{"id":40007,"date":"2016-10-05T23:29:44","date_gmt":"2016-10-06T04:29:44","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-celebracion-de-laudes-en-el-seminario-mayor-de-madrid-16-de-junio-de-1993\/"},"modified":"2016-10-05T23:29:44","modified_gmt":"2016-10-06T04:29:44","slug":"viaje-apostolico-a-espana-celebracion-de-laudes-en-el-seminario-mayor-de-madrid-16-de-junio-de-1993","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-celebracion-de-laudes-en-el-seminario-mayor-de-madrid-16-de-junio-de-1993\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Celebraci\u00f3n de Laudes en el seminario mayor de Madrid (16 de junio de 1993)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N DE LAUDES EN EL SEMINARIO MAYOR<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b><i> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Madrid, mi&eacute;rcoles 16 de junio de 1993<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amad&iacute;simos seminaristas, <br \/>queridos sacerdotes:<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. Hab&eacute;is venido, en esta radiante ma&ntilde;ana, para alabar juntos a Dios Padre, por Jesucristo, y en la comuni&oacute;n y la paz del Esp&iacute;ritu Santo, por el d&iacute;a que comenzamos, por habernos redimido con su sacrificio eterno. Y, especialmente, para <i>darle gracias por el don precioso de la vocaci&oacute;n al sacerdocio y a la vida consagrada<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Hab&eacute;is venido de todas las di&oacute;cesis de Espa&ntilde;a y de numerosas casas de formaci&oacute;n de Institutos de vida consagrada y de sociedades de vida apost&oacute;lica. Los lugares, las circunstancias y los modos concretos de realizar vuestra vocaci&oacute;n son bien diferentes. Y, sin embargo, en su ra&iacute;z &uacute;ltima y en su significado fundamental vuestra vocaci&oacute;n es la misma, pues nace del amor de Jesucristo por cada uno de vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cEl amor no pasa nunca\u201d (<i>1Co<\/i> 13, 8), acabamos de escuchar en la lectura del ap&oacute;stol Pablo. De ese amor que nunca falla y que supera toda medida nace la Iglesia, la humanidad redimida por el amor de Cristo y capacitada, por el don de su Santo Esp&iacute;ritu, para <i>vivir en el amor<\/i>, que es la <i>plenitud de la vocaci&oacute;n humana<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">2. Al encontrarme hoy con vosotros, queridos seminaristas de tantos lugares de Espa&ntilde;a, una inmensa alegr&iacute;a invade mi coraz&oacute;n de Pastor. <i> El Se&ntilde;or os ha mirado a cada uno<\/i> con una ternura y un amor infinitos, <i> para recorrer con vosotros una historia de salvaci&oacute;n <\/i>y asociaros de un modo especial a su persona mediante el sacramento del Orden. C&oacute;mo no llenarse de gozo ante esta promesa de futuros sacerdotes, de generosos obreros de la mies con que el Se&ntilde;or nos bendice? C&oacute;mo no alegrarme con todos vosotros, con vuestros obispos y formadores, con vuestras respectivas di&oacute;cesis y con toda la Iglesia, viendo fructificar la llamada de Dios en vuestros corazones? <\/p>\n<p align=\"left\">A este prop&oacute;sito, no puedo por menos de manifestar mi viva gratitud a tantos formadores y profesores que, mediante su labor \u2013a veces oculta y sacrificada\u2013, prestan un precioso servicio a la Iglesia, en un campo tan delicado como es el de la preparaci&oacute;n de los futuros ministros de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">El himno de la caridad que hemos proclamado en nuestra plegaria de Laudes, nos sit&uacute;a en el momento de gracia que estamos viviendo. \u201cEl amor no pasa nunca\u201d, dice el Ap&oacute;stol, y la <i>nueva Alianza en Jesucristo<\/i> es la prueba de ese <i>amor eterno de Dios<\/i>, de su infinita bondad para con los