{"id":40005,"date":"2016-10-05T23:29:41","date_gmt":"2016-10-06T04:29:41","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-mexico-santa-misa-para-los-fieles-de-la-diocesis-de-merida-y-las-poblaciones-indigenas-11-de-agosto-de-1993\/"},"modified":"2016-10-05T23:29:41","modified_gmt":"2016-10-06T04:29:41","slug":"viaje-apostolico-a-mexico-santa-misa-para-los-fieles-de-la-diocesis-de-merida-y-las-poblaciones-indigenas-11-de-agosto-de-1993","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-mexico-santa-misa-para-los-fieles-de-la-diocesis-de-merida-y-las-poblaciones-indigenas-11-de-agosto-de-1993\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a M\u00e9xico: Santa Misa para los fieles de la di\u00f3cesis de M\u00e9rida y las poblaciones ind\u00edgenas (11 de agosto de 1993)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A JAMAICA, M&Eacute;XICO Y DENVER<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>SANTA MISA PARA LOS FIELES DE LA DI&Oacute;CESIS DE M&Eacute;RIDA<br \/>Y LAS POBLACIONES IND&Iacute;GENAS <\/b><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><font size=\"4\"><b><i>HOMIL&Iacute;A<\/i><\/b><\/font><i><b><font size=\"4\"> DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Explanada de Xocl&aacute;n-Muslay, M&eacute;rida<br \/>Mi&eacute;rcoles 11 de agosto de 1993 <\/i><\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Venerables hermanos en el episcopado, <br \/> queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, <br \/> amad&iacute;simos hermanos y hermanas:<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>\u201cVosotros sois la sal de la tierra\u201d <\/i>(<i>Mt<\/i> 5, 13)<i>.<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. Son palabras de Jes&uacute;s a sus disc&iacute;pulos, que hemos escuchado en la lectura del Evangelio en esta solemne celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica. Son palabras que hoy, el Sucesor de Pedro, en nombre del Se&ntilde;or, repite con gozo a todos vosotros, congregados en M&eacute;rida para dar fervientes gracias a Dios por el don de la fe cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Yucat&aacute;n es el nombre sonoro y expresivo de esta tierra, que hoy se encuentra en millones de labios a lo largo y ancho de Am&eacute;rica Latina y de todo el mundo. <i> Convocados por el Se&ntilde;or Jes&uacute;s<\/i>, vivo y operante en su Iglesia, que hoy como ayer sigue hablando en lo m&aacute;s &iacute;ntimo de cada hombre, <i>queremos celebrar la llegada de su mensaje de salvaci&oacute;n a los pueblos de este bendito Continente<\/i>. En &eacute;l, bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, se hicieron fecundas las \u201csemillas del Verbo\u201d, presentes en el hondo sentido religioso de sus culturas, y se abri&oacute; su coraz&oacute;n a \u201cla Luz verdadera que ilumina a todo hombre que viene a este mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 9). <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Qu&eacute; hermoso es reunirse para celebrar la misma fe y la misma vida en Cristo! Vosotros y yo somos no s&oacute;lo fruto, sino tambi&eacute;n sembradores de las palabras de Jes&uacute;s: \u201cId y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes\u201d (<i>Mt<\/i> 28, 19), es decir, ap&oacute;stoles de la nueva evangelizaci&oacute;n a la que, en virtud de nuestro bautismo, estamos todos llamados. Por eso, el Se&ntilde;or nos recuerda hoy nuevamente que somos \u201c<i>la sal de la tierra, la luz del mundo<\/i>\u201d (cf. <i>ib&iacute;d<\/i>., 5, 13-14). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. Mi saludo en esta bendita tierra de Yucat&aacute;n, que acogi&oacute; la Buena Nueva de Jesucristo, quiere estar en sinton&iacute;a con vuestro gozo por la fe recibida, germen de una nueva vida que transforma toda la existencia seg&uacute;n los designios providenciales de Dios. Os saludo, pues, hermanos Obispos de M&eacute;xico aqu&iacute; presentes, as&iacute; como a los de las distintas Naciones de Am&eacute;rica Latina que hab&eacute;is querido uniros a nuestra celebraci&oacute;n. En particular, a Monse&ntilde;or Manuel Castro Ruiz, Pastor de esta amada Arquidi&oacute;cesis que hoy nos acoge. Igualmente doy mi m&aacute;s cordial bienvenida a las Autoridades civiles y