{"id":40057,"date":"2016-10-05T23:34:11","date_gmt":"2016-10-06T04:34:11","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-1997-i-domingo-de-adviento-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:11","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:11","slug":"30-de-noviembre-de-1997-i-domingo-de-adviento-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/30-de-noviembre-de-1997-i-domingo-de-adviento-2\/","title":{"rendered":"30 de noviembre de 1997, I Domingo de Adviento"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">MISA DE INAUGURACI&Oacute;N DEL SEGUNDO A&Ntilde;O DE PREPARACI&Oacute;N <br \/>PARA EL JUBILEO DEL A&Ntilde;O 2000<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/b><\/p>\n<p>I domingo de Adviento, 30 de noviembre de 1997<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&laquo;<i>Velad, pues, en todo tiempo y orad, para que pod&aacute;is (&#8230;) comparecer ante el Hijo del Hombre<\/i>&raquo; (<i>Lc <\/i>21, 36). <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras de Cristo, recogidas en el evangelio de san Lucas, nos introducen en el significado profundo de la liturgia que estamos celebrando. En este primer domingo de Adviento, que marca el comienzo del segundo a&ntilde;o de preparaci&oacute;n inmediata para el jubileo del a&ntilde;o 2000, resuena m&aacute;s viva y actual que nunca la exhortaci&oacute;n a velar y orar, a fin de estar preparados para el encuentro con el Se&ntilde;or. <\/p>\n<p align=\"left\">Nuestro pensamiento va, ante todo, al encuentro de la pr&oacute;xima Navidad, cuando, una vez m&aacute;s, nos arrodillaremos ante la cuna del Salvador reci&eacute;n nacido. Pero tambi&eacute;n pensamos en la gran fecha del a&ntilde;o 2000, en la que toda la Iglesia revivir&aacute; con intensidad muy particular el misterio de la Encarnaci&oacute;n del Verbo. Estamos invitados a apresurar el paso hacia esa meta, dej&aacute;ndonos guiar, sobre todo durante el presente a&ntilde;o lit&uacute;rgico, por la luz del Esp&iacute;ritu Santo. En efecto, se incluye &laquo;entre los objetivos primarios de la preparaci&oacute;n del Jubileo el reconocimiento de la presencia y de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, que act&uacute;a en la Iglesia &raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_10111994_tertio-millennio-adveniente.html\">Tertio millennio adveniente<\/a><\/i>, 45). <\/p>\n<p align=\"left\">En esta perspectiva, el Comit&eacute; central para el gran jubileo contin&uacute;a realizando su trabajo con laudable empe&ntilde;o. Merece apoyo su valioso servicio eclesial, especialmente en esta fase ya muy pr&oacute;xima a la hist&oacute;rica cita. Gracias a las iniciativas de animaci&oacute;n y coordinaci&oacute;n que ha llevado a cabo dicho organismo central, se podr&aacute; orientar y estimular cada vez mejor el camino que llevar&aacute; al pueblo de Dios a cruzar el umbral del tercer milenio. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;La Iglesia que est&aacute; en Roma se re&uacute;ne hoy en esta bas&iacute;lica tambi&eacute;n por otro motivo: la entrega de la cruz a los misioneros y a las misioneras que asumen la tarea de anunciar el Evangelio en los diversos ambientes de la metr&oacute;poli. <\/p>\n<p align=\"left\">Hemos escuchado las palabras del ap&oacute;stol Pablo: &laquo;Que el Se&ntilde;or os colme y os haga rebosar de amor mutuo y de amor a todos&raquo; (<i>1 Ts <\/i>3, 12). Precisamente con este deseo el Obispo de Roma os entrega la cruz a todos vosotros, queridos misioneros y misioneras, y a vuestras comunidades parroquiales. &iquest;No es este, acaso, el secreto del &eacute;xito de la misi&oacute;n ciudadana? Jes&uacute;s mismo asoci&oacute; al amor mutuo de sus disc&iacute;pulos la eficacia de su anuncio evang&eacute;lico: &laquo;Que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros, para que el mundo crea&raquo; (<i>Jn <\/i>17, 21). <\/p>\n<p align=\"left\">El &eacute;xito de la misi&oacute;n depende de la intensidad del amor. La tercera persona de la sant&iacute;sima Trinidad es el Amor subsistente. &iquest;Qui&eacute;n mejor que &eacute;l puede infundir el amor en nuestro coraz&oacute;n? (cf. <i>Rm <\/i>5, 5). Por eso, es providencial la coincidencia entre la apertura del segundo a&ntilde;o de preparaci&oacute;n del gran jubileo, dedicado al Esp&iacute;ritu Santo, y la entrega de la cruz a vosotros, que durante este a&ntilde;o ser&eacute;is protagonistas de la Misi&oacute;n en toda la ciudad. Os asegura una asistencia particular por parte del Esp&iacute;ritu Santo, en quien la misi&oacute;n reconoce a su protagonista primero e indiscutible. <\/p>\n<p align=\"left\">3.