{"id":40032,"date":"2016-10-05T23:32:14","date_gmt":"2016-10-06T04:32:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-filipinas-celebracion-internacional-de-la-x-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-rizal-park-de-manila-15-de-enero-de-1995\/"},"modified":"2016-10-05T23:32:14","modified_gmt":"2016-10-06T04:32:14","slug":"viaje-apostolico-a-filipinas-celebracion-internacional-de-la-x-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-rizal-park-de-manila-15-de-enero-de-1995","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-filipinas-celebracion-internacional-de-la-x-jornada-mundial-de-la-juventud-en-el-rizal-park-de-manila-15-de-enero-de-1995\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Filipinas: Celebraci\u00f3n internacional de la X Jornada mundial de la juventud en el \u00abRizal Park\u00bb de Manila (15 de enero de 1995)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">X JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL &laquo;RIZAL PARK&raquo; DE MANILA<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Domingo 15 de enero de 1995<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amados hermanos y hermanas en Cristo: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. Estamos celebrando la misa del Santo Ni&ntilde;o de Ceb&uacute;, el ni&ntilde;o Jes&uacute;s, cuyo nacimiento en Bel&eacute;n la Iglesia acaba de conmemorar en Navidad. <i>Bel&eacute;n<\/i> significa <i>el comienzo en la tierra de la misi&oacute;n que el Hijo recibi&oacute; del Padre<\/i>, la misi&oacute;n que est&aacute; en el centro de nuestras reflexiones durante esta X Jornada mundial de la juventud. En la liturgia de hoy encontramos un magn&iacute;fico comentario al tema de la Jornada mundial de la juventud: &laquo;<i>Como el Padre me envi&oacute;, tambi&eacute;n yo os env&iacute;o<\/i>&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\">Isa&iacute;as dice: &laquo;Porque un ni&ntilde;o nos ha nacido, un hijo se nos ha dado. Estar&aacute; el se&ntilde;or&iacute;o sobre su hombro&raquo; (<i>Is<\/i> 9, 5). Ese Ni&ntilde;o ha venido del Padre como Pr&iacute;ncipe de la paz, y su venida ha tra&iacute;do al mundo la luz (cf. <i>Jn<\/i> 1, 5). El profeta prosigue: &laquo;El pueblo que andaba a oscuras vio una luz grande. Una luz brill&oacute; sobre los que viv&iacute;an en tierra de sombras. Acrecentaste el regocijo, hiciste grande la alegr&iacute;a&raquo; (<i>Is<\/i> 9, 1-2). El feliz acontecimiento que el profeta anunci&oacute; tuvo lugar en Bel&eacute;n: la Navidad. Los cristianos la celebran con gran alegr&iacute;a en todas partes: en Roma, en Filipinas, en todos los pa&iacute;ses de Asia y en el resto del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">Amados hermanos y hermanas de La Iglesia en Filipinas; queridos j&oacute;venes de la X Jornada mundial de la juventud, todos aqu&iacute; reunidos de diversos pueblos, lenguas, culturas, continentes e Iglesias locales: &iquest;Hay una alegr&iacute;a m&aacute;s profunda que nuestra alegr&iacute;a com&uacute;n? <i>La fuente m&aacute;s profunda de nuestra alegr&iacute;a es el hecho de que el Padre ha enviado a su Hijo para salvar el mundo<\/i>. El Hijo toma sobre s&iacute; el peso de los pecados de la humanidad y, de este modo, nos redime y nos gu&iacute;a por el sendero que lleva a la uni&oacute;n con la sant&iacute;sima Trinidad, con Dios. Esta es la fuente m&aacute;s profunda de nuestra alegr&iacute;a, de la alegr&iacute;a de todos nosotros, y tambi&eacute;n de mi alegr&iacute;a. Es mi alegr&iacute;a y vuestra alegr&iacute;a.<\/p>\n<p align=\"left\">2. Cuando repetimos, en el salmo responsorial: &laquo;<i>Aqu&iacute; estoy, Se&ntilde;or, env&iacute;ame<\/i>&raquo;, escuchamos un eco lejano de lo que el Hijo eterno dijo al Padre al venir al mundo: &laquo;&iexcl;He aqu&iacute; que vengo a hacer, oh Dios, tu voluntad!