{"id":40002,"date":"2016-10-05T23:29:37","date_gmt":"2016-10-06T04:29:37","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-jamaica-mexico-y-denver-plegaria-durante-la-celebracion-eucaristica-en-el-cherry-creek-state-park-denver-15-de-agosto-de-1993\/"},"modified":"2016-10-05T23:29:37","modified_gmt":"2016-10-06T04:29:37","slug":"viaje-apostolico-a-jamaica-mexico-y-denver-plegaria-durante-la-celebracion-eucaristica-en-el-cherry-creek-state-park-denver-15-de-agosto-de-1993","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-jamaica-mexico-y-denver-plegaria-durante-la-celebracion-eucaristica-en-el-cherry-creek-state-park-denver-15-de-agosto-de-1993\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico a Jamaica, M\u00e9xico y Denver: Plegaria durante la celebraci\u00f3n Eucar\u00edstica en el \u00abCherry Creek State Park\u00bb (Denver, 15 de agosto de 1993)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL CHERRY CREK PARK DE DENVER<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p>Solemnidad de la Asunci&oacute;n<br \/>Domingo 15 de agosto de 1993<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&laquo;Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso&raquo;<\/i> (<i>Lc<\/i> 1, 49).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amados j&oacute;venes y queridos amigos en Cristo:<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. Hoy la Iglesia se encuentra, con Mar&iacute;a, en el umbral de la casa de Zacar&iacute;as en Ain-Karim. Con la nueva vida que llevaba dentro de s&iacute;, la Virgen de Nazaret se apresur&oacute; a ir all&iacute;, inmediatamente despu&eacute;s del <i>fiat<\/i> de la Anunciaci&oacute;n, para ayudar a su prima Isabel. Fue Isabel la primera en reconocer <i>las maravillas<\/i> que Dios estaba realizando en Mar&iacute;a. Llena del Esp&iacute;ritu Santo, Isabel se sorprendi&oacute; de que la madre de su Se&ntilde;or hubiera ido a su casa (cf. <i>Lc<\/i> 1, 43). Con intuici&oacute;n profunda del misterio, declar&oacute;: &laquo;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or!&raquo; (<i>Lc<\/i> 1, 45). Con su alma llena de humilde gratitud hacia Dios, Mar&iacute;a respondi&oacute; con un himno de alabanza: &laquo;<i>Porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, santo es su nombre&raquo;<\/i> (<i>Lc<\/i> 1, 49).<\/p>\n<p align=\"left\">En esta solemnidad la Iglesia celebra la culminaci&oacute;n de las<i> maravillas <\/i>que Dios realiz&oacute; en Mar&iacute;a: su Asunci&oacute;n gloriosa al cielo. Y el mismo himno de acci&oacute;n de gracias, el Magn&iacute;ficat, resuena en toda la Iglesia, como la primera vez en Am-Karim: <i>todas las generaciones te llamar&aacute;n bienaventurada<\/i> (cf. <i>Lc<\/i> 1, 48).<\/p>\n<p align=\"left\">Nos hallamos reunidos aqu&iacute;, al pie de las Monta&ntilde;as Rocosas \u2014que nos recuerdan que Jerusal&eacute;n tambi&eacute;n estaba rodeada por montes (cf. <i>Sal<\/i> 124, 2) y que Mar&iacute;a subi&oacute; a ellos (cf. <i>Lc<\/i> 1, 39)\u2014 para celebrar la <i>subida<\/i> de Mar&iacute;a a la Jerusal&eacute;n celestial, al umbral del templo eterno de la sant&iacute;sima Trinidad. Aqu&iacute; en Denver, en la Jornada mundial de la juventud, los hijos e hijas cat&oacute;licos de Estados Unidos, junto con otros &laquo;de toda raza, lengua, pueblo y naci&oacute;n&raquo; (<i>Ap<\/i> 5, 9), se unen a todas las generaciones que desde entonces han proclamado: <i>el Poderoso ha hecho maravillas en tu favor, Mar&iacute;a<\/i> (<i>Lc<\/i> 1, 49), <i>y en favor de todos nosotros, miembros de su pueblo peregrino<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Con mi coraz&oacute;n lleno de alabanza a la Reina del Cielo, signo de esperanza y fuente de consuelo en nuestra peregrinaci&oacute;n de fe hacia &laquo;la Jerusal&eacute;n celestial&raquo; (<i>Hb<\/i> 12, 22), os saludo a todos los que particip&aacute;is en esta liturgia