{"id":40037,"date":"2016-10-05T23:33:05","date_gmt":"2016-10-06T04:33:05","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-in-venezuela-11-de-febrero-de-1996-santa-misa-por-la-evangelizacion-de-los-pueblos-en-caracas\/"},"modified":"2016-10-05T23:33:05","modified_gmt":"2016-10-06T04:33:05","slug":"viaje-apostolico-in-venezuela-11-de-febrero-de-1996-santa-misa-por-la-evangelizacion-de-los-pueblos-en-caracas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-in-venezuela-11-de-febrero-de-1996-santa-misa-por-la-evangelizacion-de-los-pueblos-en-caracas\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico in Venezuela: 11 de febrero de 1996, Santa Misa por la evangelizaci\u00f3n de los pueblos en Caracas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A GUATEMALA, <br \/> NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA POR LA EVANGELIZACI&Oacute;N DE LOS PUEBLOS<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i> Aeropuerto La Carlota de Caracas<br \/>Domingo 11 de febrero de 1996<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; los env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo&raquo; (<i>Jn <\/i>17, 18).<\/p>\n<p align=\"left\"><i>Amados hermanos en el episcopado, <br \/>queridos hijos e hijas de Venezuela: <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1. Celebramos esta Santa Misa en el marco del trienio de preparaci&oacute;n al V Centenario de la llegada de la fe cristiana a Venezuela, lo cual nos invita a renovar el <i>compromiso por la Nueva Evangelizaci&oacute;n <\/i>que, siendo nueva en su ardor, en sus m&eacute;todos y en su expresi&oacute;n, conserva la fuerza de su contenido originario: <i>Dios ama al hombre y <\/i>se ha manifestado en Cristo, Verbo Encarnado y Salvador. Cada persona, acogiendo a Cristo como Redentor, recibe la filiaci&oacute;n y<br \/> la vida divinas. La Iglesia obedece al mandato de Jesucristo y al anunciarlo contin&uacute;a en el mundo su misma misi&oacute;n, llevando a cabo de ese modo una tarea en la que est&aacute; comprometida toda la comunidad cristiana.<\/p>\n<p align=\"left\">Me complace dirigir un reverente saludo al Se&ntilde;or Presidente de la Rep&uacute;blica y a las Autoridades que lo acompa&ntilde;an. Agradezco a Monse&ntilde;or Ignacio Velasco Garc&iacute;a las palabras que me ha dirigido, a las que correspondo, reconocido, con afecto. Saludo, asimismo, a todos mis hermanos en el Episcopado que participan en la Santa Misa, as&iacute; como a los sacerdotes, religiosos y religiosas. Os saludo a vosotros, queridos fieles, que hab&eacute;is venido tan numerosos. S&eacute; que muchos han pasado la noche en vigilia, en este lugar, prepar&aacute;ndose as&iacute; para esta celebraci&oacute;n. A todos los abrazo de coraz&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Esta misi&oacute;n, que la Iglesia ha de realizar, conservar&aacute; toda su vigencia hasta el final de los tiempos. &laquo;Es el primer servicio que la Iglesia puede prestar a cada hombre y a la humanidad entera en el mundo actual&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a>,<\/i> 2). Se trata de un anuncio que tiene por objeto a Cristo, crucificado, muerto y resucitado, que libera del mal y del pecado (<i>Ib<\/i>., 44), transformando as&iacute; desde dentro la misma humanidad (<i><a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\">Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 18). El anuncio de Cristo, en todo tiempo y lugar, es el primer paso necesario para construir el Reino de Dios en medio de cada pueblo y de cada cultura. <\/p>\n<p align=\"left\">2. El texto de <i>Ezequiel <\/i>que hemos escuchado nos muestra la <i>transformaci&oacute;n interior que realiza la evangelizaci&oacute;n. <\/i>Transmitiendo las palabras