{"id":40041,"date":"2016-10-05T23:33:11","date_gmt":"2016-10-06T04:33:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-guatemala-6-de-febrero-de-1996-santa-misa-en-esquipulas\/"},"modified":"2016-10-05T23:33:11","modified_gmt":"2016-10-06T04:33:11","slug":"viaje-apostolico-a-guatemala-6-de-febrero-de-1996-santa-misa-en-esquipulas","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-guatemala-6-de-febrero-de-1996-santa-misa-en-esquipulas\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Guatemala: 6 de febrero de 1996: Santa Misa en Esquipulas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A GUATEMALA, <br \/> NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b><font color=\"#663300\">CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA EXPLANADA <br \/>&quot;VALLE DE MAR&Iacute;A&quot;<\/font><\/b><font color=\"#663300\"><b> DE ESQUIPULAS<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\">Martes 6 de febrero de 1996 <\/font> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;De veras este hombre era Hijo de Dios&raquo; (<i>Mc <\/i>15, 39)<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">En una ocasi&oacute;n, cerca de Cesarea de Filipo, Jes&uacute;s pregunt&oacute; a los Ap&oacute;stoles: &laquo;<i>&iquest;Qui&eacute;n dice la gente que es el Hijo del Hombre?<\/i>&raquo;(<i>Mt<\/i> 16, 13). Le dieron varias respuestas. Al final contest&oacute; Sim&oacute;n Pedro: &laquo; <i>T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&raquo; <\/i> (<i>ib. <\/i> 16,16).<i> <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">Como Obispo de Roma y Sucesor de San Pedro, me complace repetir las mismas palabras durante esta celebraci&oacute;n. Han pasado casi 2000 a&ntilde;os desde el momento en que Pedro las pronunci&oacute;. Cristo, el Hijo de Dios vivo hecho hombre, anunci&oacute; el Evangelio, y despu&eacute;s, por los pecados del mundo fue crucificado y, depositado en el sepulcro, resucit&oacute; al tercer d&iacute;a. Vuestro Santuario del Santo Cristo de Esquipulas est&aacute; dedicado a este misterio de la Redenci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">El Evangelio seg&uacute;n san Marcos, que hemos escuchado, nos recuerda <i>la agon&iacute;a de Cristo en la cruz. <\/i>Oigamos las emotivas palabras: &laquo; Elo&iacute;, Elo&iacute;, &iquest;lem&aacute; sabactan&iacute;?, que significan: &iexcl;Dios m&iacute;o, Dios m&iacute;o!, &iquest;por qu&eacute; me has abandonado?&#8230; Pero Jes&uacute;s, dando un fuerte grito, expir&oacute; &raquo; (Mc 15, 34.37). Y precisamente en ese momento, en el instante mismo de la muerte del Hijo del hombre, el centuri&oacute;n romano, es decir, un pagano, hizo una confesi&oacute;n de fe extraordinaria: &laquo;<i>De veras este hombre era Hijo de Dios<\/i>&raquo; (ib. 15, 39). El Evangelista a&ntilde;ade que el centuri&oacute;n pronunci&oacute; estas palabras al ver el modo como Jes&uacute;s expir&oacute;. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i> Vengo, <\/i>queridos hermanos y hermanas, como peregrino a vuestro Santuario de Esquipulas, <i>renovando la confesi&oacute;n de Pedro y al mismo tiempo la confesi&oacute;n del centuri&oacute;n. <\/i>Pedro dice: &laquo;T&uacute; eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo&raquo;, y el centuri&oacute;n afirma: &laquo;De veras este hombre era Hijo de Dios&raquo;. Parece que esta segunda confesi&oacute;n, salida de la boca de un pagano, es como un anuncio de la conversi&oacute;n de muchos pueblos de fuera de Israel a aquella fe que Pedro confes&oacute; el primero. Por esa fe nos encontramos aqu&iacute;, en el Santuario de la Pasi&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Cu&aacute;n significativo es el hecho de que las naciones de Am&eacute;rica Latina rodeen de tan gran veneraci&oacute;n y de tanto amor la pasi&oacute;n de Cristo! En torno a este misterio se concentran vuestra fe y vuestra vida cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\">Saludo con afecto a Monse&ntilde;or Rodolfo Quezada Toru&ntilde;o y agradezco