solemne. Me complace ver a tantos sacerdotes, religiosos y fieles laicos de Denver, del Estado de Colorado, de todas partes de Estados Unidos, y de muchos pa&iacute;ses del mundo, que se han unido a los j&oacute;venes de la Jornada mundial de la juventud para honrar <i>la victoria definitiva de la gracia en Mar&iacute;a, Madre del Redentor<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. La octava Jornada mundial de La juventud es una celebraci&oacute;n de vida. Este encuentro nos ha permitido hacer una seria reflexi&oacute;n sobre las palabras de Jesucristo: <i>&laquo;Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 10, 10). J&oacute;venes de todos los rincones del mundo, <i>con oraci&oacute;n ardiente<\/i> hab&eacute;is abierto vuestro coraz&oacute;n a la verdad de la promesa de vida nueva de Cristo. Mediante los sacramentos, especialmente la penitencia y la Eucarist&iacute;a, y mediante la unidad y la amistad nacida entre muchos de vosotros, hab&eacute;is hecho <i>una experiencia real y transformadora de la vida nueva que s&oacute;lo Cristo puede dar<\/i>. Vosotros, j&oacute;venes peregrinos, tambi&eacute;n hab&eacute;is mostrado que comprend&eacute;is que el don de la vida de Cristo no es &uacute;nicamente para vosotros. Hab&eacute;is llegado a ser m&aacute;s conscientes de vuestra vocaci&oacute;n y misi&oacute;n en la Iglesia y en el mundo. Para m&iacute;, nuestro encuentro ha sido una profunda y conmovedora experiencia de vuestra fe en Cristo, y hago m&iacute;as las palabras de san Pablo: <i>&laquo;Tengo plena confianza en hablaros; estoy muy orgulloso de vosotros. Estoy lleno de consuelo y sobreabundo de gozo en todas nuestras tribulaciones&raquo; <\/i>(<i>2Co<\/i> 7, 4).<\/p>\n<p align=\"left\">&Eacute;sas no son palabras de elogio vano. Conf&iacute;o en que hay&aacute;is comprendido el alcance del desaf&iacute;o que se os plantea, y que tendr&eacute;is la sabidur&iacute;a y la valent&iacute;a de afrontarlo. <i>Es mucho lo que depende de vosotros<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Este mundo maravilloso \u2014tan amado por el Padre que envi&oacute; a su Hijo &uacute;nico para su salvaci&oacute;n (cf. <i>Jn<\/i> 3, 17)\u2014 es el teatro de una batalla interminable que est&aacute; libr&aacute;ndose por <i>nuestra dignidad e identidad como seres libres y espirituales<\/i>. Esa lucha tiene su paralelismo en el combate apocal&iacute;ptico descrito en la primera lectura de la misa. La muerte lucha contra la vida: una &laquo;<i>cultura de la muerte&raquo; intenta imponerse a nuestro deseo de vivir, y vivir plenamente<\/i>. Hay quienes rechazan la luz de la vida, prefiriendo &laquo;las obras infructuosas de las tinieblas&raquo; (<i>Ef<\/i> 5, 11). Cosechan injusticia, discriminaci&oacute;n, explotaci&oacute;n, enga&ntilde;o y violencia. En todas las &eacute;pocas, su &eacute;xito aparente se puede medir por<i> la matanza de los inocentes<\/i>. En nuestro siglo, m&aacute;s que en cualquier otra &eacute;poca de la historia, la <i>cultura de la muerte<\/i> ha adquirido una forma social e institucionalizada de legalidad para justificar los m&aacute;s horribles cr&iacute;menes contra la humanidad: el genocidio, <i>las soluciones finales, las limpiezas &eacute;tnicas<\/i> y el masivo &laquo;quitar la vida a los seres humanos aun antes de su nacimiento, o tambi&eacute;n antes de que lleguen a la meta natural de la muerte&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_18051986_dominum-et-vivificantem.html\">Dominum et vivificantem<\/a><\/i>, 57).<\/p>\n<p align=\"left\">La lectura de hoy, tomada del libro del Apocalipsis, presenta a <i>la Mujer<\/i> rodeada por fuerzas hostiles. La naturaleza absoluta de su ataque est&aacute; simbolizada en el objeto de su intenci&oacute;n malvada: <i>el Ni&ntilde;o, el s&iacute;mbolo de la vida nueva.