{"id":40067,"date":"2016-10-05T23:34:20","date_gmt":"2016-10-06T04:34:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-octubre-de-1997-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-isabel-y-san-zacarias-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:20","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:20","slug":"26-de-octubre-de-1997-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-isabel-y-san-zacarias-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/26-de-octubre-de-1997-visita-pastoral-a-la-parroquia-romana-de-santa-isabel-y-san-zacarias-2\/","title":{"rendered":"26 de octubre de 1997, Visita pastoral a la parroquia romana de Santa Isabel y San Zacar\u00edas"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SANTA ISABEL Y SAN ZACAR&Iacute;AS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/p>\n<p> Domingo 26 de octubre de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&laquo;<i>El Se&ntilde;or ha estado grande con nosotros<\/i>&raquo; (<i>Sal <\/i>125, 3). <\/p>\n<p>El estribillo del Salmo responsorial sintetiza muy bien el contenido de la palabra de Dios que nos propone la liturgia de hoy. <\/p>\n<p>Como hemos escuchado en el evangelio, Jes&uacute;s realiz&oacute; un milagro en favor de Bartimeo, el ciego de Jeric&oacute; que, gracias a su intervenci&oacute;n taumat&uacute;rgica, recuper&oacute; la vista (cf. <i>Mt <\/i>10, 52). Dios realiz&oacute; grandes haza&ntilde;as en favor de la descendencia de Jacob, liber&aacute;ndola de la esclavitud de Egipto y haci&eacute;ndola entrar en la tierra prometida. Y cuando el pueblo elegido debi&oacute; afrontar una nueva esclavitud, a causa de su infidelidad, Dios liber&oacute; a Israel del exilio babil&oacute;nico y lo volvi&oacute; a guiar a la tierra de sus padres. <\/p>\n<p>Refiri&eacute;ndose a los grandes acontecimientos de la historia salv&iacute;fica, el Salmo responsorial proclama: &laquo;Cuando el Se&ntilde;or cambi&oacute; la suerte de Si&oacute;n, nos parec&iacute;a so&ntilde;ar: la boca se nos llenaba de risas, la lengua de cantares&raquo; (<i>Sal<\/i> 125,1-2). <\/p>\n<p>Las <i>magnalia Dei <\/i>de la antigua alianza constituyen una prefiguraci&oacute;n del misterio de la Encarnaci&oacute;n, suma intervenci&oacute;n de Dios no s&oacute;lo en favor de Israel, sino tambi&eacute;n de todos los hombres. &laquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo \u2014escribe san Juan\u2014 que dio a su Hijo &uacute;nico, para que todo el que crea en &eacute;l no perezca, sino que tenga vida eterna&raquo; (<i>Jn<\/i>&nbsp;3, 16). El Hijo unig&eacute;nito de Dios, de la misma naturaleza del Padre, se encarn&oacute; por obra del Esp&iacute;ritu Santo. Asumi&oacute; nuestra naturaleza humana de Mar&iacute;a, la Hija elegida de Si&oacute;n, y realiz&oacute; la redenci&oacute;n de toda la humanidad. <\/p>\n<p>2.&nbsp;&laquo;T&uacute; eres sacerdote eterno, seg&uacute;n el rito de Melquisedec&raquo; (<i>Hb <\/i>5, 6). Jes&uacute;s es el sumo Sacerdote de la alianza nueva y eterna. El sacerdocio antiguo, transmitido por los descendientes de Aar&oacute;n, hermano de Mois&eacute;s, es sustituido por el verdadero y perfecto sacerdocio de Cristo. La carta a los Hebreos afirma: &laquo;Todo sumo sacerdote, escogido entre los hombres, est&aacute; puesto para representar a los hombres en el culto a Dios: para ofrecer dones y sacrificios por los pecados &raquo; (<i>Hb <\/i>5, 1).