militares que nos acompa&ntilde;an. <\/p>\n<p align=\"left\"> Os saludo, queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, que continu&aacute;is con ejemplar dedicaci&oacute;n la labor de llevar el Evangelio a todos los ambientes. Os saludo, amad&iacute;simos fieles de M&eacute;rida, de Yucat&aacute;n y de todo M&eacute;xico, que con ilusi&oacute;n y alegr&iacute;a hab&eacute;is esperado este encuentro de fe y amor. Y, de un modo especial, os saludo a vosotros, hermanos y hermanas ind&iacute;genas, que represent&aacute;is a las comunidades y etnias no s&oacute;lo de Yucat&aacute;n y M&eacute;xico, sino tambi&eacute;n de todo el Continente americano, a la vez que os reitero el particular amor que la Iglesia os profesa. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. \u201cVosotros sois la sal de la tierra\u201d (<i>Mt<\/i> 5, 13)). Son palabras que el Se&ntilde;or dirige hoy a vosotros, reunidos aqu&iacute; en la pen&iacute;nsula de Yucat&aacute;n: <i>os lo dice a vosotros, descendientes de los primeros habitantes de M&eacute;xico y del Continente americano<\/i>. En la fe cristiana, sois verdaderamente la sal de la tierra. Antes de que llegaran aqu&iacute; los habitantes de otros continentes, vosotros hab&iacute;ais ya dado a esta tierra el sabor de las fatigas de vuestro trabajo y de vuestros sufrimientos, la riqueza de vuestras culturas ancestrales, de vuestros valores humanos, de vuestras lenguas. Pero con <i>la fe cristiana todo ello recibi&oacute; un significado nuevo y m&aacute;s profundo<\/i>. Vosotros, que hab&eacute;is acogido en vuestro coraz&oacute;n el mensaje salvador de Cristo, sois, pues, sal de la tierra porque hab&eacute;is de contribuir a evitar que la vida del hombre se deteriore o que se corrompa persiguiendo los falsos valores, que tantas veces se proponen en la sociedad contempor&aacute;nea. Vosotros sois sal de esta tierra, tierra mexicana, tierra americana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy vengo entre vosotros para rendir homenaje a los descendientes de los antiguos habitantes de Am&eacute;rica; para dar gloria a la divina Providencia, que les confi&oacute; esta tierra para hacerla fecunda y fruct&iacute;fera seg&uacute;n los designios del Creador, que ha destinado los bienes de la creaci&oacute;n para servicio y utilidad de toda la familia humana. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia, como Madre y Maestra, hace suyos los problemas que afectan al hombre, y en especial a los m&aacute;s pobres y abandonados, y trata de iluminarlos desde el Evangelio. Por eso, en la construcci&oacute;n de una sociedad m&aacute;s justa y fraterna, la doctrina social de la Iglesia propone siempre la primac&iacute;a de la persona sobre las cosas (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 53-54), de la conciencia moral sobre los criterios utilitaristas, que pretenden ignorar la dignidad del hombre, creado a imagen y semejanza de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. Cristo, luz del mundo (cf. <i>Jn<\/i> 8, 12), nos exhorta hoy a que nosotros seamos tambi&eacute;n luz ante los hombres para que, viendo nuestras buenas obras, glorifiquen al Padre que est&aacute; en los cielos (cf. <i>Mt<\/i> 5, 16). Cristo, \u201cluz verdadera, que ilumina todo hombre que viene a este mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 1, 9), es el Verbo proclamado por san Juan en el pr&oacute;logo de su Evangelio (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 1 1-4): el Hijo eterno, consustancial con el Padre. <i>La Vida estaba en &Eacute;l, y &Eacute;l la ha tra&iacute;do al mundo<\/i>. \u201cTanto am&oacute; Dios al mundo, que le entreg&oacute; a su Hijo Unig&eacute;nito, para que todo el que cree en &eacute;l&#8230; tenga la vida eterna\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 3, 16). <\/p>\n<p align=\"left\"> &Eacute;sta es la prueba suprema del amor de Dios a los hombres desde toda la eternidad: la Encarnaci&oacute;n del Verbo. Y tambi&eacute;n vosotros, queridos hermanos y hermanas, hab&eacute;is sido objeto de ese amor de predilecci&oacute;n por parte de Dios; <i> tambi&eacute;n por amor vuestro se encarn&oacute; su Hijo Unig&eacute;nito<\/i>. Tambi&eacute;n a vosotros Dios Padre os lo entrega como Salvador, para que teng&aacute;is