las palabras con que ha introducido esta celebraci&oacute;n. El mismo saludo va cordialmente a los Se&ntilde;ores Cardenales, Obispos, y, en primer lugar, a los Obispos de Guatemala y dem&aacute;s Obispos de Am&eacute;rica Central, junto con los Monjes Benedictinos, los sacerdotes, religiosos y religiosas. Me alegra encontrarme con todos ustedes, fieles guatemaltecos y de los pa&iacute;ses cercanos, que profes&aacute;is tan gran devoci&oacute;n al Cristo de Esquipulas y particip&aacute;is hoy en la Santa Misa. <\/p>\n<p align=\"left\">2. Desde hace cuatro siglos se venera esta imagen, &laquo;bien perfecta y acabada&raquo;, de Cristo en la cruz, &laquo;El Se&ntilde;or de las Misericordias&raquo;, como se le llama aqu&iacute;. <i>Vosotros, y <\/i>otros peregrinos venidos de M&eacute;xico y de las Rep&uacute;blicas hermanas de Centroam&eacute;rica, <i>os postr&aacute;is ante el Cristo Negro de Esquipulas y <\/i>en el encuentro personal con el Redentor ped&iacute;s los dones del perd&oacute;n, de la reconciliaci&oacute;n y de la paz. Esta espl&eacute;ndida y blanca Bas&iacute;lica, atendida ahora por los Monjes Benedictinos, custodia desde hace m&aacute;s de 200 a&ntilde;os la imagen anta&ntilde;o venerada en una sencilla ermita y despu&eacute;s en el templo parroquial de Santiago. Todo ello manifiesta la expansi&oacute;n de esta devoci&oacute;n a lo largo de los siglos. <\/p>\n<p align=\"left\">Y los frutos no se hicieron esperar. De aqu&iacute; nace una vivencia de fe en Cristo, siervo sufriente por nuestra salvaci&oacute;n, pero despu&eacute;s resucitado, que vive e intercede en nuestro favor. &Eacute;l es el Maestro, es &laquo;Camino, Verdad y Vida&raquo; (<i>Jn<\/i> 14, 6). Unidos a &Eacute;l, muertos al pecado y llamados a una vida nueva, los hombres se realizan como personas e hijos de Dios, y sienten la llamada a la convivencia social, s&oacute;lidamente fundada en la justicia, la fraternidad y la paz. Reconciliaci&oacute;n con Dios, reconciliaci&oacute;n entre los hijos de Dios: <i>el mensaje del Cristo de Esquipulas sigue vivo y perenne. <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">En esta misma Bas&iacute;lica los Presidentes de Centroam&eacute;rica firmaron el <i>Acuerdo de Esquipulas de 1986, <\/i>origen de los procesos de pacificaci&oacute;n del &aacute;rea, los cuales han dado ya frutos positivos en El Salvador y Nicaragua. Espero vivamente que Guatemala pueda concluir en un futuro muy pr&oacute;ximo el Acuerdo definitivo de paz. Adem&aacute;s, aqu&iacute; tiene su sede el Parlamento Centroamericano (PARLACEN) que, junto con los dem&aacute;s organismos del &laquo;Sistema de Integraci&oacute;n Centroamericana&raquo; (SICA), favorece la unidad del Istmo. <\/p>\n<p align=\"left\">3. <i> La verdad sobre Cristo, Siervo sufriente, arranca profundamente del Antiguo Testamento. <\/i>Lo pone de manifiesto la primera lectura de hoy, tomada del Profeta Isa&iacute;as. Como se sabe, este Profeta es llamado a veces &laquo;<i>el Evangelista del Antiguo Testamento&raquo;. <\/i>Es sorprendente la estrecha relaci&oacute;n que hay entre los acontecimientos de la pasi&oacute;n de Cristo y lo que anunci&oacute; el Profeta muchos siglos antes de los acontecimientos de la Pascua del Se&ntilde;or. Basta reflexionar, por ejemplo, sobre las palabras que antes hemos escuchado: &laquo;Ofrec&iacute; la espalda a los que me golpeaban, la mejilla a los que me tiraban de la barba. No apart&eacute; mi rostro a los insultos <i>y <\/i>salivazos&raquo; (<i>Is<\/i> 50, 6).<i> Tal vez en ning&uacute;n otro texto se ha dicho con tanta elocuencia lo que ocurrir&iacute;a durante la pasi&oacute;n de Cristo, <\/i>empezando por el prendimiento y la prisi&oacute;n, hasta la muerte en la Cruz: Cristo est&aacute; indefenso; sus enemigos pueden escupirle impunemente al rostro y abofetearlo; es conducido a la columna de la flagelaci&oacute;n y azotado terriblemente; antes de la crucifixi&oacute;n sufre los escarnios de todos los que lo azotaban, que continuaron despu&eacute;s durante la crucifixi&oacute;n en el G&oacute;lgota. Seg&uacute;n la visi&oacute;n prof&eacute;tica de Isa&iacute;as, <i>Cristo es el Siervo del Se&ntilde;or verdaderamente sufriente: <\/i>Quienes honran al Se&ntilde;or, oigan la voz de su Siervo (cf <i>ib<\/i>. 