{"id":40025,"date":"2016-10-05T23:31:01","date_gmt":"2016-10-06T04:31:01","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-marzo-de-1994-domingo-de-ramos-ix-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-05T23:31:01","modified_gmt":"2016-10-06T04:31:01","slug":"27-de-marzo-de-1994-domingo-de-ramos-ix-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-marzo-de-1994-domingo-de-ramos-ix-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"27 de marzo de 1994, Domingo de Ramos -IX Jornada mundial de la juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">IX JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/b><br \/>Domingo de Ramos, 27 de marzo de 1994 <\/font><\/i>  <\/p>\n<p align=\"left\"> <\/p>\n<p align=\"left\"> 1. <i>&laquo;Gritar&aacute;n las piedras&raquo;<\/i> (<i>Lc<\/i> 19, 40).<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros, los j&oacute;venes, sab&eacute;is que las piedras gritan. Son mudas, pero tienen una elocuencia particular, su grito. Cualquiera que se encuentre en las cumbres de los montes, por ejemplo en las de los Alpes o el Himalaya, lo percibe. <i>La elocuencia, el grito de esos imponentes macizos es emocionante y hace que el hombre caiga de rodillas<\/i>, lo impulsa a volver a entrar en s&iacute; mismo y a dirigirse al Creador invisible. Esas piedras mudas hablan. Vosotros, los j&oacute;venes, lo sab&eacute;is mejor que los dem&aacute;s, porque explor&aacute;is su misteriosa elocuencia realizando excursiones a las monta&ntilde;as m&aacute;s altas, a fin de realizar un esfuerzo que os sirva para emplear vuestras energ&iacute;as j&oacute;venes.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros lo sab&eacute;is y por eso Cristo dice de vosotros: &laquo;Si &eacute;stos callan, gritar&aacute;n las piedras&raquo; (<i>Lc<\/i> 19, 40). Lo dice en el momento de su entrada mesi&aacute;nica en Jerusal&eacute;n, mientras algunos fariseos trataban de hacer que callara a esos j&oacute;venes que gritaban: &laquo;&iexcl;Hosanna! &iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!&raquo; (<i>Mc<\/i> 11, 9). Cristo respondi&oacute;: &laquo;Si &eacute;stos callan, gritar&aacute;n las piedras&raquo;. <i>Con esas palabras, amad&iacute;simos j&oacute;venes, Jes&uacute;s os ha lanzado un desaf&iacute;o. Y vosotros lo hab&eacute;is aceptado<\/i>. Se trata de un desaf&iacute;o que se renueva, desde hace diez a&ntilde;os, con ocasi&oacute;n del domingo de Ramos, en el que vosotros, los j&oacute;venes, os reun&iacute;s en La plaza de San Pedro para repetir: &laquo;&iexcl;Hosanna! &iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro <i>encuentro de 1984, en esta misma plaza, suscit&oacute; la idea de la Jornada mundial de la juventud<\/i>. Hoy, por d&eacute;cima vez, esa idea se hace realidad. Este a&ntilde;o hab&eacute;is llegado aqu&iacute; tambi&eacute;n vosotros, amigos americanos, <i>desde Denver<\/i>, para traer la cruz peregrina y entregarla a vuestros <i>coet&aacute;neos de Filipinas<\/i>, donde, Dios mediante, en enero del a&ntilde;o pr&oacute;ximo, se celebrar&aacute; el nuevo encuentro mundial de los j&oacute;venes: <i>Manila 1995<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">2. <i>&laquo;Gritar&aacute;n las piedras&raquo;<\/i>. La piedra encierra una gran energ&iacute;a. En ella se manifiestan <i>las fuerzas de la naturaleza<\/i>, que elevan la corteza terrestre, formando cadenas de altas monta&ntilde;as. La piedra puede constituir una fuerza amenazadora. Pero, adem&aacute;s de las rocas de las monta&ntilde;as, en las que se revela el misterio de la creaci&oacute;n, hay tambi&eacute;n piedras que sirven al hombre para <i>las obras de su talento<\/i>. Basta pensar en todos los templos del mundo, en las catedrales g&oacute;ticas, en las obras del Renacimiento, como esta bas&iacute;lica de San Pedro, o en ciertos edificios sagrados del lejano Oriente.