{"id":40009,"date":"2016-10-05T23:29:46","date_gmt":"2016-10-06T04:29:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-en-el-santuario-de-nuestra-senora-de-la-cinta-en-huelva-14-de-junio-de-1993\/"},"modified":"2016-10-05T23:29:46","modified_gmt":"2016-10-06T04:29:46","slug":"viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-en-el-santuario-de-nuestra-senora-de-la-cinta-en-huelva-14-de-junio-de-1993","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-en-el-santuario-de-nuestra-senora-de-la-cinta-en-huelva-14-de-junio-de-1993\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Santa Misa en el santuario de Nuestra Se\u00f1ora de la Cinta, en Huelva (14 de junio de 1993)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL SANTUARIO <br \/>DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LA CINTA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Huelva, lunes 14 de junio de 1993<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>\u201cEl Esp&iacute;ritu Santo descender&aacute; sobre ti\u201d <\/i>(<i>Lc<\/i> 1, 35). <\/p>\n<p align=\"left\">1. \u201cEstas palabras que el &aacute;ngel san Gabriel dirige a Mar&iacute;a en Nazareth son un eco de las que hemos o&iacute;do en la primera lectura del profeta Isa&iacute;as, cuando anuncia que \u201cbrotar&aacute; un renuevo del tronco de Jes&eacute;\u201d (<i>Is<\/i> 11, 1), es decir, <i>de la casa de David<\/i>. El evangelista san Lucas, en su relato de la anunciaci&oacute;n, precisar&aacute; que la Virgen estaba \u201c desposada con un var&oacute;n de nombre Jos&eacute;, <i>de la casa de David<\/i> \u201d (<i>Lc<\/i> 1, 27). <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Mar&iacute;a<\/i>, que por la potencia del Esp&iacute;ritu Santo concebir&aacute; y dar&aacute; a luz un hijo, \u201cque ser&aacute; santo y ser&aacute; llamado Hijo de Dios&#8230; porque para Dios nada hay imposible\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i> 1, 35-36), es \u201c<i>la llena de gracia<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 1, 28), <i>la Theotokos<\/i>, la Madre de Dios, a la que, junto con todos vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la di&oacute;cesis de Huelva, quiero venerar con esta peregrinaci&oacute;n a los Lugares Colombinos, en recuerdo de aquella gloriosa gesta que llev&oacute; la luz del Evangelio al Nuevo Mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">2. Es para m&iacute; motivo de honda satisfacci&oacute;n celebrar esta Eucarist&iacute;a y encontrarme con los hijos e hijas de la querida Iglesia onubense. Una Iglesia cargada de historia, pues muchos de sus hombres fueron pioneros, hace medio milenio, de aquella gran empresa descubridora y evangelizadora, que convertir&iacute;a en realidad geogr&aacute;fica y humana la vocaci&oacute;n universal \u2013cat&oacute;lica\u2013 del cristianismo. Deseo agradecer vivamente las amables palabras de bienvenida que vuestro Obispo, Monse&ntilde;or Rafael Gonz&aacute;lez Moralejo, en nombre tambi&eacute;n del Obispo Coadjutor, de los sacerdotes, religiosos, religiosas y fieles ha tenido a bien dirigirme. <\/p>\n<p align=\"left\">En coincidencia con el V Centenario del descubrimiento y Evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, se celebraron en esta di&oacute;cesis, el pasado a&ntilde;o, los Congresos XI Mariol&oacute;gico y XVIII Mariano Internacionales, bajo el evocador lema de \u201c<i>Mar&iacute;a, Estrella de la evangelizaci&oacute;n<\/i>\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 82). Ella fue, en efecto, la estrella de aquella gran epopeya misionera que llev&oacute; la luz de Cristo a las tierras reci&eacute;n descubiertas. \u201cEn el nombre de Dios y de Santa Mar&iacute;a\u201d \u2013como consta en los escritos de la &eacute;poca\u2013 se embarcaron con Col&oacute;n en el puerto de Palos los valerosos marinos de esta tierra que hicieron de la mar oc&eacute;ana un camino para la difusi&oacute;n del Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\">El nombre dulc&iacute;simo de Nuestra Se&ntilde;ora de la Cinta, cuya venerada imagen nos preside, fue invocado por ellos durante los peligros de la traves&iacute;a. Y a su santuario del Conquero fueron a postrarse ante ella a la vuelta del viaje descubridor, en homenaje de reconocimiento y gratitud por