{"id":40028,"date":"2016-10-05T23:31:56","date_gmt":"2016-10-06T04:31:56","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1995-concelebracion-eucaristica-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-en-el-patio-del-palacio-pontificio-de-castelgandolfo\/"},"modified":"2016-10-05T23:31:56","modified_gmt":"2016-10-06T04:31:56","slug":"15-de-agosto-de-1995-concelebracion-eucaristica-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-en-el-patio-del-palacio-pontificio-de-castelgandolfo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-agosto-de-1995-concelebracion-eucaristica-en-la-solemnidad-de-la-asuncion-de-la-virgen-maria-en-el-patio-del-palacio-pontificio-de-castelgandolfo\/","title":{"rendered":"15 de agosto de 1995, Concelebraci\u00f3n eucar\u00edstica en la solemnidad de la Asunci\u00f3n de la Virgen Mar\u00eda en el patio del Palacio Pontificio de Castelgandolfo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> &nbsp;<font color=\"#663300\"><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\">CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA SOLEMNIDAD <br \/>DE L<\/font>A ASUNCI&Oacute;N DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MAR&Iacute;A<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HO<\/i><\/b><\/font><i><b><font color=\"#663300\" size=\"4\">MIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Patio del Palacio Pontificio de Castelgandolfo<br \/> Martes 15 de agosto de 1995<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. <i>&laquo;Una Mujer, vestida del sol&raquo; <\/i>(<i>Ap<\/i> 12; 1).<\/p>\n<p>Hoy, solemnidad de la Asunci&oacute;n, la Iglesia refiere a Mar&iacute;a estas palabras del Apocalipsis de san Juan. En cierto sentido, nos relatan la parte conclusiva <i>de la historia de la &laquo;mujer vestida de sol&raquo;: <\/i>nos hablan de Mar&iacute;a elevada al cielo. Por eso, la liturgia las enlaza oportunamente con la parte inicial de la historia de Mar&iacute;a: <i>con el misterio de la visitaci&oacute;n <\/i>a la casa de santa Isabel. Se sabe que la visitaci&oacute;n tuvo lugar poco despu&eacute;s de la anunciaci&oacute;n, como leemos en el evangelio de san Lucas: &laquo;En aquellos d&iacute;as, se levant&oacute; Mar&iacute;a y se fue con, prontitud a la regi&oacute;n monta&ntilde;osa, a una ciudad de Jud&aacute;&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 39<i>). <\/i>Seg&uacute;n una tradici&oacute;n, se trata de la ciudad de <i>Ain-Karim. <\/i>Mar&iacute;a, habiendo entrado en la casa de Zacar&iacute;as, salud&oacute; a Isabel. &iquest;Acaso deseaba contarle lo que le hab&iacute;a sucedido, c&oacute;mo hab&iacute;a acogido la propuesta del &aacute;ngel Gabriel, convirti&eacute;ndose as&iacute;, por obra del Esp&iacute;ritu Santo, en la Madre del Hijo de Dios? Sin embargo, Isabel la precedi&oacute; y, bajo la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, continu&oacute; con palabras suyas el salud&oacute; del enviado ang&eacute;lico. Si Gabriel hab&iacute;a dicho: &laquo;Al&eacute;grate, llena de gracia, el Se&ntilde;or est&aacute; contigo&raquo; (<i>Lc <\/i>1, <i> 28), <\/i>ella, como prosiguiendo, a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;Bendita t&uacute; entre las mujeres y bendito el fruto de tu seno&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 42). As&iacute; pues, <i>entre la anunciaci&oacute;n y la visitaci&oacute;n se forma la plegaria mariana m&aacute;s difundida: el Ave Mar&iacute;a.