\/i> del Se&ntilde;or para ser pastores de su pueblo <i>transforma vuestra vida y la configura plenamente y para siempre<\/i>. Todas las virtudes propias de la ascesis cristiana han de ser en vosotros las del pastor, tomando as&iacute; un aspecto peculiar, que el Concilio Vaticano II define como \u201cascesis propia del pastor de almas\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/i>, 13). Dar la vida por las ovejas (cf. <i>Jn<\/i> 10, 11) significa que vuestra vida debe estar marcada por la entrega total al Pueblo de Dios y que ya no os pose&eacute;is, por el hecho de haber entregado definitivamente vuestro ser a la excelsa misi&oacute;n de pastores. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Pastores<\/i> llamados a ser tambi&eacute;n <i>portadores del amor misericordioso del Buen Pastor<\/i>. &iexcl;Con qu&eacute; im&aacute;genes tan expresivas nos lo ha recordado el profeta! Se trata de buscar incansablemente a las ovejas perdidas, de hacer volver a las descarriadas, de vendar a las heridas, de curar a las enfermas, de guardar a las fuertes (cf <i>Ez<\/i> 34, 16). Ser portador de la misericordia es ser el hombre del perd&oacute;n y de la reconciliaci&oacute;n; que proclama la conversi&oacute;n constante y nunca cierra la puerta al d&eacute;bil, al pecador; que siempre est&aacute; dispuesto a abrir los brazos al hijo pr&oacute;digo que vuelve a la casa del Padre (cf <i>Lc<\/i> 15, 20). <\/p>\n<p align=\"left\"> En este nuestro mundo, tan expuesto a tentaciones que apartan al hombre del misterio de Dios, el sacerdote, como buen pastor, tiene que ser transparencia del rostro misericordioso de Jes&uacute;s, el &uacute;nico que salva; tiene que ense&ntilde;ar a los hombres que Dios los ama infinitamente y siempre los espera. Y vosotros, en la tarea pastoral, habr&eacute;is de reflejar estos mismos sentimientos, de modo que os hagan aparecer realmente como los hombres de la misericordia de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. <i>&iexcl;Sed pastores en la unidad del presbiterio!<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> En la segunda lectura, el ap&oacute;stol Pablo nos exhorta a vivir intensamente la <i>comuni&oacute;n<\/i>. De ah&iacute; brota la constante invitaci&oacute;n a ser pastores en una Iglesia\u2013comuni&oacute;n, en una di&oacute;cesis\u2013comuni&oacute;n, en un presbiterio\u2013comuni&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Deb&eacute;is ser pastores en <i>la unidad con vuestro Obispo y en la unidad fraterna con el propio presbiterio<\/i>. Vuestro ministerio s&oacute;lo puede tener sentido en la vinculaci&oacute;n ontol&oacute;gica y sacramental de vuestro sacerdocio con el Obispo y vuestros hermanos sacerdotes. <i>\u201cVosotros sois el cuerpo de Cristo y cada uno es un miembro\u201d<\/i> (<i>1Co<\/i> 12, 27). Como dije ya en la clausura del S&iacute;nodo Episcopal sobre la formaci&oacute;n de los sacerdotes, la doctrina conciliar sobre el Presbiterio \u201cinvita a los obispos y a los sacerdotes a que vivan esta realidad que es fuente de una rica espiritualidad y de una fecunda acci&oacute;n pastoral\u201d (<i>Discurso a la VIII Asamblea general ordinaria del S&iacute;nodo de los Obispos<\/i>, n. 9, 27 de octubre de 1990). <\/p>\n<p align=\"left\"> Cada uno ha de poner al servicio del propio ministerio todo su esfuerzo, sus cualidades, su estilo, siendo siempre <i>fermento de unidad y de paz<\/i> en medio del pueblo de Dios, pero principalmente dentro del propio presbiterio. &iexcl;Cu&aacute;ntas veces las peque&ntilde;as diferencias llevan a rupturas y distanciamientos, creando divisiones desproporcionadas, sin raz&oacute;n suficiente para sacrificar el don de la unidad y de la paz! Cada uno de vosotros, juntamente con su Obispo, debe ser servidor de la unidad entre todas las vocaciones, ministerios y carismas. Y debe ser tambi&eacute;n, con el Obispo y bajo su autoridad, garante y custodio de esa herencia apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Los a&ntilde;os de permanencia en Roma os permiten tener sin duda una especial experiencia de Iglesia universal, no s&oacute;lo por estar cerca del Sucesor de Pedro sino tambi&eacute;n por los variados contactos con Pastores de las Iglesias particulares y con otros eclesi&aacute;sticos de diferentes pa&iacute;ses y continentes, lo cual expresa de manera palpable la esencial unidad y comuni&oacute;n de nuestra fe seg&uacute;n la herencia y el \u201ctestimonio\u201d recibido de los Ap&oacute;stoles Pedro y Pablo (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 18, 23). Asimismo, el per&iacute;odo de formaci&oacute;n en Roma es para cada uno de vosotros ocasi&oacute;n de convivencia intereclesial y de intercambio cultural, no &uacute;nicamente con los compa&ntilde;eros de otras di&oacute;cesis espa&ntilde;olas sino tambi&eacute;n con estudiantes procedentes de todas las partes del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Toda esta riqueza de experiencias, queridos sacerdotes y seminaristas, debe ayudaros a adquirir s&oacute;lidamente la <i>virtud del equilibrio<\/i> a nivel <i>personal, doctrinal y eclesial<\/i>, tan necesaria en el ministerio pastoral. El pastor que se dejara llevar incautamente de cualquier idea nueva, s&oacute;lo por el mero hecho de serlo, correr&iacute;a el grave peligro de exponer su grey al \u201cpasto de las fieras\u201d (<i>Ez<\/i> 34, 8), como dice el profeta, y su pastoreo ser&iacute;a motivo de confusi&oacute;n doctrinal, desorientando al pueblo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. <i>&iexcl;Vivid la comuni&oacute;n y misi&oacute;n eclesial desde el misterio de la Trinidad!