{"id":40022,"date":"2016-10-05T23:30:51","date_gmt":"2016-10-06T04:30:51","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-1994-celebracion-eucaristica-con-ocasion-del-encuentro-mundial-con-las-familias-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:30:51","modified_gmt":"2016-10-06T04:30:51","slug":"9-de-octubre-de-1994-celebracion-eucaristica-con-ocasion-del-encuentro-mundial-con-las-familias-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-octubre-de-1994-celebracion-eucaristica-con-ocasion-del-encuentro-mundial-con-las-familias-2\/","title":{"rendered":"9 de octubre de 1994, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica con ocasi\u00f3n del Encuentro Mundial con las Familias"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">MISA DE CLAUSURA DEL ENCUENTRO MUNDIAL CON LAS FAMILIAS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>H<\/i><\/b><\/font><b><i><font color=\"#663300\" size=\"4\">OMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">9 de octubre de 1994<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1. &laquo;<i>Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador&#8230;&raquo;. <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Queridos hermanos y hermanas; <br \/>familias peregrinas: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">El Obispo de Roma os saluda hoy en la plaza de San Pedro, con ocasi&oacute;n de la solemne eucarist&iacute;a que estamos celebrando. &Eacute;sta es la <i> eucarist&iacute;a del A&ntilde;o de la familia<\/i>. Nos unimos espiritualmente a todos los que han acogido la llamada de este A&ntilde;o y est&aacute;n hoy aqu&iacute; con nosotros presentes en esp&iacute;ritu. Con ellos profesamos nuestra fe en Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra. <\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia de este domingo en la primera lectura, tomada del libro del <i>G&eacute;nesis<\/i>, expone la verdad sobre la creaci&oacute;n. En particular, recuerda l<i>a verdad sobre la creaci&oacute;n del hombre &laquo;a imagen y semejanza de Dios&raquo;<\/i> (<i>Gn<\/i> 1, 27). Como var&oacute;n o mujer, el hombre ha sido creado a imagen y semejanza de Dios mismo: &laquo;var&oacute;n y mujer los cre&oacute;&raquo; (<i>Gn<\/i> 1, 27). En ellos tiene comienzo la comuni&oacute;n de las personas humanas. El hombre-var&oacute;n &laquo;abandona a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne&raquo; (<i>Gn<\/i> 2, 24). En esta uni&oacute;n trasmiten la vida a nuevos seres humanos: llegan a ser padres. <i>Participan de la potencia creadora del mismo Dios<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, todos los que, mediante su maternidad o su paternidad, se asocian al misterio de la creaci&oacute;n, profesan a &laquo;Dios, Padre todopoderoso, creador&#8230;&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Profesan a Dios como Padre<\/i>, porque a &eacute;l deben su maternidad o paternidad humana. Y, profesando su fe, se conf&iacute;an a este Dios, &laquo;de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra&raquo; (<i>Ef<\/i> 3, 15), por la gran tarea que les corresponde personalmente como padres: la labor de educar a los hijos. &laquo;<i>Ser padre, ser madre&raquo;, significa &laquo;comprometerse en educar&raquo;<\/i>. Y educar quiere decir tambi&eacute;n &laquo;generar&raquo;: generar en el sentido espiritual. <\/p>\n<p align=\"left\">2. &laquo;<i>Creo en un solo Se&ntilde;or Jesucristo, Hijo &uacute;nico de Dios&#8230;<\/i>, que por obra del Esp&iacute;ritu Santo se encarn&oacute; en el seno de Mar&iacute;a, la Virgen, y se hizo hombre&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\">Creemos en Cristo, que es el Verbo eterno: &laquo;Dios de Dios, Luz de Luz&raquo;. El, en cuanto consubstancial al Padre, es Aquel por quien todo fue creado. <i>Se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvaci&oacute;n<\/i>. Como Hijo del hombre <i>santific&oacute; la familia de Nazaret<\/i>, que lo hab&iacute;a acogido en la noche de Bel&eacute;n y lo hab&iacute;a salvado de la crueldad de Herodes. Esta familia \u2014en la que Jos&eacute;, esposo de la pur&iacute;sima Virgen Mar&iacute;a, hac&iacute;a para el Hijo las veces del Padre