{"id":40060,"date":"2016-10-05T23:34:14","date_gmt":"2016-10-06T04:34:14","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-noviembre-de-1997-asamblea-especial-para-america-del-sinodo-de-los-obispos\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:14","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:14","slug":"16-de-noviembre-de-1997-asamblea-especial-para-america-del-sinodo-de-los-obispos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-noviembre-de-1997-asamblea-especial-para-america-del-sinodo-de-los-obispos\/","title":{"rendered":"16 de noviembre de 1997, Asamblea especial para Am\u00e9rica del S\u00ednodo de los obispos"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">INAUGURACI&Oacute;N DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA AM&Eacute;RICA <br \/> DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\"><font color=\"#663300\"><b><i> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A&nbsp; DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/i><br \/> <\/b> <i> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/>Domingo 16 de noviembre de 1997<\/i><\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">1.&nbsp;&laquo;<i>Velad, pues, porque no sab&eacute;is qu&eacute; d&iacute;a vendr&aacute; vuestro Se&ntilde;or<\/i>&raquo; (<i>Aleluya<\/i>, cf. <i>Mt <\/i>24, 42. 44).<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Esta vigilancia en la oraci&oacute;n, a la que nos invita la liturgia de hoy, corresponde muy bien al acontecimiento que estamos viviendo: la inauguraci&oacute;n de la <i>Asamblea especial para Am&eacute;rica del S&iacute;nodo de los obispos, <\/i>que tiene como tema: &laquo;<i>Encuentro con Jesucristo vivo, camino para la conversi&oacute;n, la comuni&oacute;n y la solidaridad en Am&eacute;rica<\/i>&raquo;. En esta Asamblea se hallan reunidos los prelados de todos los Episcopados del continente americano, norte, centro y sur, incluida la regi&oacute;n del Caribe. A todos dirijo mi saludo cordial y doy una calurosa bienvenida en especial a los que han venido de Am&eacute;rica para esta ocasi&oacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">La palabra de Dios nos ofrece hoy una magn&iacute;fica perspectiva para la obra de discernimiento que nos disponemos a realizar: es la propia de una mirada de fe sobre la historia, es decir, una perspectiva &laquo;escatol&oacute;gica&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&Eacute;ste es el modo de considerar las vicisitudes humanas que el Se&ntilde;or nos ense&ntilde;a a los creyentes. Hemos escuchado el anuncio prof&eacute;tico del libro de Daniel, que el mismo profeta recibe de labios de un mensajero celestial, enviado para &laquo;revelarte la verdad&raquo; (<i>Dn <\/i>11, 2) sobre los acontecimientos hist&oacute;ricos. Es un or&aacute;culo que habla de angustia y salvaci&oacute;n para el pueblo: &iquest;c&oacute;mo no reconocer en &eacute;l un anuncio del misterio pascual, &uacute;nico centro de la historia y clave para su interpretaci&oacute;n aut&eacute;ntica? <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">A la luz del misterio pascual la Iglesia prepara y realiza cada paso de su peregrinaci&oacute;n en la tierra. Y hoy celebra el solemne inicio de un tiempo especial de reflexi&oacute;n y confrontaci&oacute;n sobre la misi&oacute;n que est&aacute; llamada a cumplir en el continente americano. La palabra de Dios ofrece la mirada de fe adecuada para leer, como dice el &aacute;ngel a Daniel, &laquo;lo que est&aacute; escrito en el libro de la verdad &raquo; (<i>Dn <\/i>10, 21). En esa perspectiva la Iglesia contempla el camino hasta aqu&iacute; recorrido para proyectarse hacia el nuevo milenio con renovado ardor misionero. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">2.&nbsp;No ha pasado a&uacute;n mucho tiempo desde que, en 1992, hemos recordado solemnemente los quinientos a os de la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica. El S&iacute;nodo, que hoy comienza sus trabajos en esta bas&iacute;lica de San Pedro, rememora idealmente aquellos tiempos en que los habitantes del llamado &laquo;<i>viejo mundo<\/i>&raquo;, gracias a la empresa admirable de Crist&oacute;bal Col&oacute;n, conocieron la existencia de un &laquo;<i>nuevo mundo<\/i>&raquo; del que antes no ten&iacute;an noticias. A partir de ese hist&oacute;rico d&iacute;a empez&oacute; la obra de los colonizadores y, al mismo tiempo, la misi&oacute;n de los evangelizadores, dando a conocer a Cristo y su Evangelio a los pueblos de ese continente. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Fruto de esta extraordinaria labor misionera es la evangelizaci&oacute;n de Am&eacute;rica o, de forma m&aacute;s precisa, de las llamadas &laquo;tres Am&eacute;ricas&raquo;, que hoy en gran parte se consideran cristianas. Es, pues, muy importante, a cinco siglos de distancia y ya en el umbral del nuevo milenio, recorrer mentalmente el camino realizado por el cristianismo en todas aquellas tierras. Es oportuno, adem&aacute;s, no separar la historia cristiana de Am&eacute;rica del norte de la de Am&eacute;rica central y del sur. Es preciso considerarlas juntas, aunque salvaguardando la originalidad de cada una de ellas, porque a los ojos de los que llegaron all&iacute; hace ahora m&aacute;s de quinientos a os aparecieron como una realidad unitaria y, sobre todo, porque la comuni&oacute;n entre las comunidades locales es un signo vivo de la unidad natural de la &uacute;nica Iglesia de Jesucristo, de la cual son parte org&aacute;nica. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">3.&nbsp;Todos somos conscientes de que en el gran continente americano los resultados de la actividad de los colonizadores son evidentes hoy en d&iacute;a en la diversidad pol&iacute;tica y econ&oacute;mica del continente, con indudables repercusiones culturales y religiosas. El norte de Am&eacute;rica ha conseguido, en relaci&oacute;n con otros pa&iacute;ses, un nivel m&aacute;s elevado en los &aacute;mbitos de la t&eacute;cnica y del bienestar econ&oacute;mico, as&iacute; como en el desarrollo de las instituciones democr&aacute;ticas. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Ante este hecho, no podemos menos de preguntarnos acerca de las causas hist&oacute;ricas que han originado esas diferencias sociales. &iquest;En qu&eacute; medida &eacute;stas tienen ra&iacute;ces en la historia de los &uacute;ltimos cinco siglos? &iquest;Hasta qu&eacute; punto les pesa el legado de la colonizaci&oacute;n? &iquest;Y qu&eacute; influjo ha tenido la primera evangelizaci&oacute;n? <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Para dar una respuesta satisfactoria a estos interrogantes, resulta seguramente necesario, durante el S&iacute;nodo, considerar el continente en su conjunto, desde Alaska hasta la Tierra del Fuego, sin establecer separaci&oacute;n alguna entre el norte, el centro y el sur, para que no surjan contrastes entre ellos. Por el contrario, es necesario buscar las razones profundas de esta visi&oacute;n unitaria, apelando a las tradiciones religiosas y cristianas comunes. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Estas consideraciones dan a entender la importancia del S&iacute;nodo que hoy inauguramos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">4.&nbsp;&laquo;<i>Velad, pues, porque no sab&eacute;is qu&eacute; d&iacute;a vendr&aacute; vuestro Se&ntilde;or<\/i>&raquo;. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Esta exhortaci&oacute;n, que acabamos de escuchar durante el <i>Aleluya, <\/i>alude al clima espiritual que estamos viviendo, a medida que el a o lit&uacute;rgico se acerca a su fin. Es un clima rico en temas escatol&oacute;gicos, destacados especialmente en el pasaje evang&eacute;lico de san Marcos, en el que Cristo subraya la caducidad del cielo y de la tierra: &laquo;El cielo y la tierra pasar&aacute;n, pero mis palabras no pasar&aacute;n&raquo; (<i>Mc <\/i>13, 31). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Pasa el escenario de este mundo, pero la palabra de Dios no pasar&aacute;. &iexcl;Cu&aacute;n elocuente es esta contraposici&oacute;n! <i>Dios no pasa <\/i>y tampoco pasa lo que de &eacute;l proviene. No pasa el sacrificio de Cristo, del cual leemos hoy en la carta a los Hebreos: Jes&uacute;s &laquo;ofreci&oacute; por los pecados un solo sacrificio&raquo; (<i>Hb <\/i>10, 12), y tambi&eacute;n: &laquo;Mediante una sola oblaci&oacute;n ha llevado a la perfecci&oacute;n para siempre a los santificados&raquo; (<i>Hb <\/i>10, 14). D<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">urante esta Asamblea sinodal analizaremos el pasado y, especialmente, el presente del continente americano. Trataremos de escrutar en cada una de sus regiones los signos de la presencia salvadora de Cristo, de su palabra y su sacrificio, para renovar todas nuestras energ&iacute;as al servicio de la conversi&oacute;n y la evangelizaci&oacute;n. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">5.&nbsp;&iquest;C&oacute;mo no recordar aqu&iacute; los confortantes prop&oacute;sitos, sobre todo, de colaboraci&oacute;n entre los pastores con vistas a la nueva evangelizaci&oacute;n, manifestados solemnemente al final de la IV Conferencia general del Episcopado latinoamericano en Santo Domingo, en 1992? Nos propon&iacute;amos entonces intensificar la pastoral misionera en todas las comunidades para reavivar en las conciencias el compromiso de ir m&aacute;s all&aacute; de las fronteras &laquo;para llevar a otros pueblos la fe que hace quinientos a os llegara hasta nosotros&raquo; (<i>Mensaje <\/i>de la IV Conferencia a los pueblos de Am&eacute;rica Latina y el Caribe, n. 30: <i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 6 de noviembre de 1992, p. 24). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Demos gracias a Dios porque hoy se cumple el deseo que expres&eacute; en la inauguraci&oacute;n de los trabajos de aquella Conferencia. Dije en aquella ocasi&oacute;n: &laquo;Esta Conferencia general podr&iacute;a valorar la oportunidad de que, en un futuro no lejano, pueda celebrarse un <i>Encuentro de representantes de los Episcopados de todo el continente americano, <\/i>\u2014que podr&iacute;a tener tambi&eacute;n car&aacute;cter sinodal\u2014 en orden a incrementar la cooperaci&oacute;n entre las diversas Iglesias particulares en los distintos campos de la acci&oacute;n pastoral y en el que, dentro del marco de la nueva evangelizaci&oacute;n y como expresi&oacute;n de comuni&oacute;n episcopal, se afronten tambi&eacute;n los problemas relativos a la justicia y la solidaridad entre todas las naciones de Am&eacute;rica&raquo; (n. 17: <i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 23 de octubre de 1992, p. 10). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Nos hallamos ahora reunidos con el fin de hacer realidad aquellos prop&oacute;sitos de caridad pastoral, buscando el bien de la Iglesia que est&aacute; en Am&eacute;rica y con un esp&iacute;ritu de colegialidad afectiva y efectiva entre todos los pastores de las Iglesias particulares. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">6.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, comencemos los trabajos sinodales en el contexto de la inminente conclusi&oacute;n del A o lit&uacute;rgico y del pr&oacute;ximo inicio del Adviento. &iexcl;Ojal&aacute; que esta significativa coincidencia marque la orientaci&oacute;n fundamental de nuestras reflexiones y de nuestras decisiones! <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">En verdad, queridos hermanos y hermanas, este tiempo nos invita a una gran vigilancia. Debemos velar y orar, recordando que nos presentaremos un d&iacute;a delante del Hijo del hombre, como pastores de la Iglesia que est&aacute; en el continente americano. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">A ti, Mar&iacute;a, Madre de la esperanza, amada y venerada en los numerosos santuarios esparcidos por todo el continente americano, encomendamos esta Asamblea sinodal. Ayuda a los cristianos de Am&eacute;rica a ser atentos testigos del Evangelio para que nos encontremos <i>despiertos y preparados <\/i>el d&iacute;a grande y misterioso, cuando Cristo llegue, como Se&ntilde;or glorioso de los pueblos, a juzgar a los vivos y los muertos. &iexcl;Am&eacute;n! <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>INAUGURACI&Oacute;N DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA AM&Eacute;RICA DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A&nbsp; DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San PedroDomingo 16 de noviembre de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Velad, pues, porque no sab&eacute;is qu&eacute; d&iacute;a vendr&aacute; vuestro Se&ntilde;or&raquo; (Aleluya, cf. 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