{"id":40039,"date":"2016-10-05T23:33:08","date_gmt":"2016-10-06T04:33:08","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-el-salvador-8-de-febrero-de-1996-celebracion-eucaristica-en-san-salvador\/"},"modified":"2016-10-05T23:33:08","modified_gmt":"2016-10-06T04:33:08","slug":"viaje-apostolico-a-el-salvador-8-de-febrero-de-1996-celebracion-eucaristica-en-san-salvador","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-el-salvador-8-de-febrero-de-1996-celebracion-eucaristica-en-san-salvador\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a El Salvador: 8 de febrero de 1996, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en San Salvador"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A GUATEMALA, <br \/> NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA EXPLANADA &laquo;SIGLO XXI&raquo;<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i>San Salvador, jueves 8 de febrero de 1996<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">\n<p align=\"left\">&laquo;Que en sus d&iacute;as florezca la justicia y la paz abunde eternamente&raquo; (<i>Sal<\/i> 71 [70], 7)<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Queridos hermanos y hermanas, <br \/>hijos del Dios de la paz, <br \/>os saludo a todos en el nombre del Se&ntilde;or! <\/p>\n<p align=\"left\">1.Con inmenso gozo me encuentro de nuevo en medio de vosotros, como peregrino del Evangelio, para traeros el anuncio de <i>Cristo, el Salvador del mundo. <\/i>Este t&iacute;tulo divino de Jes&uacute;s, que nos habla de <i>perd&oacute;n, <\/i>de <i>redenci&oacute;n <\/i>y de <i>vida, <\/i>es el nombre de vuestra Naci&oacute;n y de su Capital; un nombre que os honra y os compromete a ser fieles al <i>Evangelio y <\/i>al <i>bautismo <\/i>con que hab&eacute;is sido consagrados y unidos a su Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras del Salmista son mi invocaci&oacute;n a Dios y mi deseo m&aacute;s ardiente para todos vosotros, en estos momentos en que celebramos el Sacrificio Eucar&iacute;stico, fuente del perd&oacute;n y de la paz: &laquo;<i>Que en sus d&iacute;as florezca la justicia y la paz abunde eternamente&raquo; <\/i>(<i>Sal<\/i> 71 [70], 7). Hoy puedo constatar que la semilla sembrada en momentos dif&iacute;ciles, fecundada por el sufrimiento y el esfuerzo de todo un pueblo, est&aacute; dando <i>frutos de reconciliaci&oacute;n y de justicia. <\/i>&Eacute;sta es la tarea de los cristianos, el compromiso de los hijos de la Iglesia: &laquo;<i>Los que procuran la paz est&aacute;n sembrando la paz y su fruto es la justicia&raquo;<\/i> (<i>St<\/i> 3, 18). Cada d&iacute;a hay que sembrar la semilla de la paz evang&eacute;lica, si queremos gozar siempre de los frutos de la justicia. <\/p>\n<p align=\"left\">Me complace saludar al Se&ntilde;or Presidente de la Rep&uacute;blica y a las Autoridades aqu&iacute; presentes. Agradezco a Monse&ntilde;or Fernando S&aacute;enz Lacalle, Arzobispo de San Salvador, las amables palabras con que ha querido acogerme. Con todo afecto saludo al Presidente y Miembros de la Conferencia Episcopal, as&iacute; como a los dem&aacute;s Obispos, a los sacerdotes, religiosos y religiosas, y a todos los fieles que os hab&eacute;is congregado para rezar con el Papa. Y saludo tambi&eacute;n a esta gran multitud que me ha recibido al pasar por las calles de la Capital, lo cual agradezco mucho. <\/p>\n<p align=\"left\">2. Pasados los a&ntilde;os m&aacute;s tristes de vuestra historia reciente, vale la pena preguntarnos con las palabras del ap&oacute;stol Santiago: &laquo;<i>&iquest;De d&oacute;nde proceden las guerras y las contiendas entre vosotros?<\/i>&raquo; (<i>Ib.