celeste\u2014 ha llegado a ser don de Dios mismo a todas las familias: la Sagrada Familia. <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Creemos en Jesucristo<\/i>, que, viviendo durante treinta a&ntilde;os en la casa de Nazaret, <i>santific&oacute; la vida familiar<\/i>. Santific&oacute; tambi&eacute;n el trabajo humano, ayudando a Jos&eacute; en el esfuerzo por mantener la Sagrada Familia. <\/p>\n<p align=\"left\">Creemos en Jesucristo, el cual <i>ha confirmado y renovado el sacramento primordial del matrimonio y de la familia<\/i>, como nos recuerda el pasaje evang&eacute;lico que hemos escuchado (cf. <i>Mc<\/i> 10, 2-16). En &eacute;l vemos c&oacute;mo Cristo, en su coloquio con los fariseos, hace referencia al &laquo;principio&raquo;, cuando Dios &laquo;cre&oacute; al hombre \u2014var&oacute;n y mujer los cre&oacute;\u2014&raquo; para que, llegando a ser &laquo;una sola carne&raquo; (cf. <i>Mc<\/i> 10, 6-8), trasmitieran la vida a nuevos seres humanos. Cristo dice: &laquo;De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios uni&oacute; no lo separe el hombre&raquo; (<i>Mc<\/i> 10, 8-9). <i>Cristo<\/i>, testigo del Padre y de su amor, <i>construye la familia humana sobre un matrimonio indisoluble<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">3. <i>Creo \u2014creemos\u2014 en Jesucristo<\/i>, que fue crucificado, condenado a muerte de cruz por Poncio Pilato. Aceptando libremente la pasi&oacute;n y la muerte de cruz <i>redimi&oacute; el mundo<\/i>. Resucitando al tercer d&iacute;a, confirm&oacute; su potencia divina y anuncio la victoria de la vida sobre la muerte. <\/p>\n<p align=\"left\">De este modo, <i>Cristo ha entrado en la historia de todas las familias<\/i>, porque su vocaci&oacute;n es <i>servir a la vida<\/i>. La historia de la vida y de la muerte de cada ser humano est&aacute; injertada en la vocaci&oacute;n de cada familia humana, que da la vida, pero que tambi&eacute;n participa de un modo muy particular en la experiencia del sufrimiento y de la muerte. En esta experiencia est&aacute; presente Cristo que afirma: &laquo;Yo soy la resurrecci&oacute;n y la vida; el que cree en m&iacute;, aunque muera, vivir&aacute;&raquo; (<i>Jn<\/i> 11, 25-26). <\/p>\n<p align=\"left\">Creemos en Jesucristo, que, <i>en cuanto Redentor, es el Esposo de la Iglesia<\/i>, como nos ense&ntilde;a san Pablo en la carta a los Efesios. Sobre este amor esponsal se fundamenta el sacramento del matrimonio y de la familia en la nueva alianza. &laquo;Cristo am&oacute; a la Iglesia y se entreg&oacute; a s&iacute; mismo por ella (&#8230;). As&iacute; deben amar los maridos a sus mujeres como a sus propios cuerpos&raquo; (<i>Ef<\/i> 5, 25. 28). En el mismo esp&iacute;ritu <i>san Juan exhorta<\/i> a todos (y en particular a los esposos y a las familias) <i>al amor rec&iacute;proco<\/i>: &laquo;Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud&raquo; (<i>1 Jn<\/i> 4, 12). <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, hoy <i>damos gracias<\/i> de manera particular <i>por este amor que Cristo nos ha mostrado<\/i>: el amor que &laquo;ha sido derramado en nuestros corazones por el Esp&iacute;ritu Santo que se nos ha dado&raquo; (<i>Rm<\/i> 5, 5); el amor que os ha sido dado en el sacramento del matrimonio y que desde entonces no ha cesado de alimentar vuestra relaci&oacute;n, impuls&aacute;ndoos a la donaci&oacute;n rec&iacute;proca. Con el pasar de los a&ntilde;os este amor tambi&eacute;n ha alcanzado a vuestros hijos, que os deben el don de la vida. &iexcl;Cu&aacute;nta alegr&iacute;a suscita en nosotros el <i>amor que<\/i>, seg&uacute;n el evangelio de hoy, <i>Jes&uacute;s manifestaba a los ni&ntilde;os<\/i>: &laquo;Dejad que los ni&ntilde;os vengan a m&iacute;, no se lo impid&aacute;is, porque de los que son como ellos es el reino de Dios&raquo; (<i>Mc<\/i> 10, 14). <\/p>\n<p align=\"left\">Hoy pedimos a Cristo que todos los padres y educadores del mundo participen <i>de este amor con el que &eacute;l abraza a los ni&ntilde;os y j&oacute;venes<\/i>. El mira sus corazones con el amor y la solicitud de un padre y, al mismo tiempo, de una madre. <\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;<i>Creo en el Esp&iacute;ritu Santo&raquo;<\/i>. Creemos en el Esp&iacute;ritu Par&aacute;clito, en Aquel que da la vida, y es &laquo;Se&ntilde;or y dador de vida&raquo; (<i>Dominum et vivificantem<\/i>). &iquest;No es acaso &eacute;l quien ha injertado en vuestros corazones ese amor que os permite estar juntos como marido y mujer, como padre y madre, <i>para el bien de esta comunidad fundamental que es la familia?