{"id":40016,"date":"2016-10-05T23:30:46","date_gmt":"2016-10-06T04:30:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1994-inauguracion-de-la-restauracion-de-los-frescos-de-miguel-angel-en-la-capilla-sixtina-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:30:46","modified_gmt":"2016-10-06T04:30:46","slug":"8-de-abril-de-1994-inauguracion-de-la-restauracion-de-los-frescos-de-miguel-angel-en-la-capilla-sixtina-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/8-de-abril-de-1994-inauguracion-de-la-restauracion-de-los-frescos-de-miguel-angel-en-la-capilla-sixtina-2\/","title":{"rendered":"8 de abril de 1994,\u00a0 Inauguraci\u00f3n de la restauraci\u00f3n de los frescos de Miguel \u00c1ngel en la Capilla Sixtina"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"3\">CELEBRACI&Oacute;N DE LA EUCARIST&Iacute;A CON MOTIVO DE LA INAUGURACI&Oacute;N&nbsp;<br \/>DE LA RESTAURACI&Oacute;N DE LOS FRESCOS DE MIGUEL &Aacute;NGEL<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" size=\"4\"><i><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN <\/b><\/i><b><i>PABLO II<\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\">8 de abril de 1994<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><i>&nbsp;&nbsp;<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1. <i>&laquo; Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible &raquo;<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Entramos hoy en la <i> capilla Sixtina<\/i> para admirar sus frescos admirablemente restaurados. Son obras de los m&aacute;s grandes maestros del Renacimiento: de Miguel &Aacute;ngel, ante todo, pero tambi&eacute;n de Perugino, Botticelli, Chirlandaio, Pinturicchio y otros. Al finalizar estos delicados trabajos de restauraci&oacute;n, deseo daros las gracias a todos y, de manera especial, a los que han contribuido, de varios modos, a tan noble empresa. Se trata de <i> un bien cultural de valor incalculable, de un bien que reviste car&aacute;cter universal<\/i>. Lo atestiguan los innumerables peregrinos que de todas las naciones del mundo vienen a visitar este lugar para admirar la obra de ilustres maestros y reconocer en esta capilla una especie de <i> admirable s&iacute;ntesis<\/i> del arte pict&oacute;rico.<\/p>\n<p align=\"left\">Apasionados cultivadores de la belleza han demostrado su sensibilidad con la notable aportaci&oacute;n concreta que han dado para que la capilla Sixtina recobrara sus hermosos colores originales. Adem&aacute;s, se ha podido contar con la labor de expertos especialmente cualificados en el arte de la restauraci&oacute;n, los cuales han llevado a cabo sus trabajos sirvi&eacute;ndose de la tecnolog&iacute;a m&aacute;s avanzada y segura. <i> La Santa Sede expresa a todos su cordial gratitud por el espl&eacute;ndido resultado obtenido<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Los frescos que contemplamos aqu&iacute; nos introducen en el <i> mundo del contenido de la Revelaci&oacute;n<\/i>. Las verdades de nuestra fe nos hablan desde todas partes. De esas verdades el talento humano ha sacado inspiraci&oacute;n, esforz&aacute;ndose por revestirlas de formas de belleza inigualable. Sobre todo por ese motivo, el <i>Juicio universal suscita en nosotros el vivo deseo de profesar nuestra fe<\/i> en Dios, creador de todo lo <i> visible<\/i> y lo <i>invisible<\/i>. Y, al mismo tiempo, nos impulsa a reafirmar nuestra adhesi&oacute;n a Cristo resucitado, que vendr&aacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a como juez supremo de vivos y muertos. Ante esta obra maestra confesamos a Cristo, rey de los siglos, cuyo reino no tendr&aacute; fin.