50, 10).<\/p>\n<p align=\"left\">Estamos ante el proceso contra Cristo inocente. Los hombres lo juzgan, lo condenan a la flagelaci&oacute;n, lo coronan de espinas y, finalmente, lo entregan a la muerte y el Hijo del hombre muere en el G&oacute;lgota. En medio de todo esto Isa&iacute;as pone en los labios del Siervo del Se&ntilde;or las siguientes palabras: &laquo;El Se&ntilde;or me ayuda, por eso no quedar&eacute; confundido; por eso endureci&oacute; m&iacute; rostro como roca y s&eacute; que no quedar&eacute; avergonzado. Cercano est&aacute; de m&iacute; el que me hace justicia&#8230; El Se&ntilde;or es mi ayuda, &iquest;qui&eacute;n se atrever&aacute; a condenarme?&raquo; (<i>Ib<\/i>. 50, 7-9). En cualquier lugar del mundo donde nos encontremos ante una imagen de Cristo sufriente, nos damos cuenta de este <i>misterio del juicio del hombre sobre Dios, <\/i>que se expresa en el cuerpo torturado de Jes&uacute;s. Sin embargo, el juicio del hombre sobre el Hijo de Dios lleva consigo tambi&eacute;n otro juicio, o sea, <i>el juicio de Dios sobre la humanidad, <\/i>sobre cada hombre, sobre los pecados humanos. El que muere en la cruz es el verdadero Cordero de Dios que quita los pecados del mundo. <i>La justicia y la misericordia se encuentran en su muerte redentora. <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">4. &laquo;<i>T&uacute; eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy&raquo; <\/i>(<i>Hb <\/i> 5, 5).<i> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">El Padre pronuncia eternamente estas palabras <i>y eternamente se realiza la generaci&oacute;n del Verbo, <\/i>Hijo de la misma naturaleza que el Padre. Sin embargo, en este momento, en el momento de la pasi&oacute;n y de la muerte en el G&oacute;lgota, en el momento de la Cruz, estas palabras del Padre son pronunciadas con una especial profundidad \u2014la profundidad del amor\u2014 que corresponde a la profundidad del sufrimiento, del sacrificio y de la muerte redentora. Cristo acepta del Padre su filiaci&oacute;n eterna y en ella <i>se ofrece a s&iacute; mismo al Padre como un don inefable por los pecados de todo el mundo, <\/i>don que borra los pecados con la sangre del Cordero sin mancha, don que santifica, es decir, que eleva hacia Dios todo lo que estaba ca&iacute;do. Precisamente por esto, <i>el Padre, <\/i>en el momento mismo del sacrificio de la cruz, <i>revela al mundo el sacerdocio de Cristo: &laquo;Tu <\/i>eres sacerdote eterno, como Melquisedec&raquo; (<i>Hb<\/i> 5, 6). Cristo es el &uacute;nico sacerdote de la Nueva y Eterna Alianza. <i>Es el sacerdote del propio sacrificio, <\/i>que ofrece en la cruz al aceptar la muerte por los pecados de toda la humanidad. Su sacrificio cruento perdurar&aacute; de modo incruento a lo largo de la historia. Lo realiza toda la Iglesia ofreciendo el Cuerpo y la Sangre de Cristo bajo las especies del pan y del vino, sacramento de la Eucarist&iacute;a, instituido en el Cen&aacute;culo. <\/p>\n<p align=\"left\">5. La liturgia de hoy, nos dice todo esto de Cristo con las palabras de la Carta a los Hebreos. De este mismo Cristo que vosotros vener&aacute;is aqu&iacute;, <i>peregrinando a Esquipulas, <\/i>vuestro Santuario Nacional. La verdad sobre Cristo torturado, sobre Cristo Redentor del mundo, sobre Cristo &uacute;nico y eterno Sacerdote de la Nueva Alianza, la profes&aacute;is con particular intensidad en este lugar, junto con y en nombre de toda la Iglesia universal. <i>Aqu&iacute; el &laquo;mysterium&raquo; del sufriente Siervo del Se&ntilde;or ha sido confiado, en cierta manera, a vuestra particular devoci&oacute;n. Se <\/i>ha convertido como en un carisma particular vuestro lo que la Carta a los Hebreos dice de Cristo: &laquo;Durante su vida mortal, ofreci&oacute; oraciones y s&uacute;plicas, con fuertes voces y l&aacute;grimas, a aquel que pod&iacute;a librarlo de la muerte, y fue escuchado por su piedad. A pesar de que era el Hijo, aprendi&oacute; a obedecer padeciendo, y llegado a su perfecci&oacute;n, se convirti&oacute; en la causa de la salvaci&oacute;n eterna para todos los que lo obedecen&raquo; (<i>ib<\/i>. 