inspiradas por Dios, escribe el Profeta: &laquo;Os reunir&eacute; de entre los pueblos, <i>os recoger&eacute; de los pa&iacute;ses en los que estabais dispersos y os <\/i> dar&eacute; la tierra de Israel&raquo; (<i>Ez<\/i> 11, 17). Y a&ntilde;ade: &laquo;Les dar&eacute; un coraz&oacute;n &iacute;ntegro e infundir&eacute; en ellos un esp&iacute;ritu nuevo&raquo; (<i>Ib<\/i>., 11, 19). &iquest;Qu&eacute; quiere decir un <i> coraz&oacute;n &iacute;ntegro? <\/i>Significa la <i>superaci&oacute;n de la idolatr&iacute;a y <\/i>la adhesi&oacute;n al &uacute;nico Dios verdadero. &Eacute;ste es un tema fundamental en el Antiguo Testamento. Y contin&uacute;a Ezequiel: &laquo;Les arrancar&eacute; el coraz&oacute;n de piedra y les dar&eacute; un coraz&oacute;n de carne, para que sigan mis leyes y pongan por obra mis mandatos; ser&aacute;n mi pueblo y yo ser&eacute; su Dios&raquo; (<i>Ib<\/i>., 11, 19-20).<\/p>\n<p align=\"left\">Aunque el texto de Ezequiel haya sido escrito en un determinado contexto hist&oacute;rico, refiri&eacute;ndose al retorno del exilio de Babilonia y anunciando la liberaci&oacute;n de la esclavitud y el reencuentro de Israel como pueblo de Dios, sin embargo para nosotros tiene un significado muy directo con el tema de la evangelizaci&oacute;n. En efecto, <i>la misi&oacute;n evangelizadora <\/i> lleva al hombre <i>a superar las idolatr&iacute;as concretas y <\/i>a formar parte plenamente del pueblo elegido de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">La <i>renuncia a los &iacute;dolos <\/i>significa aceptar <i>a Dios como centro de la propia vida, <\/i>cambiando el coraz&oacute;n y haci&eacute;ndolo m&aacute;s humano. &Iacute;dolos de hoy son, entre otros, el materialismo y el ego&iacute;smo con sus secuelas de sensualismo y hedonismo, la violencia y la corrupci&oacute;n. La Iglesia transmite a todos la fuerza del Evangelio, que es capaz de transformar las relaciones humanas, de modo que &laquo;los hombres aprenden a amarse, a perdonarse y a servirse mutuamente&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a>,<\/i> 15). <\/p>\n<p align=\"left\">Para la tan deseada <i>renovaci&oacute;n de la sociedad venezolana y <\/i>la superaci&oacute;n de las crisis y dificultades, es necesario que las personas, los hogares y los diversos sectores de la Naci&oacute;n participen de la fuerza del Evangelio. De ese modo se favorecer&aacute; el ambiente propicio para la vivencia de los valores humanos y evang&eacute;licos como son la fraternidad, la solidaridad, la justicia y la verdad, tanto en cada uno de los miembros de la sociedad como en la sociedad misma. <\/p>\n<p align=\"left\">3. En la segunda lectura, tomada del <i>Apocalipsis de san Juan, <\/i>el Ap&oacute;stol tiene la visi&oacute;n de &laquo;un cielo nuevo y una tierra nueva&raquo; (<i>Ap<\/i> 21, 1). &Eacute;l ve la Ciudad Santa, la nueva Jerusal&eacute;n, que desciende del cielo y que est&aacute; &laquo;arreglada como una novia que se adorna para su esposo&raquo; (Ib., 21, 2). De ese modo, el autor sagrado relaciona tres temas: <i>la renovaci&oacute;n, la esposa y la Ciudad Santa. <\/i>Entonces Juan oye una voz que proviene del trono de Dios: &laquo;&Eacute;sta es la morada de Dios con los hombres: acampar&aacute; entre ellos. Ellos ser&aacute;n su pueblo y Dios estar&aacute; con ellos. Enjugar&aacute; las l&aacute;grimas de sus ojos. Ya no habr&aacute; muerte, ni luto, ni llanto ni dolor. Porque el primer mundo ha pasado&raquo; (Ib., 21, 3-4). Aquel que est&aacute; sentado en el trono lo confirma con su palabra: &laquo;Ahora hago el universo nuevo. Yo soy el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin. Los sedientos beber&aacute;n de balde de la fuente de agua viva&#8230; Yo ser&eacute; su Dios y &eacute;l