<\/i> 4, 1). Tambi&eacute;n vosotros os hab&eacute;is preguntado alguna vez: &iquest;Qu&eacute; es lo que ha sucedido en esta tierra bendita, en esta naci&oacute;n cristiana de El Salvador? &iquest;Cu&aacute;l ha sido la causa y la ra&iacute;z de tantos males? <\/p>\n<p align=\"left\">Al ver tantos sufrimientos, no podemos excluir, como causa &uacute;ltima, <i>el pecado que est&aacute; en el coraz&oacute;n del hombre, <\/i>ni las responsabilidades personales y sociales de cuantos han contribuido a prolongar una situaci&oacute;n de conflictos y odios. Por eso hay que pedir todos juntos perd&oacute;n al Se&ntilde;or. Pero tambi&eacute;n es evidente que vuestra Naci&oacute;n forma parte de los pa&iacute;ses hermanos de Centroam&eacute;rica. <i>En esta &aacute;rea del Continente se ha librado en los &uacute;ltimos lustros una continua lucha, <\/i>de amplios intereses estrat&eacute;gicos, por hacer prevalecer, incluso con sistemas violentos, ideolog&iacute;as pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas opuestas, como el marxismo y el capitalismo desenfrenados, las cuales, siendo ajenas a vuestro car&aacute;cter y tradici&oacute;n de valores humanos y cristianos, han lacerado el tejido de vuestra sociedad y han desencadenado los horrores del odio y de la muerte. Son ideolog&iacute;as que en sus expresiones m&aacute;s radicales no respetan la persona, en la que est&aacute; inscrita la imagen del Creador, y llegan a veces a atentar violentamente contra el car&aacute;cter sagrado de la vida humana. <\/p>\n<p align=\"left\">Cu&aacute;ntos lutos y l&aacute;grimas, cu&aacute;ntas muertes violentas se hubieran evitado si, renunciando al ego&iacute;smo y sin ceder a dichas ideolog&iacute;as y sistemas, <i>se hubiera emprendido, por parte de todos, un camino de justicia, de fraternidad verdadera, de progreso social.<\/i> Si<i> <\/i>miramos hacia atr&aacute;s, es para implorar la misericordia divina sobre las v&iacute;ctimas de la guerra e invitar a todos, como lo han hecho vuestros Obispos con su Carta pastoral &laquo;<i>Reconciliaos con Dios&raquo;<\/i>, a proseguir en esa <i>actitud fundamental de reconciliaci&oacute;n, <\/i>fuente de perd&oacute;n y de solidaridad fraterna. Lo hacemos tambi&eacute;n para recordar a aquellos que han impulsado eficazmente el proceso de reconciliaci&oacute;n, incluso a costa del sacrificio de su vida.<\/p>\n<p align=\"left\">Con la ayuda del Se&ntilde;or, han pasado ya los a&ntilde;os aciagos y tristes que sembraron odio y destrucci&oacute;n y causaron heridas dolorosas, todav&iacute;a abiertas, en la convivencia social y en las familias. Este per&iacute;odo ha frenado el progreso de las poblaciones m&aacute;s pobres y marginadas en busca de una mayor integraci&oacute;n social y de prosperidad. Por otra parte, ha destruido muchos hogares, ha desplazado muchas poblaciones, ha sacrificado muchas vidas inocentes. Por eso, no puedo menos de clamar: <i>&iexcl;Nunca jam&aacute;s la guerra! Que la justicia verdadera haga fructificar siempre la paz. <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Gracias a Dios las circunstancias est&aacute;n cambiando. <i>Vuestra naci&oacute;n, <\/i>como la mayor parte de las naciones hermanas de Centroam&eacute;rica, superados en parte los contrastes entre esas ideolog&iacute;as opuestas, <i>goza ahora de un clima m&aacute;s propicio para la convivencia. <\/i>Es &eacute;ste el momento favorable para afianzar el proceso de paz. S&oacute;lo as&iacute; se podr&aacute; edificar una sociedad nueva con ese esp&iacute;ritu cristiano que, casi al l&iacute;mite de la utop&iacute;a humana pero con la certeza de que responde a la voluntad de Dios, llamamos la &laquo; <i>civilizaci&oacute;n del amor &raquo;. <\/i> &Eacute;sta podr&aacute; convertirse en realidad si <i>se desarrolla una apropiada pedagog&iacute;a del perd&oacute;n, <\/i>muy necesaria, ya que han sido tan fuertes los contrastes y tan demoledores sus efectos. <\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente porque <i>el mal anida todav&iacute;a en muchos corazones <\/i>y el pecado es la causa &uacute;ltima del desorden personal y social, de todos los ego&iacute;smos y opresiones, de las violencias y venganzas, es necesario que los cristianos se comprometan a fomentar la tarea de educaci&oacute;n a la paz mediante la pr&aacute;ctica del perd&oacute;n y as&iacute; se hagan dignos de la bienaventuranza de Jes&uacute;s: &laquo;<i>Bienaventurados los que trabajan por la paz, por-que ellos ser&aacute;n llamados hijos de Dios&raquo;<\/i> (<i>Mt<\/i> 5, 9). <\/p>\n<p align=\"left\">Las palabras del Evangelio que hemos escuchado son exigentes, fuera de la l&oacute;gica humana, pero capaces de hacer realidad esa revoluci&oacute;n del amor que empieza por abrir el coraz&oacute;n al perd&oacute;n y a la misericordia: &laquo;<i>Hab&eacute;is o&iacute;do que se os dijo: Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo y aborrecer&aacute;s a tu enemigo. Yo, en cambio, os digo: Amad a vuestros enemigos, haced bien a los que os aborrecen y rezad por los que os persiguen y calumnian&#8230; <\/i> &raquo; (Ib. 5, 43-44).