{"id":40010,"date":"2016-10-05T23:29:48","date_gmt":"2016-10-06T04:29:48","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-de-clausura-del-xlv-congreso-eucaristico-internacional-13-de-junio-de-1993\/"},"modified":"2016-10-05T23:29:48","modified_gmt":"2016-10-06T04:29:48","slug":"viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-de-clausura-del-xlv-congreso-eucaristico-internacional-13-de-junio-de-1993","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-de-clausura-del-xlv-congreso-eucaristico-internacional-13-de-junio-de-1993\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Santa Misa de clausura del XLV Congreso eucar\u00edstico internacional (13 de junio de 1993)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CLAUSURA DEL XLV CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO INTERNACIONAL<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">Sevilla, domingo 13 de junio de 1993<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;Alabado sea el Sant&iacute;simo Sacramento del Altar! <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. Con esta bella jaculatoria, con la que el pueblo fiel de Espa&ntilde;a rinde homenaje al misterio de la Eucarist&iacute;a, me uno espiritualmente a todos vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, congregados en torno a este altar, que es hoy como el coraz&oacute;n de toda la Iglesia: <i>Statio orbis<\/i>, la Estaci&oacute;n del orbe entero, el lugar de reuni&oacute;n de la asamblea cristiana, que hoy hace de Sevilla el centro privilegiado de adoraci&oacute;n y culto en esta Santa Misa de clausura del XLV Congreso Eucar&iacute;stico Internacional. <\/p>\n<p align=\"left\">Y como testimonio de esta universalidad, que quiere abarcar a todo el orbe, participan en nuestra celebraci&oacute;n numerosos pastores y fieles de muchos pa&iacute;ses de los cinco continentes: Cardenales, Arzobispos y Obispos. A todos ellos dirijo mi saludo lleno de afecto, comenzando por mi Legado en el Congreso, el Se&ntilde;or Cardenal Arzobispo de Santo Domingo, quien, como Presidente del Celam, representa tambi&eacute;n a las Iglesias de Am&eacute;rica Latina, particularmente vinculadas a la Iglesia de Espa&ntilde;a. Mi saludo se hace abrazo fraterno a todos mis Hermanos en el Episcopado, en especial al Arzobispo de Sevilla, a los Obispos de Andaluc&iacute;a y de Espa&ntilde;a entera. <\/p>\n<p align=\"left\">Viva gratitud deseo expresar a sus Majestades los Reyes, que nos honran con su presencia y participaci&oacute;n en este rito sagrado, as&iacute; como a las Autoridades civiles y militares que nos acompa&ntilde;an. <\/p>\n<p align=\"left\">2. Hoy vuelvo a tener la dicha de encontrarme bajo el cielo luminoso de Sevilla, ciudad de larga y profunda devoci&oacute;n eucar&iacute;stica y mariana, precisamente en la solemnidad del <i>Corpus Christi<\/i>, que tanto arraigo tiene en la religiosidad popular. Hace once a&ntilde;os, en mi primera visita apost&oacute;lica a Espa&ntilde;a, vine a esta hermosa ciudad del Guadalquivir para beatificar a Sor &Aacute;ngela de la Cruz, cuya vida, hecha evangelio y eucarist&iacute;a al servicio de los m&aacute;s pobres y abandonados, se elev&oacute; como una luz que sigue iluminando al mundo. En este d&iacute;a, el Se&ntilde;or me concede la gracia de volver a estar reunido con vosotros y con los numerosos hermanos y hermanas provenientes de los cuatro puntos cardinales; todos juntos formamos una gran familia en la fe de la Iglesia, Una, Santa, Cat&oacute;lica y Apost&oacute;lica. Se realiza as&iacute; el misterio de la unidad de la Iglesia que tiene como centro y culmen la Eucarist&iacute;a: \u201cEl pan es uno, y as&iacute; nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo cuerpo, porque comemos todos del mismo pan\u201d (<i>1Co<\/i> 10, 17). <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Statio