<\/p>\n<p align=\"left\">Hoy, sin embargo, os invito a visitar espiritualmente un templo espec&iacute;fico: <i>el templo del Dios de la alianza en Jerusal&eacute;n<\/i>. De &eacute;l s&oacute;lo ha quedado un peque&ntilde;o fragmento, llamado Muro de las Lamentaciones, porque junto a sus piedras se re&uacute;nen los hijos de Israel, recordando la grandeza del antiguo santuario, en el que Dios habit&oacute; y que fue objeto de un sano orgullo por parte de todo Israel. Fue arrasado en el a&ntilde;o 70 despu&eacute;s de Cristo. Por eso, hoy, ese Muro de las Lamentaciones es tan elocuente para los hijos de Israel, y tambi&eacute;n para nosotros, porque sabemos que en ese templo Dios estableci&oacute; realmente su morada, y el espacio vac&iacute;o del Santo de los santos guardaba en su interior las tablas del Dec&aacute;logo, que el Se&ntilde;or confi&oacute; a Mois&eacute;s en el Sina&iacute;. Ese lugar sant&iacute;simo estaba separado del resto del templo por un velo, que en el momento de la muerte de Cristo se rasg&oacute; de arriba abajo: signo conmovedor de la presencia del Dios de la alianza en medio de su pueblo.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>As&iacute; pues, subamos a Jerusal&eacute;n<\/i>, donde el Hijo del hombre ser&aacute; entregado a la muerte y crucificado, para resucitar al tercer d&iacute;a. La fiesta de hoy, domingo de Ramos, nos recuerda y hace presente la entrada de Jes&uacute;s en Jerusal&eacute;n, cuando <i>los hijos e hijas de Israel proclamaron la gloria de Dios, saludando &laquo;al que viene en nombre del Se&ntilde;or<\/i>&raquo;: &laquo;&iexcl;Hosanna al Hijo de David!&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">3. <i>&laquo;Si &eacute;stos callan, gritar&aacute;n las piedras&raquo;<\/i>. <i>En realidad, los j&oacute;venes no callan<\/i>. Contemplamos con asombro c&oacute;mo gritan. No dejan que hablen s&oacute;lo las piedras; no permiten que los templos del Dios vivo se conviertan en fr&iacute;as piezas de museo. Hablan a voz en grito. Hablan en los diversos lugares de la tierra, y su voz se ha de o&iacute;r. As&iacute; sucede que, <i>gracias a su testimonio, los j&oacute;venes disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s son para muchos una sorpresa<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Eso aconteci&oacute; precisamente el a&ntilde;o pasado en <i>Denver<\/i>, Colorado, donde, con ocasi&oacute;n de una reuni&oacute;n tan numerosa de j&oacute;venes de todo el mundo, se preve&iacute;an excesos juveniles, o incluso casos de violencia y atropello, con lo que se hubiera dado m&aacute;s bien un antitestimonio. Se calculaba que eso iba a suceder, y por eso se tomaron las debidas precauciones. Para vosotros, queridos amigos, fue un desaf&iacute;o. Y lo aceptasteis y respondisteis con vuestro testimonio. Un testimonio vivo, con el que <i>hab&eacute;is destruido los t&oacute;picos<\/i> seg&uacute;n los cuales se os quer&iacute;a ver y juzgar. Hab&eacute;is manifestado lo que de verdad sois y dese&aacute;is. Y vuestra voz ha resonado en la metr&oacute;poli americana que est&aacute; al pie de las Monta&ntilde;as Rocosas, de forma que tanto las cumbres de esas monta&ntilde;as como las gigantescas construcciones modernas debieron de asombrarse al o&iacute;ros y veros como sois de verdad.