{"id":40011,"date":"2016-10-05T23:29:54","date_gmt":"2016-10-06T04:29:54","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-y-ordenaciones-sacerdotales-en-sevilla-12-de-junio-de-1993\/"},"modified":"2016-10-05T23:29:54","modified_gmt":"2016-10-06T04:29:54","slug":"viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-y-ordenaciones-sacerdotales-en-sevilla-12-de-junio-de-1993","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-y-ordenaciones-sacerdotales-en-sevilla-12-de-junio-de-1993\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Santa Misa y ordenaciones sacerdotales en Sevilla (12 de junio de 1993)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA Y ORDENACIONES SACERDOTALES<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Polideportivo Municipal de Sevilla<br \/>S&aacute;bado 12 de junio de 1993<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>\u201cCuando aparezca el Supremo Pastor, recibir&eacute;is la corona de gloria que no se marchita\u201d<\/i> (<i>1P<\/i> 5, 4). <\/p>\n<p align=\"left\">1. Estas palabras de la segunda lectura, que el ap&oacute;stol san Pedro dirige a los presb&iacute;teros, hacen de marco a nuestra celebraci&oacute;n, en la v&iacute;spera de la solemne clausura del XLV Congreso Eucar&iacute;stico Internacional, durante la cual el Se&ntilde;or me concede el gozo de conferir el Sacramento del Orden, del presbiterado, a este numeroso grupo de di&aacute;conos. <\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro supremo y &uacute;nico Pastor, que es Cristo Jes&uacute;s, reunido en el Cen&aacute;culo con sus disc&iacute;pulos, les dice: \u201cArdientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros\u201d (<i>Lc<\/i> 22, 15). Estas palabras <i>me hacen sentir muy unido a vosotros<\/i>, amad&iacute;simos hijos, que vais a recibir el Orden sagrado del presbiterado. Nuestra mirada de fe y nuestros corazones se estrechan en torno al misterio del sacrificio redentor de Cristo, Luz de los pueblos, que desde este Congreso Eucar&iacute;stico Internacional de Sevilla se proyecta como faro luminoso a la Iglesia y al mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Eucarist&iacute;a y sacerdocio son dos realidades &iacute;ntimamente ligadas, como vemos en las palabras de Jes&uacute;s, que acaban de ser proclamadas: \u201cHaced esto en memoria m&iacute;a\u201d (<i>Lc<\/i> 22, 19). En efecto, este encargo habr&iacute;a sido vano si no se hubiera dado \u201ca los Ap&oacute;stoles y sucesores suyos en el sacerdocio\u201d el \u201cpoder de consagrar, ofrecer y administrar el cuerpo y la sangre del Se&ntilde;or\u201d (Conc. Trid., Ses. 23 a, c. 1: <i>Denz.-Sch&ouml;nm<\/i>. 1764, 1). Fue entonces, en la Ultima Cena, durante la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, cuando Jes&uacute;s constituy&oacute; a los Ap&oacute;stoles \u201csacerdotes del Nuevo Testamento\u201d (Ib&iacute;d., Ses 22 a, c. 1: l.c. 1740). Por todo ello, nos <i>sentimos hoy como en el Cen&aacute;culo<\/i>, pues en una misma acci&oacute;n lit&uacute;rgica se unen la celebraci&oacute;n de la Sant&iacute;sima Eucarist&iacute;a y la ordenaci&oacute;n sacerdotal. <\/p>\n<p align=\"left\">2. En esta ceremonia de ordenaci&oacute;n, en la que por la imposici&oacute;n de mis manos vosotros, queridos di&aacute;conos, llegar&eacute;is a ser ministros del sacrificio eucar&iacute;stico, vislumbro la emoci&oacute;n de todos los presentes. Mirando a cada uno de vosotros, adivino las oraciones y sacrificios de tantos padres y madres, de tantos educadores, de tantas personas consagradas y gente sencilla, a quienes la Iglesia hace objeto de profunda gratitud. <\/p>\n<p align=\"left\">De modo especial, deseo recordar la fecunda labor \u2013las m&aacute;s de las veces callada\u2013 de tantos sacerdotes que os precedieron, los cuales con su vida santa y su dedicaci&oacute;n apost&oacute;lica, han hecho posible en el d&iacute;a de hoy esta ordenaci&oacute;n que llena de alegr&iacute;a a toda la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\">Me es grato saludar con vivo afecto a mis Hermanos en el Episcopado. En