{"id":40029,"date":"2016-10-05T23:32:04","date_gmt":"2016-10-06T04:32:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-1995-santa-misa-y-procesion-desde-san-juan-de-letran-a-santa-maria-la-mayor-en-la-solemnidad-de-corpus-christi\/"},"modified":"2016-10-05T23:32:04","modified_gmt":"2016-10-06T04:32:04","slug":"15-de-junio-de-1995-santa-misa-y-procesion-desde-san-juan-de-letran-a-santa-maria-la-mayor-en-la-solemnidad-de-corpus-christi","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/15-de-junio-de-1995-santa-misa-y-procesion-desde-san-juan-de-letran-a-santa-maria-la-mayor-en-la-solemnidad-de-corpus-christi\/","title":{"rendered":"15 de junio de 1995, Santa misa y procesi\u00f3n desde San Juan de Letr\u00e1n a Santa Mar\u00eda la Mayor en la solemnidad de Corpus Christi"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SOLEMNIDAD DE<font face=\"Times New Roman\"> &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo;<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b><i>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/i><\/b><\/font><br \/> <font color=\"#663300\"><i><br \/> Jueves 15 de junio de 1995<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <\/p>\n<p>1. &laquo;<i>Cada vez que com&eacute;is este pan y beb&eacute;is este c&aacute;liz, anunci&aacute;is la muerte del Se&ntilde;or, hasta que venga&raquo;<\/i> (<i>1 Co<\/i> 11, 26).<\/p>\n<p>Hoy, reunidos aqu&iacute;, ante la bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n, catedral del Obispo de Roma, <i>anunciamos<\/i> de modo especial <i>la muerte de Cristo.<\/i> En este mismo templo cada a&ntilde;o celebramos la liturgia del Jueves santo. La solemnidad de hoy es, <i>en cierto sentido, el complemento de la liturgia del Jueves santo,<\/i> como la solemnidad del Sagrado Coraz&oacute;n de Jes&uacute;s, que se celebrar&aacute; la pr&oacute;xima semana, constituye un complemento significativo de la liturgia del Viernes santo.<\/p>\n<p>El Jueves santo nos recuerda <i>la cena del Se&ntilde;or y la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a<\/i> en el contexto de la Semana santa, semana de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or. Ese contexto no nos permite expresar hasta el fondo todo lo que significa para nosotros la Eucarist&iacute;a. Al final de la liturgia del Jueves santo, despu&eacute;s de la santa misa <i>in coena Domini, <\/i>el sant&iacute;simo Sacramento es depositado en una capilla preparada para ese fin.<\/p>\n<p><i>Se trata de una procesi&oacute;n eucar&iacute;stica que reviste un significado caracter&iacute;stico:<\/i> acompa&ntilde;amos a Cristo al inicio de los acontecimientos de su pasi&oacute;n. En efecto, sabemos que despu&eacute;s de la &uacute;ltima cena tuvo lugar la oraci&oacute;n en Getsemani, el prendimiento y el juicio, primero ante An&aacute;s y luego ante Caif&aacute;s, que por entonces era sumo sacerdote. Por eso, el Jueves santo acompa&ntilde;amos a Jes&uacute;s en el camino que lo conduce hacia las horas terribles de la pasi&oacute;n, pocas horas antes de su condena a muerte y de su crucifixi&oacute;n. En la tradici&oacute;n polaca, al lugar donde se deposita la Eucarist&iacute;a despu&eacute;s de la liturgia de la cena del Se&ntilde;or se le suele llamar la <i>capilla oscura,<\/i> porque la piedad popular asocia su recuerdo al de la prisi&oacute;n en la que el Se&ntilde;or Jes&uacute;s pas&oacute; la noche del jueves al. viernes, una noche que ciertamente no fue de descanso, sino una etapa ulterior de sufrimiento f&iacute;sico y espiritual.<\/p>\n<p>2. Muy diverso es el clima que rodea <i>la solemnidad del sant&iacute;simo Cuerpo y Sangre de Cristo.<\/i> Fue instituida relativamente tarde, en el periodo de la Edad Media, y <i>responde a la profunda necesidad de manifestar, de modo diverso y m&aacute;s completo, todo lo que la Eucarist&iacute;a es para la Iglesia.