{"id":40031,"date":"2016-10-05T23:32:06","date_gmt":"2016-10-06T04:32:06","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-1995-domingo-de-ramos-celebracion-diocesana-de-la-x-jornada-mundial-de-la-juventud\/"},"modified":"2016-10-05T23:32:06","modified_gmt":"2016-10-06T04:32:06","slug":"9-de-abril-de-1995-domingo-de-ramos-celebracion-diocesana-de-la-x-jornada-mundial-de-la-juventud","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/9-de-abril-de-1995-domingo-de-ramos-celebracion-diocesana-de-la-x-jornada-mundial-de-la-juventud\/","title":{"rendered":"9 de abril de 1995, Domingo de Ramos &#8211; Celebraci\u00f3n diocesana de la X Jornada mundial de la juventud"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">X JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/> <\/font><\/b><br \/>Domingo de Ramos, 9 de abril de 1995 <\/font><\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;<i>&iexcl;Bendito el rey que viene en nombre del Se&ntilde;or!<\/i>&raquo; (<i>Lc<\/i> 19, 38). <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">1. Hoy, domingo de pasi&oacute;n o de Ramos, deseamos saludarte, Se&ntilde;or Jesucristo, <i>como peregrino<\/i>. Llegas a Jerusal&eacute;n para la tiesta de Pascua, acompa&ntilde;ado por muchos otros peregrinos. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">En el Antiguo Testamento, Israel conserv&oacute; siempre grabada en su memoria <i>la peregrinaci&oacute;n a trav&eacute;s del desierto<\/i>, bajo la gu&iacute;a de Mois&eacute;s. Fue una experiencia constitutiva para Israel, el pueblo al que Dios sac&oacute; de la esclavitud de Egipto al servicio del Se&ntilde;or (cf. <i>Dt<\/i> 26, 1-11). Mois&eacute;s hizo salir a su pueblo a trav&eacute;s del mar Rojo y, a lo largo de un camino que dur&oacute; cuarenta a&ntilde;os, lo gui&eacute; hasta la tierra prometida. Despu&eacute;s, cuando los israelitas se establecieron en la patria que Dios les hab&iacute;a asignado, el recuerdo de la peregrinaci&oacute;n por el desierto se convirti&oacute; en <i>parte viva y din&aacute;mica de su culto<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">Los jud&iacute;os sol&iacute;an ir en peregrinaci&oacute;n a Jerusal&eacute;n en diversas ocasiones, pero, sobre todo, para la fiesta de Pascua. Tambi&eacute;n Jes&uacute;s acudi&oacute; all&iacute; como peregrino algunos d&iacute;as antes de la Pascua: <i>peregrino del domingo de Ramos<\/i>. Y nosotros, reunidos aqu&iacute;, en la plaza de San Pedro, lo saludamos como al peregrino sant&iacute;simo, que da un sentido definitivo a nuestro peregrinar. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">2. <i>La primera peregrinaci&oacute;n de Jes&uacute;s, cuando ten&iacute;a 12 a&ntilde;os<\/i>, de Nazaret a Jerusal&eacute;n, &iquest;no anunciaba ya ese cumplimiento? Por aquel entonces, habiendo llegado a la ciudad santa en compa&ntilde;&iacute;a de su madre y de Jos&eacute;, Jes&uacute;s se sinti&oacute; llamado a detenerse en el templo para &laquo;escuchar y preguntar&raquo; (cf. <i>Lc<\/i> 2, 46) a los doctores acerca de las cosas de Dios. Esa primera peregrinaci&oacute;n lo implic&oacute; profundamente en la misi&oacute;n que marcar&iacute;a toda su vida. Por eso, no ha de extra&ntilde;arnos el hecho de que, cuando Mar&iacute;a y Jos&eacute; lo encontraron en el templo, respondiera de modo significativo al reproche que le dirigi&oacute; su madre: &laquo;&iquest;No sab&iacute;ais que yo deb&iacute;a ocuparme de las cosas de mi Padre?