{"id":40034,"date":"2016-10-05T23:32:47","date_gmt":"2016-10-06T04:32:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1996-te-deum\/"},"modified":"2016-10-05T23:32:47","modified_gmt":"2016-10-06T04:32:47","slug":"31-de-diciembre-de-1996-te-deum","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/31-de-diciembre-de-1996-te-deum\/","title":{"rendered":"31 de diciembre de 1996: Te Deum"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>DURANTE EL REZO DE LAS V&Iacute;SPERAS <\/font><\/b><\/p>\n<p> Iglesia de San Ignacio de Loyola, Roma<br \/>Martes 31 de diciembre de 1996<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">1.&nbsp;&laquo;<i>Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer <\/i>(&#8230;) <i>para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva<\/i>&raquo; (<i>Ga <\/i>4, 4-5). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Hemos llegado al final de un a&ntilde;o solar: dentro de algunas horas, el a&ntilde;o 1996 dejar&aacute; su sitio al a&ntilde;o nuevo, despu&eacute;s de haber alcanzado, por decirlo as&iacute;, su plenitud cronol&oacute;gica y la meta del camino comenzado hace 366 d&iacute;as. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">La expresi&oacute;n &laquo;plenitud de los tiempos &raquo; tiene una dimensi&oacute;n que podr&iacute;amos definir &laquo;hist&oacute;rica&raquo;, porque nos recuerda que el a&ntilde;o que est&aacute; llegando a su fin nos acerca a grandes pasos al <i> inicio del tercer milenio<\/i>. Sin embargo, con esa expresi&oacute;n, que se encuentra en la carta a los G&aacute;latas, san Pablo desea evocar una dimensi&oacute;n m&aacute;s profunda que se refiere <i>a todo lo que se realiz&oacute; en la cueva de Bel&eacute;n<\/i>: &laquo;envi&oacute; Dios&raquo; al mundo &laquo;a su Hijo, nacido de mujer&raquo; (<i>Ga <\/i>4, 4). En estas palabras revive el acontecimiento misterioso de la Noche santa: el unig&eacute;nito y eterno Hijo de Dios &laquo;por obra del Esp&iacute;ritu Santo, se encarn&oacute; de Mar&iacute;a, la Virgen, y se hizo hombre&raquo; (<i>S&iacute;mbolo niceno-constantinopolitano<\/i>). Entr&oacute; en la historia de los hombres y, en cierto sentido, la super&oacute;. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">En efecto, &iquest;de qu&eacute; otra manera puede definirse la entrada de Dios en la historia sino como superaci&oacute;n de la historia misma? Cuando Dios se hizo hombre, el tiempo, en su sucesi&oacute;n de a&ntilde;os, de siglos y de milenios, es introducido en la dimensi&oacute;n de la eternidad divina: al venir al mundo, mediante su Hijo unig&eacute;nito, Dios quiso unir entre s&iacute; las dimensiones del tiempo y de la eternidad. Refiri&eacute;ndose a esto, la liturgia de hoy nos impulsa a tomar conciencia de una perspectiva nueva: con la encarnaci&oacute;n del Verbo el tiempo del hombre est&aacute; llamado a participar en la eternidad de Dios. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">2.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo sucede todo ello? La respuesta a esta pregunta nos la da la lectura de la liturgia de V&iacute;speras que estamos celebrando: &laquo;envi&oacute; Dios a su Hijo&raquo; al mundo, &laquo;nacido de mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que se hallaban bajo la ley, y para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&raquo; (<i>Ga <\/i>4, 4-5). El Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros para que nosotros, acogi&eacute;ndolo, recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">El ap&oacute;stol Juan, en el pr&oacute;logo de su evangelio, proclama con asombro: &laquo;El Verbo se hizo carne y puso su morada entre nosotros (&#8230;). A todos los que lo acogieron les dio poder de llegar a ser hijos de Dios&raquo; (<i>Jn <\/i>1, 14.12). El Hijo unig&eacute;nito, de la misma naturaleza del Padre, viene al mundo para que, mediante la gracia santificante, sean regenerados todos los hombres llamados al gran privilegio de ser, por adopci&oacute;n divina, &laquo;filii in Filio&raquo;, hijos en el Hijo. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">3.&nbsp;La Iglesia proclama esta verdad sobre la plenitud de los tiempos y quiere hacerlo hoy de un modo completamente singular. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Como Obispo de Roma y Sucesor del ap&oacute;stol Pedro, cuya misi&oacute;n consiste en anunciar el Evangelio <i>Urbi et orbi<\/i>, esta tarde tengo razones especiales para alabar a Dios por la &laquo;plenitud de los tiempos &raquo; y por la salvaci&oacute;n, que se realiza en el mundo mediante el ministerio eclesial. Tengo singulares motivos para dar gracias al Se&ntilde;or por lo que nuestra comunidad eclesial, coraz&oacute;n de la Iglesia universal, lleva a cabo especialmente al servicio de la ciudad de Roma, pues ha sido enviada en primer lugar a los ciudadanos romanos, como en otro tiempo fueron enviados a ellos los ap&oacute;stoles Pedro y Pablo. Han pasado, desde entonces, cerca de dos mil a&ntilde;os y en el arco de estos dos milenios el mandato encomendado a la Iglesia de Roma ha producido innumerables frutos. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Esta tarde, en este magn&iacute;fico templo situado en el centro de Roma, en nuestra acci&oacute;n de gracias queremos mencionar todos los beneficios que Dios nos ha concedido mediante el ministerio apost&oacute;lico tanto en la Iglesia universal como en nuestra ciudad. Deseo dar gracias al Se&ntilde;or, de manera especial, por los resultados obtenidos en el a&ntilde;o que est&aacute; a punto de terminar, durante el cual, al acercarse la conclusi&oacute;n del segundo milenio, hemos comenzado la preparaci&oacute;n pr&oacute;xima al gran jubileo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">4. Conservo vivo en mi memoria el magn&iacute;fico espect&aacute;culo de la pasada Vigilia de Pentecost&eacute;s. En aquella ocasi&oacute;n la Iglesia que est&aacute; en Roma, en sus diversos componentes \u2014obispos, sacerdotes, familias religiosas y fieles laicos, en representaci&oacute;n de todo el pueblo de Dios\u2014 dio inicio de forma solemne a la preparaci&oacute;n inmediata para el A&ntilde;o santo con el comienzo de la <i>gran Misi&oacute;n ciudadana<\/i>. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Mi pensamiento va, tambi&eacute;n, a las parroquias y a las comunidades que han vivido en este a&ntilde;o la gracia de la visita pastoral: San Antonio de Padua en la circunvalaci&oacute;n Appia; San Cleto, San Julio, San Vicente Pallotti, Santa Mar&iacute;a &laquo;Causa nostrae laetitiae&raquo;, Santa Bibiana, Beato Josemar&iacute;a Escriv&aacute;, Santa Magdalena de Canossa, en la primera parte del a&ntilde;o; y recientemente, San Jer&oacute;nimo Emiliani y Nuestra Se&ntilde;ora de Valme. El n&uacute;mero de las parroquias visitadas hasta hoy se eleva as&iacute; a 251; esperan a&uacute;n 77. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Por todos estos acontecimientos y por el servicio prestado a la Iglesia de Roma, doy las gracias al cardenal vicario y a vosotros, queridos hermanos obispos auxiliares, as&iacute; como a los p&aacute;rrocos, a los vicarios parroquiales y a los sacerdotes que trabajan en nuestra ciudad. Doy tambi&eacute;n las gracias a los religiosos y a las religiosas, al igual que a los laicos comprometidos en las diversas actividades apost&oacute;licas, y a todos dirijo un cordial y fraterno saludo. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Deseo expresar, asimismo, mi gratitud a todos los fieles de la di&oacute;cesis de Roma. &iexcl;Gracias a vosotros, hermanos y hermanas! &iexcl;Gracias, familias romanas, &laquo;iglesias dom&eacute;sticas &raquo; (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, 11), primeras y fundamentales c&eacute;lulas de la sociedad! &iexcl;Gracias, miembros de las numerosas comunidades, asociaciones y movimientos comprometidos en la animaci&oacute;n de la vida cristiana de nuestra ciudad! <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Saludo con vivos sentimientos de gratitud al padre Peter-Hans Kolvenbach, prep&oacute;sito general de la Compa&ntilde;&iacute;a de Jes&uacute;s, y a los padres jesuitas que trabajan en esta iglesia. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Un saludo cordial tambi&eacute;n a las autoridades civiles presentes y, de modo especial, al alcalde de Roma, a quien agradezco el regalo del c&aacute;liz que, siguiendo una hermosa tradici&oacute;n, se renueva cada a&ntilde;o. Espero de coraz&oacute;n que todos sigan contribuyendo a dar a la ciudad un rostro m&aacute;s acorde con los valores de fe, de cultura y de civilizaci&oacute;n que brotan de su vocaci&oacute;n y de su historia milenaria, tambi&eacute;n con vistas al gran jubileo del a&ntilde;o 2000. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">5.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, con la inspiraci&oacute;n y el aliento que nos dan las palabras del ap&oacute;stol Pablo a los G&aacute;latas recogidas en esta liturgia de V&iacute;speras, pong&aacute;monos todos juntos al servicio de la &uacute;nica causa de la Redenci&oacute;n: dado que Dios envi&oacute; a su Hijo unig&eacute;nito para que pudi&eacute;ramos obtener la filiaci&oacute;n adoptiva (cf. <i>Ga <\/i>4, 5), no podemos tener una misi&oacute;n m&aacute;s grande que la de estar totalmente al servicio del proyecto divino. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&laquo;Proclama mi alma la grandeza del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 46). Que este c&aacute;ntico, que brot&oacute; del coraz&oacute;n de Mar&iacute;a con ocasi&oacute;n de su visita a santa Isabel, se transforme hoy en expresi&oacute;n de nuestra acci&oacute;n de gracias. La Iglesia lo repite diariamente, acord&aacute;ndose de todos los beneficios de los que se siente colmada. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&laquo;Se alegra mi esp&iacute;ritu en Dios, mi Salvador, porque ha mirado la humillaci&oacute;n de su esclava&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 47). As&iacute; canta, con Mar&iacute;a, la Iglesia que est&aacute; en Roma, redescubriendo a diario, por una parte, su fragilidad y, por otra, las maravillas que Dios realiza en ella. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&laquo;Desde ahora me felicitar&aacute;n todas las generaciones, porque el Poderoso ha hecho obras grandes por m&iacute;: su nombre es santo, y su misericordia llega a sus fieles de generaci&oacute;n en generaci&oacute;n&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 48-50). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Estamos aqu&iacute; para anunciar las misericordias realizadas por el Se&ntilde;or en el arco del a&ntilde;o que est&aacute; a punto de terminar. Estamos aqu&iacute; para prepararnos con el alma llena de gratitud a cruzar, a medianoche, el umbral del a&ntilde;o 1997. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"><i>Te Deum laudamus<\/i>&#8230; <br \/>Te alabamos, oh Dios; <br \/>te proclamamos Se&ntilde;or. <br \/>Oh Padre eterno, <br \/>toda la tierra te adora&#8230; <br \/>Ten piedad de nosotros, <br \/>Se&ntilde;or; ten piedad de nosotros. <br \/>T&uacute; eres nuestra esperanza. <br \/>No quedaremos nunca defraudados. <br \/> Am&eacute;n. <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp;<font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1996 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE EL REZO DE LAS V&Iacute;SPERAS Iglesia de San Ignacio de Loyola, RomaMartes 31 de diciembre de 1996 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Al llegar la plenitud de los tiempos, envi&oacute; Dios a su Hijo, nacido de mujer (&#8230;) para que recibi&eacute;ramos la filiaci&oacute;n adoptiva&raquo; (Ga 4, 4-5). 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