<\/i><\/p>\n<p>&laquo;<i>Pange, lingua, gloriosi corporis mysterittin, sanguinisque pretiosi&#8230;<\/i>&raquo;. En las palabras de ese famoso himno, santo Tom&aacute;s de Aquino expres&oacute; de modo elocuente esa necesidad del pueblo de Dios. &laquo;<i>Pange, lingua<\/i>&raquo;. <i>La lengua de los hombres debe cantar el misterio de la Eucarist&iacute;a.<\/i> Debe cantarlo no s&oacute;lo como <i>mysterium passionis<\/i>, sino tambi&eacute;n como <i>mysterium gloriae.<\/i> De all&iacute; nace la tradici&oacute;n de las procesiones eucar&iacute;sticas, especialmente la tradici&oacute;n de la procesi&oacute;n del <i>Corpus Christi,<\/i> que constituye una <i>expresi&oacute;n singular de la viva emoci&oacute;n que experimenta el creyente ante el &laquo;mysterium&raquo; del Cuerpo y la Sangre del Se&ntilde;or,<\/i> del que la Iglesia vive a diario. Tambi&eacute;n la procesi&oacute;n de esta tarde, que desde la bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n, por las calles de la ciudad eterna, llega hasta la bas&iacute;lica de Santa Mar&iacute;a la Mayor en el Esquilino, reviste un significado semejante.<\/p>\n<p>Recuerdo muchas procesiones de este tipo, en las que particip&eacute; desde mi ni&ntilde;ez. Luego las he presidido yo mismo como sacerdote y obispo. La procesi&oacute;n del <i>Corpus Christi<\/i> constitu&iacute;a siempre un gran acontecimiento para las comunidades a las que pertenec&iacute;a. Y as&iacute; tambi&eacute;n en Roma; <i>o, mejor, aqu&iacute; m&aacute;s que en otras partes, dado que aqu&iacute; dio su testimonio una de los testigos directos de la &uacute;ltima cena:<\/i> el ap&oacute;stol Pedro. Llevando por las calles de la ciudad el sant&iacute;simo Sacramento, asumimos, <i>de la manera caracter&iacute;stica del segundo milenio,<\/i> el patrimonio de fe que fue tambi&eacute;n suyo.<\/p>\n<p>La lectura de hoy, tomada de la carta de san Pablo a los Corintios, pone muy bien de relieve esta fe. Se trata probablemente <i>del relato escritur&iacute;stico m&aacute;s antiguo de la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a.<\/i> El Ap&oacute;stol escribe: &laquo;el Se&ntilde;or Jes&uacute;s, la noche en que fue entregado, tom&oacute; pan, y despu&eacute;s de dar gracias, lo parti&oacute; y dijo: &quot;Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo m&iacute;o&quot;. Asimismo tambi&eacute;n el c&aacute;liz, despu&eacute;s de cenar, diciendo: &quot;Este c&aacute;liz es la nueva alianza en mi sangre. Cuantas veces lo bebiereis, hacedlo en recuerda m&iacute;o&quot;. Pues cada vez que com&eacute;is este pan y beb&eacute;is este c&aacute;liz, anunci&aacute;is la muerte del Se&ntilde;or, hasta que venga&raquo; (<i>1 Co<\/i> 11, 23-26).<\/p>\n<p>La Iglesia, al repetir en cada santa misa las palabras: &laquo;Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci&oacute;n. Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo;, es como si las tomara de labios del Ap&oacute;stol de los gentiles para hacerlas suyas y repetirlas ante el mundo.<\/p>\n<p>3. La liturgia del <i>Corpus Christi<\/i> nos recuerda <i>el sacerdocio de Cristo.<\/i> Habla de &eacute;l tanto el salmo responsorial como la primera lectura, tomada del libro del G&eacute;nesis: &laquo;<i>T&uacute; eres sacerdote eterno, seg&uacute;n el rito de Melquisedec&raquo;<\/i> (<i>Sal<\/i> 110, 4). Melquisedec, que vivi&oacute; en tiempos de Abraham, era rey de Salem, la ciudad que m&aacute;s tarde tomar&iacute;a el nombre de Jerusal&eacute;n. Ofreci&oacute; a Dios pan y vino. Abraham honr&oacute; a ese extraordinario rey-sacerdote, casi presagiando en &eacute;l la futura vocaci&oacute;n de ese pueblo de Dios, del que deb&iacute;a convertirse en padre en la fe: vocaci&oacute;n que, por consiguiente, no se limitaba a la antigua alianza, sino que se extend&iacute;a tambi&eacute;n a la nueva y eterna.<\/p>\n<p>Es extraordinario este salmo que habla <i>del sacerdocio de Cristo seg&uacute;n el modelo<\/i> del de Melquisedec, poniendo de relieve que se trata de un sacerdocio eterno: &laquo;T&uacute; eres sacerdote eterno&raquo;. A la luz de la fe pascual, resulta claro que este sacerdote de la alianza nueva y eterna es el Hijo consustancial con el Padre.