&raquo; (<i>Hb<\/i> 10, 7). &laquo;Aqu&iacute; estoy, Padre, env&iacute;ame&raquo;. Cristo vino a cumplir la voluntad del Padre. El Padre tanto am&oacute; al mundo que dio a su Hijo &uacute;nico para la salvaci&oacute;n de los hombres (cf. <i>Jn<\/i> 3, 16). A su vez, el Hijo tanto am&oacute; al Padre que hizo suyo el amor del Padre a la humanidad pecadora y necesitada. En este <i>di&aacute;logo<\/i> eterno <i>entre el Padre y el Hijo<\/i>, el Hijo se mostr&oacute; dispuesto a venir al mundo para obtener, mediante su pasi&oacute;n y muerte, la redenci&oacute;n de la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">El evangelio de hoy es un comentario sobre c&oacute;mo viv&iacute;a Jes&uacute;s esa misi&oacute;n mesi&aacute;nica. Nos muestra que, cuando Jes&uacute;s ten&iacute;a doce a&ntilde;os \u2014vosotros ten&eacute;is m&aacute;s edad que &eacute;l\u2014, ya era consciente de su destino. Cansada por la larga b&uacute;squeda de su Hijo, Mar&iacute;a le dijo: &laquo;Hijo, &iquest;por qu&eacute; nos has hecho esto? Mira, tu padre y yo, angustiados, te and&aacute;bamos buscando&raquo;. Y &eacute;l respondi&oacute;: &laquo;Y &iquest;por qu&eacute; me buscabais? <i>&iquest;No sab&iacute;ais que yo debo ocuparme de las cosas de mi Padre?<\/i>&raquo; (<i>Lc<\/i> 2, 4 8.49). Esa conciencia se ahondaba y crec&iacute;a en Jes&uacute;s con el paso de los a&ntilde;os, hasta que se manifest&oacute; con toda su fuerza cuando comenz&oacute; su predicaci&oacute;n p&uacute;blica. <i>El poder del Padre que actuaba en &eacute;l<\/i> se fue revelando poco a poco en sus palabras y sus obras. Y se revel&oacute; de modo definitivo cuando se entreg&oacute; completamente al Padre en la cruz. En Getseman&iacute;, la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n, Jes&uacute;s renov&oacute; su obediencia: &laquo;Padre, si quieres, aparta de m&iacute; esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya&raquo; (<i>Lc<\/i> 22, 42). Permaneci&oacute; fiel a lo que hab&iacute;a dicho cuando ten&iacute;a doce a&ntilde;os: &laquo;<i>Debo ocuparme de las cosas de mi Padre. Debo hacer su voluntad<\/i>&raquo;. Vosotros ten&eacute;is m&aacute;s de doce a&ntilde;os y pod&eacute;is comprenderlo mejor. Y vuestros cantos muestran que lo est&aacute;is comprendiendo mejor.<\/p>\n<p align=\"left\">3. &laquo;<i>Aqu&iacute; estoy, Se&ntilde;or, env&iacute;ame<\/i>&raquo;. Aqu&iacute; estoy, en Filipinas, y en cualquier parte. Con la mirada fija en Cristo, repetimos este vers&iacute;culo del salmo responsorial como <i>respuesta de la X Jornada mundial de la juventud<\/i> a lo que el Se&ntilde;or dijo a los Ap&oacute;stoles y que ahora dice a todos: &laquo;<i>Como el Padre me envi&oacute;, tambi&eacute;n yo os env&iacute;o<\/i>&raquo; (<i>Jn<\/i> 20, 21), dirigi&eacute;ndose a los Ap&oacute;stoles y a vosotros, pues estas palabras de Cristo, no s&oacute;lo se han convertido en <i>el tema<\/i>, sino tambi&eacute;n en <i>la fuerza que impulsa<\/i> esta magn&iacute;fica reuni&oacute;n en Manila. Despu&eacute;s de la meditaci&oacute;n y la vigilia de anoche, este sacrificio eucar&iacute;stico <i>consagra<\/i> nuestra respuesta al Se&ntilde;or: en uni&oacute;n con &eacute;l, en uni&oacute;n eucar&iacute;stica con &eacute;l, <i>todos juntos respondemos: &laquo;Env&iacute;ame&raquo;<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Qu&eacute; significa esto? Significa que <i>estamos dispuestos a hacer la parte que nos corresponde en la misi&oacute;n del Se&ntilde;or. Todo cristiano participa en la misi&oacute;n de Cristo<\/i> de modo &uacute;nico y personal. Los obispos, los sacerdotes y los di&aacute;conos