particular, al Se&ntilde;or Arzobispo de Sevilla, a los Se&ntilde;ores Cardenales, a los Se&ntilde;ores Obispos que hoy, con viva satisfacci&oacute;n presentan a la Iglesia a algunos de sus hijos predilectos para que, por la imposici&oacute;n de manos, sean ordenados \u201c sacerdotes del Nuevo Testamento \u201d al servicio del Pueblo de Dios. Una palabra de especial cari&ntilde;o dirijo a los seminaristas de toda Andaluc&iacute;a que, junto con sus formadores, han querido unirse a esta significativa celebraci&oacute;n. Mi m&aacute;s afectuosa bienvenida a todas las personas aqu&iacute; presentes, que participan en este rito de ordenaci&oacute;n, en particular, a los padres y dem&aacute;s familiares de quienes van recibir el Orden sagrado. <\/p>\n<p align=\"left\">3. Acabamos de escuchar las palabras que el Se&ntilde;or dirige a los disc&iacute;pulos durante la Ultima Cena: \u201cYo estoy en medio de vosotros como el que sirve\u201d (<i>Lc<\/i> 22, 27). Jes&uacute;s les ha encomendado trabajar por su Reino, pero les advierte que su misi&oacute;n nada tiene que ver con el ejercicio de la autoridad al modo humano. <\/p>\n<p align=\"left\">En la primera carta de san Pedro, que hemos escuchado (<i>1P<\/i> 5, 1-4), se encuentran unas exhortaciones a los presb&iacute;teros y se les recuerda que su servicio est&aacute; incorporado al del Supremo Pastor, del cual recibir&aacute;n \u201cla corona de gloria que no se marchita\u201d (<i>Ib&iacute;d<\/i>., 5, 4). <\/p>\n<p align=\"left\">Con las mismas palabras del ap&oacute;stol Pedro, quiero tambi&eacute;n exhortaros a vosotros, querid&iacute;simos hijos, al ordenaros de presb&iacute;teros: \u201cSed pastores del reba&ntilde;o de Dios que ten&eacute;is a vuestro cargo, gobern&aacute;ndolo no a la fuerza, sino de buena gana como Dios quiere\u201d (<i>Ib&iacute;d.<\/i>, 5, 2). Sed pastores seg&uacute;n el Coraz&oacute;n de Dios; seg&uacute;n el Coraz&oacute;n de Aquel que dijo de s&iacute; mismo: \u201cYo soy el buen Pastor\u201d (<i>Jn<\/i> 10, 11). En un mundo como el nuestro, tan expuesto a tentaciones que apartan al hombre del misterio de Dios, el sacerdote, como buen pastor, tiene que ser <i> transparencia del rostro misericordioso de Jes&uacute;s<\/i>, el &uacute;nico que salva; tiene que ense&ntilde;ar a los hombres que Dios los ama infinitamente y siempre los espera; tiene que reflejar los sentimientos del mismo Cristo dando siempre testimonio de una inmensa <i>caridad pastoral<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">4. Al recibir la ordenaci&oacute;n sacerdotal durante este XLV Congreso Eucar&iacute;stico Internacional, vuestro coraz&oacute;n est&aacute; particularmente henchido de gozo porque, por voluntad del Se&ntilde;or, vais a ser <i>ministros de la Eucarist&iacute;a<\/i>. El Concilio Vaticano II nos ense&ntilde;a que \u201cla caridad pastoral fluye ciertamente, sobre todo, del sacrificio eucar&iacute;stico, que es, por ello, centro y ra&iacute;z de toda la vida del presb&iacute;tero, de suerte que el alma sacerdotal se esfuerce en reproducir en s&iacute; misma lo que se hace en el ara sacrificial\u201d (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_presbyterorum-ordinis_sp.html\">Presbyterorum ordinis<\/a><\/i>, 14). Por eso, con palabras del <i>Ritual de la ordenaci&oacute;n<\/i>, os exhortar&eacute; haciendo referencia a la Eucarist&iacute;a: \u201cDaos cuenta de lo que hac&eacute;is e imitad lo que conmemor&aacute;is, de tal manera que, al celebrar el misterio de la muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, os esforc&eacute;is por hacer morir en vosotros el mal y procur&eacute;is caminar en una vida nueva\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\">La Eucarist&iacute;a de la que vais a ser ministros no es un rito desvinculado de la vida. El sacerdote, en el altar, une a los fieles al sacrificio de Cristo, presentando no s&oacute;lo sus oraciones, sino tambi&eacute;n todas sus obras buenas, sus alegr&iacute;as y sufrimientos, sus peticiones y alabanzas, haciendo que la vida de los fieles sea una ofrenda para Dios. En vuestras