&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 49). <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">Durante los a&ntilde;os que siguieron a ese acontecimiento misterioso, Jes&uacute;s, primero cuando era adolescente y luego siendo ya hombre maduro, subi&oacute; muchas veces a Jerusal&eacute;n como peregrino. Hasta que, el d&iacute;a que hoy celebramos, acudi&oacute; all&iacute; por &uacute;ltima vez. Por esa raz&oacute;n, la peregrinaci&oacute;n del domingo de Ramos fue <i>una peregrinaci&oacute;n mesi&aacute;nica<\/i> en sentido pleno, en la que se cumplieron los or&aacute;culos de los profetas, en particular el de Zacar&iacute;as, que anunciaba la entrada del Mes&iacute;as en Jerusal&eacute;n, montado en una cr&iacute;a de asna (cf. <i>Za<\/i> 9, 9) y rodeado por la multitud que lo aclamaba, por haber reconocido en &eacute;l al enviado del Se&ntilde;or. Precisamente por eso, en el camino que Jes&uacute;s estaba recorriendo, los disc&iacute;pulos y la gente extend&iacute;an sus mantos, arrojaban palmas y ramos de olivo, y lo saludaban, cantando con entusiasmo palabras de fe y esperanza: &laquo;<i>&iexcl;Bendito el rey que viene en nombre del Se&ntilde;or!<\/i>&raquo; (<i>Lc<\/i> 19, 38). <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">Eso sucedi&oacute; antes de la fiesta de Pascua. Pocos d&iacute;as despu&eacute;s, las aclamaciones de j&uacute;bilo, que hab&iacute;an acompa&ntilde;ado la entrada de Cristo peregrino a la ciudad santa, se transformar&iacute;an en un grito rabioso: &laquo;&iexcl;Crucif&iacute;cale, crucif&iacute;cale!&raquo; (<i>Lc<\/i> 23, 21). <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">3. Acabamos de escuchar el relato de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or seg&uacute;n san Lucas. Sabemos que hoy Jes&uacute;s de Nazaret sube a Jerusal&eacute;n <i>por &uacute;ltima vez<\/i>. Tambi&eacute;n por eso lo saludamos, de modo particular, como peregrino. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;Es un peregrino extraordinario, &uacute;nico!<\/i> Su peregrinaci&oacute;n no se mide con categor&iacute;as geogr&aacute;ficas. &Eacute;l mismo habla de ella con su lenguaje misterioso: &laquo;S<i>al&iacute; del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre<\/i>&raquo; (<i>Jn<\/i> 16, 28). &iexcl;Esta es la justa dimensi&oacute;n de su peregrinaci&oacute;n! Y la Semana santa, que comenzamos hoy, revela toda la &laquo;anchura y la longitud, la altura y la profundidad&raquo; (Ef 3, 18) de la peregrinaci&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">Sube a Jerusal&eacute;n para que se cumplan en &eacute;l todas las profec&iacute;as. Sube para humillarse y hacerse obediente hasta la muerte, y muerte de cruz, y para experimentar, despu&eacute;s de haberse despojado completamente de s&iacute; mismo, la exaltaci&oacute;n por parte de Dios (cf. <i>Flp<\/i> 2, 8-9). <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">En todo el a&ntilde;o lit&uacute;rgico s&oacute;lo a esta semana se la llama, con raz&oacute;n, santa: encierra la realizaci&oacute;n del misterio de Cristo, <i>peregrino sant&iacute;simo, &laquo;unido, en cierto modo, con todo hombre&raquo;<\/i> (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 22), peregrino que camina en nuestra historia. En efecto, &iquest;se puede decir algo m&aacute;s iluminador que esto acerca del sentido del peregrinar del hombre?: &laquo;Sal&iacute; del Padre y he venido al mundo. Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre&raquo;. &iquest;No est&aacute; precisamente en Cristo <i>la dimensi&oacute;n plena y definitiva de toda peregrinaci&oacute;n humana?