{"id":40014,"date":"2016-10-05T23:30:05","date_gmt":"2016-10-06T04:30:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-marzo-de-1993-reconocimiento-del-culto-liturgico-del-beato-juan-duns-escoto-y-beatificacion-de-dina-belanger\/"},"modified":"2016-10-05T23:30:05","modified_gmt":"2016-10-06T04:30:05","slug":"20-de-marzo-de-1993-reconocimiento-del-culto-liturgico-del-beato-juan-duns-escoto-y-beatificacion-de-dina-belanger","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-marzo-de-1993-reconocimiento-del-culto-liturgico-del-beato-juan-duns-escoto-y-beatificacion-de-dina-belanger\/","title":{"rendered":"20 de marzo de 1993, Reconocimiento del culto lit\u00fargico del beato Juan Duns Escoto y beatificaci\u00f3n de Dina B\u00e9langer"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">CEREMONIA DE RECONOCIMIENTO DEL CULTO LIT&Uacute;RGICO A DUNS ESCOTO <br \/>Y BEATIFICACI&Oacute;N DE DINA B&Eacute;LANGER<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><br \/>S&aacute;bado 20 de marzo de 1993<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;Os exhortamos a que no recib&aacute;is en vano la gracia de Dios&raquo; (<i>2Co<\/i> 6,1).<\/p>\n<p>1. Con estas palabras, que acabamos de proclamar, el ap&oacute;stol Pablo recordaba a los fieles de Corinto el gran don que hab&iacute;an recibido con el anuncio del Evangelio y, al mismo tiempo, los pon&iacute;a frente a su grave responsabilidad de personas libres, capaces de recibir o rechazar esa gracia.<\/p>\n<p>Al igual que en la experiencia humana el ofrecimiento gratuito de un don encierra una invitaci&oacute;n impl&iacute;cita al agradecimiento, tambi&eacute;n en la relaci&oacute;n con Dios la iniciativa libre del Padre celeste, bueno y generoso, pone al hombre frente a una opci&oacute;n: reconocer el don recibido y acogerlo con gratitud, o rechazarlo, encerr&aacute;ndose en su ego&iacute;smo mortificante. Esto es precisamente lo que el Ap&oacute;stol desea subrayar.<\/p>\n<p>2. &laquo;Nos recomendamos en todo como ministros de Dios, con mucha constancia&raquo; (<i>2Co<\/i> 6,4). Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, &iexcl;cu&aacute;n actuales resultan estas palabras para nosotros, los creyentes, en los umbrales del tercer milenio de la era cristiana! Nuestra &eacute;poca necesita con urgencia <i>testigos aut&eacute;nticos del Evangelio<\/i>. La humanidad espera, a menudo de forma inconsciente, una evangelizaci&oacute;n nueva y valiente. Tambi&eacute;n los hombres de la sociedad contempor&aacute;nea tienen necesidad de no recibir la gracia de Dios en vano. Es preciso que d&eacute; frutos abundantes de vida, paz y progreso espiritual.<\/p>\n<p><i>El per&iacute;odo cuaresmal<\/i>, en el que nos encontramos inmersos desde hace algunas semanas, es realmente &laquo;el tiempo favorable&raquo; (<i>2Co<\/i> 6,2), en el que la Iglesia nos invita a hacer la experiencia del desierto. La oraci&oacute;n y la penitencia caracterizan este camino de conversi&oacute;n y renovaci&oacute;n, con el anhelo, nunca plenamente satisfecho, de encontrarnos con el Se&ntilde;or. Un encuentro &iacute;ntimo y personal, sin las distracciones terrenas y compromisos ego&iacute;stas. Un encuentro que transforme el ritmo fren&eacute;tico de la vida cotidiana en respuesta armoniosa a la llamada constante de Cristo a trav&eacute;s de los acontecimientos y las circunstancias de cada d&iacute;a.