<\/p>\n<p>Toda la vida de Cristo tiene valor sacerdotal. Pero su sacerdocio se manifiesta plenamente en el misterio pascual. En el G&oacute;lgota, se ofrece a s&iacute; mismo al Padre mediante un sacrificio cruento, &uacute;nico y perfecto. As&iacute;, cumpli&oacute; definitivamente la profec&iacute;a dirigida a Melquisedec: &laquo;Esto lo realiz&oacute; de una vez para siempre, ofreci&eacute;ndose a s&iacute; mismo&raquo; (<i>Hb <\/i>7, 27). La v&iacute;spera de su muerte, anticip&oacute; el memorial de dicho sacrificio, bajo las especies del pan y del vino consagrados. De ese modo, su gesto de inmolaci&oacute;n se convirti&oacute; en el sacramento de la nueva alianza, la Eucarist&iacute;a de la Iglesia. Cada vez que celebramos o participamos en la santa misa, debemos proclamar con gratitud las palabras del Salmo de hoy: &laquo;&iexcl;El Se&ntilde;or ha estado grande con nosotros!&raquo;. <\/p>\n<p>3.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la parroquia de Santa Isabel y San Zacar&iacute;as, repitamos juntos este canto hoy. <\/p>\n<p>He venido a visitar vuestra joven comunidad, y me alegra celebrar con vosotros el d&iacute;a del Se&ntilde;or. Os saludo a todos cordialmente, y os agradezco vuestra calurosa acogida. Saludo, en particular, al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro p&aacute;rroco, don Giorgio Cara, que merece un aplauso. Ha dicho muchas cosas buenas de vosotros. Se ve que os ama: ama a todas las familias; ama a los ni&ntilde;os tan numerosos en la parroquia, ama a todos sin excepci&oacute;n. Saludo tambi&eacute;n a los sacerdotes que colaboran con &eacute;l, y que vienen de &Aacute;frica. Igualmente saludo a las personas consagradas, y a los laicos, tanto j&oacute;venes como adultos, que participan en la vida parroquial. Extiendo mi afectuoso saludo a los habitantes de todo el barrio de Prima Porta. <\/p>\n<p>Vuestra parroquia es de reciente fundaci&oacute;n, pues se constituy&oacute; en 1985, aunque sus comienzos se remontan a diez a&ntilde;os antes, cuando numerosas familias procedentes de otros lugares vinieron a establecerse en esta zona. Gracias tambi&eacute;n a la generosa colaboraci&oacute;n de las religiosas de la Inmaculada, que se prolong&oacute; hasta 1993, vuestra comunidad, despu&eacute;s de un modesto comienzo, ha crecido notablemente hasta contar actualmente con cerca de nueve mil almas. Se ha organizado gradualmente y ha experimentado un r&aacute;pido desarrollo, especialmente en los &aacute;mbitos de la catequesis y la formaci&oacute;n de los catequistas, la liturgia y la actividad misionera con significativas experiencias de grupos de oraci&oacute;n familiar. <\/p>\n<p>Doy gracias a Dios con vosotros por estos frutos alentadores, y espero de todo coraz&oacute;n que pod&aacute;is contar pronto con una hermosa iglesia parroquial, como es vuestro deseo, que sirva de centro espiritual de este barrio que crece cada vez m&aacute;s.<\/p>\n<p>La <i>misi&oacute;n ciudadana<\/i>, que durante la Cuaresma de 1998 se llevar&aacute; a cabo en todas las parroquias, constituir&aacute; un ulterior est&iacute;mulo para alimentar en vosotros el fervor apost&oacute;lico y misionero. A este respecto, s&eacute; que algunos j&oacute;venes, durante el verano pasado, vivieron una fructuosa experiencia misionera en El Salvador y en el nordeste de Brasil. Me congratulo con vosotros por ella, y espero que en todos aumente el anhelo de anunciar y testimoniar en los diversos ambientes al Se&ntilde;or muerto y resucitado. <\/p>\n<p>4.