<\/p>\n<p align=\"left\">4. Por eso, amad&iacute;simos j&oacute;venes no os sorprenda que, despu&eacute;s de las experiencias de Buenos Aires, Santiago de Compostela, Jasna G&oacute;ra y Denver, hoy quiera hablaros con el mensaje que Cristo dej&oacute; a los Ap&oacute;stoles en su misterio pascual. <i>Estamos entrando en la Semana Santa<\/i>. Iremos a Jerusal&eacute;n, al cen&aacute;culo del Jueves Santo; subiremos al G&oacute;lgota; nos detendremos ante el sepulcro, en el silencio de la Vigilia pascual; y luego volveremos de nuevo al cen&aacute;culo para encontrarnos con el Resucitado, que nos repetir&aacute; lo que dijo a los Ap&oacute;stoles, alegres por su presencia: &laquo;<i>Como el Padre me envi&oacute;, tambi&eacute;n yo os env&iacute;o<\/i>&raquo; (<i>Jn<\/i> 20, 21).<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Los disc&iacute;pulos se alegraron de ver al Se&ntilde;or&raquo; (<i>Jn<\/i> 20, 20), escribe el evangelista Juan. Tambi&eacute;n vosotros os alegrar&eacute;is vi&eacute;ndolo entre vosotros vivo, vencedor sobre la muerte, que no pudo triunfar sobre &eacute;l. Os alegrar&eacute;is oyendo las palabras que os dirigir&aacute;. Os alegrar&eacute;is porque se f&iacute;a de vosotros, porque tiene tanta confianza en vosotros que os dice, por medio de vuestros pastores: &laquo;Como el Padre me envi&oacute;, tambi&eacute;n yo os env&iacute;o&raquo;. <i>Vosotros esper&aacute;is que os env&iacute;e<\/i>, que os conf&iacute;e su Evangelio, que os encomiende la salvaci&oacute;n del mundo. Vuestros corazones j&oacute;venes esperan o&iacute;r del Redentor precisamente esas palabras.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>El hombre debe tener la conciencia de ser enviado<\/i>. As&iacute; lo dije <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1994\/march\/documents\/hf_jp-ii_spe_19940324_giovani-roma-gmg.html\">el jueves pasado a los j&oacute;venes de Roma<\/a>. Sin esa conciencia, la vida humana se hace roma y polvorienta. <i>Ser enviado quiere decir tener una tarea por desempe&ntilde;ar<\/i>, una tarea comprometedora. Ser enviado quiere decir abrir los caminos a un bien grande, esperado por todos. Ser enviado quiere decir <i>estar al servicio de una causa suprema<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Vosotros, los j&oacute;venes, esper&aacute;is precisamente eso. Cristo desea encontrarse con vosotros y comprometeros en la gran misi&oacute;n que el Padre le confi&oacute;. Es una misi&oacute;n que sigue viva y actual en el mundo, pero a&uacute;n incompleta, siempre por realizar hasta el &uacute;ltimo d&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&laquo;Ven conmigo a salvar al mundo, ya estamos en el siglo veinte&raquo;<\/i>: as&iacute; cantaban en Polonia los j&oacute;venes, en los tiempos tan dif&iacute;ciles de la lucha por la verdad y la vida, que es Cristo, y por el camino que &eacute;l se&ntilde;ala (cf. <i>Jn<\/i> 14, 6). Hoy, mientras este siglo veinte se acerca a su fin, debemos pensar en el futuro, en el siglo veintiuno, en el tercer milenio. Este futuro os pertenece a vosotros. El futuro os pertenece. Sois los hombres y las mujeres del ma&ntilde;ana. Y Cristo es &laquo;el mismo ayer, hoy y siempre&raquo; (Hb 13, 8). Decid a todos vuestros coet&aacute;neos que &eacute;l los espera y que &uacute;nicamente &eacute;l tiene palabras de vida eterna (cf. Jn 6, 68). Decidlo a todos vuestros coet&aacute;neos. <\/p>\n<p>Am&eacute;n.<\/p>\n<p> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 199<\/font><font color=\"#663300\">4<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>IX JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO IIDomingo de Ramos, 27 de marzo de 1994 1. &laquo;Gritar&aacute;n las piedras&raquo; (Lc 19, 40). Vosotros, los j&oacute;venes, sab&eacute;is que las piedras gritan. 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