manos sacerdotales, amados hermanos, Cristo va a depositar <i>el inmenso tesoro de la redenci&oacute;n<\/i>, de la remisi&oacute;n de los pecados. Quiero exhortaros a que en el ministerio que hoy vais a comenzar no descuid&eacute;is el sacramento de la reconciliaci&oacute;n, en el cual todos los cristianos reciben el perd&oacute;n de sus pecados. <\/p>\n<p align=\"left\">Impulsad una acci&oacute;n pastoral que arrastre a los fieles hacia la conversi&oacute;n personal, para lo cual habr&eacute;is de <i>dedicar al ministerio del perd&oacute;n<\/i> todo el tiempo que sea necesario, con generosidad, con paciencia de aut&eacute;nticos \u201c pescadores de hombres \u201d. <\/p>\n<p align=\"left\">5. En la primera lectura de nuestra celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica vemos al profeta Jerem&iacute;as que recibe el encargo de anunciar la <i>Palabra del Se&ntilde;or<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Una misi&oacute;n que tambi&eacute;n vosotros, amad&iacute;simos ordenandos, recib&iacute;s hoy como ministros y servidores de la Buena Nueva. El Se&ntilde;or, que comenz&oacute; su ministerio p&uacute;blico predicando la conversi&oacute;n, encomend&oacute; a sus disc&iacute;pulos de una forma especial <i>el ministerio de la predicaci&oacute;n<\/i>. Durante su vida p&uacute;blica los envi&oacute; a predicar. Tambi&eacute;n vosotros, como sacerdotes, estar&eacute;is llamados a proclamar la palabra de vida, a anunciar la Buena Nueva que salva. Esto es lo que esperan los fieles y lo que la Iglesia os pide: <i>que se&aacute;is aut&eacute;nticos ministros de la Palabra<\/i> para que, como nos dice san Pablo: \u201cOs tengan los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios\u201d (cf. <i>1Co<\/i> 4, 1). Vuestra fidelidad a la misi&oacute;n recibida se enmarca en el misterio de la Iglesia, en la cual Jes&uacute;s est&aacute; presente y operante para la salvaci&oacute;n del mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Os exhorto, pues, a que vuestra predicaci&oacute;n se inspire siempre en la Palabra de Dios, <i>transmitida por la Tradici&oacute;n y propuesta autorizadamente por el Magisterio<\/i> de la Iglesia. Hablad con valent&iacute;a, predicad con fe profunda, alentando siempre a la esperanza, como testigos del Se&ntilde;or Resucitado. No os consider&eacute;is maestros al margen de Cristo (cf. <i>Mt<\/i> 23, 8) sino testigos y servidores, seg&uacute;n la exhortaci&oacute;n del <i>Pontifical Romano<\/i>: \u201cProcurad creer lo que le&eacute;is, ense&ntilde;ar lo que cre&eacute;is y practicar lo que ense&ntilde;&aacute;is\u201d. <\/p>\n<p align=\"left\">6. No podemos olvidar que una de las im&aacute;genes que los evangelios nos muestran repetidamente es la de <i>Jes&uacute;s en oraci&oacute;n<\/i>. El Se&ntilde;or, como enviado del Padre, ora siempre. Su oraci&oacute;n entra dentro de su ministerio sacerdotal; y as&iacute;, vemos que donde aparece con m&aacute;s fuerza orando por todos es en la gran plegaria sacerdotal durante la Ultima Cena (cf. <i>Jn<\/i> 17, 1-26), cuando instituye la Eucarist&iacute;a y el Sacerdocio. <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;C&oacute;mo no ha de sentirse, pues, todo sacerdote llamado a la<i> intimidad con el Se&ntilde;or en la oraci&oacute;n?<\/i> En efecto, la oraci&oacute;n es un elemento esencial en la vida y en la actividad pastoral del presb&iacute;tero. As&iacute; expon&iacute;a la necesidad de orar, en el ministro sagrado, un sacerdote de esta tierra y patrono del clero secular espa&ntilde;ol, <i>san Juan de &Aacute;vila<\/i>: \u201c&iexcl;Oh qu&eacute; gran negocio es incensar y ofrecer este sacrificio, y andar estas cosas juntas. Porque para hacerse bien y ser valerosas no se ha de apartar una de otro! El incensar es orar; y aquel ha de tener por oficio el orar que tiene por oficio el sacrificar, pues es medianero entre Dios y los hombres, para pedirle misericordia; y no a secas, sino ofreci&eacute;ndole el don que amansa la ira, que es Cristo nuestro Se&ntilde;or\u201d (S. Juan de &Aacute;vila, <i>Pl&aacute;ticas espirituales<\/i>, 