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente este Hijo eterno, a quien el Padre confi&oacute; la causa de la redenci&oacute;n humana, nos habla en la dram&aacute;tica <i> escena del Juicio universal<\/i>. Nos encontramos ante <i> un Cristo ins&oacute;lito<\/i>. Posee en s&iacute; una belleza antigua, que en cierto sentido difiere de las representaciones pict&oacute;ricas tradicionales. Desde el gran fresco nos revela ante todo el misterio de su gloria, vinculado a la resurrecci&oacute;n. El hecho de estar reunidos aqu&iacute; durante la octava de Pascua se puede considerar una circunstancia muy propicia. <i> Ante todo, nos hallamos frente a la gloria de la humanidad de Cristo<\/i>. En efecto, Jesucristo vendr&aacute; en su humanidad para juzgar a vivos y muertos, penetrando en las profundidades de las conciencias humanas y revelando el poder de su redenci&oacute;n. Por eso, junto a &eacute;l encontramos a su Madre, <i> Alma socia Redemptoris<\/i>. En la historia de la humanidad, Cristo es la verdadera piedra angular, de la que dice el salmista: &laquo; La piedra que desecharon los arquitectos, es ahora la piedra angular &raquo; (<i>Sal<\/i> 197, 22). Esta piedra, por consiguiente, no puede ser desechada. <i> Desde la capilla Sixtina, Cristo<\/i>, &uacute;nico mediador entre Dios y los hombres, <i> expresa en s&iacute; mismo todo el misterio de la visibilidad del Invisible<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">3. Estamos, as&iacute;, <i> en el centro de la cuesti&oacute;n teol&oacute;gica<\/i>. El Antiguo Testamento prohib&iacute;a cualquier imagen o representaci&oacute;n del Creador invisible. En efecto, &eacute;se era el mandato que hab&iacute;a recibido Mois&eacute;s en el monte Sina&iacute; (cf. <i> Ex<\/i> 20, 4), pues exist&iacute;a el peligro de que el pueblo, inclinado a la idolatr&iacute;a, se detuviera en su culto a una imagen de Dios, que es inimaginable dado que est&aacute; por encima de toda imaginaci&oacute;n y entendimiento del hombre. El Antiguo Testamento permaneci&oacute; fiel a esta tradici&oacute;n, y no admiti&oacute; ninguna representaci&oacute;n del Dios vivo ni en las casas de oraci&oacute;n ni en el templo de Jerusal&eacute;n. A esa tradici&oacute;n se atienen los miembros de la religi&oacute;n musulmana, que creen en un Dios invisible, todopoderoso y misericordioso, creador y juez de todos los hombres.<\/p>\n<p align=\"left\">Pero <i> Dios mismo sali&oacute; al encuentro de las exigencias del hombre, que lleva en su coraz&oacute;n el ardiente deseo de poderlo ver<\/i>. &iquest;No acogi&oacute; Abraham al mismo Dios invisible en la admirable visita de tres misteriosas personas? &laquo; Tres vidit et Unum adoravit &raquo; (cf. <i>Gn<\/i> 18, 1-94). Ante esas tres personas, Abraham, nuestro padre en la fe, experiment&oacute; de modo profundo la presencia del Dios &uacute;nico. Ese encuentro se convertir&aacute; en el tema del incomparable <i> icono de Andrei Rublev<\/i>, culmen de la pintura rusa. Rublev fue uno de los santos artistas cuya creatividad era fruto de profunda contemplaci&oacute;n, de oraci&oacute;n y de ayuno. <i> A trav&eacute;s de su obra se manifestaba la gratitud del alma al Dios invisible que concede al hombre representarlo de modo visible<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Todo eso fue aceptado por el segundo <i> concilio de Nicea<\/i>, el &uacute;ltimo de la Iglesia unida, que rechaz&oacute; de modo definitivo la doctrina de los iconoclastas, confirmando la legitimidad de la costumbre de expresar la fe mediante figuraciones art&iacute;sticas. As&iacute;, el icono no es s&oacute;lo una obra de arte pict&oacute;rico. En cierto sentido, es tambi&eacute;n como <i> un sacramento de la vida cristiana, pues en &eacute;l se hace presente el misterio de la Encarnaci&oacute;n<\/i>. En &eacute;l se refleja de modo siempre nuevo el misterio del Verbo encarnado, y el hombre \u2014autor y, al mismo tiempo, part&iacute;cipe\u2014 se alegra de la visibilidad del Invisible.