<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> El misterio nos acerca a la profundidad de Dios Amor, manifestada en Jesucristo. La oraci&oacute;n sacerdotal de Jes&uacute;s, transmitida por el evangelio de Juan, nos deja entrever hoy esta misma profundidad. La <i>misi&oacute;n<\/i> que Jes&uacute;s quiere compartir con nosotros, tiene su origen en este <i>misterio<\/i> de Dios Amor. Por esto la <i>comuni&oacute;n<\/i> de cada sacerdote con el Obispo y el presbiterio diocesano debe ser imagen del misterio de amor entre el Padre, el Hijo y el Esp&iacute;ritu Santo, para edificar as&iacute; la comunidad eclesial y humana seg&uacute;n el mandato del amor. <\/p>\n<p align=\"left\"> La misi&oacute;n y vida de comuni&oacute;n del pastor ha de apoyarse siempre en el misterio de la unidad trinitaria de Dios: \u201c<i>Para que sean uno, como nosotros\u201d <\/i>(<i>Jn<\/i> 17, 11). Jes&uacute;s nos env&iacute;a, al igual que El fue enviado por el Padre: \u201c<i>como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; los env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo\u201d<\/i> (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 17, 18). Por ello, en el amor infinito de Dios tenemos el modelo de c&oacute;mo ha de ser nuestra entrega en el sacerdocio: \u201c<i>Los has amado como me has amado a m&iacute;\u201d<\/i> (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 17, 23), nos dice Jes&uacute;s en la oraci&oacute;n sacerdotal. De esa fuerza del amor entre el Padre y el Hijo, que se derrama en nosotros por el Esp&iacute;ritu (cf. <i>Rm<\/i> 5, 5), nace nuestra misi&oacute;n y comuni&oacute;n; nace la necesidad de ser portadores del amor de Dios en el mundo; nace el gozo inefable por el don de ser sacerdotes. Sentirse amados por Dios en Cristo es, pues, el fundamento de nuestra entrega generosa a la misi&oacute;n apost&oacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\"> El amor llev&oacute; a Jes&uacute;s a entregarse en oblaci&oacute;n por nosotros: \u201c<i>por ellos me consagro yo\u201d<\/i> (<i>Jn<\/i> 17, 19). Tambi&eacute;n nosotros, como Jes&uacute;s y con El, damos la vida por nuestras ovejas (cf. <i>Jn<\/i> 10, 11). Por esto, la caridad, pastoral del sacerdote, expresada en pobreza, obediencia y castidad, es como un signo sacramental del amor del Buen Pastor a sus ovejas. <\/p>\n<p align=\"left\"> Al contemplar el misterio del amor de Dios se entiende entonces claramente c&oacute;mo debe ser nuestra vida de entrega y sacrificio, y al mismo tiempo se siente la exigencia de imitar a Jesucristo, el Buen Pastor y Maestro de Pastores. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Al exponeros la figura del Buen Pastor, que debe encarnarse en la vida sacerdotal de cada uno de vosotros, he tenido presentes en mi coraz&oacute;n y mi recuerdo a tantas figuras de santos sacerdotes que os precedieron; de modo especial, San Juan de &Aacute;vila, patrono del clero secular espa&ntilde;ol, y el Beato Manuel Domingo y Sol, fundador de este benem&eacute;rito Colegio de San Jos&eacute;. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Ojal&aacute; este Centenario os brinde una nueva ocasi&oacute;n para profundizar y hacer propias las insondables riquezas del sacerdocio! Ello ser&iacute;a, sin duda, uno de los mejores frutos de tan gozosa celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> Antes de finalizar nuestro encuentro quiero invocar sobre todos y cada uno de vosotros, sobre vuestras Iglesias particulares en la querida Espa&ntilde;a y sobre vuestras familias, la protecci&oacute;n de Mar&iacute;a, a la que invoc&aacute;is como Virgen de la Clemencia, cuya imagen \u201cMater Clementissima\u201d, que por tantos decenios presidi&oacute; el Colegio en el Palacio Altemps, sigue ahora acompa&ntilde;ando la vida sacerdotal de los alumnos de la actual sede del Colegio. Que Ella, Madre de los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, la Virgen del Cen&aacute;culo y Reina de los Ap&oacute;stoles, os alcance la plenitud del Esp&iacute;ritu para que haga muy fecundo vuestro ministerio sacerdotal, al servicio de la Iglesia como misterio, comuni&oacute;n y misi&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>&iexcl;\u201cPadre santo: guarda en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros\u201d!<\/i> (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 17, 11) <\/p>\n<p align=\"left\"> Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1992 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>I CENTENARIO DEL PONTIFICIO COLEGIO ESPA&Ntilde;OL DE SAN JOS&Eacute; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 28 de marzo de 1992 &nbsp; &iexcl;\u201cPadre santo: guarda en tu nombre a los que me has dado para que sean uno como nosotros\u201d! (Jn 17, 11) Queridos hermanos en el episcopado, amad&iacute;simos sacerdotes, seminaristas, hermanos y hermanas: &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/28-de-marzo-de-1992-celebracion-eucaristica-en-el-primer-centenario-del-pontificio-colegio-espanol-de-san-jose\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab28 de marzo de 1992, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en el primer Centenario del Pontificio Colegio Espa\u00f1ol de San Jos\u00e9 \u00a0\u00ab<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-39999","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39999","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=39999"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/39999\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=39999"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=39999"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=39999"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}