la protecci&oacute;n maternal que les hab&iacute;a dispensado la que siempre fue Abogada singular de los marineros onubenses. <\/p>\n<p align=\"left\">3. Venimos, pues, en peregrinaci&oacute;n mariana por esta bendita tierra andaluza en una jornada que, con la ayuda de Dios, me llevar&aacute; tambi&eacute;n a los pies de la imagen de <i>Nuestra Se&ntilde;ora de los Milagros,<\/i> en el Monasterio de la R&aacute;bida, y junto a la Blanca Paloma, como vosotros filialmente la llam&aacute;is, en el <i>Santuario de El Roc&iacute;o<\/i>. Deseo con ello unirme tambi&eacute;n yo ahora a la sentida profesi&oacute;n de fe que fueron los &uacute;ltimos Congresos Mariol&oacute;gico y Mariano, y, a la vez, agradecer a \u201cMar&iacute;a, Estrella de la evangelizaci&oacute;n\u201d, su protecci&oacute;n maternal en la gloriosa gesta que abri&oacute; nuevos caminos al mensaje salvador de su divino Hijo. Quiero venerar a la que \u201ctodas las generaciones llaman bienaventurada\u201d (cf. <i>Lc<\/i> 1, 48) en estos lugares donde el pueblo peregrino de la fe ha experimentado \u201clas maravillas de Dios\u201d (<i>Hch<\/i> 2, 11) . <\/p>\n<p align=\"left\">Hemos celebrado, con recuerdo agradecido y gozoso, el V Centenario de aquella gran epopeya de los <i>misioneros espa&ntilde;oles<\/i>, a quienes, con mi presencia en Huelva, cuna del descubrimiento, <i>quiero rendir homenaje en nombre de toda la Iglesia<\/i>. Pero la Iglesia no puede limitarse solamente a la evocaci&oacute;n de ese pasado glorioso. La conmemoraci&oacute;n de lo acontecido hace cinco siglos es para ella \u201cun llamamiento a un nuevo esfuerzo creador en su evangelizaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/homilies\/1984\/documents\/hf_jp-ii_hom_19841011_evangelizzazione-popoli.html\">Homil&iacute;a de la misa para la evangelizaci&oacute;n de los pueblos<\/a><\/i>, n. 6, 11 de octubre de 1984). El recuerdo del pasado ha de servir de est&iacute;mulo y acicate para afrontar con decisi&oacute;n y coraje apost&oacute;licos los desaf&iacute;os del presente. <\/p>\n<p align=\"left\">4. En la narraci&oacute;n de las bodas de Can&aacute;, que hemos escuchado en la lectura del evangelio de san Juan, Mar&iacute;a, acerc&aacute;ndose a Jes&uacute;s, le dice: \u201cNo tienen vino\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 3). El rico simbolismo del vino en el lenguaje b&iacute;blico nos descubre todo el alcance de la s&uacute;plica de Mar&iacute;a a Jes&uacute;s: falta la manifestaci&oacute;n del poder de Dios, no tienen el vino bueno del Evangelio. Mar&iacute;a aparece as&iacute; como portavoz de Israel y de la humanidad entera que espera la manifestaci&oacute;n salvadora del Mes&iacute;as, que est&aacute; sedienta del Evangelio, que aguarda con impaciencia la Verdad y la Luz que s&oacute;lo de Cristo puede recibir. Ese es el vino nuevo, vino mejor que el que se ech&oacute; en falta. En Can&aacute; se nos muestra as&iacute; \u201cla solicitud de Mar&iacute;a por todos los hombres, al ir a su encuentro en toda la gama de sus necesidades\u201d (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25031987_redemptoris-mater.html\">Redemptoris Mater<\/a><\/i>, 21). <\/p>\n<p align=\"left\">\u201cNo tienen vino\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 3). Con estas mismas palabras Mar&iacute;a se dirige hoy a una sociedad como la nuestra, que, pese a sus hondas ra&iacute;ces cristianas, ha visto difundirse en ella los <i>fen&oacute;menos del secularismo y la descristianizaci&oacute;n<\/i>, y \u201creclama, sin dilaci&oacute;n alguna, una nueva evangelizaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/i>, 4). La Iglesia, que tiene en la evangelizaci&oacute;n su \u201cdicha y vocaci&oacute;n propia&#8230;, su identidad m&aacute;s profunda\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 14), no puede replegarse en s&iacute; misma. Ha de escuchar y hacer suya la s&uacute;plica de Mar&iacute;a, que sigue intercediendo como madre en favor de los hombres, que, sean conscientes o no de ello, tienen sed del \u201c vino nuevo y mejor \u201d del Evangelio. Los signos de descristianizaci&oacute;n que observamos no pueden ser pretexto para una resignaci&oacute;n conformista o un desaliento paralizador; al contrario, la Iglesia discierne en ellos la voz de Dios que nos