<\/i> El &laquo;drag&oacute;n&raquo; (<i>Ap<\/i> 12, 3), el &laquo;pr&iacute;ncipe de este mundo&raquo; (<i>Jn<\/i> 12, 31) y el &laquo;padre de la mentira&raquo; (<i>Jn<\/i> 8, 44), intenta incesantemente <i>desarraigar del coraz&oacute;n humano el sentido de gratitud y respeto al don original, extraordinario y fundamental de Dios: la misma vida humana<\/i>. Hoy esa batalla ha llegado a ser cada vez m&aacute;s directa.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Queridos amigos, este encuentro en Denver sobre el tema de la vida deber&iacute;a conducirnos a una conciencia m&aacute;s profunda de <i>la contradicci&oacute;n interna que existe en una parte de la cultura de la metr&oacute;poli moderna<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Cuando los padres fundadores de esta gran naci&oacute;n recogieron ciertos derechos inalienables en la Constituci&oacute;n \u2014algo similar existe en muchos pa&iacute;ses y en muchas Declaraciones internacionales\u2014, lo hicieron porque reconoc&iacute;an la existencia de una <i>ley<\/i> \u2014una serie de derechos y deberes\u2014 esculpida por el Creador en el coraz&oacute;n y la conciencia de cada persona.<\/p>\n<p align=\"left\">En gran parte del pensamiento contempor&aacute;neo no se hace ninguna referencia a esa ley garantizada por el Creador. S&oacute;lo queda a cada persona la posibilidad de elegir este o aquel objetivo como conveniente o &uacute;til en un determinado conjunto de circunstancias. Ya no existe nada que se considere <i>intr&iacute;nsecamente bueno y universalmente vinculante<\/i>. Se afirman los derechos, pero, al no tener ninguna referencia a una verdad objetiva, carecen de cualquier base s&oacute;lida. Existe una gran confusi&oacute;n en amplios sectores de la sociedad acerca de lo que est&aacute; bien y lo que est&aacute; mal, y est&aacute;n a merced de quienes tienen el poder de <i>crear<\/i> opini&oacute;n e imponerla a los dem&aacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>La familia se halla especialmente atacada. Y se niega el car&aacute;cter sagrado de la vida humana<\/i>. Naturalmente, los miembros m&aacute;s d&eacute;biles de la sociedad son los que corren mayor riesgo: los no nacidos, los ni&ntilde;os, los enfermos, los minusv&aacute;lidos, los ancianos, los pobres y los desocupados, los inmigrantes, los refugiados y <i>el Sur del mundo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">5. J&oacute;venes peregrinos, Cristo os necesita a vosotros para iluminar el mundo y <i>mostrarle el &laquo;sendero de la vida&raquo;<\/i> (<i>Sal<\/i> 16, 11). El desaf&iacute;o consiste en <i>hacer que el &laquo;s&iacute;&raquo; de la Iglesia a la vida sea concreto y efectivo<\/i>. La batalla ser&aacute; larga, y necesita de cada uno de vosotros. Poned vuestra inteligencia, vuestros talentos, vuestro entusiasmo, vuestra compasi&oacute;n y vuestra fortaleza al servicio de la vida.<\/p>\n<p align=\"left\">No teng&aacute;is miedo. El resultado de la batalla por la vida ya est&aacute; decidido, aunque prosigue la lucha en circunstancias adversas y con muchos sufrimientos. Esa certeza nos la ofrece la segunda lectura: &laquo;<i>Cristo resucit&oacute; de entre los muertos como primicias de los que durmieron [\u2026]. As&iacute; tambi&eacute;n todos revivir&aacute;n <\/i>en Cristo&raquo; (<i>1Co<\/i> 15, 20-22). Esta es la paradoja del mensaje cristiano: Cristo \u2014la Cabeza\u2014 ya venci&oacute; el pecado y la muerte. Cristo en su Cuerpo \u2014el pueblo peregrino de Dios\u2014 sigue sufriendo el ataque del maligno y de todo el mal de que es capaz la humanidad pecadora.<\/p>\n<p align=\"left\">6. En esta etapa de la historia, el mensaje liberador del <i>evangelio de la vida<\/i> ha sido puesto en vuestras manos. Y la misi&oacute;n de proclamarlo hasta los confines de la tierra pasa ahora a vuestra generaci&oacute;n. Como el gran ap&oacute;stol Pablo, tambi&eacute;n vosotros deb&eacute;is sentir toda la urgencia de esa tarea: &laquo;Ay de m&iacute; si no predicara el Evangelio&raquo; (<i>1Co <\/i>9, 16). <i>&iexcl;Ay de vosotros si no logr&aacute;is defender la vida!