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No fue el mismo Cristo quien puso las bases de esa alegr&iacute;a espiritual? &laquo; Se&ntilde;or, mu&eacute;stranos al Padre y nos basta &raquo;; pide Felipe a Cristo en el cen&aacute;culo, la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n. Y Jes&uacute;s le responde: &laquo; &iquest;Tanto tiempo hace que estoy con vosotros y no me conoces Felipe? <i> El que me ha visto a m&iacute;, ha visto al Padre<\/i>. [&#8230;] &iquest;No crees que yo estoy en el Padre y el Padre est&aacute; en m&iacute;?&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 8-10). <i> Cristo es la visibilidad del Dios invisible<\/i>. Por medio de &eacute;l, el Padre penetra toda la creaci&oacute;n y el Dios invisible se hace presente entre nosotros y se comunica con nosotros, al igual que las tres personas de que nos habla la Biblia se sentaron a la mesa y comieron con Abraham.<\/p>\n<p align=\"left\">5. &iquest;No sac&oacute; tambi&eacute;n Miguel &Aacute;ngel conclusiones precisas de las palabras de Cristo: &laquo; <i> El que me ha visto a m&iacute;, ha visto al Padre<\/i> &raquo;? Miguel &Aacute;ngel tuvo el valor de admirar con sus propios ojos a este Padre en el momento en que pronuncia el <i> fiat<\/i> creador y llama a la existencia al primer hombre. Ad&aacute;n fue creado a imagen y semejanza de Dios (cf. <i>Gn<\/i> 1, 26). Mientras el Verbo eterno es la imagen invisible del Padre, el hombre-Ad&aacute;n es su imagen visible. Miguel &Aacute;ngel trata <i> de devolver a esa visibilidad de Ad&aacute;n, a su corporeidad, los rasgos de la antigua belleza<\/i>. M&aacute;s a&uacute;n, con gran audacia, <i> transmite esa belleza visible y corp&oacute;rea al mismo Creador invisible<\/i>. Probablemente nos hallamos ante una ins&oacute;lita osad&iacute;a del arte, pues al Dios invisible no se le puede imponer la visibilidad propia del hombre. &iquest;No ser&iacute;a una blasfemia? Ahora bien, es dif&iacute;cil no reconocer <i> en el Creador visible y humanizado al Dios revestido de majestad infinita<\/i>. Es m&aacute;s, en la medida en que lo permite la imagen con sus l&iacute;mites intr&iacute;nsecos, aqu&iacute; se ha expresado todo lo que se pod&iacute;a expresar. La majestad del Creador, al igual que la del juez, hablan de la grandeza divina: palabra conmovedora y un&iacute;voca, como, de otra manera, es conmovedora y un&iacute;voca la Piedad en la bas&iacute;lica vaticana, y el Mois&eacute;s en la bas&iacute;lica de San Pietro in Vincoli.<\/p>\n<p align=\"left\">6. <i>En la expresi&oacute;n humana de los misterios divinos &iquest;no es, acaso, necesaria la &laquo; k&eacute;nosis &raquo;, como consumaci&oacute;n de lo corporal y visible?<\/i> Esa consumaci&oacute;n ha entrado profundamente en la tradici&oacute;n de los iconos cristianos orientales. <i> El cuerpo es, ciertamente, la &laquo; k&eacute;nosis &raquo; de Dios<\/i>. En efecto, leemos en san Pablo que Cristo &laquo;se despoj&oacute; de s&iacute; mismo tomando condici&oacute;n de siervo&raquo; <i>Flp<\/i> 2, 7). Si es verdad que el cuerpo representa la <i> k&eacute;nosis<\/i> de Dios y que en la representaci&oacute;n art&iacute;stica de los misterios divinos debe expresarse <i> la gran humildad del cuerpo, para que lo divino pueda manifestarse<\/i>, es tambi&eacute;n verdad que <i> Dios es la fuente de la belleza integral del cuerpo<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Al parecer, Miguel &Aacute;ngel, a su modo, se dej&oacute; guiar por las sugestivas palabras del G&eacute;nesis que, con respecto a la creaci&oacute;n del hombre, var&oacute;n y mujer, advierte: &laquo; Estaban ambos desnudos, pero no se avergonzaban uno del otro &raquo; (<i>Gn<\/i> 2, 25). <i> La capilla Sixtina<\/i>, si se puede hablar as&iacute;, es precisamente <i> el santuario de la teolog&iacute;a del cuerpo humano<\/i>. Al dar testimonio de la belleza del hombre creado por Dios var&oacute;n y mujer, la capilla Sixtina expresa tambi&eacute;n, en cierto modo, <i>la esperanza de un mundo transfigurado<\/i>, el mundo que inaugur&oacute; Cristo resucitado y, antes a&uacute;n, en el monte Tabor. Sabemos que la Transfiguraci&oacute;n constituye una de las fuentes principales de la devoci&oacute;n oriental; es un libro elocuente para los m&iacute;sticos, como fue un libro abierto para san Francisco el Cristo crucificado que contempl&oacute; en el monte de la Verna.