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, en el &aacute;mbito de la misi&oacute;n ciudadana, el pr&oacute;ximo domingo 30 de noviembre tendr&eacute; la alegr&iacute;a de entregar el crucifijo y confiar el mandato misionero a m&aacute;s de trece mil fieles, que est&aacute;n prepar&aacute;ndose para esta empresa apost&oacute;lica. Lo har&eacute;, si Dios quiere, durante la celebraci&oacute;n eucar&iacute;stica que inaugurar&aacute; el segundo a&ntilde;o de preparaci&oacute;n inmediata para el gran jubileo del a&ntilde;o 2000. Con vistas a un desarrollo eficaz de esta importante acci&oacute;n eclesial, que implica a toda la comunidad diocesana, cuento con la generosa contribuci&oacute;n de todos y, particularmente, con la de los <i>j&oacute;venes<\/i>, llamados a ser <i>los ap&oacute;stoles de Cristo entre sus coet&aacute;neos<\/i>. La visita pastoral de los obispos auxiliares a las comunidades juveniles, que ya est&aacute;n realizando desde hace algunas semanas, tiene precisamente como objetivo manifestar la importancia de su contribuci&oacute;n y su testimonio. <\/p>\n<p>Es necesario que al lado de los j&oacute;venes <i>se comprometan tambi&eacute;n las familias cristianas. <\/i>Por eso, durante este a&ntilde;o, la di&oacute;cesis de Roma dedica gran atenci&oacute;n a la pastoral familiar. Desgraciadamente, son numerosas las familias que tienen dificultades, pero es consolador ver c&oacute;mo esta instituci&oacute;n sigue ocupando en Roma y en Italia el primer lugar en la escala de valores. Por tanto, la familia cristiana puede y debe desempe&ntilde;ar un papel importante para ayudar a las familias que, por diversos motivos, atraviesan momentos dif&iacute;ciles. Para realizar dicha tarea, est&aacute; llamada a tomar cada vez mayor conciencia de su vocaci&oacute;n y de su misi&oacute;n: como <i>Iglesia dom&eacute;stica<\/i>, la familia es el lugar desde donde se irradia el Evangelio. La familia que vive el Evangelio, como recordaba mi venerado predecesor el Papa Pablo &nbsp;VI, se convierte en evangelizadora de muchas familias y del ambiente en el que se encuentra insertada. En otras palabras, se transforma autom&aacute;ticamente en misionera (cf. <i> <a href=\"\/content\/paul-vi\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_p-vi_exh_19751208_evangelii-nuntiandi.html\"> Evangelii nuntiandi<\/a><\/i>, 71). <\/p>\n<p>Queridos j&oacute;venes, queridas familias, sed ap&oacute;stoles de nuestra ciudad. Sed sembradores de la verdad y del amor de Cristo con vuestro coherente testimonio evang&eacute;lico y vuestra activa participaci&oacute;n en la misi&oacute;n ciudadana. <\/p>\n<p>5.&nbsp;El Salmo responsorial nos recuerda que &laquo;los que siembran con l&aacute;grimas cosechan entre cantares&raquo; (<i>Sal <\/i>125, 5). Puede parecernos arduo el compromiso que Jes&uacute;s nos pide, pero &eacute;l nos asegura su ayuda y su apoyo. <i>Est&aacute; con nosotros y act&uacute;a por nosotros<\/i>. <\/p>\n<p>Conscientes de su amor, podemos dirigirnos a &eacute;l con confianza. Como el campesino, que despu&eacute;s del tiempo de la siembra experimenta la alegr&iacute;a de la cosecha, Dios nos conceder&aacute; a todos volver con j&uacute;bilo, trayendo los frutos de nuestro trabajo misionero (cf. <i>Sal <\/i>125, 6). &Eacute;l es Padre que colma de alegr&iacute;a a sus hijos. <\/p>\n<p>Contemplando los dones de su gracia, podemos repetir con gratitud: &laquo;El Se&ntilde;or ha estado grande con nosotros&raquo;. S&iacute;, el Se&ntilde;or no deja de realizar maravillas en favor nuestro. &iexcl;Siempre! <\/p>\n<p>Bendito sea su santo nombre, ahora y por los siglos de los siglos. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA DE SANTA ISABEL Y SAN ZACAR&Iacute;AS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 26 de octubre de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;El Se&ntilde;or ha estado grande con nosotros&raquo; (Sal 125, 3). 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