<\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras nos invitan a la conversi&oacute;n. Si se percibe una cierta contraposici&oacute;n entre lo que nos propone el Evangelio y nuestros sentimientos es porque estas palabras vienen del cielo y no de la tierra. Las proclama Cristo, que las ha cumplido perfectamente con su ejemplo y que nos ha concedido el don de su Esp&iacute;ritu para poder amar a nuestros enemigos, hacer bien a los que nos aborrecen, rezar por los que nos persiguen y calumnian. En realidad, Cristo mismo, con su ejemplo, con su muerte y resurrecci&oacute;n, es la medida del perd&oacute;n que recibimos de Dios para que tambi&eacute;n nosotros sepamos perdonar completamente. Es &Eacute;l quien nos anuncia la Paz en la ma&ntilde;ana de Pascua, para que la podamos compartir en un mundo renovado por el amor; nos llena de su Esp&iacute;ritu para que podamos amar a todos. <\/p>\n<p align=\"left\">El perd&oacute;n de los enemigos, como hicieron los m&aacute;rtires de todos los tiempos, es la prueba decisiva y la manifestaci&oacute;n fehaciente de la radicalidad del amor cristiano. Hemos de perdonar porque Dios nos perdona y nos ha renovado en Cristo. Si no perdonamos del todo, no podemos pretender ser perdonados. En cambio, si nuestros corazones se abren a la misericordia, s&iacute; se sella el perd&oacute;n con un abrazo fraterno y se estrechan los v&iacute;nculos de la comuni&oacute;n, estamos proclamando ante el mundo la fuerza sobrenatural de la redenci&oacute;n de Cristo. Como constructores de la paz, somos llamados hijos de Dios; somos <i>&laquo;hijos del Padre que est&aacute; en el cielo, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos&raquo; <\/i> (<i>Mt <\/i> 5, 45).<\/p>\n<p align=\"left\">5. De aqu&iacute; nace tambi&eacute;n la <i>sabidur&iacute;a de la paz. <\/i>Lo hemos escuchado en la exhortaci&oacute;n del ap&oacute;stol Santiago. Hay una sabidur&iacute;a del mundo que &eacute;l llama &laquo;terrena, animal y diab&oacute;lica&raquo; (<i>St<\/i> 3, 25). Es la que nace de instintos mundanos y provoca la divisi&oacute;n de los corazones, que viene siempre del maligno al servicio de intereses personales. Pero la sabidur&iacute;a que viene de lo alto es &laquo;<i>pura&#8230;, amante de la paz, comprensiva, d&oacute;cil, llena de misericordia y de buenas obras, constante, sincera&raquo;<\/i> (<i>Ib<\/i>. 3, 17). Es como si Dios os pusiera ante dos caminos para elegir el futuro de vuestra Naci&oacute;n: <i>el camino de la muerte o el camino de la vida; <\/i>una convivencia regida por la vana sabidur&iacute;a del mundo que destruye la concordia, o bien guiada por la sabidur&iacute;a que viene de lo alto y construye la civilizaci&oacute;n del amor. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Construid un futuro de esperanza con la sabidur&iacute;a de la paz! Dejad a los j&oacute;venes, a los ni&ntilde;os, a las familias salvadore&ntilde;as un futuro luminoso y pr&oacute;spero de solidaridad y de justicia. Volvamos juntos los ojos a Dios, Padre de todos, para que nos ense&ntilde;e el camino de la reconciliaci&oacute;n. Escuchemos la apremiante invitaci&oacute;n de Jes&uacute;s a ser perfectos y misericordiosos como es perfecto el Padre celestial.(cf.<i> Mt <\/i>5, 48<i>; Lc <\/i>6, 36).<\/p>\n<p align=\"left\">6. En este horizonte nuevo, que mira al futuro con esperanza, re-suena el mensaje de la Palabra de Dios que ha sido proclamada. &laquo;<i>El pueblo que caminaba en tinieblas vio una luz grande&#8230; Un ni&ntilde;o nos ha nacido, un hijo se nos ha dado&#8230; y es su nombre: Maravilla de Consejero&#8230; Pr&iacute;ncipe de la Paz&raquo; <\/i> (<i>Is <\/i>9, 15). Con estas palabras se anuncia cada a&ntilde;o, en la noche de Navidad, la paz a los hombres que ama el Se&ntilde;or (cf <i>Lc<\/i> 2, 14). Son tambi&eacute;n el mensaje del Sucesor de Pedro. Como a los pastores en la noche luminosa de Bel&eacute;n, os anuncio el gozo de la presencia de aquel que es nuestra Paz: &laquo;<i>Os ha nacido un Salvador, el Cristo Se&ntilde;or&raquo; <\/i>(<i>Ib.