ser&aacute; mi hijo&raquo; (<i>Ib<\/i>., 21, 5-7). <\/p>\n<p align=\"left\">Se puede decir que el <i>Apocalipsis abre la dimensi&oacute;n escatol&oacute;gica de la evangelizaci&oacute;n de las naciones. <\/i>Por medio de la evangelizaci&oacute;n los hombres y los pueblos entran en la Ciudad Santa, en la nueva Jerusal&eacute;n, que desde Dios ha bajado a la tierra junto con Cristo y que, continuamente, se hace presente mediante la <i>acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo. <\/i> Gracias a esta acci&oacute;n surge la Iglesia, y en ella, como en su casa, Dios vive con los hombres, se entretiene con ellos como el Padre con su Hijo. Los hombres participan de la filiaci&oacute;n de Cristo, el Hijo unig&eacute;nito de Dios, y permanecen en esta casa que &Eacute;l mismo ha construido con su sacrificio pascual. <\/p>\n<p align=\"left\">4. En la llamada &laquo; oraci&oacute;n sacerdotal &raquo;, que forma parte del discurso de despedida en el Cen&aacute;culo, y que hemos escuchado en el Evangelio de hoy, Jes&uacute;s dice al Padre: &laquo;<i>Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; los env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo. <\/i>Y por ellos me consagro yo, para que tambi&eacute;n se consagren ellos en la verdad &#8230; Cons&aacute;gralos en la verdad; tu palabra es verdad&raquo; (<i>Jn<\/i> 17, 18-19). <i> Este texto tiene un car&aacute;cter misionero, <\/i>y el momento en que Jes&uacute;s lo pronuncia, la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n, le confiere una elocuencia particular. En esa ocasi&oacute;n el Se&ntilde;or Jes&uacute;s ora al Padre para que conserve a los disc&iacute;pulos en el momento de la prueba que tienen delante. Esta prueba es la pasi&oacute;n, a la cual seguir&aacute; aquella otra que es su marcha de esta tierra en la Ascensi&oacute;n. En cierto modo, los Ap&oacute;stoles ser&aacute;n dejados a sus propias fuerzas, aunque cuenten con el gran patrimonio recibido de Jes&uacute;s: &laquo;Yo les he dado tu palabra&raquo; (<i>Ib.<\/i>, 17, 14). Con esta palabra Cristo les descubre que el Reino de Dios no es de este mundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Acogiendo esta palabra y anunci&aacute;ndola a los otros, tambi&eacute;n los Ap&oacute;stoles manifiestan que no son de este mundo, como su Maestro no es de es-te mundo. Su tarea es dif&iacute;cil. <i>El mundo los odiar&aacute; <\/i>porque no son del mundo. Los odiar&aacute; por el mismo motivo que ha odiado a Cristo. Para que pudieran cumplir la misi&oacute;n que les hab&iacute;a sido confiada, ten&iacute;an necesidad de una fuerza que viniera de Dios: &eacute;sta es la &laquo;<i>consagraci&oacute;n en la verdad&raquo; <\/i> (cf. <i>Jn<\/i> 17, 17).<i> <\/i> Como los Ap&oacute;stoles, los misioneros de todos los tiempos y en todos los lugares de la tierra tienen tambi&eacute;n necesidad de esa &laquo;consagraci&oacute;n en la verdad&raquo;, <i>&nbsp;fuerza santificadora del Esp&iacute;ritu, <\/i>para llevar a cabo la evangelizaci&oacute;n de las naciones. <\/p>\n<p align=\"left\">5. Como se&ntilde;al&eacute; en la apertura de la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, &laquo;condici&oacute;n indispensable para la Nueva Evangelizaci&oacute;n es <i>poder contar con evangelizadores numerosos y cualificados<\/i>&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/speeches\/1992\/october\/documents\/hf_jp-ii_spe_19921012_iv-conferencia-latinoamerica.html\">Discurso inaugural de la IV Conferencia general del episcopado latinoamericano<\/a><\/i>, 12 de octubre de 1992). &Eacute;stos, bajo la gu&iacute;a del Esp&iacute;ritu Santo, que es el verdadero protagonista de la misi&oacute;n, <i>y en comuni&oacute;n con toda la Iglesia, <\/i> contribuyen