participan en la misi&oacute;n de Cristo a trav&eacute;s del ministerio ordenado. Los religiosos y las religiosas participan en ella mediante el amor esponsal que se manifiesta en el esp&iacute;ritu de los consejos evang&eacute;licos de castidad, pobreza y obediencia. Los seglares cristianos participan en la misi&oacute;n de Cristo: los padres y las madres de familia, los ancianos, los j&oacute;venes y los ni&ntilde;os; las personas sencillas y las cultas; los campesinos, los obreros, los ingenieros, los t&eacute;cnicos, los m&eacute;dicos, las enfermeras y el personal sanitario. La misi&oacute;n de Cristo la comparten tambi&eacute;n los profesores, los abogados y los pol&iacute;ticos. Los escritores, las personas que trabajan en el teatro, en el cine y en los medios de comunicaci&oacute;n social, los artistas, los m&uacute;sicos, los escultores y los pintores. Todos tienen parte en esa misi&oacute;n mesi&aacute;nica de Jesucristo: la tienen tambi&eacute;n los profesores universitarios, los cient&iacute;ficos, los especialistas en cualquier campo, y las personas del mundo de la cultura. En la misi&oacute;n de Cristo una parte pertenece a vosotros, ciudadanos de Filipinas y pueblos de Extremo Oriente: chinos, japoneses, coreanos, vietnamitas, indios; cristianos de Australia, Nueva Zelanda y el Pac&iacute;fico; cristianos de Oriente Medio, de Europa, de &Aacute;frica y de Am&eacute;rica. Todo bautizado tiene una parte en la misi&oacute;n mesi&aacute;nica de Jesucristo, <i>en la Iglesia y por la Iglesia<\/i>. Y esta participaci&oacute;n en la misi&oacute;n de la Iglesia constituye a la Iglesia. La Iglesia es una participaci&oacute;n viva en la misi&oacute;n de Cristo. &iquest;Comprend&eacute;is todos esto?<\/p>\n<p align=\"left\">4. En el IV centenario de su independencia eclesi&aacute;stica y de la fundaci&oacute;n de la propia estructura jer&aacute;rquica, <i>la Iglesia en Filipinas est&aacute; llamada a una profunda renovaci&oacute;n. El segundo Concilio plenario filipino<\/i>, que se celebr&oacute; en 1991, marc&oacute; ya las pautas de esa renovaci&oacute;n. Ese s&iacute;nodo impuls&oacute; a la comunidad cat&oacute;lica filipina a <i>mirar m&aacute;s plenamente a Cristo<\/i> y encontrar en &eacute;l su modelo e inspiraci&oacute;n. El S&iacute;nodo exhort&oacute; a los seglares a <i>desempe&ntilde;ar un papel m&aacute;s completo en el servicio de la Iglesia a la familia humana, que eleva y libera<\/i>. El <i>Documento<\/i> final afirma: &laquo;Todos los fieles laicos est&aacute;n llamados a sanar y transformar la sociedad, a fin de preparar el orden temporal para el establecimiento final del reino de Dios&raquo; (n. 435). Esto vale para vosotros, los j&oacute;venes de Filipinas. Y vale tambi&eacute;n para todos nosotros: si una parte est&aacute; haciendo algo en el &aacute;mbito de la Iglesia, toda la Iglesia participa. Vale tambi&eacute;n para nosotros, para m&iacute;, Obispo de Roma, para los obispos europeos, para los obispos africanos, para los obispos americanos y para la gran peregrinaci&oacute;n de j&oacute;venes de los dem&aacute;s pa&iacute;ses y continentes. Vale para nosotros. No es un asunto privado de la Iglesia filipina. Es algo que nos ata&ntilde;e a todos. Todos estamos implicados en lo que est&aacute; haciendo una parte de la Iglesia, una Iglesia local. <i>Res nostra agitur<\/i>. &iquest;Entend&eacute;is el lat&iacute;n?<\/p>\n<p align=\"left\">5. En este compromiso de todo el pueblo de Dios, <i>&iquest;cu&aacute;l es el papel de los j&oacute;venes para proseguir la misi&oacute;n mesi&aacute;nica de Cristo?