<\/i> En el d&iacute;a en que los esposos se prometieron rec&iacute;procamente &laquo;fidelidad, amor y respeto para toda la vida&raquo;, la Iglesia invoc&oacute; al Esp&iacute;ritu Santo con esta conmovedora oraci&oacute;n: &laquo;Infunde sobre ellos la gracia del Esp&iacute;ritu Santo para que, en virtud de tu amor derramado en sus corazones, perseveren fieles en la alianza conyugal&raquo; (<i>Rituale Romanum, Ordo celebrandi matrimonium<\/i>, n. 74). <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Palabras verdaderamente conmovedoras! Aqu&iacute; est&aacute;n los corazones humanos que, invadidos de rec&iacute;proco amor esponsal, gritan <i>para que su amor pueda alcanzar siempre la &laquo;fuerza de lo alto&raquo;<\/i> (cf. <i>Hch<\/i> 1, 8). S&oacute;lo gracias a esa fuerza que brota de la unidad de la sant&iacute;sima Trinidad, pueden formar una uni&oacute;n, uni&oacute;n hasta la muerte. S&oacute;lo <i>gracias al Esp&iacute;ritu Santo su amor lograr&aacute; afrontar los deberes, tanto de marido y mujer como de padres<\/i>. Precisamente el Esp&iacute;ritu Santo &laquo;infunde&raquo; este amor en los corazones humanos. Es un amor noble y puro. Es un amor fecundo. Es un amor que da la vida. Un amor bello. Todo lo que san Pablo ha incluido en su &laquo;himno al amor&raquo; (cf. <i>1 Co<\/i> 13, 1-13) constituye el fundamento m&aacute;s profundo de la vida familiar. <\/p>\n<p align=\"left\">Por este motivo hoy, en presencia de tantas familias de todo el mundo, renovamos nuestra fe en el Esp&iacute;ritu Santo, pidiendo <i>que todos sus dones permanezcan siempre en las familias<\/i>: el don de sabidur&iacute;a y de inteligencia, el don de consejo y de ciencia, el don de fortaleza y de piedad. Y tambi&eacute;n el don de temor de Dios, que es &laquo;principio de la sabidur&iacute;a&raquo; (<i>Sal<\/i> 111, 10). <\/p>\n<p align=\"left\">5. Hermanos y hermanas; <i>familias<\/i> aqu&iacute; reunidas; familias cristianas del mundo entero, <i>construid vuestra existencia sobre el fundamento de aquel sacramento<\/i> que el Ap&oacute;stol llama <i>&laquo;grande&raquo;<\/i> (cf. <i>Ef<\/i> 5, 32). &iquest;Acaso no veis c&oacute;mo est&aacute;is inscritos en el misterio del Dios vivo, de aquel Dios que profesamos en nuestro &laquo;Credo&raquo; apost&oacute;lico? <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Creo en el Esp&iacute;ritu Santo (..). Creo en la Iglesia santa&raquo; (<i>unam, sanctam, catholicam et apostolicam Ecclesiam<\/i>). <i>Vosotros sois &laquo;iglesia dom&eacute;stica&raquo;<\/i> (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 11), como ya ense&ntilde;aron los Padres y escritores de los primeros siglos. La Iglesia construida sobre el fundamento de los Ap&oacute;stoles tiene en vosotros su inicio: &laquo;<i>Ecclesiola<\/i>; iglesia dom&eacute;stica&raquo;. As&iacute; pues, la Iglesia es la familia de las familias. <i>La fe en la Iglesia vivifica nuestra fe en la familia<\/i>. El misterio de la Iglesia, este misterio fascinante presentado de modo profundo por la doctrina del concilio Vaticano II, halla precisamente su reflejo en las familias. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos hermanos y hermanas, vivid en esta luz. Que la Iglesia, extendida por todo el mundo, madure como unidad viva de Iglesias: <i>communio Ecclesiarum<\/i>, tambi&eacute;n de aquellas <i>iglesias dom&eacute;sticas<\/i> que sois vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">Y cuando pronunci&eacute;is las palabras del <i>Credo<\/i> que se refieren a la Iglesia, sabed que ellas os ata&ntilde;en a vosotros. <\/p>\n<p align=\"left\">6. Profesamos la fe en la Iglesia y esta fe permanece estrechamente unida al principio de la <i>vida nueva<\/i>, a la que Dios nos ha llamado en Cristo. Profesamos esta <i>vida<\/i>. Y, profes&aacute;ndola, recordamos <i>tantos baptisterios del mundo<\/i> en los que fuimos engendrados a esta vida. Y adem&aacute;s a estos baptisterios hab&eacute;is llevado a vuestros hijos y vuestras familias. Profesamos que el <i>bautismo es un sacramento de regeneraci&oacute;n &laquo;por el agua y el Esp&iacute;ritu&raquo;<\/i> (<i>Jn<\/i> 3, 5). En este sacramento se nos perdona el pecado original as&iacute; como cualquier otro pecado, y llegamos a ser hijos adoptivos de Dios a semejanza de Cristo, que es el &uacute;nico Hijo <i>unig&eacute;nito<\/i> y <i>eterno<\/i> del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos y hermanas; familias: <i>&iexcl;Qu&eacute; inmenso es el misterio del que hab&eacute;is llegado a participar!<\/i> &iexcl;Qu&eacute; profundamente se une mediante la Iglesia vuestra paternidad y vuestra maternidad \u2014queridos padres y queridas madres\u2014 con la eterna paternidad del mismo Dios! <\/p>\n<p align=\"left\">7. Creemos en la santa Iglesia. <i>Creemos en la comuni&oacute;n de los santos. Creemos en el perd&oacute;n de los pecados, en la resurrecci&oacute;n de los muertos y en la vida del mundo futuro.<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Acaso no es necesario, ya en v&iacute;speras del tercer milenio, que nos esforcemos en vivir este a&ntilde;o particular, el A&ntilde;o de la familia, en semejante perspectiva de salvaci&oacute;n? Del misterio de la creaci&oacute;n del hombre como <i>communio personarum<\/i> hemos pasado as&iacute; al misterio de la <i>communio sanctorum<\/i>. La vida humana que tiene su principio en Dios mismo encuentra all&iacute; su meta y su cumplimiento. La Iglesia vive en continua comuni&oacute;n con todos los santos y beatos, los cuales viven en Dios. <i>En Dios se da tambi&eacute;n la eterna &laquo;comuni&oacute;n&raquo;<\/i> de todos los que, aqu&iacute; en la tierra, fueron padres y madres, hijos e hijas. Todos ellos no est&aacute;n separados de nosotros. Est&aacute;n unidos a la com&uacute;n historia de salvaci&oacute;n, que <i>mediante la victoria sobre el pecado y sobre la muerte conduce a la vida eterna<\/i>, donde Dios &laquo;enjugar&aacute; toda l&aacute;grima de los ojos humanos&raquo; (cf. <i>Ap<\/i> 21, 4), donde nosotros lo reconoceremos como Padre, Hijo y Esp&iacute;ritu Santo, y donde &eacute;l, a su vez, nos reconocer&aacute; a nosotros. &Eacute;l morar&aacute; en nosotros, porque entonces se manifestar&aacute; que &eacute;l \u2014s&oacute;lo &eacute;l, que es &laquo;el alfa y la omega, el primero y el &uacute;ltimo&raquo; (<i>Ap<\/i> 22, 13)\u2014 <i>ser&aacute; &laquo;todo en todos&raquo;<\/i> (<i>1 Co<\/i> 15, 28). <\/p>\n<p align=\"left\">8. Queridas familias aqu&iacute; reunidas; familias de todo el mundo: Os deseo que, mediante la eucarist&iacute;a de hoy, mediante nuestra oraci&oacute;n com&uacute;n, sep&aacute;is siempre <i>descubrir vuestra vocaci&oacute;n<\/i>, vuestra gran vocaci&oacute;n en la Iglesia y en el mundo. Esta vocaci&oacute;n la hab&eacute;is recibido de Cristo que &laquo;nos santifica&raquo; y que &laquo;no se averg&uuml;enza de llamarnos hermanos y hermanas&raquo;, como hemos le&iacute;do en el pasaje de la carta a los Hebreos (<i>Hb<\/i> 2, 11). He aqu&iacute; que Cristo os dice hoy a todos vosotros: &laquo;Id, pues, por todo el mundo y ense&ntilde;ad a todas las familias&raquo; (cf. <i> Mt<\/i> 28, 19). Anunci&aacute;ndoles el <i>evangelio de la salvaci&oacute;n eterna, que es el &laquo;evangelio de las familias&raquo;<\/i>. El Evangelio \u2014lab uena nueva\u2014es Cristo, &laquo;porque no hay bajo el cielo otro nombre dado a los hombres por el que nosotros debamos salvarnos&raquo; (<i>Hch<\/i> 4, 12). Y <i>Cristo<\/i> es &laquo;el mismo ayer, hoy v siempre&raquo; (Hb 13, 8). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\" face=\"Times New Roman\"> &copy; Copyright 1984 &#8211;&nbsp; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/font><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE CLAUSURA DEL ENCUENTRO MUNDIAL CON LAS FAMILIAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 9 de octubre de 1994 &nbsp; 1. &laquo;Creo en Dios, Padre todopoderoso, creador&#8230;&raquo;. 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