{"id":40068,"date":"2016-10-05T23:34:21","date_gmt":"2016-10-06T04:34:21","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-octubre-de-1997-santa-teresa-de-lisieux\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:21","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:21","slug":"19-de-octubre-de-1997-santa-teresa-de-lisieux","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-octubre-de-1997-santa-teresa-de-lisieux\/","title":{"rendered":"19 de octubre de 1997 &#8211; Santa Teresa de Lisieux"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA TERESA DE LISIEUX, DOCTORA DE LA IGLESIA<\/font><\/p>\n<p> <\/font><br \/>\n<center> <\/p>\n<p><b><i><font size=\"+1\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p><font color=\"#663300\"><i> Domingo, 19 de octubre de 1997<br \/>Jornada mundial de las misiones<\/i><\/font><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><\/center> <\/p>\n<p align=\"left\">1. &quot;Los pueblos caminar&aacute;n a tu luz&quot; (<i>Is<\/i> 60, 3). En estas palabras del profeta Isa&iacute;as resuena, como ardiente espera y luminosa esperanza, el eco de la Epifan&iacute;a. Precisamente la relaci&oacute;n con esa solemnidad nos permite comprender mejor el car&aacute;cter misionero de este domingo. En efecto, la profec&iacute;a de Isa&iacute;as prolonga a la humanidad entera la perspectiva de la salvaci&oacute;n, y as&iacute; anticipa el gesto prof&eacute;tico de los Magos de Oriente que, acudiendo a adorar al Ni&ntilde;o divino nacido en Bel&eacute;n (cf. <i>Mt<\/i> 2, 1-12), anuncian e inauguran la adhesi&oacute;n de los pueblos al mensaje de Cristo. Todos los hombres est&aacute;n llamados a acoger en la fe el Evangelio que salva. La Iglesia ha sido enviada a todos los pueblos, a todas las tierras y culturas: &quot;Id (&#8230;) y haced disc&iacute;pulos a todas las gentes, bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo, y ense&ntilde;&aacute;ndoles a guardar todo lo que yo os he mandado&quot; (<i>Mt<\/i> 28, 19-20). Estas palabras, pronunciadas por Cristo antes de subir al cielo, junto con la promesa, hecha a los Ap&oacute;stoles y a sus sucesores, de que estar&iacute;a con ellos hasta el fin del mundo (cf. <i>Mt<\/i> 28, 20), constituyen la esencia del mandato misionero: es Cristo mismo quien, en la persona de sus ministros, va ad gentes, hacia las gentes que no han recibido a&uacute;n el anuncio de la fe. <\/p>\n<p align=\"left\">2. Teresa Mart&iacute;n, carmelita descalza de Lisieux, deseaba ardientemente ser misionera. Y lo fue, hasta el punto de que pudo ser proclamada patrona de las misiones. Jes&uacute;s mismo le mostr&oacute; de qu&eacute; modo pod&iacute;a vivir esa vocaci&oacute;n: practicando en plenitud el mandamiento del amor, se introducir&iacute;a en el coraz&oacute;n mismo de la misi&oacute;n de la Iglesia, sosteniendo con la fuerza misteriosa de la oraci&oacute;n y de la comuni&oacute;n a los heraldos del Evangelio. As&iacute;, ella realiz&oacute; lo que subray&oacute; el concilio Vaticano II, cuando ense&ntilde;&oacute; que la Iglesia, por su naturaleza, es misionera (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_decree_19651207_ad-gentes_sp.html\"> Ad gentes<\/a><\/i>, 2). No s&oacute;lo los que escogen la vida misionera, sino tambi&eacute;n todos los bautizados, de alguna manera, son enviados ad gentes. Por eso, he querido escoger este domingo misionero para proclamar Doctora de la Iglesia universal a santa Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s y de la Santa Faz: una mujer, una joven y una contemplativa. <\/p>\n<p align=\"left\">3. Todos percibimos, por consiguiente, que hoy se est&aacute; realizando algo sorprendente. Santa Teresa de Lisieux no pudo acudir a universidades ni realizar estudios sistem&aacute;ticos. Muri&oacute; muy joven y, a pesar de ello, desde hoy tendr&aacute; el honor de ser Doctora de la Iglesia, un notable reconocimiento que la exalta en la estima de toda la comunidad cristiana m&aacute;s de lo que pudiera hacer un &quot;t&iacute;tulo acad&eacute;mico&quot;. En efecto, cuando el Magisterio proclama a alguien Doctor de la Iglesia, desea se&ntilde;alar a todos los fieles, y de modo especial a los que prestan en la Iglesia el servicio fundamental de la predicaci&oacute;n o realizan la delicada tarea de