orbis! <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Aqu&iacute;, en Sevilla, la Iglesia entera quiere postrarse en recogimiento ante el misterio eucar&iacute;stico. De modo particular, desea testimoniar con todas sus fuerzas aquel anuncio que repite incesantemente: \u201cEste es el sacramento de nuestra fe\u201d. Proclama as&iacute; la verdad de la Eucarist&iacute;a, en la que se ve identificada la Iglesia universal, de oriente a occidente, de norte a sur: todos los pueblos, lenguas y culturas. Y en nuestra celebraci&oacute;n de hoy ella quiere poner ante los ojos de todos las cuestiones que el ap&oacute;stol Pablo dirige a los fieles de Corinto: \u201cEl c&aacute;liz de bendici&oacute;n que bendecimos no es la comuni&oacute;n de la sangre de Cristo? y el pan que partimos no es la participaci&oacute;n del cuerpo de Cristo? \u201d (<i>1Co<\/i> 10, 16). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas preguntas las dirige hoy el Ap&oacute;stol de las gentes, por boca del Obispo de Roma, a toda la Iglesia, a todos los presentes y a cuantos escuchan la profesi&oacute;n de la fe apost&oacute;lica: \u201cAnunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci&oacute;n; ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\">3. <i>Statio orbis<\/i>, la estaci&oacute;n que abarca al orbe entero. Aqu&iacute;, en la sede hispalense, hemos hecho un alto en el camino, una estaci&oacute;n para celebrar y adorar la Eucarist&iacute;a, a Jes&uacute;s Sacramentado. Hemos hecho un alto porque estamos en camino, somos viandantes, peregrinos, como nos lo recuerda Mois&eacute;s, en la primera lectura del libro del Deuteronomio: \u201cRecuerda el camino que el Se&ntilde;or tu Dios te ha hecho recorrer&#8230; el Se&ntilde;or Dios tuyo que te sac&oacute; de la tierra de Egipto, de la casa de la servidumbre&#8230; y te aliment&oacute; en el desierto con el man&aacute;\u201d (<i>Dt<\/i> 8, 2. 14. 16). <\/p>\n<p align=\"left\">El man&aacute;, con que el Se&ntilde;or aliment&oacute; al pueblo elegido durante la peregrinaci&oacute;n por el desierto, era s&iacute;mbolo de aquel Pan que nutre para la vida eterna. El peregrinar del pueblo de Dios lleva hasta Jerusal&eacute;n, hasta el <i>Cen&aacute;culo<\/i>, que es la primera <i>Statio orbis<\/i>, donde fue instituida la Eucarist&iacute;a. All&iacute; se cumplen las palabras pronunciadas por Jes&uacute;s cerca de Cafarna&uacute;n, tras la multiplicaci&oacute;n milagrosa de los panes: \u201cYo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivir&aacute; para siempre. Y el pan que yo dar&eacute; es mi carne para la vida del mundo\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 51). Estas palabras se verifican con la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a durante la Ultima Cena. Por eso, las preguntas de san Pablo, \u201cel c&aacute;liz de bendici&oacute;n que bendecimos no es la comuni&oacute;n de la sangre de Cristo? y el pan que partimos no es la participaci&oacute;n del cuerpo de Cristo?\u201d (<i>1Co<\/i> 19, 16), tienen su respuesta en la misma lectura evang&eacute;lica que hemos escuchado: \u201cEl que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida eterna, y yo le resucitar&eacute; en el &uacute;ltimo d&iacute;a (<i>Jn<\/i> 6, 54)\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\">4. <i>Statio orbis<\/i>. Hagamos un alto, una estaci&oacute;n en el camino. Par&eacute;monos a pensar por un momento hacia d&oacute;nde vamos, cu&aacute;l es el final que nos espera. \u201cEste es el pan que ha bajado del cielo \u2013dice Jes&uacute;s\u2013; no como el de vuestros padres, que lo comieron y murieron&#8230;\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 59). Esta celebraci&oacute;n nos invita, queridos hermanos y hermanas, a hacer un alto para considerar que Cristo, crucificado