<\/i> &iquest;Cual es vuestra parte, vuestro papel? Hemos meditado ya en esto durante la Jornada mundial de la juventud y sobre todo anoche en la vigilia. Alguien podr&iacute;a decir: <i>Han bailado, han cantado, pero han meditado<\/i>. Ha sido una meditaci&oacute;n creativa sobre el mandato recibido de Cristo. La meditaci&oacute;n puede hacerse tambi&eacute;n danzando y cantando, con la diversi&oacute;n. Y la de ayer fue muy agradable. Al final, despu&eacute;s de esa meditaci&oacute;n, pude dormir. Ahora, despu&eacute;s de haber dormido, quisiera a&ntilde;adir un desaf&iacute;o y un llamamiento espec&iacute;fico, que implica la soluci&oacute;n de un conflicto que ha originado inmensa frustraci&oacute;n y sufrimiento en muchas familias de todo el mundo. Los padres y los ancianos a menudo sienten que <i>han perdido el contacto con vosotros<\/i>, y se inquietan, como se angustiaron Mar&iacute;a y Jos&eacute; al darse cuenta de que Jes&uacute;s se hab&iacute;a quedado en Jerusal&eacute;n. Muchos padres de edad avanzada se sienten abandonados por nuestra culpa. &iquest;Es verdad o no? No deber&iacute;a ser verdad. Deber&iacute;a suceder lo contrario. Pero a veces es verdad. Unas veces vosotros sois muy cr&iacute;ticos con respecto al mundo de los adultos \u2014yo tambi&eacute;n era como vosotros\u2014 y, otras, ellos son muy cr&iacute;ticos con respecto a vosotros. Esto tambi&eacute;n es verdad; no es nada nuevo, y a menudo esas cr&iacute;ticas tienen fundamento. Pero recordad siempre que deb&eacute;is a vuestros padres la vida y la educaci&oacute;n. Recordad la deuda que ten&eacute;is hacia vuestros padres. El cuarto mandamiento expresa de modo conciso los deberes de justicia hacia ellos (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/catechism_sp\/index_sp.html\">Catecismo de la Iglesia cat&oacute;lica<\/a><\/i>, n. 2.215). En la mayor parte de los casos se han encargado de vuestra formaci&oacute;n a costa de sacrificio personal. Gracias a ellos hab&eacute;is sido introducidos en la herencia cultural y social de vuestra comunidad y de vuestro pa&iacute;s, vuestra patria. Hablando en general, vuestros padres han sido vuestros primeros maestros en la fe. Los padres, por tanto, tienen derecho a esperar de sus hijos e hijas los frutos maduros de sus esfuerzos, de la misma manera que los hijos y los j&oacute;venes tienen derecho a esperar de sus padres el amor y la solicitud que los lleven a un sano desarrollo. Todo eso lo pide el cuarto mandamiento, que es muy rico. Os sugiero que lo medit&eacute;is. Os pido que <i>construy&aacute;is puentes de di&aacute;logo y comunicaci&oacute;n con vuestros padres<\/i>. Nada de espl&eacute;ndido aislamiento. &iexcl;Comunicaci&oacute;n! &iexcl;Amor! Ejerced un influjo positivo en la sociedad, ayud&aacute;ndola a derribar las barreras que se han levantado entre las generaciones. Nada de barreras. Comuni&oacute;n entre generaciones, entre padres e hijos. Comuni&oacute;n. En esta atm&oacute;sfera, Jes&uacute;s puede decir: <i>Yo os env&iacute;o<\/i>. Todo comienza en la propia familia, cuando Jes&uacute;s dice por primera vez: <i>Yo os env&iacute;o<\/i>. Y a los padres les dice: <i>Yo env&iacute;o a vuestro hijo. Yo env&iacute;o a vuestra hija. Les digo: seguidme<\/i>. Todo esto exige el ambiente adecuado, una imagen completa de la vida social en Filipinas y en todas partes. Tambi&eacute;n en este ambiente espiritual tiene lugar nuestro env&iacute;o. <i>Como el Padre me envi&oacute;<\/i> \u2014dice Cristo\u2014, <i>tambi&eacute;n yo os env&iacute;o<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;Por qu&eacute; tantos j&oacute;venes piensan que son libres por haber rechazado toda prohibici&oacute;n y todo principio de responsabilidad? &iquest;Por qu&eacute; tantos piensan que ciertas maneras de actuar son licitas moralmente por el hecho de ser aceptadas socialmente? Abusan del hermoso don de la sexualidad; abusan de