{"id":40030,"date":"2016-10-05T23:32:05","date_gmt":"2016-10-06T04:32:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-abril-de-1995-misa-crismal\/"},"modified":"2016-10-05T23:32:05","modified_gmt":"2016-10-06T04:32:05","slug":"13-de-abril-de-1995-misa-crismal","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/13-de-abril-de-1995-misa-crismal\/","title":{"rendered":"13 de abril de 1995, Misa Crismal"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> &nbsp; <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\">MISA CRISMAL<\/font><\/span><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <span lang=\"es\"> <font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL<\/font><\/i><\/b><\/font><font face=\"Times New Roman\"><b><i><font size=\"4\"><font color=\"#663300\">&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><br \/><\/font><\/i><\/b><br \/><i> <font color=\"#663300\">Jueves Santo<\/font><\/i><\/font><\/span><i><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> 13<\/font><\/i><font face=\"Times\" size=\"3\"><font face=\"Times New Roman\"><i><font color=\"#663300\"><span lang=\"es\"> de <\/span> abril<span lang=\"es\"> de 19<\/span><\/font><\/i><\/font><i><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">9<\/font><\/i><\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"><i>5<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\" dir=\"ltr\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times\" size=\"3\"> <span lang=\"es\">1. <i>&quot;Ave sanctum chrisma!&quot;<\/i>. <\/span> <\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Nos hallamos aqu&iacute; reunidos, queridos hermanos en el sacerdocio, para la liturgia de la ma&ntilde;ana del Jueves santo, que se suele celebrar solamente en las iglesias catedrales, cuando, en torno al pastor de la di&oacute;cesis, se congregan los sacerdotes que forman el presbiterio. El Jueves santo es la fiesta del sacerdocio, dado que Cristo instituy&oacute; este sacramento precisamente en este d&iacute;a, durante la &uacute;ltima cena. Yo celebrar&eacute; esta tarde la liturgia de la cena del Se&ntilde;or en la bas&iacute;lica de San Juan de Letr&aacute;n, iglesia catedral del obispo de Roma. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Ahora, en cambio, nos encontramos aqu&iacute; reunidos para anticipar, en cierto sentido, la liturgia vespertina y poner de relieve la realidad del sacerdocio de nuestro numeroso presbiterio, como sacramento de la comunidad eclesial romana. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">2. <i>&quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque &eacute;l me ha ungido&quot;<\/i> (<i>Is<\/i> 61, 1). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Tambi&eacute;n el pasaje evang&eacute;lico de hoy (cf. <i>Lc<\/i> 4, 1 8) recoge esas palabras del profeta Isa&iacute;as, que acabamos de escuchar en la primera lectura. Lucas recuerda el momento en que Jes&uacute;s, cuando ten&iacute;a ya treinta a&ntilde;os, acudi&oacute; un s&aacute;bado a la sinagoga y, de acuerdo con la tradici&oacute;n, se present&oacute; por primera vez ante la comunidad para leer la palabra de Dios. Le fue entregado el libro del profeta Isa&iacute;as. Al abrir el rollo, encontr&oacute; el pasaje donde estaba escrito: &quot;El Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or est&aacute; sobre m&iacute;, porque el Se&ntilde;or me ha ungido. Me ha enviado para dar la buena noticia a los pobres, para anunciar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista. Para dar libertad a los oprimidos; para anunciar el a&ntilde;o de gracia del Se&ntilde;or&quot; (Le 4, 18-19). Despu&eacute;s de haberlas le&iacute;do \u2014observa el evangelista\u2014, Jes&uacute;s devolvi&oacute; el rollo al ministro y se sent&oacute;. En la sinagoga todos los ojos estaban fijos en &eacute;l. Esperaban su comentario que, realmente, fue muy breve. Dijo: &quot;Esta Escritura, que acab&aacute;is de o&iacute;r, se ha cumplido hoy&quot; (Lc 4, 21). Las palabras de la Escritura se han cumplido, porque en medio de vosotros est&aacute; el ungido, el Mes&iacute;as, el que viene en virtud del Esp&iacute;ritu del Se&ntilde;or: el ungido y el enviado de Dios. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">3.<i>Ave sanctum chrisma!