hombres. En este encuentro de oraci&oacute;n quiero ayudaros a penetrar en este profundo misterio de alianza, para que os prepar&eacute;is a vivirlo un d&iacute;a con toda responsabilidad y entrega. La Iglesia, consciente de la <i>transcendencia de vuestra formaci&oacute;n para el ministerio sagrado<\/i>, ha reflexionado en el <i> &uacute;ltimo S&iacute;nodo de Obispos<\/i>, dedicado a la formaci&oacute;n de los sacerdotes en la situaci&oacute;n actual; y sus frutos he querido presentarlos en la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i>Pastores Dabo Vobis<\/i>, con la viva confianza de que, quienes os prepar&aacute;is para el sacerdocio, la hag&aacute;is vuestra. <\/p>\n<p align=\"left\">3. El secreto de toda vuestra formaci&oacute;n \u2013humana, espiritual, intelectual y pastoral\u2013 reside en la <i>configuraci&oacute;n con Cristo<\/i>. En efecto, <i>el sacerdote es otro Cristo<\/i>. Y s&oacute;lo en la identificaci&oacute;n con &Eacute;l hallar&aacute; su identidad, su gozo y su fecundidad apost&oacute;lica. Por ello, la formaci&oacute;n que recib&iacute;s en el Seminario debe orientarse a prepararos \u201cde una manera espec&iacute;fica para comunicar la caridad de Cristo, buen Pastor\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 57). La alianza de Cristo, su entrega total hasta dar la vida, expresa la <i>caridad del Buen Pastor<\/i>, que da vida abundante a sus ovejas. Esta misma caridad <i>debe configurar<\/i>, por tanto, <i>la vida de los pastores de la Iglesia<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">En el proceso de configuraci&oacute;n con Cristo, el Seminario debe ofrecer una ayuda insustituible, pues en la etapa de formaci&oacute;n se ponen las bases del futuro ministerio. Atenci&oacute;n especial&iacute;sima debe prestarse a la maduraci&oacute;n en la experiencia de Dios, que se realiza a trav&eacute;s de la <i>oraci&oacute;n personal y comunitaria, y que alcanza su culmen en la Eucarist&iacute;<\/i>a. La experiencia que, en vuestro tiempo de formaci&oacute;n, teng&aacute;is de la oraci&oacute;n os har&aacute; capaces de estimar y valorar los diversos caminos por los que el Se&ntilde;or busca comunicarse con los hombres. As&iacute; podr&eacute;is guiar, con mano experta, a quienes se acerquen a vosotros con el deseo y el ansia de Dios en su coraz&oacute;n. Por ello, el Seminario debe<i> favorecer los tiempos fuertes de oraci&oacute;n<\/i>, as&iacute; como el discernimiento necesario de aquellas formas de plegaria que la Iglesia estima de forma singular. <\/p>\n<p align=\"left\">4. El centro de la vida espiritual del candidato al sacerdocio ha de ser <i>la Eucarist&iacute;a de cada d&iacute;a<\/i>. A este prop&oacute;sito, deseo recordar aquellas palabras de la Exhortaci&oacute;n Apost&oacute;lica <i>Pastores Dabo Vobis<\/i>:&nbsp; Es necesario que los seminaristas participen <i>diariamente<\/i> en la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, de forma que luego tomen como regla de vida sacerdotal la celebraci&oacute;n diaria\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 48). Del misterio redentor de Cristo, renovado en la Eucarist&iacute;a, se nutre tambi&eacute;n el <i>sentido de la misi&oacute;n<\/i>, el amor ardiente por los hombres. Desde la Eucarist&iacute;a se comprende igualmente que toda participaci&oacute;n en el sacerdocio de Cristo tiene <i>una dimensi&oacute;n universal<\/i>. Con esa perspectiva es preciso educar el coraz&oacute;n, para que vivamos el drama de los pueblos y multitudes que no conocen todav&iacute;a a Cristo, y para que estemos siempre dispuestos a ir a cualquier parte del mundo, a anunciarlo \u201ca todas las gentes\u201d (cf. <i>Mt<\/i> 28, 19). Esta disponibilidad \u2013a la que he exhortado de modo apremiante en la Enc&iacute;clica <i>Redemptoris Missio<\/i>\u2013 es hoy particularmente