{"id":40008,"date":"2016-10-05T23:29:45","date_gmt":"2016-10-06T04:29:45","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-celebracion-eucaristica-para-la-consagracion-de-la-catedral-de-la-almudena-de-madrid-15-de-junio-de-1993\/"},"modified":"2016-10-05T23:29:45","modified_gmt":"2016-10-06T04:29:45","slug":"viaje-apostolico-a-espana-celebracion-eucaristica-para-la-consagracion-de-la-catedral-de-la-almudena-de-madrid-15-de-junio-de-1993","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-celebracion-eucaristica-para-la-consagracion-de-la-catedral-de-la-almudena-de-madrid-15-de-junio-de-1993\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica para la consagraci\u00f3n de la catedral de la Almudena de Madrid (15 de junio de 1993)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b>CONSAGRACI&Oacute;N DE LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b><i> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>Madrid, martes 15 de junio de 1993<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> \u201c<i>&iquest;Es posible que Dios habite en la tierra?<\/i>\u201d (<i>1R<\/i> 8, 27). <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. La liturgia de hoy nos presenta estas palabras del rey Salom&oacute;n, que hemos o&iacute;do en la primera lectura. Y contin&uacute;a: \u201cSi no cabes en el cielo, y en lo m&aacute;s alto del cielo, &iexcl;cu&aacute;nto menos en este templo que te he construido!\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 8, 28). <\/p>\n<p align=\"left\"> El hombre es consciente de la infinitud e inmensidad de Dios, no circunscrito a los l&iacute;mites del espacio y del tiempo, pues \u201csiendo Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos del hombre\u201d (<i>Hch<\/i> 17, 24). Pero <i>el Dios de la Alianza<\/i>, \u201cAquel que es\u201d (cf. <i>Ex<\/i> 3, 14), <i>ha querido venir a habitar en medio de su pueblo<\/i>. El que abarca y lo penetra todo habitaba en la tienda, llamada del Encuentro, durante el peregrinar del pueblo hacia la tierra prometida. El Se&ntilde;or puso su morada en el monte santo, Jerusal&eacute;n, porque \u201csu delicia es habitar entre los hijos de los hombres\u201d (<i>Pr<\/i> 8, 31); y, cuando \u201clleg&oacute; la plenitud de los tiempos\u201d (<i>Ga<\/i> 4, 4) se hizo Emmanuel, \u201cDios con nosotros\u201d (cf <i>Mt<\/i> 1, 23). En la persona de Jesucristo, Dios mismo sale al encuentro del hombre. Dios se hace accesible a los sentidos, tangible: \u201cHemos visto\u201d, \u201chemos o&iacute;do\u201d y \u201chemos tocado al Verbo de la Vida\u201d, \u201cporque la Vida se ha manifestado, y nosotros la hemos visto\u201d, escribe el ap&oacute;stol san Juan (cf <i>1Jn<\/i> 1, 1-2). En efecto, en Jesucristo \u201chabita corporalmente la plenitud de la divinidad\u201d (<i>Col<\/i> 2, 9), hasta el punto de que su cuerpo es el templo verdadero, nuevo y definitivo, como hemos o&iacute;do en la lectura del Evangelio (cf <i>Jn<\/i> 2, 21). El Verbo de Dios se hizo carne, y puso su morada entre nosotros (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 1, 14). Por ello, con el coraz&oacute;n henchido de gozo, proclamamos con el Salmista: \u201c&iexcl;Qu&eacute; deseables son tus moradas, Se&ntilde;or de los ej&eacute;rcitos!\u201d (<i>Sal<\/i> 83 [82], 2). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2. A semejanza del <i>templo de piedras vivas<\/i>, que son todos los fieles de esta Archidi&oacute;cesis, la Catedral de Santa Mar&iacute;a la Real de la Almudena, que hoy tenemos el gozo de dedicar al culto divino, es una expresi&oacute;n sublime de alabanza a Dios. Por ello, una inmensa alegr&iacute;a convoca hoy al pueblo de Madrid, al que deseo expresar, a trav&eacute;s de la radio y la televisi&oacute;n, mi saludo entra&ntilde;able y afectuoso. Una alegr&iacute;a que he querido hacer m&iacute;a al venir aqu&iacute;, como