<\/p>\n<p align=\"left\">Si <i> ante el juicio universal quedamos deslumbrados por el esplendor y el miedo<\/i>, admirando, por un lado, los cuerpos glorificados y, por otro, los sometidos a eterna condena, comprendemos tambi&eacute;n que toda la escena est&aacute; profundamente penetrada por una &uacute;nica luz y una &uacute;nica l&oacute;gica art&iacute;stica: <i> la luz y la l&oacute;gica de la fe que la Iglesia proclama, confesando<\/i>: &laquo; Creo en un solo Dios [&#8230;], creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible &raquo;. Siguiendo esa l&oacute;gica, en el &aacute;mbito de la luz que proviene de Dios, tambi&eacute;n el cuerpo humano conserva su esplendor y su dignidad. Si se lo separa de esa dimensi&oacute;n, en cierto modo se convierte en objeto, que con facilidad se envilece, pues s&oacute;lo ante los ojos de Dios el cuerpo humano puede permanecer desnudo y descubierto, conservando intacto su esplendor y su belleza.<\/p>\n<p align=\"left\">7. La capilla Sixtina es un lugar que, para todo Papa, encierra el<i> recuerdo de un d&iacute;a particular<\/i> de su vida. Para m&iacute; se trata del <i> 16 de octubre de 1978<\/i>. Precisamente aqu&iacute;, en este lugar sagrado, se re&uacute;nen los cardenales, esperando la manifestaci&oacute;n de la voluntad de Cristo con respecto a la persona del sucesor de san Pedro. Aqu&iacute; escuch&eacute; de labios de mi rector de otro tiempo, el cardenal Maximilien de Furstenberg, las significativas palabras: <i> Magister adest et vocat te<\/i>. En este lugar el cardenal primado de Polonia, Stefan Wyszynski, me dijo: <i> Si te eligen, te suplico que no lo rechaces<\/i>. Y aqu&iacute;, por obediencia a Cristo y encomend&aacute;ndome a su Madre, acept&eacute; la elecci&oacute;n hecha por el C&oacute;nclave, declarando al cardenal camarlengo, Jean Villot, que estaba dispuesto a servir a la Iglesia. De esta forma, por tanto, la capilla Sixtina, una vez m&aacute;s, se ha convertido, ante toda la comunidad cat&oacute;lica, en el lugar de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo que constituye en la Iglesia a los obispos, y constituye de modo particular al que debe ser Obispo de Roma y Sucesor de Pedro.<\/p>\n<p align=\"left\">Al celebrar hoy, en el decimosexto a&ntilde;o de mi servicio a la Sede apost&oacute;lica, el sacrificio de la santa misa en esta misma capilla, <i> pido al Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or que no deje de estar presente y de actuar en la Iglesia<\/i>. Le pido que la introduzca felizmente en el tercer milenio.<\/p>\n<p align=\"left\">Invoco a Cristo, Se&ntilde;or de la historia, para que est&eacute; con todos nosotros hasta el fin del mundo, como prometi&oacute;: &laquo; Ego vobiscum sum omnibus diebus usque ad consummationem saeculi &raquo; (<i>Mt<\/i> 28, 20).<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">\n<\/p>\n<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 199<\/font><font color=\"#663300\">4<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/font><\/p><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>CELEBRACI&Oacute;N DE LA EUCARIST&Iacute;A CON MOTIVO DE LA INAUGURACI&Oacute;N&nbsp;DE LA RESTAURACI&Oacute;N DE LOS FRESCOS DE MIGUEL &Aacute;NGEL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 8 de abril de 1994 &nbsp;&nbsp; 1. &laquo; Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible &raquo;. 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