<\/p>\n<p>La exhortaci&oacute;n del Ap&oacute;stol a <i>no recibir en vano la gracia del Redentor<\/i> se renueva, pues, esta tarde para todo fiel, a fin de que, con la ayuda del Redentor, se haga capaz de dar frutos de bien y se prepare dignamente a la celebraci&oacute;n de las fiestas pascuales.<\/p>\n<p>3. Nos acompa&ntilde;an y nos impulsan en este compromiso de correspondencia a la gracia de Dios dos hermanos nuestros en la fe, que trataron de hacer producir los dones de naturaleza y de gracia que hab&iacute;an recibido de la Providencia divina. A lo largo de esta sugestiva liturgia, he tenido la alegr&iacute;a de proclamar beata a Dina B&eacute;langer, religiosa de la congregaci&oacute;n de Jes&uacute;s-Mar&iacute;a, y de declarar el reconocimiento del culto lit&uacute;rgico de Juan Duns Escoto, franciscano.<\/p>\n<p>Separadas entre s&iacute; por el tiempo, estas dos personalidades extraordinarias de creyentes dieron testimonio de correspondencia pronta y generosa a la gracia divina, actuando en su vida un entramado de dones naturales y dones celestiales que despierta nuestra admiraci&oacute;n.<\/p>\n<p>Nacido en Escocia, hacia el a&ntilde;o 1265, Juan Duns Escoto fue llamado beato casi inmediatamente despu&eacute;s de su muerte piadosa, acaecida en Colonia el 8 de noviembre de 1308. En esa di&oacute;cesis, y en las de Edimburgo y Nola, al igual que en el &aacute;mbito de la orden ser&aacute;fica, se le tribut&oacute; durante siglos un culto p&uacute;blico que la Iglesia le reconoci&oacute; solemnemente el 6 de julio de 1991 (cf. <i>AAS<\/i>, 84, 1992, pp. 396-399) y que hoy confirma.<\/p>\n<p>A las Iglesias particulares mencionadas, que se hallan presentes esta tarde en la bas&iacute;lica vaticana con sus dign&iacute;simos pastores, as&iacute; como a toda la gran familia franciscana, dirijo mi saludo, invitando a todos a bendecir el nombre del Se&ntilde;or, cuya gloria resplandece en la doctrina y en la santidad de vida del beato Juan, cantor del Verbo encarnado y defensor de la Inmaculada Concepci&oacute;n de Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>4. En nuestra &eacute;poca, rica en inmensos recursos humanos, t&eacute;cnicos y cient&iacute;ficos, pero en la que muchos han perdido el sentido de la fe y llevan una vida alejada de Cristo y su Evangelio (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/edocs\/ESL0040\/__P6.HTM\">Redemptoris missio<\/a><\/i>, 33), el beato Duns Escoto se presenta no s&oacute;lo con la agudeza de su ingenio y su capacidad extraordinaria de penetraci&oacute;n en el misterio de Dios, sino tambi&eacute;n con la fuerza persuasiva de su santidad de vida, que lo hace maestro de pensamiento y de vida para la Iglesia y para toda la humanidad. Su doctrina, de la que, como afirmaba mi venerado predecesor Pablo VI &laquo;se podr&aacute;n extraer armas resplandecientes para combatir y alejar la nube negra del ate&iacute;smo que oscurece nuestra &eacute;poca&raquo; (carta apost&oacute;lica <i>Alma Parens<\/i>: <i>AAS<\/i> 58, 1966, p. 612), edifica s&oacute;lidamente la Iglesia, sosteni&eacute;ndola en su misi&oacute;n urgente de nueva evangelizaci&oacute;n de los pueblos de la tierra.