sucesor de Pedro, y dedicar esta morada de Dios entre los hombres. Este templo catedralicio, que se eleva hacia el cielo, es todo un s&iacute;mbolo: <i>el dinamismo del Pueblo de Dios<\/i>, que ha unido sus fuerzas, trabajos, limosnas y oraciones, para ofrecer a Dios una digna morada en la cual se invoque su nombre y se implore su misericordia. <\/p>\n<p align=\"left\"> A todos los que de una forma u otra han contribuido a su construcci&oacute;n: a la Casa Real, que tuvo un papel decisivo en los comienzos de la obra y ha seguido alent&aacute;ndola despu&eacute;s; al Presidente del Gobierno y a las numerosas empresas que han ayudado a su edificaci&oacute;n; a las instituciones que, junto con el Arzobispado, han formado el Patronato, a saber: el Ayuntamiento de Madrid, la Comunidad Aut&oacute;noma, Caja Madrid y la Asociaci&oacute;n de la Prensa Madrile&ntilde;a; al arquitecto y a los trabajadores, que han dado a la obra su saber y su energ&iacute;a; a las parroquias, congregaciones religiosas y asociaciones de fieles, que han depositado aqu&iacute; sus objetos de arte para su decoraci&oacute;n; a todos los que han contribuido con su aportaci&oacute;n econ&oacute;mica; y a la Iglesia y al pueblo de Madrid, a todos quiere hoy el Papa expresar su agradecimiento, en nombre de Jesucristo y de la Iglesia, por la culminaci&oacute;n de este gran templo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Gratitud, de modo especial, al Pastor de esta Archidi&oacute;cesis, el Se&ntilde;or Cardenal &Aacute;ngel Suqu&iacute;a Goicoechea, que en nombre de toda la comunidad eclesial, Obispos Auxiliares, sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles, me ha dirigido tan amables palabras de comuni&oacute;n y cercan&iacute;a. Que el Se&ntilde;or, rico en misericordia, premie abundantemente su generoso y abnegado ministerio pastoral a la Iglesia de Dios. Igualmente mi agradecimiento por su presencia al Cardenal Vicente Enrique y Taranc&oacute;n y a los dem&aacute;s Se&ntilde;ores Cardenales, as&iacute; como al querido Episcopado Espa&ntilde;ol, con su Presidente, Monse&ntilde;or El&iacute;as Yanes, Arzobispo de Zaragoza. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iexcl;Demos gracias a la Sant&iacute;sima Trinidad por este lugar santo donde residir&aacute; la gloria del Se&ntilde;or! D&eacute;mosle gracias porque, en su divina providencia, este lugar ser&aacute; casa de plegaria y de s&uacute;plica; de culto y adoraci&oacute;n; de gracia y santificaci&oacute;n. Ser&aacute; el lugar adonde el pueblo cristiano acuda para encontrarse con el Dios vivo y verdadero. <\/p>\n<p align=\"left\"> 3. \u201cNo sab&eacute;is que sois templos de Dios y que el Esp&iacute;ritu de Dios habita en vosotros?\u201d (<i>1Co<\/i> 3, 16). Estas palabras de san Pablo, que hemos escuchado en la segunda lectura, nos llevan tambi&eacute;n, queridos hermanos, a preguntarnos: Cu&aacute;l es el fundamento de s<i>er y sabernos templos de Dios?<\/i> Y la respuesta es: Jesucristo. Por eso el mismo ap&oacute;stol podr&aacute; decir: \u201cNadie puede poner otro cimiento fuera del ya puesto, que es Jesucristo\u201d (<i>1Co<\/i> 3, 11). Y todo ello sin abrogar lo que el Antiguo Testamento dice sobre el templo de Jerusal&eacute;n, y que en el Salmo responsorial hemos repetido con tanta fuerza emotiva: \u201cDichosos los que viven en tu casa\u201d (<i>Sal<\/i> 83 [82], 5). <\/p>\n<p align=\"left\"> El celo por la casa de Dios vemos que lleva a Jes&uacute;s un d&iacute;a, en el templo de Jerusal&eacute;n \u2013aquel templo levantado por Salom&oacute;n y reconstruido tras el exilio en Babilonia\u2013 a expulsar a los mercaderes dici&eacute;ndoles: \u201cNo hag&aacute;is de la casa de mi Padre una casa de mercado\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 16). Y a la pregunta de los jud&iacute;os: \u201cQu&eacute; se&ntilde;al nos muestras para obrar as&iacute;?