<\/i> La Iglesia necesita vuestras energ&iacute;as, vuestro entusiasmo y vuestros ideales juveniles para hacer que el evangelio de la vida penetre el entramado de la sociedad, transformando el coraz&oacute;n de la gente y las estructuras de la sociedad, <i>para crear una civilizaci&oacute;n de justicia y amor verdaderos<\/i>. Hoy, en un mundo que carece a menudo de la luz y de la valent&iacute;a de ideales nobles, <i>la gente necesita m&aacute;s que nunca la espiritualidad lozana y vital del Evangelio<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">No teng&aacute;is miedo de salir a las calles y a los lugares p&uacute;blicos, como los primeros Ap&oacute;stoles que predicaban a Cristo y la buena nueva de la salvaci&oacute;n en las plazas de las ciudades, de los pueblos y de las aldeas. No es tiempo de avergonzarse del Evangelio (cf. <i>Rm<\/i> 1, 16). Es tiempo de predicarlo desde los terrados (cf. <i>Mt<\/i> 10, 27). No teng&aacute;is miedo de romper con los estilos de vida confortables y rutinarios, para aceptar el reto de dar a conocer a Cristo en la metr&oacute;poli moderna. Deb&eacute;is ir a &laquo;los cruces de los caminos&raquo; (<i>Mt<\/i> 22, 9) e invitar a todos los que encontr&eacute;is al banquete que Dios ha preparado para su pueblo. No hay que esconder el Evangelio por miedo o indiferencia. No fue pensado para tenerlo escondido. Hay que ponerlo en el candelero, para que la gente pueda ver su luz y alabe a nuestro Padre celestial (cf. <i>Mt<\/i> 5, 15-16).<\/p>\n<p align=\"left\">Jes&uacute;s vino a buscar a los hombres y mujeres de su tiempo. Los comprometi&oacute; en un di&aacute;logo abierto y sincero, independientemente de su condici&oacute;n. Como buen samaritano de la familia humana, se acerc&oacute; a la gente para sanarla de sus pecados y de las heridas que la vida inflige, y llevarla a la casa del Padre. J&oacute;venes de la Jornada mundial de la juventud, la Iglesia os pide que vay&aacute;is, con la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, a los que est&aacute;n cerca y a los que est&aacute;n lejos. Compartid con ellos la libertad que hab&eacute;is hallado en Cristo. La gente tiene sed de aut&eacute;ntica libertad interior. Anhela la vida que Cristo vino a dar en abundancia. Ahora que se avecina un nuevo milenio, para el que toda la Iglesia est&aacute; prepar&aacute;ndose, el mundo es como un campo ya pronto para la cosecha. <i>Cristo necesita obreros dispuestos a trabajar en su vi&ntilde;a<\/i>. Vosotros, j&oacute;venes cat&oacute;licos del mundo, no lo defraud&eacute;is. En vuestras manos llevad la cruz de Cristo. En vuestros labios, las palabras de vida. En vuestro coraz&oacute;n, la gracia salv&iacute;fica del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p align=\"left\">7. En el momento de su Asunci&oacute;n, Mar&iacute;a fue &laquo;<i>llevada a la vida<\/i>&raquo;, en cuerpo y alma. Ya es parte de las &laquo;primicias&raquo; (<i>1Co<\/i> 15, 20) de la muerte y resurrecci&oacute;n redentora de nuestro Salvador. El Hijo recibi&oacute; de ella su vida humana; &eacute;l, en cambio, le dio a ella la plenitud de la comuni&oacute;n en la vida divina. Ella es el &uacute;nico ser \u2014adem&aacute;s de Cristo\u2014 en el que el misterio ya se ha realizado plenamente. En Mar&iacute;a, <i>la victoria final de la vida sobre la muerte ya es realidad<\/i>. Y, como ense&ntilde;a el concilio Vaticano II: &laquo;<i>La Iglesia ha alcanzado<\/i> en la sant&iacute;sima Virgen <i>la perfecci&oacute;n, en virtud de la cual no tiene mancha ni arruga<\/i>&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 65). En La Iglesia y por ella, tambi&eacute;n nosotros esperamos &laquo;una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible, reservada en los cielos para nosotros&raquo; (<i>1P<\/i> 1, 4).