<\/i><\/p>\n<p>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas: hoy, solemnidad de la Asunci&oacute;n, la Iglesia vuelve idealmente a Nazaret, lugar de la anunciaci&oacute;n; va espiritualmente hasta el umbral de la casa de Zacar&iacute;as, en <i>Ain-Karim, <\/i> y saluda a la Madre de Dios con las palabras: &laquo;&iexcl;Ave, Mar&iacute;a!&raquo;, y junto con Isabel, proclama: <i>&laquo;&iexcl;Feliz la que ha cre&iacute;do que se cumplir&iacute;an las cosas que le fueron dichas de parte del Se&ntilde;or!&raquo; <\/i>(<i>Lc 1, 45). <\/i>Mar&iacute;a crey&oacute; <i>con la fe de la anunciaci&oacute;n, con la fe de la visitaci&oacute;n, con la fe de la noche de Bel&eacute;n <\/i>y de la Navidad. Hoy, cree <i>con la fe de la Asunci&oacute;n o, <\/i>m&aacute;s bien, ahora, en la gloria del cielo, contempla cara a cara el misterio que penetr&oacute; toda su existencia terrena.<\/p>\n<p>2. En el umbral de la casa de Zacar&iacute;as nace tambi&eacute;n <i>el himno mariano del Magn&iacute;ficat. <\/i>La Iglesia lo repite en la liturgia de este d&iacute;a, porque ciertamente Mar&iacute;a, con mayores motivaciones a&uacute;n, lo<i> <\/i>proclam&oacute; en su Asunci&oacute;n al cielo: &laquo;Engrandece mi alma al<i> <\/i>Se&ntilde;or y mi esp&iacute;ritu se alegra en Dios mi<i> <\/i>salvador porque ha puesto los ojos<i> <\/i>en la humildad de su<i> <\/i>esclava, por eso desde ahora todas las generaciones me llamar&aacute;n bienaventurada, <i>porque ha hecho en mi favor maravillas el Poderoso, <\/i>santo es su<i> <\/i>nombre&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 46-49).<\/p>\n<p><i>Mar&iacute;a alaba a Dios, y &eacute;l la alaba. <\/i>Esta alabanza se ha difundido. ampliamente en todo el mundo. En efecto, &iexcl;cu&aacute;ntos son los santuarios marianos en toda las regiones de la tierra dedicados al misterio de la Asunci&oacute;n! Ser&iacute;a verdaderamente dif&iacute;cil enumerar aqu&iacute; todos.<\/p>\n<p>&laquo;Mar&iacute;a ha sido llevada al cielo, <i>se <\/i>ale<i>gra el ej&eacute;rcito de los &aacute;ngeles&raquo;, <\/i>proclama la liturgia de hoy en el canto al Evangelio. Pero se alegra tambi&eacute;n el ej&eacute;rcito de los hombres de todas las partes del mundo. Y numerosas son las naciones que consideran a la Madre de Dios como su madre y su reina. En efecto, el misterio de la Asunci&oacute;n est&aacute; unido al de su coronaci&oacute;n como Reina del cielo y de la tierra: &laquo;Toda espl&eacute;ndida, la hija del rey&raquo; \u2013como anuncia el salmo responsorial de la liturgia de hoy (<i>Sal <\/i>45, 14)\u2013<i>, <\/i>para ser elevada a la derecha de su Hijo: <i>&laquo;De pie a tu derecha est&aacute; la reina, enjoyada con oro de Ofir&raquo; <\/i>(ant&iacute;fona del Salmo responsorial).<\/p>\n<p>3.<i> La Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a es una participaci&oacute;n singular en la resurrecci&oacute;n de Cristo. <\/i>En la liturgia de hoy san Pablo pone de relieve esta verdad, anunciando la alegr&iacute;a por la victoria sobre la muerte, que Cristo consigui&oacute; con su resurrecci&oacute;n. &laquo;Porque debe &eacute;l reinar hasta que ponga a todos sus enemigos bajo sus pies. El &uacute;ltimo enemigo en ser destruido ser&aacute; la muerte&raquo; (<i>1 Co <\/i>15, 25-26).<i> La victoria sobre la muerte, que se manifiesta claramente el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n de Cristo, concierne hoy, de modo particular, a su madre. <\/i>Si<i> <\/i>la muerte no tiene poder sobre &eacute;l, es decir, sobre su Hijo, tampoco tiene poder sobre su madre, o sea, sobre aquella que le dio la vida terrena.