bebidas y drogas, pensando que ese comportamiento es correcto porque algunos sectores de la sociedad lo toleran. Abandonan las normas morales objetivas ante esas mismas presiones y por el influjo invasor de modas y tendencias promovidas por la publicidad de los medios de comunicaci&oacute;n. Millones de j&oacute;venes en todo el mundo est&aacute;n cayendo en formas de esclavitud moral sutiles pero reales. Vosotros comprend&eacute;is lo que quiere decir Jes&uacute;s cuando afirma: <i>Os env&iacute;o a afrontar esta situaci&oacute;n, entre vuestros hermanos y hermanas, entre los dem&aacute;s j&oacute;venes<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">6. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, construid vuestra vida seg&uacute;n <i>el &uacute;nico modelo que no os defraudar&aacute;<\/i>. Os invito a abrir el evangelio y a descubrir que Jesucristo quiere ser vuestro &laquo;amigo&raquo; (cf. <i>Jn<\/i> 15, 14). Quiere ser vuestro &laquo;compa&ntilde;ero&raquo; en cada etapa de la vida (cf. <i>Lc<\/i> 24, 13-35). Quiere ser el &laquo;camino&raquo;, vuestro sendero a trav&eacute;s de las angustias, las dudas, las esperanzas y los sue&ntilde;os de felicidad (cf. <i>Jn<\/i> 14, 6). El es la <i>verdad<\/i> que da sentido a vuestros esfuerzos y a vuestras luchas. Quiere daros la &laquo;vida&raquo;, como dio nueva vida al joven de Na&iacute;m (cf. <i>Lc<\/i> 7, 11-17) y dio un futuro completamente nuevo a Zaqueo, que hab&iacute;a muerto en su esp&iacute;ritu por la ambici&oacute;n y la avaricia (cf. <i>Lc<\/i> 19, 1-10). El es vuestra &laquo;resurrecci&oacute;n&raquo;, vuestra victoria sobre el pecado y la muerte, la realizaci&oacute;n de vuestro deseo de vivir para siempre (cf. <i>Jn<\/i> 11, 25). Por eso, &eacute;l ser&aacute; vuestra &laquo;alegr&iacute;a&raquo;, la &laquo;roca&raquo; sobre la que vuestra debilidad se transformar&aacute; en fuerza y optimismo. El es nuestra salvaci&oacute;n, nuestra esperanza, nuestra felicidad y nuestra paz. &iexcl;Cristo, Cristo, Cristo! Hablo sin sintetizar. Peor a&uacute;n, a&ntilde;ado algunas cosas.<\/p>\n<p align=\"left\">Cuando Cristo se convierta en todo esto para vosotros, el mundo y la Iglesia tendr&aacute;n motivos s&oacute;lidos para <i>esperar en el futuro<\/i>. Porque de vosotros depender&aacute; el tercer milenio, que a veces se nos presenta como una maravillosa &eacute;poca nueva para la humanidad, pero que despierta tambi&eacute;n muchos miedos y angustias. Os dice esto una persona que ha vivido durante gran parte del siglo XX que est&aacute; a punto de terminar. En este siglo han acaecido muchos sucesos tristes y destructivos, pero al mismo tiempo hemos vivido muchas cosas positivas que justifican nuestra esperanza y nuestro optimismo. El futuro depende de vuestra madurez. La Iglesia mira al futuro con confianza, cuando escucha de vuestros labios la misma respuesta que Jes&uacute;s dio a Mar&iacute;a y a Jos&eacute; cuando lo encontraron en el templo: &laquo;&iquest;No sab&iacute;ais que debo ocuparme de las cosas de mi Padre?&raquo; (Lc 2, 49). Dio la misma respuesta que vosotros. El era m&aacute;s joven; vosotros ten&eacute;is m&aacute;s edad.<\/p>\n<p align=\"left\">7. Queridos j&oacute;venes, la X Jornada mundial de la juventud est&aacute; a punto de concluir. Si aplaud&iacute;s, quiere decir que hay todav&iacute;a motivos para ser aplaudido. Es una buena se&ntilde;al de que est&aacute;is pensando, reflexionando. Y admiro vuestra reflexi&oacute;n. Admiro la gracia de nuestro Se&ntilde;or que est&aacute; en vuestra reflexi&oacute;n, y tambi&eacute;n en vuestro aplauso. Por eso, el Papa no s&oacute;lo hace un discurso. Est&aacute; entablando un di&aacute;logo. Habla y escucha; escucha, y vosotros habl&aacute;is. Y lo que