<\/p>\n<p align=\"left\"><i><a name=\"Bendita_seas\"><b><font color=\"#663300\" size=\"5\">B<\/font><\/b>endita seas<\/a>, Mar&iacute;a<\/i>. <br \/> Madre del Hijo eterno, <br \/> nacido de tu seno virginal, <br \/> eres<i> llena de gracia<\/i> (cf. <i>Lc<\/i> 1, 28). <br \/> Recibiste m&aacute;s <i>abundancia de vida<\/i> (cf. <i>Jn<\/i> 10, 10) <br \/> que los dem&aacute;s descendientes de Ad&aacute;n y Eva. <br \/> Como la m&aacute;s fiel <br \/> de los que &laquo;oyen la palabra&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 11, 28),<br \/> no s&oacute;lo conservaste <br \/> y meditaste ese misterio en tu coraz&oacute;n (cf. <i>Lc<\/i> 2, 19. 51), <br \/> sino que tambi&eacute;n lo observaste en tu cuerpo <br \/> y lo alimentaste con el amor abnegado <br \/> con que rodeaste a Jes&uacute;s <br \/> durante toda su vida terrena. <br \/> Como Madre de la Iglesia, <br \/> nos gu&iacute;as todav&iacute;a desde tu lugar en el cielo <br \/> e intercedes por nosotros. <br \/> Nos conduces a <i>Cristo, <br \/> &laquo;el camino, la verdad y la vida&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 14, 6), <br \/> y nos ayudas a crecer en santidad, <br \/> venciendo el pecado (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 65).<\/p>\n<p align=\"left\">8. La liturgia te presenta a ti, Maria, <br \/> como la <i>mujer vestida de sol<\/i> (cf. <i>Ap<\/i> 12, 1). <br \/> Pero est&aacute;s vestida, a&uacute;n m&aacute;s espl&eacute;ndidamente, <br \/> de la luz divina, <br \/> que puede llegar a ser la vida <br \/> de todos cuantos han sido creados <br \/> a imagen y semejanza de Dios mismo: <br \/> &laquo;<i>La vida era la luz de los hombres<\/i>, <br \/> y la luz brilla en las tinieblas, <br \/> y las tinieblas no la vencieron&raquo; (<i>Jn<\/i> 1, 4-5).<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Oh mujer vestida de sol, <br \/> los <i>j&oacute;venes<\/i> del mundo <i><br \/> te saludan con mucho amor<\/i>; <br \/> vienen a ti con toda la valent&iacute;a de su coraz&oacute;n joven! <br \/> Denver los ha ayudado <br \/> a ser m&aacute;s conscientes de la vida que trajo tu Hijo divino.<\/p>\n<p align=\"left\">Todos nosotros somos testigos de ella.<\/p>\n<p align=\"left\">Estos j&oacute;venes saben ahora <br \/> que <i>la vida es mas poderosa <br \/> que las fuerzas de la muerte<\/i>; <br \/> saben que la verdad <br \/> es m&aacute;s poderosa que las tinieblas, <br \/> y que el amor <br \/> es m&aacute;s fuerte que la muerte (cf. <i>Ct<\/i> 8, 6).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Tu esp&iacute;ritu se alegra, oh Mar&iacute;a<\/i>, <br \/> y nuestro esp&iacute;ritu se alegra contigo, <br \/> porque el Poderoso <br \/> ha hecho maravillas en favor tuyo y nuestro, <br \/> en favor de todos los j&oacute;venes <br \/> congregados aqu&iacute; en Denver, <br \/> en favor de todos los j&oacute;venes del mundo. <br \/> El Poderoso ha hecho maravillas <br \/> en favor tuyo, Mar&iacute;a, <br \/> y a favor nuestro; <br \/> a favor nuestro, contigo. <br \/> El Poderoso ha hecho maravillas <br \/> a favor nuestro <br \/> y <i>santo es su nombre<\/i>. <br \/> Su misericordia alcanza <br \/> de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n. <br \/> Nos alegramos, Mar&iacute;a; <br \/> nos alegramos contigo, <br \/> Virgen elevada al cielo. <i><br \/> El Se&ntilde;or ha hecho maravillas en tu favor. <br \/> El Se&ntilde;or ha hecho maravillas a favor nuestro<\/i>. <i><br \/> Aleluya<\/i>. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL CHERRY CREK PARK DE DENVER HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Solemnidad de la Asunci&oacute;nDomingo 15 de agosto de 1993 &nbsp; &laquo;Ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso&raquo; (Lc 1, 49). Amados j&oacute;venes y queridos amigos en Cristo: 1. 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