llama a iluminar las conciencias con la luz del Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Es cierto que el hombre puede excluir a Dios del &aacute;mbito de su vida. Pero esto no ocurre sin grav&iacute;simas consecuencias para el hombre mismo y para su dignidad como persona. Vosotros lo sab&eacute;is bien: el alejamiento de Dios lleva consigo la p&eacute;rdida de aquellos valores morales que son base y fundamento de la convivencia humana. Y su carencia produce un vac&iacute;o que se pretende llenar con una cultura \u2013o m&aacute;s bien, pseudocultura\u2013 centrada en el consumismo desenfrenado, en el af&aacute;n de poseer y gozar, y que no ofrece m&aacute;s ideales que la lucha por los propios intereses o el goce narcisista. <\/p>\n<p align=\"left\">El olvido de Dios, la ausencia de valores morales de los que s&oacute;lo &Eacute;l puede ser fundamento, est&aacute;n tambi&eacute;n en la ra&iacute;z de sistemas econ&oacute;micos que olvidan la dignidad de la persona y de la norma moral, poniendo el lucro como objetivo prioritario y &uacute;nico criterio inspirador de sus programas. Dicha realidad de fondo no es ajena a los penosos fen&oacute;menos econ&oacute;mico\u2013sociales que repercuten en tantas familias, como es <i>la tragedia del paro<\/i> \u2013que muchos de vosotros conoc&eacute;is por dolorosa experiencia\u2013, y que lleva a numerosos hombres y mujeres \u2013privados de ese medio de realizaci&oacute;n personal que es el trabajo honrado\u2013 a la desesperaci&oacute;n o a engrosar las filas de los marginados sociales. <\/p>\n<p align=\"left\">6. El alejamiento de Dios, el eclipse de los valores morales ha favorecido tambi&eacute;n el deterioro de la vida familiar, hoy profundamente desgarrada por el aumento de las separaciones y divorcios, por la sistem&aacute;tica exclusi&oacute;n de la natalidad \u2013incluso a trav&eacute;s del abominable crimen del aborto\u2013, por el creciente abandono de los ancianos, tantas veces privados del calor familiar y de la necesaria comuni&oacute;n intergeneracional. Todo este fen&oacute;meno de obscurecimiento de los valores morales cristianos repercute de forma grav&iacute;sima <i>en los j&oacute;venes<\/i>, objeto hoy de una sutil manipulaci&oacute;n, y no pocos de ellos v&iacute;ctimas de la droga, del alcohol, de la pornograf&iacute;a y de otras formas de consumismo degradante, que pretenden vanamente llenar el vac&iacute;o de los valores espirituales con un estilo de vida \u201corientado a tener y no a ser, y que quiere tener m&aacute;s no para ser m&aacute;s, sino para consumir la existencia en un goce que se propone como fin en s&iacute; mismo\u201d (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_01051991_centesimus-annus.html\">Centesimus annus<\/a><\/i>, 36. La idolatr&iacute;a del lucro y el desordenado af&aacute;n consumista de tener y gozar son tambi&eacute;n ra&iacute;z de la <i>irresponsable destrucci&oacute;n del medio ambiente<\/i>, por cuanto inducen al hombre a \u201cdisponer arbitrariamente de la tierra, someti&eacute;ndola sin reservas a su voluntad, como si ella no tuviese una fisonom&iacute;a propia y un destino anterior dados por Dios, y que el hombre puede desarrollar ciertamente, pero que no debe traicionar\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 37). <\/p>\n<p align=\"left\">7. Es el clamor de esta sociedad necesitada de la luz y de la verdad del Evangelio lo que traen a nuestra mente las palabras de Mar&iacute;a: \u201cNo tienen vino\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 3). Urge, pues, un nuevo esfuerzo creador en la evangelizaci&oacute;n de nuestro mundo. El reto es decisivo y no admite dilaciones ni esperas. Ni hay motivos para el desaliento, pues, por muchas que sean las sombras que oscurecen el panorama, son m&aacute;s los motivos de esperanza que en &eacute;l se vislumbran: vuestras propias ra&iacute;ces cristianas, vuestra fe en Jesucristo, vuestra devoci&oacute;n a su divina Madre. De ello hab&eacute;is de sacar las energ&iacute;as capaces de dar impulso a la nueva evangelizaci&oacute;n. Por eso repito hoy a la comunidad cristiana de Huelva aquellas palabras que, durante mi primera visita pastoral a Espa&ntilde;a, dirig&iacute; desde Santiago de Compostela a Europa entera: \u201cS&eacute; t&uacute; misma. Descubre