{"id":40052,"date":"2016-10-05T23:34:07","date_gmt":"2016-10-06T04:34:07","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-diciembre-1997-clausura-de-la-asamblea-especial-para-america-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:07","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:07","slug":"12-de-diciembre-1997-clausura-de-la-asamblea-especial-para-america-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-diciembre-1997-clausura-de-la-asamblea-especial-para-america-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"12 de diciembre 1997, Clausura de la Asamblea especial para Am\u00e9rica del S\u00ednodo de los obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA SOLEMNE DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL <br \/>PARA AM&Eacute;RICA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><b><i> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/p>\n<p> <\/b><i>Viernes 12 de diciembre de 1997 <\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">1.&nbsp;&laquo;<i>En aquellos d&iacute;as Mar&iacute;a se puso en camino<\/i>&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 39). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&iexcl;Qu&eacute; sugestivo es volver a escuchar la p&aacute;gina evang&eacute;lica de la Visitaci&oacute;n durante esta celebraci&oacute;n, con la que se concluye la Asamblea especial para Am&eacute;rica del S&iacute;nodo de los obispos! <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">La Iglesia siempre est&aacute; en peregrinaci&oacute;n, &laquo;en camino&raquo;. Ha sido enviada y existe para caminar en el tiempo y en el espacio, anunciando y dando testimonio del Evangelio hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Hace cerca de cinco siglos, la Iglesia peregrinante en la historia se puso en camino hacia el continente americano, reci&eacute;n descubierto. Desde entonces, ha arraigado en las diversas culturas de esas tierras, ha asumido los rasgos de la gente del lugar, como lo demuestra de forma elocuente la imagen de la Virgen de Guadalupe, cuya memoria celebramos en la liturgia de hoy. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Y he aqu&iacute; que este a&ntilde;o, mientras todo el pueblo de Dios est&aacute; en camino hacia el gran jubileo del a&ntilde;o 2000, se ha celebrado este S&iacute;nodo continental. Se trata, ciertamente, de un punto de llegada; pero, m&aacute;s a&uacute;n, de un nuevo punto de partida: la comunidad cristiana, a ejemplo de Mar&iacute;a, se vuelve a poner en camino, impulsada por el amor a Cristo, para llevar a cabo la nueva evangelizaci&oacute;n del continente americano. Es el inicio de una renovada misi&oacute;n, que ha encontrado en la Asamblea especial del S&iacute;nodo de los obispos su &laquo;cen&aacute;culo&raquo; y su &laquo;Pentecost&eacute;s &raquo;, precisamente al inicio de un a&ntilde;o totalmente dedicado al Esp&iacute;ritu Santo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Es el Esp&iacute;ritu que gu&iacute;a incesantemente al pueblo cristiano por los caminos de la historia de la salvaci&oacute;n. Por esto queremos hoy dar gracias al Se&ntilde;or, reconociendo que Cristo mismo est&aacute; presente entre nosotros y camina con nosotros. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Venerados hermanos en el episcopado, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, dirij&aacute;monos juntos, en una peregrinaci&oacute;n espiritual, a Bel&eacute;n y depositemos los frutos de nuestro esfuerzo a los pies del Hijo de Dios, que viene a salvarnos: &laquo;Regem venturum, Dominum, venite, adoremus!&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">2.&nbsp;Durante estas semanas hemos hecho nuestras las &uacute;ltimas palabras de Cristo, el Hijo de Dios encarnado, su testamento, que para los bautizados es tambi&eacute;n su gran mandato misionero: &laquo;Id, pues, y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aqu&iacute; que yo estoy con vosotros todos los d&iacute;as hasta el fin del mundo&raquo; (<i>Mt <\/i>28, 19-20). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Vosotros, pastores de las Iglesias que est&aacute;n en Am&eacute;rica, fieles a ese mandato en el que se funda nuestro ministerio, no dej&eacute;is de anunciar a un mundo sediento de la verdad a Cristo vivo, nuestra &uacute;nica salvaci&oacute;n. S&oacute;lo &eacute;l es nuestra paz; s&oacute;lo &eacute;l es la riqueza, en la que siempre podemos encontrar fuerza y alegr&iacute;a interior. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">A lo largo de los trabajos sinodales ha resonado el eco de las voces de los primeros evangelizadores de Am&eacute;rica, que nos han recordado el deber de una profunda conversi&oacute;n a Cristo, &uacute;nica fuente de aut&eacute;ntica comuni&oacute;n y solidaridad. Ha llegado el tiempo de la nueva evangelizaci&oacute;n, una ocasi&oacute;n providencial para guiar al pueblo de Dios que est&aacute; en Am&eacute;rica a cruzar el umbral del tercer milenio con renovada esperanza. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&iexcl;C&oacute;mo no dar gracias a Dios, hoy, por todos los misioneros que durante cinco siglos de historia han trabajado en la evangelizaci&oacute;n del continente! La Iglesia les debe much&iacute;simo. De muchos conocemos los nombres, pues han llegado a la gloria de los altares. Pero la mayor parte de los misioneros permanecen desconocidos, sobre todo religiosos, a los que Am&eacute;rica les debe mucho, no s&oacute;lo en el campo religioso, sino tambi&eacute;n en el cultural. Como en Europa, de donde proced&iacute;an los misioneros, tambi&eacute;n en el continente americano el &iacute;ntimo v&iacute;nculo entre fe, evangelizaci&oacute;n y cultura ha dado origen a numerosas obras de arte, de arquitectura, de literatura, as&iacute; como a celebraciones y tradiciones populares. De esta forma, ha nacido una rica tradici&oacute;n, que constituye un patrimonio significativo de las poblaciones de Am&eacute;rica del sur, del centro y del norte.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Entre estas regiones hay diferencias que se remontan a los or&iacute;genes mismos de su evangelizaci&oacute;n. Sin embargo, el S&iacute;nodo ha puesto de manifiesto, con gran claridad, que el Evangelio las ha armonizado. Los participantes en el S&iacute;nodo han experimentado esta unidad, manantial de solidaridad fraterna. De este modo, el S&iacute;nodo ha cumplido su principal objetivo, el que indica su mismo nombre, <i>syn-odos<\/i>, que quiere decir <i>comuni&oacute;n de caminos<\/i>. Damos gracias al Se&ntilde;or por esta comuni&oacute;n de caminos, por los que han avanzado enteras gene solidaridad. raciones de cristianos en ese gran continente. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">3.&nbsp;Queridos hermanos y hermanas, a lo largo de la Asamblea sinodal se han examinado los problemas y las perspectivas de la nueva evangelizaci&oacute;n en Am&eacute;rica. Toda soluci&oacute;n se funda en la conciencia del deber urgente de proclamar con celo y valent&iacute;a a Jesucristo, Redentor de todo hombre y de todo el hombre. S&oacute;lo acudiendo a esta fuente viva se pueden afrontar eficazmente todos los desaf&iacute;os. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Quisiera recordar algunos: la ense&ntilde;anza aut&eacute;ntica de la doctrina de la Iglesia y una catequesis fiel al Evangelio, adaptada a las necesidades de nuestro tiempo; las tareas y la interacci&oacute;n de las diferentes vocaciones y de los diversos ministerios en la Iglesia; la defensa de la vida humana desde su concepci&oacute;n hasta su t&eacute;rmino natural; el papel primordial de la familia en la sociedad; la necesidad de hacer que la sociedad, con sus leyes e instituciones, est&eacute; en armon&iacute;a con la doctrina de Cristo; el valor del trabajo humano, mediante el cual la persona humana coopera a la actividad creadora de Dios; la evangelizaci&oacute;n del mundo de la cultura, en sus diferentes aspectos. Gracias a una acci&oacute;n apost&oacute;lica arraigada en el Evangelio y abierta a los desaf&iacute;os de la sociedad, pod&eacute;is contribuir a extender por toda Am&eacute;rica la civilizaci&oacute;n del amor, tan anhelada, que destaca fuertemente la primac&iacute;a del hombre y la promoci&oacute;n de su dignidad en todas sus dimensiones, comenzando por la espiritual. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">De una manera m&aacute;s profunda y amplia, la Iglesia en Am&eacute;rica podr&aacute; experimentar las consecuencias de la reconciliaci&oacute;n aut&eacute;ntica con Cristo, que abre los corazones y permite a los hermanos y hermanas en la fe llevar a cabo un nuevo modo de cooperaci&oacute;n. Para la nueva evangelizaci&oacute;n es fundamental la colaboraci&oacute;n efectiva entre las diferentes vocaciones, los diversos ministerios, los m&uacute;ltiples apostolados y carismas suscitados por el Esp&iacute;ritu, tanto los de institutos religiosos tradicionales como los que han surgido en los &uacute;ltimos tiempos gracias a nuevos movimientos y asociaciones de fieles. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">4.&nbsp;Venerados y queridos padres sinodales, que hab&eacute;is formado la Asamblea especial para Am&eacute;rica del S&iacute;nodo, a cada uno de vosotros va en este momento mi cordial saludo, as&iacute; como mi m&aacute;s vivo agradecimiento. Siempre que me ha sido posible, he procurado estar presente tambi&eacute;n yo en los trabajos sinodales. Para m&iacute; ha sido una experiencia significativa, que me ha ayudado a afianzar los v&iacute;nculos de comuni&oacute;n afectiva y pastoral que me unen con vosotros en Jesucristo. Esta unidad espiritual culmina ahora en la celebraci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, centro y cumbre de la vida de la Iglesia y de todo su proyecto apost&oacute;lico. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Al partir de Roma, para volver a las diversas di&oacute;cesis de Am&eacute;rica, llevad con vosotros mi bendici&oacute;n y transmitidla a vuestros fieles, especialmente a los sacerdotes, vuestros colaboradores, a los religiosos y a las religiosas que trabajan en vuestras comunidades, a los laicos comprometidos en el apostolado, a los j&oacute;venes, a los enfermos y a los ancianos. Aseguradles mis oraciones y mi afecto. El Esp&iacute;ritu Santo, en este a&ntilde;o especialmente dedicado a &eacute;l, nos ayude a caminar unidos en el nombre del Se&ntilde;or. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Concluimos los trabajos sinodales en el d&iacute;a dedicado a la Virgen de Guadalupe, primera testigo de la presencia de Cristo en Am&eacute;rica. Su santuario, en el coraz&oacute;n del continente americano, constituye un recuerdo imborrable de la evangelizaci&oacute;n realizada a lo largo de estos cinco siglos. La Madre de Cristo se apareci&oacute; a un hombre sencillo, un indio llamado Juan Diego. Lo escogi&oacute; como representante de todos sus amados hijos e hijas de aquellas tierras, para anunciar que la divina Providencia llama a la salvaci&oacute;n a los hombres de todas las razas y culturas, tanto a los indios que habitaban all&iacute; desde hac&iacute;a muchos siglos, como a las personas que fueron de Europa para llevarles, aun con sus l&iacute;mites y culpas, el inmenso don de la buena nueva. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Durante el S&iacute;nodo hemos experimentado la especial cercan&iacute;a de Nuestra Se&ntilde;ora, Madre de Dios, venerada en la bas&iacute;lica de Guadalupe. Y hoy queremos confiarle el camino futuro de la Iglesia en el gran continente americano. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">5.&nbsp;Al concluir los trabajos, hace alg&uacute;n d&iacute;a, vosotros, acogiendo la propuesta de los tres presidentes delegados, me hab&eacute;is manifestado el deseo de que, para la promulgaci&oacute;n de la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica postsinodal, vuelva como peregrino a su santuario, en la ciudad de M&eacute;xico. A este respecto, le conf&iacute;o todo proyecto y anhelo a ella. Pero ya desde ahora me postro espiritualmente a sus pies, recordando mi primera peregrinaci&oacute;n en enero de 1979, cuando me arrodill&eacute; delante de su prodigiosa imagen para invocar sobre mi reci&eacute;n iniciado servicio pontifical su materna asistencia y protecci&oacute;n. En aquella circunstancia puse en sus manos la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica, especialmente de Am&eacute;rica Latina, y tom&eacute; parte despu&eacute;s en la tercera Conferencia general del Episcopado latinoamericano en Puebla. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Renuevo hoy, en nombre vuestro, la invocaci&oacute;n que entonces le dirig&iacute;: Mar&iacute;a, Virgen de Guadalupe, Madre de toda Am&eacute;rica, ay&uacute;danos a ser fieles dispensadores de los grandes misterios de Dios. Ay&uacute;danos a ense&ntilde;ar la verdad que tu Hijo anunci&oacute; y a extender el amor, que es el primer mandamiento y el primer fruto del Esp&iacute;ritu Santo. Ay&uacute;danos a confirmar en la fe a nuestros hermanos. Ay&uacute;danos a difundir la esperanza en la vida eterna. Ay&uacute;danos a custodiar los grandes tesoros espirituales de los miembros del pueblo de Dios que nos ha sido confiado. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Reina de los Ap&oacute;stoles, acepta nuestra disponibilidad a servir sin reservas a la causa de tu Hijo, la causa del Evangelio y la de la paz, fundamentada en la justicia y el amor entre los hombres y entre los pueblos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Reina de la paz, salva las naciones y los pueblos de todo el continente, que tanto conf&iacute;an en ti; s&aacute;lvalos de las guerras, del odio y de la subversi&oacute;n. Haz que todos, gobernantes y s&uacute;bditos, aprendan a vivir en paz, se eduquen para la paz, cumplan todo lo que exigen la justicia y el respeto de los derechos de cada hombre, para que as&iacute; se consolide la paz. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Esc&uacute;chanos, Virgen &laquo;morenita&raquo;, Madre de la Esperanza, Madre de Guadalupe. <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA SOLEMNE DE CLAUSURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA AM&Eacute;RICA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Viernes 12 de diciembre de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;En aquellos d&iacute;as Mar&iacute;a se puso en camino&raquo; (Lc 1, 39). &iexcl;Qu&eacute; sugestivo es volver a escuchar la p&aacute;gina evang&eacute;lica de la Visitaci&oacute;n durante esta celebraci&oacute;n, &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/12-de-diciembre-1997-clausura-de-la-asamblea-especial-para-america-del-sinodo-de-los-obispos\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab12 de diciembre 1997, Clausura de la Asamblea especial para Am\u00e9rica del S\u00ednodo de los obispos\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40052","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40052","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40052"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40052\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40052"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40052"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40052"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}