dec&iacute;s es tal vez lo m&aacute;s importante. Pero vosotros habl&aacute;is aplaudiendo. Hoy ya llevamos mucho retraso. Pero esta Jornada no deber&iacute;a terminar. Deber&iacute;a continuar siempre. Es tiempo de comprometeros m&aacute;s plenamente en seguir a Cristo en el cumplimiento de su misi&oacute;n salv&iacute;fica. Toda forma de apostolado y todo tipo de servicio deben tener su fuente en Cristo. Cuando os dice: &laquo;<i>Como el Padre me envi&oacute;, tambi&eacute;n yo os env&iacute;o<\/i>&raquo; (<i>Jn<\/i> 20, 21), os hace tambi&eacute;n capaces de cumplir esta misi&oacute;n. En cierto sentido, <i>se comparte a s&iacute; mismo con vosotros<\/i>. Es lo mismo que dice san Pablo: <i>Dios nos ha elegido en Cristo<\/i> antes de la creaci&oacute;n del mundo, para ser santos e inmaculados en su presencia, para estar llenos de amor; as&iacute; mismo nos ha elegido de antemano para ser sus hijos adoptivos por medio de Jesucristo (cf. <i>Ef<\/i> 1, 4-5). Precisamente en virtud de <i>la gracia de ser hijos adoptivos de Dios podemos cumplir la misi&oacute;n que nos ha confiado Cristo<\/i>. Debemos salir del Luneta Park con <i>una mayor conciencia de este hecho extraordinario<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre&raquo; (<i>Hb<\/i> 13, 8). Si acept&aacute;is su causa y la misi&oacute;n que os conf&iacute;a, toda la familia humana y la Iglesia en el mundo entero podr&aacute;n mirar al tercer milenio con esperanza y confianza. Queridos j&oacute;venes de Filipinas, de Asia, de Extremo Oriente y del mundo entero, <i>sed signo de esperanza <\/i>para la Iglesia, para vuestros pa&iacute;ses y para toda la humanidad. Sois un signo de esperanza. Que vuestra luz se difunda desde Manila hasta los rincones m&aacute;s alejados del mundo, como la &laquo;<i>gran luz<\/i>&raquo; que brill&oacute; en la noche en Bel&eacute;n. <i>Sed hijos e hijas de la luz<\/i>. Ayer dije: <i>Al comienzo, cada vez m&aacute;s puntos luminosos.<\/i> Y hoy, todo es luminoso. Muy hermoso; gente muy simp&aacute;tica, j&oacute;venes muy simp&aacute;ticos. Antes se hablaba espa&ntilde;ol en Filipinas.<\/p>\n<p align=\"left\">8. Querido pueblo de Dios que est&aacute;s en Filipinas: con el poder del Esp&iacute;ritu Santo, sigue renovando la faz de la tierra; ante todo tu mundo, tus familias, tus comunidades y la naci&oacute;n a la que perteneces y que amas; luego, el vasto territorio de Asia, con respecto al cual la Iglesia de Filipinas tiene una responsabilidad especial ante el Se&ntilde;or. Vosotros, los j&oacute;venes filipinos, ten&eacute;is una responsabilidad especial ante el Se&ntilde;or por lo que ata&ntilde;e a Asia. Y todos vosotros, no s&oacute;lo los filipinos, ten&eacute;is la misma responsabilidad ante el Se&ntilde;or y ante el resto del mundo, trabajando, por la fe, para la renovaci&oacute;n de toda la creaci&oacute;n de Dios (cf. <i>Actas y decretos del segundo concilio plenario filipino<\/i>, n. 7).<\/p>\n<p align=\"left\">Esta es vuestra responsabilidad, vuestra llamada, en todas partes: en Europa, en &Aacute;frica, en Am&eacute;rica del norte y del sur, en Australia. En todas partes.<\/p>\n<p align=\"left\">Dios, que comenz&oacute; esta obra en el pueblo filipino hace cuatrocientos a&ntilde;os, y en los otros hace muchos siglos, en unos m&aacute;s y en otros menos, la lleve a t&eacute;rmino en el d&iacute;a de nuestro Se&ntilde;or Jesucristo (cf. <i>Flp<\/i> 1, 6). Am&eacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>X JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL &laquo;RIZAL PARK&raquo; DE MANILA HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Domingo 15 de enero de 1995 &nbsp; Amados hermanos y hermanas en Cristo: 1. 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