\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 2, 18), el Se&ntilde;or responde: \u201cDestruid este templo, y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 2, 19). Esas palabras no pod&iacute;an ser comprendidas entonces, porque Jes&uacute;s estaba hablando del templo de su cuerpo. S&oacute;lo despu&eacute;s de la resurrecci&oacute;n sus disc&iacute;pulos las entendieron y creyeron. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por ello, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, proclamamos que el templo de la Nueva y Eterna Alianza es Cristo Jes&uacute;s: el Se&ntilde;or crucificado y resucitado de entre los muertos. En &Eacute;l \u201chabita corporalmente la plenitud de la divinidad\u201d (<i>Col<\/i> 2, 9). &Eacute;l mismo es el Emmanuel: \u201cLa morada de Dios entre los hombres\u201d (<i>Ap<\/i> 21, 3). En Cristo toda la creaci&oacute;n se ha convertido en un grandioso templo que proclama la gloria de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4. A semejanza de este edificio material que hoy dedicamos para gloria de Dios, y en cuya edificaci&oacute;n todas las piedras, bien ensambladas, contribuyen a su estabilidad, belleza y unidad, por ser hijos de Dios, vosotros, mediante el bautismo, \u201ccomo piedras vivas, entr&aacute;is en la construcci&oacute;n del templo del Esp&iacute;ritu, formando un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por Jesucristo\u201d. Y en la base de este edificio estar&aacute; como garant&iacute;a de estabilidad y perennidad la \u201cpiedra angular, escogida y preciosa\u201d (<i>1P<\/i> 2, 5.6), cuyo nombre es Jesucristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Por eso, &iexcl;no da&ntilde;&eacute;is ese templo! No entristezc&aacute;is al Esp&iacute;ritu Santo de Dios con el que hab&eacute;is sido marcados (cf <i>Ef<\/i> 4, 30), al contrario, cuidad la unidad de la fe y la comuni&oacute;n en todo: en el sentir y en el obrar, en torno a vuestro Pastor. En efecto, el Obispo, en comuni&oacute;n con el sucesor de Pedro \u2013\u201croca\u201d sobre la que se edifica la Iglesia (cf <i>Mt<\/i> 16, 18)\u2013 es el Pastor de cada Iglesia particular y ha recibido de Cristo, a trav&eacute;s de la sucesi&oacute;n apost&oacute;lica, el mandato de ense&ntilde;ar, santificar y gobernar la Iglesia diocesana (cf <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651028_christus-dominus_sp.html\"> Christus Dominus<\/a><\/i>, 11). Acogedlo, amadlo y obedecedle como a Cristo; orad constantemente por &eacute;l, para que desempe&ntilde;e su ministerio con total fidelidad al Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5. Con la terminaci&oacute;n de la catedral de Madrid, obra en la que se han empe&ntilde;ado tantas energ&iacute;as, se da un paso importante en la vida de esta Archidi&oacute;cesis. La iglesia catedral, en efecto, es el s&iacute;mbolo y hogar visible de la comunidad diocesana, presidida por el Obispo, que tiene en ella su c&aacute;tedra. Por ello, este d&iacute;a de la dedicaci&oacute;n de la catedral ha de ser para toda la comunidad diocesana una apremiante llamada a la <i>nueva evangelizaci&oacute;n<\/i> a la que he convocado a la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia espa&ntilde;ola, fiel a la riqueza espiritual que la ha caracterizado a trav&eacute;s de su historia, ha de ser en la hora presente <i>fermento del Evangelio para la animaci&oacute;n y transformaci&oacute;n de las realidades temporales<\/i>, con el dinamismo de la esperanza y la fuerza del amor cristiano. En una sociedad pluralista como la vuestra, se hace necesaria una mayor y m&aacute;s incisiva presencia cat&oacute;lica, individual y asociada, en los diversos campos de la vida p&uacute;blica. Es por ello inaceptable, como contrario al Evangelio, la pretensi&oacute;n de reducir la religi&oacute;n al &aacute;mbito de lo estrictamente privado, olvidando parad&oacute;jicamente la dimensi&oacute;n esencialmente p&uacute;blica y social de la persona humana. &iexcl;Salid, pues, a la calle, vivid vuestra fe con alegr&iacute;a, aportad a los hombres la salvaci&oacute;n de Cristo que debe penetrar en la familia, en la escuela, en la cultura y en la vida pol&iacute;tica! &Eacute;ste es el culto y el testimonio de fe a que nos invita tambi&eacute;n la presente ceremonia de la dedicaci&oacute;n de la catedral de Madrid. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6. Desde esa perspectiva podremos entender mejor el profundo significado de este acto. Vemos la figura y contemplamos la realidad: <i>vemos el templo y contemplamos a la Iglesia<\/i>. Miramos el edificio y penetramos en el misterio. Porque este edificio nos revela, con la belleza de sus s&iacute;mbolos, el misterio de Cristo y de su Iglesia. En la c&aacute;tedra del Obispo, descubrimos a Cristo Maestro, que, gracias a la sucesi&oacute;n apost&oacute;lica, nos ense&ntilde;a a trav&eacute;s de los tiempos. En el altar, vemos a Cristo mismo en el acto supremo de la redenci&oacute;n. En la pila del bautismo, encontramos el seno de la Iglesia, Virgen y Madre, que alumbra la vida de Dios en el coraz&oacute;n de sus hijos. Y mir&aacute;ndonos a nosotros mismos, podremos decir con san Pablo: \u201cSois edificio de Dios&#8230; El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros\u201d (<i>1Co<\/i> 3, 9.17). &Eacute;ste es el misterio que simboliza el templo catedral dedicado a Santa Mar&iacute;a la Real de la Almudena. <\/p>\n<p align=\"left\"> Ella, la Madre del Se&ntilde;or, es la patrona de la di&oacute;cesis de Madrid, bajo la advocaci&oacute;n de la Almudena. Se trata de una advocaci&oacute;n antiqu&iacute;sima, que se remonta a los or&iacute;genes de la Villa y cuya devoci&oacute;n ha ido creciendo con el tiempo. As&iacute; lo muestra el Voto de la Villa que la corporaci&oacute;n municipal realiz&oacute; a finales del siglo XVIII y la participaci&oacute;n masiva de fieles en las celebraciones lit&uacute;rgicas de su fiesta en los &uacute;ltimos a&ntilde;os. La devoci&oacute;n a la Virgen de la Almudena, junto con la de otras im&aacute;genes marianas, como las de la Madona de Madrid, la Virgen de la flor de Lys, la Virgen de Atocha y la Virgen de la Paloma, manifiestan la veneraci&oacute;n y afecto profundos que los cat&oacute;licos madrile&ntilde;os sienten por la Madre de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\"> Al dedicar este templo en honor de Santa Mar&iacute;a, la Virgen de la Almudena, toda la Iglesia de Madrid, y cada uno de sus fieles, debe mirar hacia ella y aprender a ser tambi&eacute;n signo visible de la presencia de Dios entre los hombres. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7. Iglesia de Madrid: para realizar en este mundo de hoy la inmensa y maravillosa misi&oacute;n de vivir plenamente la Redenci&oacute;n de Cristo y comunicarla a los hombres, tienes que fijar tus ojos en la mujer que un d&iacute;a recibi&oacute; el gozoso anuncio de la Encarnaci&oacute;n del Hijo de Dios. Ella, que precede a la Iglesia \u201cen el peregrinar por la fe\u201d (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031987_redemptoris-mater.html\">Redemptoris Mater<\/a><\/i>, 2), te mostrar&aacute; el camino. M&iacute;rala a ella, y como ella da tu s&iacute; a la gracia, para que te llenes de Cristo y puedas t&uacute; cantar tambi&eacute;n su mismo canto de alabanza (cf <i>Lc<\/i> 1, 46-55). <\/p>\n<p align=\"left\"> As&iacute; sea. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A CONSAGRACI&Oacute;N DE LA CATEDRAL DE LA ALMUDENA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Madrid, martes 15 de junio de 1993 &nbsp; \u201c&iquest;Es posible que Dios habite en la tierra?\u201d (1R 8, 27). 1. 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