<i>&nbsp;&laquo;&iexcl;Abre la puerta a Cristo, tu Salvador! &raquo;<\/i>. Esta invitaci&oacute;n est&aacute; en el centro de la misi&oacute;n ciudadana, pero debe resonar ante todo en nuestro coraz&oacute;n. Debemos ser los primeros en abrir la puerta de nuestra conciencia y de nuestra vida a Cristo salvador, volvi&eacute;ndonos d&oacute;ciles a la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, para conformarnos cada vez m&aacute;s al Se&ntilde;or. En efecto, no podemos anunciarlo sin reflejar su imagen, viva en nosotros por la gracia y la obra del Esp&iacute;ritu. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos misioneros y misioneras, sentid un gran amor por las personas y las familias que encontr&eacute;is. La gente tiene necesidad de amor, de comprensi&oacute;n y de perd&oacute;n. Estad atentos y cercanos sobre todo a las familias que viven situaciones dif&iacute;ciles en el &aacute;mbito de la fe, del matrimonio o, incluso, de la pobreza y del sufrimiento. Que para cada familia de Roma vuestros gestos y vuestras palabras sean signos de la misericordia divina y de la acogida de la Iglesia. En la medida de vuestras posibilidades, conservad, tambi&eacute;n despu&eacute;s de vuestra visita, una relaci&oacute;n personal con las familias que encontr&eacute;is y con cada uno de sus componentes. <\/p>\n<p align=\"left\">Amad a la Iglesia, de la que sois miembros, y que os env&iacute;a como misioneros. Ense&ntilde;ad a amarla con vuestra palabra y vuestro ejemplo. Compartid su pasi&oacute;n por la salvaci&oacute;n de los hombres. Amad a la Iglesia, que es santa puesto que ha sido purificada por la sangre de Cristo derramada en la cruz.<\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Tambi&eacute;n vosotros esforzaos por ser santos! Acoged la exhortaci&oacute;n de san Pablo, que ha resonado en la segunda lectura, para que &laquo;os present&eacute;is santos e irreprensibles&raquo; (<i>1 Ts <\/i>3, 12). La llamada a la misi&oacute;n deriva de la llamada a la santidad. Responded a ella con generosidad. Abrid las puertas de vuestra vida al don del Esp&iacute;ritu Santo, el Santificador, que renueva la faz de la tierra y transforma los corazones de piedra en corazones de carne, capaces de amar como Cristo nos am&oacute; (cf. <i>Jn <\/i>15, 12). <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Al presentaros, en cada casa, a las familias de vuestras parroquias, podr&eacute;is afirmar con el ap&oacute;stol Pablo: he venido a vosotros d&eacute;bil, t&iacute;mido y tembloroso, para anunciaros a Jesucristo, y &eacute;ste crucificado (cf. <i>1 Co <\/i>2, 1-3). Esta sencillez en el anuncio, acompa&ntilde;ada por el amor a las personas ante las que os present&aacute;is, es la verdadera fuerza de vuestro servicio misionero. Frente a la resonancia persuasiva y atractiva de numerosos mensajes humanos que todos los d&iacute;as invaden la existencia de las personas, el Evangelio puede parecer, tal vez, d&eacute;bil y pobre a quien mira con superficialidad; pero, en realidad, es la palabra m&aacute;s poderosa y eficaz que puede pronunciarse, porque penetra en el coraz&oacute;n y, gracias a la acci&oacute;n misteriosa del Esp&iacute;ritu Santo, abre el camino de la conversi&oacute;n y del encuentro con Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Deseo hacer m&iacute;a la invitaci&oacute;n del Ap&oacute;stol a que crezc&aacute;is y os disting&aacute;is en el camino del bien: &laquo;Hab&eacute;is aprendido de nosotros c&oacute;mo proceder para agradar a Dios: pues proceded as&iacute; y seguid adelante&raquo; (<i>1 Ts <\/i>4, 1). En efecto, la misi&oacute;n debe constituir para cada parroquia la ocasi&oacute;n oportuna de iniciar una nueva relaci&oacute;n con la gente del territorio, a fin de ser m&aacute;s capaces de llegar a todos con la propuesta de la fe, de estar m&aacute;s dispuestos a las exigencias y expectativas, y m&aacute;s presentes en el entramado diario de cada uno. As&iacute;, la parroquia podr&aacute; ser m&aacute;s aut&eacute;ntica en su generoso compromiso apost&oacute;lico y misionero en favor de cuantos viven fuera de ella. <\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;Queridos misioneros y misioneras de Roma, hoy os digo a vosotros lo que escrib&iacute; a los j&oacute;venes el pasado 8 de septiembre, invit&aacute;ndolos a estar dispuestos a acoger y ayudar a todos los que quieren acercarse a la fe y a la Iglesia. &iexcl;Qu&eacute; no se pierda ninguno de los que el Padre