<\/p>\n<p>En la primera carta a los Corintios, san Pablo hace como un comentario profundo del misterio de la Asunci&oacute;n. Escribe as&iacute;: &laquo;Cristo resucit&oacute; de entre los muertos como primicias de los que durmieron. Porque, habiendo venido por un hombre la muerte, tambi&eacute;n por un hombre viene la resurrecci&oacute;n de los muertos. Pues del mismo modo que en Ad&aacute;n mueren todos, as&iacute; tambi&eacute;n todos revivir&aacute;n en Cristo. Pero cada cual en su rango: <i>Cristo como primicias; <\/i>luego los <i>de Cristo en su venida&raquo; <\/i>(<i>1 Co <\/i>15, 20-23<i>). Mar&iacute;a es la primera entre &laquo;los de Cristo&raquo;.<\/i> En el misterio de la Asunci&oacute;n, Mar&iacute;a es la primera que recibe la gloria; la Asunci&oacute;n representa casi el coronamiento del misterio pascual.<\/p>\n<p>Cristo ha resucitado, venciendo la muerte, efecto del pecado original, y <i>abraza con su victoria a todos <\/i>los que aceptan con fe su resurrecci&oacute;n. <i>Ante todo, a su madre, <\/i>liberada de la herencia del pecado original mediante la muerte redentora del Hijo en la cruz. Hoy Cristo abraza a Mar&iacute;a, inmaculada desde su concepci&oacute;n, acogi&eacute;ndola en el cielo en su cuerpo glorificado, como acercando para ella el d&iacute;a de su vuelta gloriosa a la tierra, el d&iacute;a de la resurrecci&oacute;n universal, que espera la humanidad. <i>La Asunci&oacute;n al cielo es como una gran anticipaci&oacute;n del cumplimiento definitivo de todas las cosas en Dios, <\/i>seg&uacute;n cuanto escribe el Ap&oacute;stol: &laquo;Luego, el fin, cuando entregue (Cristo) a Dios Padre el Reino (&#8230;), para que Dios sea todo en todo&raquo; (<i>1 Co <\/i>15, 24. 28)<i>. <\/i>&iquest;Acaso Dios no es todo en aquella que es la madre inmaculada del Redentor?<\/p>\n<p>&iexcl;Te saludo, hija de Dios Padre! &iexcl;Te saludo, madre del Hijo de Dios! &iexcl;Te saludo, esposa m&iacute;stica del Esp&iacute;ritu Santo! &iexcl;Te saludo, templo de la sant&iacute;sima Trinidad!<\/p>\n<p>4. &laquo;Y se abri&oacute; el santuario de Dios en el cielo, y apareci&oacute; el arca de su alianza en el santuario (&#8230;). <i>Una gran se&ntilde;al apareci&oacute; en el cielo: una mujer, vestida del sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza&raquo;<\/i> (<i>Ap <\/i>11, 19-12, 1)<i>. <\/i>Esta visi&oacute;n del Apocalipsis se considera, en cierto sentido, <i>la &uacute;ltima palabra de la mariolog&iacute;a. <\/i>Sin embargo, la Asunci&oacute;n, que aqu&iacute; se expresa magn&iacute;ficamente, posee al mismo tiempo su <i>sentido eclesiol&oacute;gi<\/i>co. Contempla a Mar&iacute;a no solo como Reina de toda la creaci&oacute;n, sino tambi&eacute;n como <i>Madre de la Iglesia. <\/i>Y como Madre de la Iglesia, Mar&iacute;a, elevada al cielo y coronada, no deja de estar <i>implicada <\/i>en la historia de la Iglesia, que es la historia de la lucha entre el bien y el mal. San Juan escribe: &laquo;Y apareci&oacute; otra se&ntilde;al en el cielo: <i>un gran drag&oacute;n rojo&raquo; <\/i>(<i>Ap<\/i> 12, 3). En la sagrada Escritura, ya desde los. primeros cap&iacute;tulos del libro del G&eacute;nesis (cf. <i>Gn<\/i> 3, 14), se conoce a este drag&oacute;n como el enemigo de la mujer. En el Apocalipsis, el mismo drag&oacute;n se pone delante de la mujer que est&aacute; a punto de dar a luz, decidido a devorar al ni&ntilde;o apenas nazca (cf. <i>Ap <\/i>12, 4). El pensamiento va espont&aacute;neamente a la noche de Bel&eacute;n y a la amenaza contra la vida de Jes&uacute;s, reci&eacute;n nacido, constituida por el perverso edicto de Herodes, qu&eacute; ordenaba &laquo;matar a todos los ni&ntilde;os de Bel&eacute;n y de toda su comarca, de dos a&ntilde;os para abajo&raquo; (<i>Mt 2, <\/i>16).