<\/i><\/span><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">En el d&iacute;a de la fiesta de nuestro sacerdocio recordamos la unci&oacute;n que recibimos en el momento de nuestra ordenaci&oacute;n sacerdotal. Ese d&iacute;a el obispo nos ungi&oacute; con &oacute;leo las palmas de las manos y, en la consagraci&oacute;n episcopal, la frente. La unci&oacute;n significa el poder del Esp&iacute;ritu Santo, que todo sacerdote recibe para celebrar la eucarist&iacute;a. El obispo recibe el poder del Esp&iacute;ritu Santo para presidir la Iglesia de Dios, para velar por la celebraci&oacute;n de la eucarist&iacute;a, para ense&ntilde;ar y consolar, para sanar en el sacramento de la reconciliaci&oacute;n, para edificar la Iglesia como comunidad de amor, en la que se anuncia y realiza la buena nueva mediante ese m&uacute;ltiple ministerio. As&iacute; pues, con raz&oacute;n, el salmo responsorial recuerda la consagraci&oacute;n de David con el &oacute;leo. David no fue sacerdote, sino profeta y rey. La tradici&oacute;n de la unci&oacute;n de los profetas y los reyes se hab&iacute;a consolidado en el Antiguo Testamento, y esa costumbre se mantuvo tambi&eacute;n, durante mucho tiempo, en la historia de las naciones cristianas con respecto a los reyes cristianos. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">En la liturgia de hoy Cristo se nos presenta en su triple unci&oacute;n de profeta, sacerdote y rey mesi&aacute;nico. Todos nosotros tenemos parte en su unci&oacute;n. Y, por eso, reverenciamos con fe profunda estos santos &oacute;leos, que servir&aacute;n para la unci&oacute;n de los catec&uacute;menos en el bautismo, de los bautizados con ocasi&oacute;n de la confirmaci&oacute;n, de los candidatos al sacerdocio y al episcopado en el momento de su ordenaci&oacute;n, y, por &uacute;ltimo, de los enfermos en su enfermedad. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\"><i>&quot;Ave sanctum oleum<\/i><\/span>!<span lang=\"es\"> Ave sanctum chrisma!&quot;<\/span><span lang=\"es\"><span lang=\"es\">. <\/span><\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">4. Nuestro saludo no se dirige tanto a los santos &oacute;leos, cuanto al ungido, a Cristo Se&ntilde;or. Sabemos que, mediante la unci&oacute;n, participamos del sacerdocio de Cristo, que en nosotros se prolonga en el sacerdocio ministerial. Y hoy, con la mirada fija en el divino Mes&iacute;as, deseamos renovar las promesas hechas al Se&ntilde;or el d&iacute;a de la ordenaci&oacute;n. Esas promesas deben afianzamos en el camino escogido por obra del Esp&iacute;ritu Santo; deben volver a encender en nosotros el deseo del servicio sacerdotal en favor de todo el pueblo de Dios, donde quiera que el Esp&iacute;ritu Santo nos env&iacute;e a desempe&ntilde;ar nuestro ministerio. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">Los fieles reunidos en esta bas&iacute;lica esperan la renovaci&oacute;n de nuestras promesas. Despu&eacute;s de la bendici&oacute;n del crisma y de los santos &oacute;leos, desean llevarlos a sus parroquias, para que sirvan a la celebraci&oacute;n de los santos sacramentos. Mientras nos escuchan renovar las promesas formuladas en el sacramento del orden, nuestros hermanos y hermanas en la fe oran por nosotros, los sacerdotes, para que seamos fieles a la vocaci&oacute;n que recibimos de Cristo para el bien de la Iglesia. <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">5. Sobre este tel&oacute;n de fondo cobra particular elocuencia la segunda lectura, tomada del Apocalipsis de san Juan. El Ap&oacute;stol se dirige a nosotros y a toda la Iglesia: &quot;Gracia y paz a vosotros (&#8230;) de parte de Jesucristo, el testigo fiel, el primog&eacute;nito de entre los muertos, el pr&iacute;ncipe de los reyes de la tierra&quot; (<i>Ap<\/i> 1, 4-5). San Juan primero saluda a Cristo, el testigo fiel de los misterios de la divinidad; luego, se dirige a &eacute;l en la perspectiva del <i>misterium altum<\/i>, que estamos celebrando. Habla a Cristo, que nos ama y nos ha librado de nuestros pecados mediante su sangre; habla a Cristo, que ha hecho de nosotros un reino y sacerdotes para Dios, su Padre; habla a ese Cristo que ya est&aacute; en la gloria del Padre, pero que se encuentra siempre presente en la historia de la Iglesia y de la humanidad, llevando en s&iacute; las heridas de la crucifixi&oacute;n: &quot;Todo ojo le ver&aacute;, hasta los que le traspasaron, y por &eacute;l har&aacute;n duelo todas las razas de la tierra&quot; (<i>Ap<\/i> 1, 7). Las palabras de san Juan nos introducen as&iacute; en los acontecimientos del Viernes santo, acontecimientos que ser&aacute;n superados inmediatamente por la luz de la resurrecci&oacute;n. En efecto, en la resurrecci&oacute;n Cristo se manifestar&aacute; como el Hijo de la misma sustancia que el Padre, el primero y el &uacute;ltimo, el primog&eacute;nito de toda la creaci&oacute;n. El dir&aacute;: &quot; Yo soy el alfa y la omega; aquel que es, que era y que va a venir; el Todopoderoso&quot; (cf. <i>Ap<\/i> 1, 8). <\/span> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><span lang=\"es\">&quot;Alabanza a ti, oh Cristo, rey de eterna gloria&quot;. Am&eacute;n. <\/span> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>&nbsp; MISA CRISMAL HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Jueves Santo 13 de abril de 1995 &nbsp; 1. &quot;Ave sanctum chrisma!&quot;. 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