pone en nuestro camino! (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/letters\/1997\/documents\/hf_jp-ii_let_19970908_missione-cittadina.html\">Carta a los j&oacute;venes de Roma<\/a><\/i>, n. 9: <i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 19 de septiembre de 1997, p. 2). <\/p>\n<p align=\"left\">Os lo repito tambi&eacute;n a vosotros, <i> sacerdotes <\/i>y <i>di&aacute;conos<\/i>, para que reaviv&eacute;is el don de Dios que est&aacute; en vosotros por la imposici&oacute;n de las manos del obispo (cf. <i>2 Tm <\/i>1, 6). Con el amor y la preocupaci&oacute;n del buen Pastor, id en b&uacute;squeda de cuantos se han alejado y esperan un gesto vuestro, una palabra vuestra, para poder redescubrir el amor de Dios y su perd&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">A vosotros, <i>religiosos <\/i>y <i>religiosas<\/i>, deseo indicaros que la misi&oacute;n es el terreno propicio para dar un testimonio fuerte de servicio gozoso al Evangelio. En particular, a las religiosas de vida contemplativa les pido que se sit&uacute;en en el coraz&oacute;n mismo de la misi&oacute;n con su constante oraci&oacute;n de adoraci&oacute;n y de contemplaci&oacute;n del misterio de la cruz y de la resurrecci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">A vosotros, queridos <i>muchachos <\/i>y <i>muchachas<\/i>, os digo una vez m&aacute;s: vuestra participaci&oacute;n activa en la misi&oacute;n ciudadana es un don indispensable para la comunidad. Convert&iacute;os en protagonistas de la aventura m&aacute;s hermosa y entusiasmante, por la que vale la pena gastar la vida: la del anuncio de Cristo y de su Evangelio. Con vuestros dones y talentos, puestos a disposici&oacute;n del Se&ntilde;or, pod&eacute;is y deb&eacute;is contribuir a la obra de la salvaci&oacute;n en nuestra amada ciudad. <\/p>\n<p align=\"left\">Os renuevo la invitaci&oacute;n tambi&eacute;n a vosotras, queridas <i> familias cristianas<\/i>, que pose&eacute;is el don de la fe y del amor; la invitaci&oacute;n a vivir con empe&ntilde;o la llamada a la misi&oacute;n, ofreciendo vuestro servicio a las dem&aacute;s familias que viven en vuestro entorno, con amistad, solidaridad y valent&iacute;a al proponer la verdad evang&eacute;lica. <\/p>\n<p align=\"left\">Os dirijo un saludo particular a vosotros, queridos <i>enfermos, ancianos <\/i>y <i>personas solas<\/i>. A vosotros se os ha confiado una tarea de gran importancia en la misi&oacute;n: ofrecer vuestras oraciones y vuestros sufrimientos diarios por el &eacute;xito de esta empresa apost&oacute;lica, para que la gracia del Se&ntilde;or acompa&ntilde;e la visita de los misioneros a las familias, y abra y disponga a la conversi&oacute;n los corazones de quienes los acojan. <\/p>\n<p align=\"left\">6.<i>&nbsp;&laquo;Mirad que llegan d&iacute;as (&#8230;) en que cumplir&eacute; la promesa que hice&raquo; <\/i>(<i>Jr <\/i>33, 14). Mediante la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu, el Se&ntilde;or gu&iacute;a la historia de la salvaci&oacute;n a lo largo de los siglos hasta su supremo cumplimiento.<\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<i>&laquo;Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu, Se&ntilde;or, y renueva la faz de la tierra&raquo;<\/i>. Como enviaste tu Esp&iacute;ritu sobre Mar&iacute;a, Virgen del Adviento, env&iacute;alo tambi&eacute;n sobre nosotros. &iexcl;Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu, oh Se&ntilde;or, sobre la ciudad de Roma y renueva su faz! Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu sobre todo el mundo, que se prepara para entrar en el tercer milenio de la era cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\">Ay&uacute;danos a acoger, como Mar&iacute;a, el don de tu presencia divina y de tu protecci&oacute;n. Ay&uacute;danos a ser d&oacute;ciles a las sugerencias del Esp&iacute;ritu, para que podamos anunciar con valent&iacute;a y celo apost&oacute;lico al Verbo, que se hizo carne y puso su morada entre nosotros: Jesucristo, Dios hecho hombre, que nos ha redimido con su muerte y resurrecci&oacute;n. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE INAUGURACI&Oacute;N DEL SEGUNDO A&Ntilde;O DE PREPARACI&Oacute;N PARA EL JUBILEO DEL A&Ntilde;O 2000 HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II I domingo de Adviento, 30 de noviembre de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Velad, pues, en todo tiempo y orad, para que pod&aacute;is (&#8230;) comparecer ante el Hijo del Hombre&raquo; (Lc 21, 36). 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