la vida eterna. \u201c&Eacute;sta es la vida eterna: que te conozcan a ti, &uacute;nico Dios verdadero, y a tu enviado, Jesucristo\u201d (Ib&iacute;d., <i>17<\/i>, 3). <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Se han cumplido quinientos a&ntilde;os de la llegada del Evangelio al Nuevo Mundo. El ardor apost&oacute;lico y la entrega generosa de una pl&eacute;yade de misioneros hicieron posible la implantaci&oacute;n de la Iglesia de Cristo en este Continente. Hoy, cuando damos fervientes gracias a Dios por la fe recibida y por los abundantes dones con que ha querido bendecir a Am&eacute;rica, el Se&ntilde;or nos recuerda que somos sal de la tierra y luz del mundo, y nos env&iacute;a a proclamar la Buena Nueva de la salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> El mandato misionero de Jes&uacute;s (cf <i>Mc<\/i> 16, 15) se hace hoy llamado urgente, dirigido a todos y cada uno de los bautizados. Se dirige a los padres y madres de familia, invit&aacute;ndolos a hacer de su casa un hogar cristiano, evangelizado y evangelizador, a ejemplo del hogar de Nazareth. Se dirige a los j&oacute;venes para que se conviertan en heraldos y defensores de la civilizaci&oacute;n de la solidaridad y del amor entre los hombres. Se dirige a los trabajadores y campesinos, para que transformen el propio trabajo en un instrumento de hermandad, justicia y solidaridad. Se dirige a los profesionales y a los hombres de cultura, para que impregnen las realidades temporales con el esp&iacute;ritu evang&eacute;lico, que es esp&iacute;ritu de verdad y de amor. Se dirige a quienes desempe&ntilde;an responsabilidades p&uacute;blicas en bien de la comunidad, para que dediquen con honestidad lo mejor de s&iacute; en favor de la pac&iacute;fica convivencia, la libertad y el desarrollo. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. <i>Cristo es la luz del mundo<\/i>, pues <i>en &Eacute;l se ha revelado la Vida<\/i>. Se ha revelado mediante la palabra del Evangelio, pero sobre todo se ha revelado mediante su muerte redentora en la Cruz. Ha ofrecido en sacrificio al Padre <i> su vida en expiaci&oacute;n por los pecados del mundo<\/i>. Y con este sacrificio cruento &Eacute;l ha vencido el pecado y la muerte. En el G&oacute;lgota acept&oacute; la muerte, pero al tercer d&iacute;a resucit&oacute; y vive para siempre. <i>Vive para darnos su Vida<\/i>. De este modo, Cristo es aquella Luz, aquella Vida que ha demostrado ser m&aacute;s fuerte que la muerte. <i>En &Eacute;l est&aacute; la Vida divina, que es Luz para los hombre<\/i>s (cf. <i>Jn<\/i> 1, 4). Cristo, luz del mundo, os est&aacute; enviando hoy a vosotros hermanos y hermanas, descendientes de los antepasados, os est&aacute; enviando a vosotros en el camino de la vida. &Eacute;ste es el camino de verdad, es el camino de siempre y de la nueva evangelizaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Buena Nueva de Cristo, vencedor de la muerte y redentor del g&eacute;nero humano, fue anunciada hace cinco siglos a los pobladores de este Continente y <i>muchos de vuestros antepasados la acogieron como mensaje de salvaci&oacute;n<\/i>: recibieron la luz que brilla en las tinieblas. Nosotros, hoy, agradecemos esta acogida de los corazones humanos, esta acogida de la verdad de la vida eterna implantada en Am&eacute;rica Latina, en Yucat&aacute;n, en M&eacute;xico a trav&eacute;s de la primera evangelizaci&oacute;n. Tambi&eacute;n vosotros, queridos hermanos y hermanas, gracias al Evangelio, <i>hab&eacute;is recibido la luz<\/i> y est&aacute;is llamados a dar valientemente testimonio de ella. Cada uno de vosotros ha de sentirse llamado a ser sal de la tierra y luz del mundo. Hab&eacute;is de ser sal que preserva de la corrupci&oacute;n y que da sabor a los frutos de la tierra. Hab&eacute;is de iluminar a los que os rodean mediante vuestra caridad; caridad que es amar a los dem&aacute;s como Cristo nos ha amado (cf. <i>Jn<\/i> 15, 12). &Eacute;sta es la evangelizaci&oacute;n de ayer, de hoy y para siempre. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Vosotros sois la sal de la tierra. Vosotros sois la luz del mundo. Os lo dice Cristo mismo, que es la Luz. Lo dice tambi&eacute;n con el ejemplo de su vida, con la verdad de sus sufrimientos, con su muerte en la Cruz. <\/p>\n<p align=\"left\"> Cuando el Ap&oacute;stol Pablo, en la carta a los Romanos, exhorta a los cristianos a no devolver <i>a nadie mal por mal; buscando hacer el bien delante de todos los hombres<\/i> (cf <i>Rm<\/i> 12, 17), lo hace porque &eacute;se es el aut&eacute;ntico mensaje de Cristo. &iquest;No es verdad que Jes&uacute;s nos ha ense&ntilde;ado a rezar al Padre con estas palabras: \u201c<i>perdona<\/i> nuestras ofensas, <i>as&iacute; como nosotros perdonamos a los que nos ofenden\u201d<\/i>? (cf. <i>Mt<\/i> 6, 12; <i>Lc<\/i> 11, 4). &iquest;No es verdad que el Se&ntilde;or desde la cruz ha orado por aquellos que le ofend&iacute;an: \u201cPadre, <i> perd&oacute;nalos porque no saben lo que hacen\u201d<\/i>? (<i>Lc<\/i> 23, 34). Perdonando y amando Cristo consigui&oacute; su victoria. Para que nosotros consigamos tambi&eacute;n nuestra victoria, san Pablo nos exhorta con estas palabras: \u201c<i>&iexcl;No te dejes vencer por el mal, mas vence el mal con el bien!<\/i>\u201d (<i>Rm<\/i> 12, 21). <\/p>\n<p align=\"left\"> 8. Queridos hermanos y hermanas, a vosotros, que hab&eacute;is sido v&iacute;ctimas de tantas injusticias, se refiere tambi&eacute;n la exhortaci&oacute;n del Ap&oacute;stol: \u201c<i>&iexcl;No os dej&eacute;is vencer por el mal, mas venced el mal con el bien!<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>.). Os repito las palabras que os dirig&iacute; en mi mensaje con ocasi&oacute;n del V Centenario de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica: \u201cEl mundo tiene siempre necesidad del perd&oacute;n y de la reconciliaci&oacute;n entre las personas y entre los pueblos. Solamente sobre estos fundamentos se podr&aacute; construir una sociedad m&aacute;s justa y fraterna\u201d ((<i>Mensaje a los ind&iacute;genas de Am&eacute;rica<\/i>, n. 6, 12 de octubre de 1992). Una sociedad de ayer, de hoy y para siempre: una sociedad mexicana, una sociedad americana, una sociedad humana y una sociedad cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sois un pueblo mariano, devoto de la Virgen, Madre de todos los cristianos y Reina de la paz. Una paz que es fruto de la aceptaci&oacute;n del sufrimiento y del dolor, as&iacute; como lo fue en la vida de la Virgen. Pero una paz que es fruto tambi&eacute;n de vuestro esfuerzo por vencer \u201cel mal con el bien\u201d (<i>Rm<\/i> 12, 21). Que la Virgen de Guadalupe os proteja y sea la estrella que os gu&iacute;e en vuestro camino, para que se&aacute;is siempre sal de la tierra y luz del mundo. Hermanos y hermanas, qu&eacute; hermoso es reunirse para celebrar la misma fe, la misma vida en Cristo. Vosotros, yo, somos no s&oacute;lo fruto, sino tambi&eacute;n los sembradores de las palabras de Jes&uacute;s, para hacer disc&iacute;pulos a todas las gentes; es decir, ap&oacute;stoles de la nueva evangelizaci&oacute;n: porque en virtud de nuestros Bautismo, estamos llamados. Qu&eacute; hermoso es reunirse para celebrar la misma fe, la misma vida en Cristo, la misma Eucarist&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A JAMAICA, M&Eacute;XICO Y DENVER SANTA MISA PARA LOS FIELES DE LA DI&Oacute;CESIS DE M&Eacute;RIDAY LAS POBLACIONES IND&Iacute;GENAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Explanada de Xocl&aacute;n-Muslay, M&eacute;ridaMi&eacute;rcoles 11 de agosto de 1993 &nbsp; Venerables hermanos en el episcopado, queridos sacerdotes, religiosos y religiosas, amad&iacute;simos hermanos y hermanas: \u201cVosotros sois la sal &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-mexico-santa-misa-para-los-fieles-de-la-diocesis-de-merida-y-las-poblaciones-indigenas-11-de-agosto-de-1993\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a M\u00e9xico: Santa Misa para los fieles de la di\u00f3cesis de M\u00e9rida y las poblaciones ind\u00edgenas (11 de agosto de 1993)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40005","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40005","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40005"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40005\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40005"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40005"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40005"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}