<\/i> 2, 11).<i> <\/i>Para construir la paz en la justicia, para edificar la fraternidad y la reconciliaci&oacute;n, el Redentor ha recorrido el camino opuesto a la violencia, a la soberbia, al ego&iacute;smo, a la l&oacute;gica del poder, escogiendo la pobreza y el servicio. Ha curado nuestras heridas con la medicina del amor y de la humildad, pues Cristo, el Salvador, es nuestra Paz. <\/p>\n<p align=\"left\">Al acercarnos a la celebraci&oacute;n del Gran Jubileo del a&ntilde;o 2000, el bimilenario del nacimiento de Jes&uacute;s, os aliento a ofrecerle el prop&oacute;sito de <i> construir juntos una era de paz en vuestra patria, <\/i>estableciendo con &Eacute;l una sociedad nueva, sostenida y consolidada &laquo;<i>con la justicia y el derecho&raquo; <\/i>(<i>Is.<\/i> 9, 6). <\/p>\n<p align=\"left\">Con esa intenci&oacute;n estamos celebrando la Eucarist&iacute;a. Queremos sellar con Dios, no con documentos ni simples palabras, sino con la sangre bendita de Cristo derramada en la cruz, una <i>alianza de amor y de paz <\/i>con &Eacute;l y entre nosotros; para renunciar al odio y a la violencia, para <i>emprender un camino nuevo de fraternidad y <\/i>de progreso social buscando el bien de todos los salvadore&ntilde;os. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Iglesia de El Salvador, hijos todos de esta naci&oacute;n! Pidamos por la intercesi&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, invocada por vosotros como Madre de Cristo y Reina de la Paz: <i>&iexcl;Se&ntilde;or, haz que florezca la justicia en esta tierra de El Salvador; haz que abunde en ella para siempre la paz! <\/i>(cf. <i>Sal <\/i>71 [70], 7) .<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<hr color=\"#C0C0C0\" width=\"50%\" size=\"1\" \/>\n<p align=\"left\"><i>Palabras del Papa al final de la Santa Misa<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos y Hermanas:<\/p>\n<p align=\"left\">Deseo renovar mi alegr&iacute;a por haber podido volver, despu&eacute;s de trece a&ntilde;os, a esta hermosa naci&oacute;n, y por haber encontrado una atm&oacute;sfera de paz. &iexcl;No la perd&aacute;is nunca! Os deseo un progreso espiritual y material que sea din&aacute;mico y que, en &eacute;l, cada uno encuentre su lugar para la construcci&oacute;n de la sociedad nueva y para realizarse como persona e hijo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Os agradezco esta presencia, esta hermosa celebraci&oacute;n, el testimonio de la fe, los cantos, las oraciones. <\/p>\n<p align=\"left\">Llevad el saludo del Papa a vuestras casas, a todas las personas que no han podido venir, sobre todo a los enfermos, los ancianos, los ni&ntilde;os. Llevadles mi saludo y mi bendici&oacute;n. Muchas gracias. Que Dios os bendiga.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A GUATEMALA, NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA EXPLANADA &laquo;SIGLO XXI&raquo; HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II San Salvador, jueves 8 de febrero de 1996 &laquo;Que en sus d&iacute;as florezca la justicia y la paz abunde eternamente&raquo; (Sal 71 [70], 7) &iexcl;Queridos hermanos y hermanas, hijos del Dios de &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-el-salvador-8-de-febrero-de-1996-celebracion-eucaristica-en-san-salvador\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a El Salvador: 8 de febrero de 1996, Celebraci\u00f3n eucar\u00edstica en San Salvador\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40039","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40039","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40039"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40039\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40039"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40039"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40039"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}