<\/p>\n<p>En especial para los te&oacute;logos, los sacerdotes, los pastores de almas, los religiosos, y m&aacute;s en particular para los franciscanos, el beato Duns Escoto constituye un ejemplo de fidelidad a la verdad revelada, de fecunda acci&oacute;n sacerdotal y de serio di&aacute;logo en la b&uacute;squeda de la unidad. Como afirmaba Juan de Gerson, en su existencia siempre se gui&oacute; &laquo;no por el af&aacute;n singular de vencer, sino por la humildad de encontrar un acuerdo&raquo; (<i>Lectiones duae &quot;Poenitemini&quot;<\/i>, lect. alt., consid. 5: citado en la carta apost&oacute;lica <i>Alma Parens<\/i>: <i>AAS<\/i> 58, 1966, p. 614).<\/p>\n<p>Que su esp&iacute;ritu y su recuerdo iluminen con la misma luz de Cristo las tribulaciones y las esperanzas de nuestra sociedad.<\/p>\n<p>5. Esa luz brota, asimismo del rostro de Dina B&eacute;langer, de la congregaci&oacute;n de Jes&uacute;s-Mar&iacute;a, a quien la Iglesia venerar&aacute; desde hoy como beata. En esta hora de la oraci&oacute;n de V&iacute;speras, nos conviene volver nuestra mirada hacia esa alma ardiente, que alcanz&oacute; un grado tan elevado de intimidad con Dios, que pod&iacute;a decir acerca de su per&iacute;odo de noviciado: &laquo;Mi hambre de la comuni&oacute;n crec&iacute;a sin cesar. Un d&iacute;a sin pan &iquest;no es un d&iacute;a sin sol, unas horas en que la noche tarda en venir?&raquo;. En efecto, quer&iacute;a que s&oacute;lo Jes&uacute;s viviera en ella, para que su ser entero quedase anonadado en &eacute;l.<\/p>\n<p>Dina B&eacute;langer se acerca al ideal admirable que san Pablo propone a nuestra meditaci&oacute;n cuando escribe: &laquo;No vivo yo, sino que es Cristo quien vive en m&iacute;&raquo; (<i>G&aacute;l<\/i> 2,20). En una congregaci&oacute;n que tiene como fin &laquo;dar a conocer a Jes&uacute;s y a Mar&iacute;a por medio de la educaci&oacute;n cristiana&raquo;, la hermana Mar&iacute;a de santa Cecilia de Roma vive su vida y su acci&oacute;n con la intenci&oacute;n de que Cristo pueda actuar en ella y de no ser m&aacute;s que un instrumento en plenamente d&oacute;cil en sus manos.<\/p>\n<p>Sus sufrimientos le permitieron conocer la identificaci&oacute;n que buscaba. Al pasar por la cruz de la enfermedad y la muerte, consum&oacute; su ofrenda a Aquel que fue y sigue siendo hoy el &uacute;nico objetivo de su vida, la luz que ilumina a todo hombre que viene a este mundo, la claridad en medio de las tinieblas y la noche, la voz que habla en nuestra alma.<\/p>\n<p>6. La intimidad de la presencia de Cristo en Dina B&eacute;langer, y la vida de la sant&iacute;sima Trinidad en ella, se reflejan de forma muy particular en su esp&iacute;ritu de ofrenda al Coraz&oacute;n del Hijo de Dios. Jes&uacute;s es \u2014escribe\u2014 la &laquo;vida de mi vida&raquo;, pues se esfuerza siempre por hacer que su coraz&oacute;n palpite al ritmo del suyo. Se sabe acompa&ntilde;ada a cada instante, en el eterno presente que hace decir a san Pablo: &laquo;Mira ahora el momento favorable; mirad ahora el d&iacute;a de salvaci&oacute;n&raquo; (<i>2Co<\/i> 6,2). Con su deseo de corresponder con plenitud a la voluntad divina, ya no vive m&aacute;s que en la libertad concedida por Dios a sus hijos, en el esp&iacute;ritu de su consigna: Jes&uacute;s y Mar&iacute;a, la regla de mi amor; y mi amor, la regla de mi vida. De esta fidelidad a las intenciones del Coraz&oacute;n eucar&iacute;stico de Jes&uacute;s y del Coraz&oacute;n inmaculado de su Madre, brotaban los rasgos m&aacute;s sencillos y m&aacute;s hermosos de caridad hacia sus hermanas en religi&oacute;n. Como si hubiera recibido la gracia de Santa Teresita del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s, que hab&iacute;a abandonado este mundo el a&ntilde;o en que ella naci&oacute;, Dina B&eacute;langer quiere consumir el mundo entero en el amor; se hace ap&oacute;stol y misionera seg&uacute;n el coraz&oacute;n de Dios.