2). <\/p>\n<p align=\"left\">7. Desde la <i>plena configuraci&oacute;n a Cristo<\/i> es como se entiende la legislaci&oacute;n de la Iglesia latina \u2013y tambi&eacute;n la de algunos ritos orientales\u2013 que <i>exige a todos los sacerdotes el celibato<\/i>. \u201cEsta voluntad de la Iglesia encuentra su motivaci&oacute;n &uacute;ltima en la relaci&oacute;n que el celibato tiene con la ordenaci&oacute;n sagrada, que configura al sacerdote con Jesucristo Cabeza y Esposo de la Iglesia\u201d (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_25031992_pastores-dabo-vobis.html\">Pastores davo vobis<\/a><\/i>, 29). Pedid, pues, al Se&ntilde;or la gracia de vivir intensamente este gran don con que ha bendecido a su Iglesia. Es &eacute;sta una exhortaci&oacute;n que dirijo no s&oacute;lo a los queridos hijos que van a ser ordenados, sino tambi&eacute;n, con afecto y gratitud, a todos los sacerdotes aqu&iacute; presentes y a cuantos, en los diversos campos de la pastoral y de la acci&oacute;n apost&oacute;lica en Espa&ntilde;a colaboran generosamente con los Obispos en la ingente tarea de la nueva evangelizaci&oacute;n. Sed siempre, con vuestra vida santa y entregada, luz y sal que ilumine y d&eacute; sabor de virtudes cristianas a cuantos os rodean. Vuestro testimonio como sacerdotes ha de ser siempre evangelizador, para que los necesitados de la luz de la fe acojan con gozo la palabra de salvaci&oacute;n; para que los pobres y los m&aacute;s olvidados sientan la cercan&iacute;a de la solidaridad fraterna; para que los marginados y abandonados experimenten el amor de Cristo; para que los sin voz se sientan escuchados; para que los tratados injustamente hallen defensa y ayuda. <\/p>\n<p align=\"left\">8. &iexcl;Queridos hijos que os dispon&eacute;is a recibir de mis manos la ordenaci&oacute;n sacerdotal! &iexcl;Qu&eacute; vastos son los horizontes que Cristo y su Iglesia ponen hoy ante vosotros! Abrid vuestras almas para recibir este gran don de Dios. Os encomiendo a la intercesi&oacute;n de la Sant&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, \u201c Madre de Jesucristo y Madre de los sacerdotes \u201d, para que os entregu&eacute;is plenamente a la realizaci&oacute;n del ideal de vida sacerdotal que la Iglesia os presenta. <\/p>\n<p align=\"left\">El Se&ntilde;or os ofrece hoy \u201cla corona de gloria que no se marchita\u201d (<i>1P<\/i> 5, 4). \u201cPasa la apariencia de este mundo\u201d (<i>1Co<\/i> 7, 31); pero Cristo, Luz de los pueblos, es el sacerdote de una Alianza que no pasa, que no se marchita porque es eterna.  <\/p>\n<p align=\"center\">* * *<\/p>\n<p align=\"left\">Mis mejores deseos para todos especialmente para los presb&iacute;teros reci&eacute;n consagrados. Para todas las familias de ellos, familias de nacimiento, a las familias espirituales, eclesiales, parroquias, di&oacute;cesis. Para los se&ntilde;ores Obispos todos y cada uno y tambi&eacute;n para el Papa. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A ESPA&Ntilde;A SANTA MISA Y ORDENACIONES SACERDOTALES HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Polideportivo Municipal de SevillaS&aacute;bado 12 de junio de 1993 &nbsp; \u201cCuando aparezca el Supremo Pastor, recibir&eacute;is la corona de gloria que no se marchita\u201d (1P 5, 4). 1. Estas palabras de la segunda lectura, que el ap&oacute;stol san Pedro &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-espana-santa-misa-y-ordenaciones-sacerdotales-en-sevilla-12-de-junio-de-1993\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Espa\u00f1a: Santa Misa y ordenaciones sacerdotales en Sevilla (12 de junio de 1993)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40011","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40011","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40011"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40011\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40011"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40011"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40011"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}