la investigaci&oacute;n y la ense&ntilde;anza de la teolog&iacute;a, que la doctrina profesada y proclamada por una persona puede servir de punto de referencia, no s&oacute;lo porque es acorde con la verdad revelada, sino tambi&eacute;n porque aporta nueva luz sobre los misterios de la fe, una comprensi&oacute;n m&aacute;s profunda del misterio de Cristo. El Concilio nos record&oacute; que, con la asistencia del Esp&iacute;ritu Santo, crece continuamente en la Iglesia la comprensi&oacute;n del &quot;depositum fidei&quot;, y a ese proceso de crecimiento no s&oacute;lo contribuyen el estudio rico de contemplaci&oacute;n a que est&aacute;n llamados los te&oacute;logos y el magisterio de los pastores, dotados del &quot;carisma cierto de la verdad&quot;, sino tambi&eacute;n el &quot;profundo conocimiento de las cosas espirituales&quot; que se concede por la v&iacute;a de la experiencia, con riqueza y diversidad de dones, a quienes se dejan guiar con docilidad por el Esp&iacute;ritu de Dios (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651118_dei-verbum_sp.html\"> Dei Verbum<\/a><\/i>, 8). La <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\"> Lumen gentium<\/a><\/i>, por su parte, ense&ntilde;a que en los santos &quot;nos habla Dios mismo&quot; (n. 50). Por esta raz&oacute;n, con el fin de profundizar en los divinos misterios, que son siempre m&aacute;s grandes que nuestros pensamientos, se atribuye un valor especial a la experiencia espiritual de los santos, y no es casualidad que la Iglesia escoja &uacute;nicamente entre ellos a las personas a quienes quiere otorgar el t&iacute;tulo de &quot;Doctor&quot;. <\/p>\n<p align=\"left\">4. Teresa del Ni&ntilde;o Jes&uacute;s y de la Santa Faz es la m&aacute;s joven de los &quot;Doctores de la Iglesia&quot;, pero su ardiente itinerario espiritual manifiesta tal madurez, y las intuiciones de fe expresadas en sus escritos son tan vastas y profundas, que le merecen un lugar entre los grandes maestros del esp&iacute;ritu. En la carta apost&oacute;lica que he escrito para esta ocasi&oacute;n, he se&ntilde;alado algunos aspectos destacados de su doctrina. Pero no puedo menos de recordar, en este momento, lo que se puede considerar el culmen, a la luz del relato del conmovedor descubrimiento que hizo de su vocaci&oacute;n particular dentro de la Iglesia. &quot;La caridad escribe me dio la clave de mi vocaci&oacute;n. Comprend&iacute; que si la Iglesia ten&iacute;a un cuerpo, compuesto por diferentes miembros, no le faltaba el m&aacute;s noble de todos: comprend&iacute; que la Iglesia ten&iacute;a un coraz&oacute;n y que este coraz&oacute;n ard&iacute;a de amor. Comprend&iacute; que s&oacute;lo el Amor hac&iacute;a actuar a los miembros de la Iglesia: que si el Amor se apagara, los ap&oacute;stoles no anunciar&iacute;an el Evangelio, los m&aacute;rtires no querr&iacute;an derramar su sangre (&#8230;). Comprend&iacute; que el amor encerraba todas las vocaciones (&#8230;). Entonces, con alegr&iacute;a desbordante, exclam&eacute;: oh Jes&uacute;s, Amor m&iacute;o, (&#8230;) por fin he encontrado mi vocaci&oacute;n. Mi vocaci&oacute;n es el amor&quot; (Ms B, 3 v). Es una p&aacute;gina admirable, que basta por s&iacute; sola para ilustrar c&oacute;mo se puede aplicar a santa Teresa el pasaje evang&eacute;lico que acabamos de escuchar en la liturgia de la Palabra: &quot;Yo te bendigo, Padre, Se&ntilde;or del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes, y se las has revelado a los peque&ntilde;os&quot; (<i>Mt<\/i> 11, 25). <\/p>\n<p align=\"left\">5. Teresa de Lisieux no s&oacute;lo capt&oacute; y describi&oacute; la profunda verdad del amor como centro y coraz&oacute;n de la Iglesia, sino que la vivi&oacute; intensamente en su breve existencia. Precisamente esta convergencia entre la doctrina y la experiencia concreta, entre la verdad y la vida, entre la ense&ntilde;anza y la pr&aacute;ctica, resplandece con particular claridad en esta santa, convirti&eacute;ndola en un modelo atractivo especialmente para los j&oacute;venes y para los que buscan el sentido aut&eacute;ntico de su vida. Frente al vac&iacute;o espiritual de tantas palabras, Teresa presenta otra soluci&oacute;n: la &uacute;nica Palabra de salvaci&oacute;n que, comprendida y vivida en el silencio, se transforma