necesaria, ante los horizontes inmensos que se abren a la misi&oacute;n de la Iglesia, y ante los retos de la nueva evangelizaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">5. La <i>configuraci&oacute;n con Cristo<\/i> ha de ser el objetivo prioritario en la formaci&oacute;n de todo candidato al sacerdocio. Como el Se&ntilde;or instruy&oacute; a sus disc&iacute;pulos, prepar&aacute;ndoles para el ejercicio de su misi&oacute;n, la Iglesia, siguiendo su ejemplo, debe dedicar su mayor solicitud a la adecuada preparaci&oacute;n de los sacerdotes. \u201cSi la Iglesia quiere buenos ministros \u2013dec&iacute;a san Juan de &Aacute;vila, patrono del clero espa&ntilde;ol\u2013, ha de proveer que haya educaci&oacute;n de ellos\u201d (S. Juan de &Aacute;vila, <i>Obras completas<\/i>, t. VI, BAC, n. 324, Madrid, 1971, 40). La formaci&oacute;n, tal como la entiende la Iglesia, se dirige a toda la persona, y no s&oacute;lo a su inteligencia. Busca hacer del futuro presb&iacute;tero una aut&eacute;ntica \u201cepifan&iacute;a y transparencia del buen Pastor\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 49), de forma que, en lo humano, en lo espiritual, en lo intelectual y en lo pastoral, sea un maestro en el \u201c arte de las artes \u201d que, seg&uacute;n San Gregorio Magno, es la cura de almas. Por esta raz&oacute;n, el Seminario debe ser una escuela de formaci&oacute;n sacerdotal en su sentido m&aacute;s profundo. <\/p>\n<p align=\"left\">6. Todo esto pone a&uacute;n m&aacute;s de relieve la <i>importancia del estudio<\/i>, orientado no s&oacute;lo a la adquisici&oacute;n de conocimientos, sino como parte complementaria de la propia vocaci&oacute;n \u2013a nivel humano, espiritual y sacerdotal\u2013 que hace madurar a la persona en la b&uacute;squeda de la verdad, la consolida en su posesi&oacute;n y la llena de gozo al contemplarla. Sin la disciplina y h&aacute;bito del estudio, el futuro presb&iacute;tero no podr&aacute; ser el hombre sabio seg&uacute;n el Evangelio que, oportuna e inoportunamente, exhorta con la Palabra de Dios, convence con la verdad y libera del error. El presb&iacute;tero est&aacute; llamado a ser maestro de la fe cristiana y, por tanto, debe ser capaz de dar raz&oacute;n de la fe que predica y ense&ntilde;a. <\/p>\n<p align=\"left\">La dedicaci&oacute;n al estudio debe hacerse con una perspectiva pastoral, pues dispone a los seminaristas para los ministerios propios del pastor: la predicaci&oacute;n, la catequesis y ense&ntilde;anza, el consejo y la direcci&oacute;n espiritual, el discernimiento sabio de la voluntad de Dios en la vida de los hombres. Esta dimensi&oacute;n pastoral del estudio requiere ciertamente una particular atenci&oacute;n a los problemas del mundo actual. El sacerdote tiene que ser sensible a cuanto sucede a su alrededor, a los movimientos culturales de su &eacute;poca, a las corrientes de pensamiento. S&oacute;lo as&iacute; podr&aacute;n iluminarse, desde la revelaci&oacute;n cristiana, los problemas que ata&ntilde;en al hombre, aportando la verdad que viene de Jesucristo. <\/p>\n<p align=\"left\">7. La preparaci&oacute;n de los seminaristas \u2013dice el Decreto <i> Optatam Totius<\/i> del Concilio Vaticano II\u2013 \u201cdebe tender a la formaci&oacute;n de verdaderos pastores de las almas, a ejemplo de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo, Maestro, Sacerdote, Pastor\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_optatam-totius_sp.html\">Optatam Totiu<\/a>s<\/i>, 4). &Eacute;sta ha de ser la meta de todo vuestro proceso formativo hasta que llegu&eacute;is a la <i>plena comuni&oacute;n con la caridad pastoral de Jesucristo (<\/i>cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\"> Pastores Dabo Vobis<\/a><\/i>, 57). Dicha comuni&oacute;n os capacitar&aacute; para estar entre los hombres haciendo