<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">4. Por esta raz&oacute;n, desde hace diez a&ntilde;os, el domingo de Ramos se ha convertido en el punto de referencia central de la grande y articulada peregrinaci&oacute;n de los j&oacute;venes cristianos en todo el mundo. Existen importantes motivos para que la Iglesia considere este domingo como la &laquo;Jornada de los j&oacute;venes&raquo;. Fueron los j&oacute;venes quienes corrieron al encuentro de Jes&uacute;s cuando se dirig&iacute;a a Jerusal&eacute;n para la fiesta de Pascua. Fueron ellos los que extendieron sus mantos y ramos en medio de la calle y le cantaron: &laquo;&iexcl;Hosanna al Hijo de David! &iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!&raquo; (<i>Mt<\/i> 21, 9). <\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">Los j&oacute;venes manifestaron as&iacute; el entusiasmo de su descubrimiento juvenil, descubrimiento que, de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n, siguen experimentando hasta hoy: Jes&uacute;s es &laquo;el camino, la verdad y la vida&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 6). Es &eacute;l quien da el sentido definitivo a la peregrinaci&oacute;n terrena del hombre. En efecto, dice: Sal&iacute; del Padre y he venido al mundo, y con estas palabras indica el comienzo de ese itinerario. Luego a&ntilde;ade: Ahora dejo otra vez el mundo y voy al Padre, mostrando de esta forma la meta de nuestro camino siguiendo sus pasos. <\/p>\n<p align=\"left\">5. &Eacute;ste es el motivo, oh Cristo, peregrino sant&iacute;simo de la historia de los hombres, por el que los j&oacute;venes dirigen su mirada hacia a ti, que eres el camino, la verdad y la vida. Al final del segundo milenio cristiano, han emprendido <i>una gran peregrinaci&oacute;n<\/i> que, bajo el signo de la cruz itinerante, los conduce por los senderos de la civilizaci&oacute;n del amor. Es un peregrinaje que se articula en m&uacute;ltiples niveles: parroquial, diocesano, nacional, continental y mundial. Hoy, en la plaza de San Pedro, est&aacute;n sobre todo los j&oacute;venes de la di&oacute;cesis de Roma. Amad&iacute;simos j&oacute;venes, os saludo a todos y, junto con vosotros, saludo a los j&oacute;venes de todo el mundo, que en tantos rincones de la tierra, en comuni&oacute;n con nosotros, celebran la Jornada mundial de los j&oacute;venes.<\/p>\n<p align=\"left\">Contempl&aacute;ndoos a vosotros, no puedo menos de evocar la experiencia extraordinaria del encuentro mundial de la juventud que se celebr&oacute; hace tres meses en <i>Manila<\/i>, Filipinas. Nuestra mirada se dirige tambi&eacute;n a la <i>peregrinaci&oacute;n de la juventud europea a Loreto<\/i>, programada para el pr&oacute;ximo mes de septiembre; y, m&aacute;s all&aacute; todav&iacute;a, nos espera la celebraci&oacute;n de la <i>XII Jornada mundial, en Par&iacute;s<\/i>, en 1997.<\/p>\n<p align=\"left\">Te saludamos, oh Cristo, Hijo del Dios vivo, que te hiciste hombre y, como hombre, caminas con nosotros en peregrinaci&oacute;n a trav&eacute;s de la historia. <i>Te saludamos, Peregrino divino<\/i>, por los caminos del mundo. Delante de ti extendemos palmas y ramos de olivo, como los hijos y las hijas de Israel hicieron un d&iacute;a en Jerusal&eacute;n. Movidos por un mismo impulso de fe y esperanza, tambi&eacute;n nosotros exclamamos: <i>&laquo;&iexcl;Gloria a ti, rey de los siglos!&raquo;<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 199<\/font><font color=\"#663300\">5<\/font><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\" color=\"#663300\"> &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>X JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Domingo de Ramos, 9 de abril de 1995 &nbsp; &laquo;&iexcl;Bendito el rey que viene en nombre del Se&ntilde;or!&raquo; (Lc 19, 38). 1. Hoy, domingo de pasi&oacute;n o de Ramos, deseamos saludarte, Se&ntilde;or Jesucristo, como peregrino. 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