en manantial de vida renovada. A una cultura racionalista y muy a menudo impregnada de materialismo pr&aacute;ctico, ella contrapone con sencillez desarmante el &quot;caminito&quot; que, remitiendo a lo esencial, lleva al secreto de toda existencia: el amor divino que envuelve y penetra toda la historia humana. En una &eacute;poca, como la nuestra, marcada con gran frecuencia por la cultura de lo ef&iacute;mero y del hedonismo, esta nueva Doctora de la Iglesia se presenta dotada de singular eficacia para iluminar el esp&iacute;ritu y el coraz&oacute;n de quienes tienen sed de verdad y de amor. <\/p>\n<p align=\"left\">6. Santa Teresa es proclamada Doctora de la Iglesia el d&iacute;a en que celebramos la Jornada mundial de las misiones. Ella abrig&oacute; un deseo ardiente de consagrarse al anuncio del Evangelio y hubiera querido coronar su testimonio con el sacrificio supremo del martirio (cf. Ms B, 3 r). Adem&aacute;s, es conocido con cu&aacute;nto empe&ntilde;o sostuvo el trabajo apost&oacute;lico de los padres Maurice Belli&egrave;re y Adolphe Roulland, misioneros respectivamente en &Aacute;frica y China. En su impulso de amor por la evangelizaci&oacute;n, Teresa ten&iacute;a un solo ideal, como ella misma afirma: &quot;Lo que le pedimos es trabajar por su gloria, amarlo y hacerlo amar&quot; (Carta 220). La senda que recorri&oacute; para llegar a este ideal de vida no fue la de las grandes empresas, reservadas a unos pocos, sino una senda que est&aacute; al alcance de todos, el &quot;caminito&quot;, un camino de confianza y de abandono total a la gracia del Se&ntilde;or. No se ha de subestimar este camino, como si fuese menos exigente. En realidad es exigente, como lo es siempre el Evangelio. Pero es un camino impregnado del sentido de confiado abandono a la misericordia divina, que hace ligero incluso el compromiso espiritual m&aacute;s riguroso. Por este camino, en el que lo recibe todo como &quot;gracia&quot;; por el hecho de que pone en el centro de todo su relaci&oacute;n con Cristo y la elecci&oacute;n de amor; y por el espacio que da tambi&eacute;n a los afectos y sentimientos en su itinerario espiritual, Teresa de Lisieux es una santa que permanece joven, a pesar del paso de los a&ntilde;os, y se presenta como modelo eminente y gu&iacute;a en el itinerario de los cristianos para nuestro tiempo, en el umbral del tercer milenio. <\/p>\n<p align=\"left\">7. Por eso, es grande la alegr&iacute;a de la Iglesia en esta jornada que corona las expectativas y las oraciones de tantos que han intuido, al solicitar que se le concediera el t&iacute;tulo de Doctora, este especial don de Dios y han promovido su reconocimiento y su acogida. Deseamos dar gracias por ello al Se&ntilde;or todos juntos, y particularmente con los profesores y los estudiantes de las universidades eclesi&aacute;sticas romanas, que precisamente en estos d&iacute;as han comenzado el nuevo a&ntilde;o acad&eacute;mico. S&iacute;, Padre, te bendecimos, junto con Jes&uacute;s (cf. <i> Mt<\/i> 11, 25), porque has ocultado tus secretos &quot;a los sabios y a los inteligentes&quot;, y los has revelado a esta &quot;peque&ntilde;a&quot;, que hoy nuevamente propones a nuestra atenci&oacute;n y a nuestra imitaci&oacute;n. &iexcl;Gracias por la sabidur&iacute;a que le concediste, convirti&eacute;ndola en testigo singular y maestra de vida para toda la Iglesia! &iexcl;Gracias por el amor que derramaste en ella, y que sigue iluminando y calentando los corazones, impuls&aacute;ndolos hacia la santidad! El deseo que Teresa expres&oacute; de &quot;pasar su cielo haciendo el bien en la tierra&quot; sigue cumpli&eacute;ndose de modo admirable. &iexcl;Gracias, Padre, porque hoy nos la haces cercana de una manera nueva, para alabanza y gloria de tu nombre por los siglos! Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp; <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>SANTA TERESA DE LISIEUX, DOCTORA DE LA IGLESIA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo, 19 de octubre de 1997Jornada mundial de las misiones &nbsp; 1. &quot;Los pueblos caminar&aacute;n a tu luz&quot; (Is 60, 3). En estas palabras del profeta Isa&iacute;as resuena, como ardiente espera y luminosa esperanza, el eco de la Epifan&iacute;a. 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