presente al Se&ntilde;or Jes&uacute;s en todo vuestro comportamiento. De ah&iacute;, la importancia por llegar a poseer \u201clos mismos sentimientos de Cristo\u201d (<i>Flp<\/i> 2, 5). <\/p>\n<p align=\"left\">El sacerdote, llamado a actualizar mediante los sacramentos la redenci&oacute;n de Cristo, debe vivir siempre con la misma preocupaci&oacute;n del Se&ntilde;or: salvar al hombre. El ministerio sacerdotal quedar&iacute;a vac&iacute;o de contenido si, en el trato pastoral con los hombres, se olvidara su dimensi&oacute;n soteriol&oacute;gica cristiana. Esto se da, por desgracia, en las formas reduccionistas de ejercer el ministerio, como si se tratara de una funci&oacute;n de simple ayuda humana, social o psicol&oacute;gica. El sacerdote, como Jes&uacute;s mismo, es enviado a los hombres para hacerles descubrir su vocaci&oacute;n de hijos de Dios, para despertar en ellos \u2013como hizo Jes&uacute;s con la samaritana\u2013 el ansia de la vida sobrenatural. El sacerdote es enviado para exhortar a la conversi&oacute;n del coraz&oacute;n, educando la conciencia moral y reconciliando a los hombres con Dios mediante el sacramento de la penitencia. <\/p>\n<p align=\"left\">8. Para vivir plenamente la uni&oacute;n con Cristo al servicio de los hombres el Se&ntilde;or os enriquece con el <i>don del celibato, libremente asumido<\/i>, por el Reino de los cielos, con el cual se sella la llamada al sacerdocio. El celibato os configura con Cristo virgen, esposo de la Iglesia, a la que se entrega plenamente para santificarla y hacerla fecunda en la caridad. El celibato os permite presentaros ante el pueblo cristiano como hombres libres, con la libertad de Cristo, para entregaros sin reservas a la caridad universal, a la paternidad fecunda del esp&iacute;ritu, al servicio incondicional de los hombres. La maduraci&oacute;n de vuestra afectividad se realizar&aacute; en vosotros en la medida en que acoj&aacute;is a <i>Jesucristo, pobre, casto y obediente<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">No mir&eacute;is, por tanto, lo que dej&aacute;is; mirad lo que recib&iacute;s. No os qued&eacute;is en la renuncia; <i>mirad el don y contemplad la gracia recibida<\/i>. Esta actitud de vivir dando la vida no se improvisa ni se adquiere autom&aacute;ticamente con el sacramento del Orden. Exige una pedagog&iacute;a especial cuyo desarrollo compromete todo el proceso de formaci&oacute;n en el Seminario. A esto os ayudar&aacute;n ciertamente la experiencia de sacerdotes sabios y santos, la indispensable direcci&oacute;n espiritual, el trato con la gente entre la que inici&aacute;is vuestras primeras experiencias pastorales y, naturalmente, la amistad que va surgiendo entre vosotros, en torno a Cristo, que os llama para ser sus amigos. Esta amistad, favorecida por la vida comunitaria \u2013que ha de ser cultivada con esmero\u2013 os ayudar&aacute; despu&eacute;s a vivir la fraternidad sacerdotal que el Concilio Vaticano II presenta como medio eficaz para hacer m&aacute;s fecundo el don mismo del sacerdocio (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/i>, 8). La vivencia de esta fraternidad ser&aacute; la mejor preparaci&oacute;n para hacer realidad la <i>comuni&oacute;n afectiva y efectiva en el presbiterio diocesano<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">9. No puedo finalizar este entra&ntilde;able encuentro sin dirigir una palabra de saludo lleno de afecto <i>a los presb&iacute;teros aqu&iacute; presentes y, en ellos, a los de toda Espa&ntilde;a<\/i>. Queridos hermanos en el sacerdocio de Jesucristo, quiero expresaros mi viva gratitud por vuestra entrega callada y no exenta de sacrificios en los diversos campos de la pastoral. Reavivad cada d&iacute;a el carisma que recibisteis por la imposici&oacute;n de manos (cf. <i>2Tm<\/i> 1, 6) identific&aacute;ndoos con Jesucristo, en su triple funci&oacute;n de santificar, ense&ntilde;ar y apacentar. Os pido encarecidamente que continu&eacute;is ilusionados en vuestras tareas pastorales al servicio del Pueblo de Dios, en &iacute;ntima comuni&oacute;n con vuestros Pastores y en fidelidad a las ense&ntilde;anzas de la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;El amor no pasa nunca!