por nuestros pecados en el altar de la cruz y resucitado para nuestra redenci&oacute;n, <i>ha vencido a la muerte<\/i> y \u201cvive para siempre\u201d (cf. <i>Ap<\/i> 1, 18). <\/p>\n<p align=\"left\">Es &eacute;sta la gran verdad que anima a todos los creyentes en Cristo. En esta solemne celebraci&oacute;n del Congreso Eucar&iacute;stico tengo presentes de modo especial a tantos hermanos de otras Iglesias cristianas, que aspiran a recibir la sagrada Eucarist&iacute;a. La Iglesia conoce bien todo lo que nos une con estos amados hermanos en virtud del bautismo, pero sabe tambi&eacute;n que la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica es signo de la plena unidad eclesial en la fe. Ella ora intensamente al Se&ntilde;or para que llegue el d&iacute;a tan anhelado en el que, concordes en la fe, se pueda participar todos juntos en el banquete eucar&iacute;stico. <\/p>\n<p align=\"left\">5. El lema del Congreso Eucar&iacute;stico que clausuramos hoy, pone ante nuestros ojos la &iacute;ntima relaci&oacute;n que existe entre la Eucarist&iacute;a y la evangelizaci&oacute;n, y proclama el anhelo misionero que el Esp&iacute;ritu Santo ha suscitado en la Iglesia de nuestro tiempo. La relaci&oacute;n entre Eucarist&iacute;a y evangelizaci&oacute;n se hace tambi&eacute;n, ahora entre nosotros, memoria de un acontecimiento hist&oacute;rico de especial significaci&oacute;n y trascendencia para la Iglesia Cat&oacute;lica: el V Centenario de la Evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, en cuya conmemoraci&oacute;n se ha puesto de relieve una vez m&aacute;s el papel primordial de los misioneros espa&ntilde;oles en la implantaci&oacute;n de la Iglesia en el Nuevo Mundo. A ello les mov&iacute;a no \u201cintereses personales, sino el urgente llamado a evangelizar a unos hermanos que a&uacute;n no conoc&iacute;an a Jesucristo\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1992\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19921012_iv-conferencia-latinoamerica.html\">Discurso inaugural de la IV Conferencia del episcopado latinoamericano<\/a><\/i>, n. 3, 12 de octubre de 1992). <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Eucarist&iacute;a y Evangelizaci&oacute;n<\/i>. Del altar eucar&iacute;stico, coraz&oacute;n pulsante de la Iglesia, nace constantemente el flujo evangelizador de la palabra y de la caridad. Por ello, el contacto con la Eucarist&iacute;a ha de llevar a un mayor compromiso por hacer presente la obra redentora de Cristo en todas las realidades humanas. El amor a la Eucarist&iacute;a ha de impulsar a poner en pr&aacute;ctica las exigencias de justicia, de fraternidad, de servicio, de igualdad entre los hombres. <\/p>\n<p align=\"left\">6. Si echamos una mirada en derredor, nuestro mundo, aunque sienta una innegable aspiraci&oacute;n a la unidad y pregone m&aacute;s que nunca la necesidad de justicia (cf. <i> <a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_30121987_sollicitudo-rei-socialis.html\">Sollicitudo rei socialis<\/a><\/i>, 14), aparece marcado por tantas injusticias, quebrado por las diferencias. Esta situaci&oacute;n se opone al ideal de \u201ckoinon&iacute;a\u201d o comuni&oacute;n de vida y amor, de fe y de bienes, de pan eucar&iacute;stico y de pan material, de la que nos habla el Nuevo Testamento, precisamente en relaci&oacute;n con la Eucarist&iacute;a. Como exhortaba san Pablo a los fieles de Corinto, es una contradicci&oacute;n inaceptable comer indignamente el Cuerpo de Cristo desde la divisi&oacute;n y la discriminaci&oacute;n (<i>1Co<\/i> 18-21). El sacramento de la Eucarist&iacute;a no se puede separar del mandamiento de la caridad. No se puede recibir el cuerpo de Cristo y sentirse alejado de los que tienen hambre y sed, son explotados o extranjeros, est&aacute;n encarcelados o se encuentran enfermos (cf. <i>Mt<\/i> 25, 41-44). Como afirma el <i>Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica<\/i>: \u201c<i>La Eucarist&iacute;a entra&ntilde;a un compromiso en favor de los pobres<\/i>: Para recibir en la verdad el Cuerpo y la Sangre de Cristo entregados por nosotros, debemos <i>reco<\/i>nocer a Cristo en los m&aacute;s pobres, sus hermanos\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/p2s2c1a3_sp.html#VI%20El%20banquete%20pascual\">Catecismo de la Iglesia Cat&oacute;lica<\/a><\/i>, n. 1397). <\/p>\n<p align=\"left\">De la comuni&oacute;n eucar&iacute;stica ha de surgir en nosotros tal fuerza de fe y amor que vivamos abiertos a los dem&aacute;s, con entra&ntilde;as de misericordia hacia todas sus necesidades, como lo hac&iacute;a de modo ejemplar aqu&iacute; en Sevilla aquel caballero del siglo XVII, Don Miguel de Ma&ntilde;ara, que dio todo su esplendor al Hospital de la Santa Caridad. Qu&eacute; bellamente describ&iacute;a &eacute;l la actitud cristiana frente al pobre, cuando ordenaba a los hermanos de la Santa Caridad: al encontrarse un enfermo en la calle, \u201c&iexcl;acu&eacute;rdese que debajo de aquellos trapos est&aacute; Cristo pobre, su Dios y Se&ntilde;or! \u201d (Don Miguel de Ma&ntilde;ara, <i>Renovaci&oacute;n de la Regla<\/i>). <\/p>\n<p align=\"left\">7. <i>Statio orbis<\/i>. La Iglesia, en su peregrinar, hace hoy su estaci&oacute;n en Sevilla para anunciar al mundo que s&oacute;lo en Cristo, en el misterio de su cuerpo y de su sangre, est&aacute; la vida eterna. \u201cEl que come este pan \u2013dice el Se&ntilde;or\u2013 vivir&aacute; para siempre\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 58). La Iglesia se congrega para proclamar que el camino que conduce hasta aqu&iacute; pasa por el Cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n, pasa por el G&oacute;lgota. Es camino de cruz y de resurrecci&oacute;n. \u201cRecuerda el camino que el Se&ntilde;or tu Dios te ha hecho recorrer\u201d (<i>Dt<\/i> 8, 2), nos dice Mois&eacute;s en la primera lectura. &Eacute;l te aliment&oacute; con man&aacute; en el desierto prefigurando a aquel que, al llegar la plenitud de los tiempos, proclamar&iacute;a: \u201cYo soy el pan vivo que ha bajado del cielo: el que come de este pan vivir&aacute; para siempre\u201d (<i>Jn<\/i> 6, 51). <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Cristo, luz de los pueblos<\/i>. Palabra hecha carne para ser nuestra luz. Pan bajado del cielo para ser la vida de todos. \u201cCuando yo sea elevado sobre la tierra, atraer&eacute; a todos hacia m&iacute;\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 12, 32). Cristo, elevado en la cruz entre el cielo y la tierra, exaltado a la derecha del Padre, levantado sobre el mundo por las manos de los sacerdotes en gesto de ofrenda al Padre y de adoraci&oacute;n, es la luz de los pueblos, faro luminoso para nuestro camino, vi&aacute;tico y meta de nuestro caminar. <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Statio orbis<\/i>. El mundo ha de hacer un alto para meditar que, entre tantos caminos que conducen a la muerte, uno s&oacute;lo lleva a la vida. Es el <i>camino de la Vida eterna<\/i>. Es Cristo. Es Cristo, luz de los pueblos. Palabra hecha carne. Pan bajado del cielo. Es Cristo, elevado en la Cruz entre el cielo y la tierra. Levantado sobre el mundo por las manos de vosotros, queridos hermanos sacerdotes, en gesto de ofrenda al Padre y de adoraci&oacute;n. Cristo. &Eacute;l es camino de vida eterna. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A CLAUSURA DEL XLV CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO INTERNACIONAL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Sevilla, domingo 13 de junio de 1993 &nbsp; &iexcl;Alabado sea el Sant&iacute;simo Sacramento del Altar! 1. 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