<\/p>\n<p>Su mensaje nos llega esta tarde, queridos hermanos y hermanas, con una pureza y una nitidez maravillosas. La acogida de Jes&uacute;s en nuestra vida, la uni&oacute;n de nuestro coraz&oacute;n con el suyo, el amor de la Virgen sant&iacute;sima y el esp&iacute;ritu fraterno en las comunidades son las gracias que podemos implorar al Se&ntilde;or por intercesi&oacute;n de Dina B&eacute;langer, que nos deja como &uacute;ltima consigna: Amar y dejar actuar a Jes&uacute;s y Mar&iacute;a.<\/p>\n<p>7. <i>Os exhortamos a que no recib&aacute;is en vano la gracia de Dios<\/i>. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, guiados casi de la mano por estos dos nuevos beatos, volvamos a la invitaci&oacute;n que la liturgia de hoy nos repite con mucha insistencia. Todos estamos llamados a la santidad; todos debemos construir en nuestra vida aquel di&aacute;logo de amor y de uni&oacute;n con Dios que lleva a la felicidad verdadera y a la satisfacci&oacute;n plena de las aspiraciones m&aacute;s &iacute;ntimas del coraz&oacute;n humano.<\/p>\n<p>Los caminos para seguir la llamada evang&eacute;lica pueden ser diversos, seg&uacute;n la riqueza inagotable de la gracia sobrenatural; pero la meta es una sola: <i>reproducir en la propia existencia la imagen misma del Hijo de Dios<\/i>.<\/p>\n<p>La espiritualidad aut&eacute;ntica se funda en esta condici&oacute;n elemental y decisiva: traducir a la realidad concreta el anuncio evang&eacute;lico, respondiendo sin vacilaciones a la acci&oacute;n salv&iacute;fica del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>8. <i>Mirad ahora el momento favorable; mirad ahora el d&iacute;a de salvaci&oacute;n<\/i>.<\/p>\n<p>Hoy es el tiempo de nuestra conversi&oacute;n. <i>Dina B&eacute;langer<\/i>, joven seguidora de la madre Claudina Th&eacute;venet, que ma&ntilde;ana tendr&eacute; la alegr&iacute;a de proclamar santa, nos estimula con su ejemplo a amar los planes de Dios en la sencillez de la vida diaria. <i>Juan Duns Escoto<\/i> nos recuerda que el amor activo hacia los hermanos nace de la b&uacute;squeda de la verdad y de su contemplaci&oacute;n en el silencio de la oraci&oacute;n y en el testimonio sin sombras de una adhesi&oacute;n plena a la voluntad del Se&ntilde;or.<\/p>\n<p>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, como ellos en su existencia no recibieron en vano la gracia de Dios, as&iacute; suceda tambi&eacute;n en vuestra vida. Lo pedimos con confianza al Se&ntilde;or por su misma intercesi&oacute;n.<\/p>\n<p>Beata Dina B&eacute;langer, beato Juan Duns Escoto, &iexcl;orad por nosotros!<\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1993 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CEREMONIA DE RECONOCIMIENTO DEL CULTO LIT&Uacute;RGICO A DUNS ESCOTO Y BEATIFICACI&Oacute;N DE DINA B&Eacute;LANGER HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIS&aacute;bado 20 de marzo de 1993 &nbsp; &laquo;Os exhortamos a que no recib&aacute;is en vano la gracia de Dios&raquo; (2Co 6,1). 1. 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