<\/i> La llamada de Cristo no pasa, se renueva cada d&iacute;a. Buscad, pues, que se renueve tambi&eacute;n vuestro encuentro con &Eacute;l. Que sea una aut&eacute;ntica necesidad de vuestra vida el trato &iacute;ntimo con Jesucristo. Un d&iacute;a tuvisteis una inolvidable experiencia de encuentro con el Se&ntilde;or. Aquella llamada os llen&oacute; de gozo. Aquella primera semilla \u2013que era promesa de plenitud en el amor\u2013 ha de crecer y hacerse fecunda en vosotros. Y as&iacute;, cada instante de la vida ser&aacute; como aquella primera gracia, que se renueva constantemente. Y con el paso del tiempo, vuestro gozo crecer&aacute; y nadie os podr&aacute; quitar vuestra alegr&iacute;a. Porque \u201cel amor no pasa nunca\u201d (<i>1Co<\/i> 13, 8). <br \/> S&oacute;lo me queda animaros en esta carrera por alcanzar a Cristo. &Eacute;l os alcanz&oacute; primero. Dejaos formar por &Eacute;l. Amad sin reservas a la Iglesia; y que Mar&iacute;a, la Madre de Cristo sacerdote, os eduque con su amor maternal, para que en vosotros se conforme la imagen verdadera de su Hijo.  <\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"left\"><i>(Al final del encuentro, Juan Pablo II respondi&oacute; con las siguientes palabras al saludo del rector y de un joven seminarista<\/i>.) <\/p>\n<p align=\"left\">Antes de regresar quiero decir que este encuentro tiene una conjunci&oacute;n muy profunda, muy buena con el Congreso Eucar&iacute;stico Internacional. Entonces, se ve aqu&iacute; al Arzobispo de Sevilla, porque tiene una gran altura&#8230; de vida. Estamos entre Sevilla y Madrid, entre la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica \u201cStatio Orbis\u201d y el encuentro con los seminaristas, los seminaristas actuales. Pero todos somos seminaristas. Somos muchos ex\u2013seminaristas. Especialmente los Se&ntilde;ores Obispos, y aun mucho m&aacute;s los Se&ntilde;ores Cardenales: seminaristas mayores y menores; hay tambi&eacute;n un seminarista m&iacute;nimo: es el Papa. S&iacute;, s&iacute;, es tambi&eacute;n un seminarista permanente, porque debe estudiar cada d&iacute;a durante todos los a&ntilde;os. Cada d&iacute;a, seminarista, seminarista m&iacute;nimo, debe siempre estudiar. Me encomiendo a vuestras oraciones, a la protecci&oacute;n de la Virgen. Muchas gracias. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A CELEBRACI&Oacute;N DE LAUDES EN EL SEMINARIO MAYOR HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Madrid, mi&eacute;rcoles 16 de junio de 1993 &nbsp; Amad&iacute;simos seminaristas, queridos sacerdotes: 1. Hab&eacute;is venido, en esta radiante ma&ntilde;ana, para alabar juntos a Dios Padre, por Jesucristo, y en la comuni&oacute;n y la paz del Esp&iacute;ritu Santo, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-celebracion-de-laudes-en-el-seminario-mayor-de-madrid-16-de-junio-de-1993\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Celebraci\u00f3n de Laudes en el seminario mayor de Madrid (16 de junio de 1993)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40007","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40007","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40007"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40007\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40007"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40007"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40007"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}