al crecimiento del Reino de Dios, hacen brillar la luz del Evangelio y proclaman a tiempo y a destiempo (cf <i>2 Tm <\/i>4, 2) la Palabra de la Vida. <\/p>\n<p align=\"left\">En estos &uacute;ltimos cinco siglos, Venezuela ha recibido la presencia de muchos misioneros que, con su palabra y su testimonio, han hecho de la Naci&oacute;n una tierra de profundas ra&iacute;ces cristianas. Fruto de esa acci&oacute;n son los numerosos cristianos que en esos casi 500 a&ntilde;os han vivido su fe y su confianza en Dios con un amor entra&ntilde;able a la Iglesia. El a&ntilde;o pasado tuve la dicha, compartida con todos vosotros, de beatificar a la <i>Madre Mar&iacute;a de San Jos&eacute;. <\/i>Ella es un claro ejemplo de &laquo;los <i>innumerables testimonios de santidad <\/i>de hombres y mujeres, cl&eacute;rigos y laicos, a lo largo de los cinco siglos de Evangelizaci&oacute;n de esa noble tierra&raquo;. Su vida &laquo;<i>interpela a todos los miembros de la sociedad venezolana. <\/i>A los j&oacute;venes se presenta como modelo de generosidad, a los adultos como ejemplo de confianza en Dios y de ayuda a los necesitados. La nueva Beata es, para la <i>mujer venezolana, <\/i>un llamado a desarrollar con verdadera entrega su misi&oacute;n espec&iacute;fica en la Iglesia y en la sociedad civil&raquo; (<i>Discurso&nbsp; a los fieles que participaron en la beatificaci&oacute;n de la madre Mar&iacute;a de San Jos&eacute;<\/i>, 8 de mayo de 1995).<\/p>\n<p align=\"left\">Con la mirada puesta en el futuro, la Iglesia en Venezuela ha de esforzarse en <i>preparar aut&eacute;nticos ap&oacute;stoles en todos los campos, <\/i>lo cual exige tanto una intensa pastoral vocacional como una verdadera promoci&oacute;n del laicado, de forma que &eacute;ste, asumiendo el propio compromiso bautismal, sea verdadero fermento de la sociedad. Pero, por encima de todo, se ha de presentar el ideal de la santidad, que lleve a dar un decidido y aut&eacute;ntico testimonio de vida en Cristo, pues &laquo; el hombre contempor&aacute;neo cree m&aacute;s a los testigos que a los maestros; cree m&aacute;s en la experiencia que en la doctrina; en la vida y los hechos que en las teor&iacute;as &raquo; (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_07121990_redemptoris-missio.html\">Redemptoris missio<\/a>, <\/i> 42). <\/p>\n<p align=\"left\">6. Queridos venezolanos: los <i>evangelizadores, <\/i>con el testimonio de su vida, con su amor abierto a todos y de modo preferencial a los pobres, con su acci&oacute;n misionera, con su peregrinaci&oacute;n hacia la Nueva Jerusal&eacute;n, van contribuyendo a que en la sociedad terrena se haga m&aacute;s presente el Reino de Dios. &Eacute;sa es la vocaci&oacute;n a la que hemos sido llamados. La Iglesia en Venezuela, heredera de cinco siglos de evangelizaci&oacute;n, tiene que <i>vivir el gozoso mensaje de Jesucristo y <\/i>transmitirlo, dentro y fuera de sus confines, al hombre actual y a las futuras generaciones. <\/p>\n<p align=\"left\">Que Mar&iacute;a, Madre de la Iglesia, a la que ayer veneramos con amor en su Santuario de Coromoto, nos ayude con su maternal intercesi&oacute;n para llevar adelante el plan de Dios a trav&eacute;s de la Nueva Evangelizaci&oacute;n. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Muchas gracias! <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A GUATEMALA, NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA SANTA MISA POR LA EVANGELIZACI&Oacute;N DE LOS PUEBLOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Aeropuerto La Carlota de CaracasDomingo 11 de febrero de 1996 &nbsp; &laquo;Como t&uacute; me enviaste al mundo, as&iacute; los env&iacute;o yo tambi&eacute;n al mundo&raquo; (Jn 17, 18). 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