5, 7-9).<\/p>\n<p align=\"left\">&Eacute;ste es el Cristo obediente hasta la muerte, hasta la muerte de cruz. Suplicaba al Padre en Getseman&iacute;: &laquo;Padre, si quieres aparta de m&iacute; esta copa, pero no se haga mi voluntad sino la tuya&raquo; (<i>Lc<\/i> 22, 42). Y fue escuchado, como dice la Carta a los Hebreos. Fue escuchado por su piedad. Como Hijo recibi&oacute; del Padre la gracia de la obediencia mediante la cual pudo aceptar todo lo que le hab&iacute;an preparado sus perseguidores. Y todo quiere decir: el prendimiento en Getseman&iacute;, el injusto proceso, la flagelaci&oacute;n, la coronaci&oacute;n de espinas, el camino del Calvario, la crucifixi&oacute;n y, finalmente, aquella horrible agon&iacute;a hasta el &uacute;ltimo respiro. Lo cumpli&oacute; todo. As&iacute; lo atestiguan las &uacute;ltimas palabras que pronunci&oacute; al expirar: &laquo;Todo est&aacute; cumplido&raquo;(<i>Jn<\/i> 19, 30) .Y a continuaci&oacute;n: &laquo;Padre, en tus manos pongo mi esp&iacute;ritu&raquo; (<i>Lc<\/i> 23, 46).De este modo, con el precio de su pasi&oacute;n y muerte en la cruz, se convirti&oacute; para todos los que le obedecen en el art&iacute;fice de la salvaci&oacute;n eterna. <\/p>\n<p align=\"left\">6.<i> &Eacute;sta es la conmovedora profundidad del Evangelio, del Nuevo Testamento: <\/i>Dios, que quiere que el hombre camine por la v&iacute;a de sus mandamientos. Quiere que nosotros obedezcamos a aquel que por nosotros se hizo obediente hasta la muerte y que se entreg&oacute; por nuestra salvaci&oacute;n. Dios quiere que comprendamos bien la elocuencia de este don y que lo aceptemos en la m&aacute;s profunda <i>obediencia de la fe. <\/i>Quiere que comprendamos de ese modo c&oacute;mo este amor oblativo ha de ser correspondido con amor, y que encontremos en &eacute;l la fuerza espiritual para modelar nuestra vida y para llevar todas las cruces que experimentamos en nuestro camino. <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;&iexcl;Salve, oh Cruz! &iexcl;Salve, oh Cruz de Cristo!&raquo;. Seg&uacute;n una tradici&oacute;n, con estas palabras el Ap&oacute;stol san Andr&eacute;s, hermano de Pedro, habr&iacute;a aceptado la pasi&oacute;n que sufri&oacute; al final de su vida. El <i>Santuario de Esquipulas <\/i>nos invita a la <i>adoraci&oacute;n de la Cruz de Cristo como signo de nuestra salvaci&oacute;n, <\/i>en la cual el hombre, junto a Cristo, alcanza la victoria sobre el pecado, sobre Satan&aacute;s y sobre la muerte, para participar, junto con &Eacute;l, del amor del Padre eterno. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Salve, oh Cruz! Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A GUATEMALA, NICARAGUA, EL SALVADOR Y VENEZUELA CELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN LA EXPLANADA &quot;VALLE DE MAR&Iacute;A&quot; DE ESQUIPULAS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Martes 6 de febrero de 1996 &nbsp; &laquo;De veras este hombre era Hijo de Dios&raquo; (Mc 15, 39) En una ocasi&oacute;n, cerca de Cesarea de Filipo, Jes&uacute;s pregunt&oacute; a &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-guatemala-6-de-febrero-de-1996-santa-misa-en-esquipulas\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Guatemala: 6 de febrero de 1996: Santa Misa en Esquipulas\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40041","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40041","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40041"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40041\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40041"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40041"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40041"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}