<\/p>\n<p>Deteng&aacute;monos a reflexionar sobre las palabras: &laquo;Or&aacute;culo del Se&ntilde;or a mi Se&ntilde;or: &quot;Si&eacute;ntate a mi derecha, y har&eacute; de tus enemigos estrado de tus pies&quot;. Desde Si&oacute;n extender&aacute; el Se&ntilde;or el poder de tu cetro: &quot;somete en la batalla a tus enemigos&quot;&raquo; (<i>Sal<\/i> 110, 1-2); y, por &uacute;ltimo, &laquo;<i>yo mismo te engendr&eacute;, como roc&iacute;o, antes de la aurora&raquo;<\/i> (<i>Sal <\/i>110, 3). &iquest;Qu&eacute; puede significar esta met&aacute;fora po&eacute;tica? Le&iacute;da a la luz de la plena revelaci&oacute;n del Nuevo Testamento, habla de la generaci&oacute;n del Verbo, Hijo del eterno Padre. Este Hijo, en virtud del juramento de Dios mismo, se convirti&oacute; mediante su propio sacrificio en &laquo;sacerdote eterno&raquo;. Ofreci&oacute; el sacrificio como sacerdote; ofreci&oacute; el sacrificio de su Cuerpo y Sangre. Y, al mismo tiempo, dej&oacute; a la Iglesia el &uacute;nico e irrepetible sacrifico bajo las especies del pan y el vino, es decir, los mismos alimentos que, en tiempos de Abraham, ofrec&iacute;a en sacrificio Melquisedec.<\/p>\n<p><i>De ese modo, el sacrificio de Cristo, como Eucarist&iacute;a, se convierte en banquete: el banquete del Cordero. <\/i>Y la Iglesia, exhort&aacute;ndonos a participar en la Eucarist&iacute;a, nos invita a ese banquete. Lo hace todos los d&iacute;as y de modo particular hoy. Adem&aacute;s, tiene la conciencia, fundada en la fe, de que esta comida y esta bebida, que es la Eucarist&iacute;a, <i>nunca se agotar&aacute;n<\/i> y nunca faltar&aacute;n. Est&aacute;n <i>destinadas a todos,<\/i> como indica el pasaje del evangelio de hoy, tomado de san Lucas: &laquo;Comieron todos hasta saciarse&raquo; (<i>Lc<\/i> 9, 17).<\/p>\n<p>El d&iacute;a del <i>Corpus Christi<\/i> queremos agradecer <i>esta singular abundancia del don eucar&iacute;stico,<\/i> con el que el pueblo de Dios en toda la tierra se alimenta incesantemente.<\/p>\n<p>4. S&iacute;. En toda la tierra. Hoy, d&iacute;a del <i>Corpus Christi,<\/i> celebrando la liturgia y sobre todo realizando la procesi&oacute;n eucar&iacute;stica, nos sentimos unidos a cuantos la celebran, en las diversas partes del mundo, &laquo;desde la salida del sol hasta eI ocaso&raquo;. Es la Eucarist&iacute;a de Roma, pero al mismo tiempo la Eucarist&iacute;a de Italia y de las islas del Mediterr&aacute;neo; la Eucarist&iacute;a de tantas Iglesias en el continente europeo; la Eucarist&iacute;a de Am&eacute;rica del norte, del centro y del sur; la Eucarist&iacute;a de &Aacute;frica y de las innumerables comunidades que en ese continente han &#8216;acogido el mensaje del Evangelio; la Eucarist&iacute;a de las islas del oc&eacute;ano Atl&aacute;ntico, as&iacute; como del Indico y del Pac&iacute;fico; de las Iglesias de Asia y de Australia.<\/p>\n<p>Comencemos, pues, la procesi&oacute;n eucar&iacute;stica, que recorre las calles de Roma y, al mismo tiempo, <i>pronunciemos con fervor esta &uacute;nica palabra: Eucarist&iacute;a, Eucarist&iacute;a, Eucarist&iacute;a.<\/i> Ante los ojos del alma se hacen presentes las Iglesias esparcidas por todo el orbe de la tierra, del este al oeste, del sur al norte.<\/p>\n<p>Junto con nosotros, esas Iglesias <i>confiesan, celebran y reciben<\/i> la misma Eucarist&iacute;a. Con nosotros repiten las palabras del Ap&oacute;stol: &laquo;Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrecci&oacute;n. Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo;.<\/p>\n<p>Nuestra esperanza no quedar&aacute; defraudada. Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 199<\/font><font color=\"#663300\">5<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SOLEMNIDAD DE &laquo;CORPUS CHRISTI&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Jueves 15 de junio de 1995 1. &laquo;Cada vez que com&eacute;is este pan y beb&eacute;is este c&aacute;liz, anunci&aacute;is la muerte del Se&ntilde;or, hasta que venga&raquo; (1 Co 11, 26). 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