<\/p>\n<p>De todo lo que el concilio Vaticano II ha escrito, emerge de modo singular la imagen de la Madre de Dios, insertada vivamente en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Mar&iacute;a, Madre del Hijo de Dios, es, a la vez, <i> Madre de todos los hombres, <\/i>quienes en el Hijo han llegado a ser hijos adoptivos del Padre celestial. Precisamente aqu&iacute; se manifiesta <i>la lucha incesante de la Iglesia. Como una madre, a semejanza de Mar&iacute;a, la Iglesia engendra hijos a la vida divina, y <\/i>sus hijos, hijos e hijas en el Hijo unig&eacute;nito de Dios, <i>est&aacute;n amenazados constantemente por el odio del &laquo;drag&oacute;n rojo&raquo;: satan&aacute;s.<\/i><\/p>\n<p>El autor del <i>Apocalipsis, <\/i>al mismo tiempo que muestra el realismo de esta lucha que contin&uacute;a en la historia, pone de relieve tambi&eacute;n <i>la perspectiva de la victoria definitiva por obra de la mujer, <\/i>de Mar&iacute;a, que es nuestra abogada y aliada potente de todas las naciones de la tierra. El autor del Apocalipsis habla de esta victoria: &laquo;O&iacute; entonces una fuerte voz que dec&iacute;a en el cielo: &quot;Ahora ya ha llegado la salvaci&oacute;n, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo&quot;&raquo; (<i>Ap<\/i> 12, 10).<\/p>\n<p>La solemnidad de la Asunci&oacute;n pone ante nuestros ojos el reinado de nuestro Dios y el poder de Cristo sobre toda la creaci&oacute;n.<\/p>\n<p>5. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, quisiera dirigiros ahora un pensamiento cordial a todos vosotros aqu&iacute; presentes, feligreses de Castelgandolfo, feligreses de esta parroquia, de la que soy tambi&eacute;n yo feligr&eacute;s durante las vacaciones. Saludo con afecto al cardenal Angelo Sodano, mi primer colaborador, obispo titular de la Iglesia suburbicaria de Albano. Saludo al pastor de esta comunidad diocesana, el querido monse&ntilde;or Dante Bernini, que en estos d&iacute;as celebra sus bodas de oro sacerdotales. Me alegra felicitarlo vivamente, agradeci&eacute;ndole su diligente y generoso servicio episcopal. Saludo tambi&eacute;n al p&aacute;rroco, a quien doy las gracias por las palabras que me ha dirigido al comienzo de la celebraci&oacute;n; a los superiores y a los sacerdotes salesianos; y a los fieles de la parroquia de Castelgandolfo, tan cercana a m&iacute;. Juntos <i>alabemos a la Madre de Cristo y de la Iglesia, <\/i>unidos a cuantos la veneran en cada rinc&oacute;n de la tierra. &iexcl;C&oacute;mo quisiera que por doquier y en todas las lenguas se expresara <i>la alegr&iacute;a por la Asunci&oacute;n de Mar&iacute;a! <\/i>&iexcl;C&oacute;mo quisiera que de este misterio surgiera una viv&iacute;sima luz sobre la Iglesia y la humanidad! Que todo hombre y toda mujer tomen conciencia de estar llamados, por caminos diferentes, a participar en la gloria celestial de su verdadera Madre y Reina. Todo hombre y toda mujer est&aacute;n llamados a participar de la gloria, como dice san Ireneo: &laquo;Gloria Dei vivens homo, vita autem hominis visio Dei&raquo;. Son palabras que encierran en s&iacute; nuestra vocaci&oacute;n personal en el mundo y en la Iglesia.<\/p>\n<p>&iexcl;Alabado sea Jesucristo!<\/p>\n<p> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1995 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp;CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA PARA LA SOLEMNIDAD DE LA ASUNCI&Oacute;N DE LA BIENAVENTURADA VIRGEN MAR&Iacute;A HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Patio del Palacio Pontificio de Castelgandolfo Martes 15 de agosto de 1995 &nbsp; 1. &laquo;Una Mujer, vestida del sol&raquo; (Ap 12; 1). 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