tus or&iacute;genes. Aviva tus ra&iacute;ces. Revive aquellos valores aut&eacute;nticos que hicieron gloriosa tu historia y ben&eacute;fica tu presencia en los dem&aacute;s continentes\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1982\/november\/documents\/hf_jp-ii_spe_19821109_atto-europeistico.html\">Discurso en Santiago de Compostela<\/a><\/i>, n. 4, 9 de noviembre de 1982). <\/p>\n<p align=\"left\">Un nuevo esfuerzo creador en la evangelizaci&oacute;n de nuestro mundo es empresa para la que se necesitan sacerdotes, religiosos y religiosas. Conozco bien la penuria de vocaciones de vuestra Iglesia onubense. Por eso, desde aqu&iacute; hago un <i>llamamiento a vosotros y vosotras, j&oacute;venes<\/i> de Huelva: &iexcl;Sed generosos! &iexcl;no hag&aacute;is o&iacute;dos sordos a la voz de Cristo si os llama a seguirle en el ministerio sacerdotal o en la vida religiosa! La Iglesia necesita ap&oacute;stoles profundamente enraizados en Dios y conocedores, al mismo tiempo, del coraz&oacute;n del hombre, solidarios de sus alegr&iacute;as y esperanzas, angustias y tristezas, anunciadores cre&iacute;bles de propuestas de vida cristiana que sean capaces de dar un alma nueva a la sociedad actual. <\/p>\n<p align=\"left\">8. La nueva evangelizaci&oacute;n necesita tambi&eacute;n de un <i>laicado adulto y responsable<\/i>. En la misi&oacute;n evangelizadora, los laicos \u201ctienen un puesto original e irreemplazable: por medio de ellos la Iglesia de Cristo est&aacute; presente en los m&aacute;s variados sectores del mundo, como signo y fuente de esperanza y de amor\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_30121988_christifideles-laici.html\">Christifideles laici<\/a><\/i>, 17). La evangelizaci&oacute;n no debe limitarse al anuncio de un mensaje, sino que pretende \u201calcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de inter&eacute;s, las l&iacute;neas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad que est&aacute;n en contraste con la Palabra de Dios y con su designio de salvaci&oacute;n\u201d (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 19). Seg&uacute;n esto, no debemos seguir manteniendo una situaci&oacute;n en la que la fe y la moral cristianas se arrinconan en el &aacute;mbito de la m&aacute;s estricta privacidad, quedando as&iacute; mutiladas de toda influencia en la vida social y p&uacute;blica. Por eso, desde aqu&iacute; animo <i>a todos los fieles laicos de Espa&ntilde;a<\/i> a superar toda tentaci&oacute;n inhibicionista y a asumir con decisi&oacute;n y valent&iacute;a su propia responsabilidad de hacer presente y operante la luz del Evangelio en el mundo profesional, social, econ&oacute;mico, cultural y pol&iacute;tico, aportando a la convivencia social unos valores que, precisamente por ser genuinamente cristianos, son verdadera y radicalmente humanos. <\/p>\n<p align=\"left\">9. Queridos hermanos y hermanas onubenses: Estamos reunidos aqu&iacute; para celebrar la Eucarist&iacute;a en torno a la imagen de Nuestra Se&ntilde;ora de la Cinta, vuestra patrona. A diario, desde su santuario del Conquero, ella hace llegar a nuestros o&iacute;dos la s&uacute;plica dirigida a su Hijo en las bodas de Can&aacute;: \u201c<i>No tienen vino<\/i>\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 3). Pero ella tambi&eacute;n nos repite las palabras que dirigi&oacute; a los sirvientes y que son como su testamento: \u201c<i>Haced lo que &Eacute;l os diga<\/i>\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 2, 5). El objetivo de la evangelizaci&oacute;n no es otro que &eacute;ste: acoger la palabra de Cristo en la fe, seguirla en la vida de cada d&iacute;a, hacer de ella la pauta inspiradora de nuestra conducta individual, familiar, social y p&uacute;blica. Permitidme que os lo recuerde con las mismas y apremiantes palabras con que comenc&eacute; mi ministerio al servicio de la Iglesia universal: \u201c<i>&iexcl;No teng&aacute;is miedo! &iexcl;Abrid, de par en par, las puertas a Cristo!<\/i> Abrid a su potestad salvadora los confines de los Estados, los sistemas tanto econ&oacute;micos como pol&iacute;ticos, los dilatados campos de la cultura, de la civilizaci&oacute;n, del desarrollo&quot; (<i>Discurso al comenzar el pontificado<\/i>, 22 de octubre de 1978). <\/p>\n<p align=\"left\">La venerable imagen de Nuestra Se&ntilde;ora de la Cinta, que hoy nos preside, se remonta al tiempo del descubrimiento de Am&eacute;rica y es rica de contenido hist&oacute;rico y salv&iacute;fico. Ella ha sido testigo de esa historia de gracia y de pecado \u2013como todo lo humano\u2013 que fue la epopeya del Nuevo Mundo. Pero, con palabras de san Pablo, decimos que \u201cdonde abund&oacute; el pecado, sobreabund&oacute; la gracia\u201d (<i>Rm<\/i> 5, 20). La narraci&oacute;n del milagro de las bodas de Can&aacute; de Galilea donde, por intercesi&oacute;n de su Madre, Jes&uacute;s convirti&oacute; el agua en vino, simboliza, en cierto modo, el insondable misterio del hombre, necesitado siempre del <i>poder mesi&aacute;nico de Cristo que lo transforme<\/i>, que lo convierta en ese \u201cvino nuevo\u201d que el maestresala descubri&oacute; sorprendido. <\/p>\n<p align=\"left\">Ella, a la que invocamos como <i>Omnipotentia supplex<\/i>, interceder&aacute; ante su divino Hijo, como en las bodas de Can&aacute;, para que nada nos falte. Sabemos que su intercesi&oacute;n llega misteriosamente incluso hasta donde no nos atrevemos a pedir; como dice la liturgia \u201cquod conscientia metuit et oratio non praesumit\u201d (Oratio &laquo;Collecta&raquo; in Domenica XXIV per Annum). Ella sabe que \u201cpara Dios no hay nada imposible\u201d (<i>Lc<\/i> 1, 37), pues, en las manos divinas, ha sido d&oacute;cil instrumento en la historia de la salvaci&oacute;n. Conociendo la infinita potencia de la gracia de la Redenci&oacute;n \u2013mediante la Cruz y la Resurrecci&oacute;n de su propio Hijo\u2013 Ella, la <i>Theotokos<\/i>, puede decir a todos y cada uno: \u201cHaced lo que &Eacute;l os diga\u201d (<i>Jn<\/i> 2, 5). &iexcl;Todo lo que &Eacute;l os diga! <\/p>\n<p align=\"left\">Que Mar&iacute;a, Nuestra Madre, os proteja y acompa&ntilde;e siempre en vuestro caminar, y os conduzca a Cristo, que es \u201cel Camino, la Verdad y la Vida\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 14, 6). Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"75%\" size=\"1\" \/>\n<p align=\"left\"><i>Al final de la Santa Misa, Juan Pablo II dirigi&oacute; a los fieles de Huelva estas palabras. <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas de Huelva, junto a vuestro Obispo Rafael quiero agradecer a la Providencia Divina por el Concilio Vaticano II. Esta conmemoraci&oacute;n me viene porque hemos participado juntos en este gran acontecimiento de la Iglesia en este siglo y tambi&eacute;n para la preparaci&oacute;n de la Nueva Evangelizaci&oacute;n en perspectiva del Tercer Milenio. Aqu&iacute;, en este lugar muy sugestivo, donde tuvo sus inicios la evangelizaci&oacute;n del Nuevo Mundo, hace cinco siglos, hoy hemos alzado la voz al Se&ntilde;or de la Historia, por la Nueva Evangelizaci&oacute;n de todo el mundo, de todos los pa&iacute;ses, de nuestras patrias europeas, del Nuevo Mundo, de todos los continentes. <\/p>\n<p align=\"left\">Muy agradecido. Expreso a todos vosotros un agradecimiento por vuestra participaci&oacute;n, vuestra preparaci&oacute;n y la participaci&oacute;n de hoy en esta grande plegaria misionera. <\/p>\n<p align=\"left\">Sea alabado Jesucristo. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL SANTUARIO DE NUESTRA SE&Ntilde;ORA DE LA CINTA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Huelva, lunes 14 de junio de 1993 &nbsp; \u201cEl Esp&iacute;ritu Santo descender&aacute; sobre ti\u201d (Lc 1, 35). 1. \u201cEstas palabras que el &aacute;ngel san Gabriel dirige a Mar&iacute;a en Nazareth son un eco &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-en-el-santuario-de-nuestra-senora-de-la-cinta-en-huelva-14-de-junio-de-1993\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Santa Misa en el santuario de Nuestra Se\u00f1ora de la Cinta, en Huelva (14 de junio de 1993)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40009","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40009","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40009"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40009\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40009"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40009"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40009"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}