{"id":40072,"date":"2016-10-05T23:34:25","date_gmt":"2016-10-06T04:34:25","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-rio-de-janeiro-5-de-octubre-de-1997-rio-de-janeiro\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:25","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:25","slug":"viaje-apostolico-a-rio-de-janeiro-5-de-octubre-de-1997-rio-de-janeiro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-rio-de-janeiro-5-de-octubre-de-1997-rio-de-janeiro\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a R\u00edo de Janeiro: 5 de octubre de 1997, R\u00edo de Janeiro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" face=\"Times\" size=\"3\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A R&Iacute;O DE JANEIRO<\/font> <font size=\"3\"> <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font size=\"3\"><b><font color=\"#663300\">SANTA MISA PARA EL II ENCUENTRO MUNDIAL<br \/> CON LAS FAMILIAS EN LA EXPLANADA DE FLAMENGO<\/font><\/b><\/font><\/p>\n<p><font size=\"3\"> <\/font><br \/>\n<font face=\"Times\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\" size=\"4\"><b> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/b><\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>5 de octubre de 1997<\/i><\/font><\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><i>&iexcl;Alabado sea nuestro Se&ntilde;or Jesucristo!<\/i><\/p>\n<p>1. &laquo;Que el Se&ntilde;or nos bendiga todos los d&iacute;as de nuestra vida&raquo; (<i>Salmo responsorial<\/i>).<\/p>\n<p>Doy gracias a Dios porque me ha permitido reunirme nuevamente con vosotras, familias de todo el mundo, para reafirmar solemnemente que sois &laquo;la esperanza de la humanidad&raquo;.<\/p>\n<p>El I Encuentro mundial con las familias tuvo lugar en Roma, en 1994; el segundo se concluye hoy en R&iacute;o de Janeiro. Agradezco cordialmente la invitaci&oacute;n al cardenal Eug&ecirc;nio de Ara&uacute;jo Sales y doy las gracias a todos los obispos y a las autoridades brasile&ntilde;as que han contribuido al &eacute;xito de este gran evento. Doy tambi&eacute;n las gracias al cardenal L&oacute;pez Trujillo y a todos sus colaboradores del Consejo pontificio para la familia. Nos hemos reunido aqu&iacute; de diversos pa&iacute;ses y de varias Iglesias, no s&oacute;lo de Brasil y de Am&eacute;rica Latina, sino de todos los continentes, para elevar juntos esta oraci&oacute;n a Dios: &laquo;Que el Se&ntilde;or nos bendiga todos los d&iacute;as de nuestra vida&raquo;.<\/p>\n<p>En efecto, la familia es esta particular y, al mismo tiempo, fundamental comunidad de amor y de vida, sobre la que se apoyan todas las dem&aacute;s comunidades y sociedades. Por eso, invocando las bendiciones del Alt&iacute;simo para las familias, oramos juntos por todas las grandes sociedades que aqu&iacute; representamos. Oramos por el futuro de las naciones y de los Estados, as&iacute; como por el de la Iglesia y del mundo.<\/p>\n<p>De hecho, a trav&eacute;s de la familia, toda la existencia humana est&aacute; orientada al futuro. En ella el hombre viene al mundo, crece y madura. En ella se convierte en ciudadano cada vez m&aacute;s responsable de su pa&iacute;s y en miembro cada vez m&aacute;s consciente de la Iglesia. La familia es tambi&eacute;n el ambiente primero y fundamental donde cada hombre descubre y realiza su vocaci&oacute;n humana y cristiana. Por &uacute;ltimo, la familia es una comunidad insustituible por ninguna otra. Esto es lo que se vislumbra en las lecturas de la liturgia de hoy.<\/p>\n<p>2. Al Mes&iacute;as acuden los representantes de la ortodoxia jud&iacute;a, los fariseos, y le preguntan si al marido le es l&iacute;cito repudiar a su mujer. Cristo, a su vez, les pregunta qu&eacute; les orden&oacute; hacer Mois&eacute;s; ellos responden que Mois&eacute;s les permiti&oacute; escribir un acta de divorcio y repudiarla. Pero Cristo les dice: &laquo;Teniendo en cuenta la dureza de vuestro coraz&oacute;n escribi&oacute; Mois&eacute;s para vosotros este precepto. Pero desde el comienzo de la creaci&oacute;n, Dios los hizo var&oacute;n y mujer. Por eso dejar&aacute; el hombre a su padre y a su madre, y los dos se har&aacute;n una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. Pues bien, lo que Dios uni&oacute;, no lo separe el hombre&raquo; (<i>Mc<\/i> 10, 5-9).<\/p>\n<p>Cristo se refiere al inicio. Ese inicio se halla contenido en el libro del G&eacute;nesis, donde encontramos la descripci&oacute;n de la creaci&oacute;n del hombre. Como leemos en el cap&iacute;tulo primero de este libro, Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza, var&oacute;n y mujer los cre&oacute; (cf. <i>Gn<\/i> 1, 27) y dijo: &laquo;Sed fecundos y multiplicaos y henchid la tierra y sometedla&raquo; (<i>Gn<\/i> 1, 28). En la segunda descripci&oacute;n de la creaci&oacute;n, que nos propone la primera lectura de la liturgia de hoy, leemos que la mujer fue creada del hombre. As&iacute; lo relata la Escritura: &laquo;Entonces el Se&ntilde;or Dios hizo caer un profundo sue&ntilde;o sobre el hombre, el cual se durmi&oacute;. Y le quit&oacute; una de las costillas, rellenando el vac&iacute;o con carne. De la costilla que el Se&ntilde;or Dios hab&iacute;a tomado del hombre form&oacute; una mujer y la llev&oacute; ante el hombre. Entonces &eacute;ste exclam&oacute;: &quot;Esta vez s&iacute; que es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta ser&aacute; llamada mujer, porque del var&oacute;n ha sido tomada&quot;. Por eso deja el hombre a su padre y a su madre y se une a su mujer, y se hacen una sola carne&raquo; (<i>Gn<\/i> 2, 21-24).<\/p>\n<p>3. El lenguaje utiliza las categor&iacute;as antropol&oacute;gicas del mundo antiguo, pero es de una profundidad extraordinaria: expresa, de manera realmente admirable, las verdades esenciales. Todo lo que ha descubierto posteriormente la reflexi&oacute;n humana y el conocimiento cient&iacute;fico no ha hecho m&aacute;s que explicitar lo que ya estaba presente en ese texto.<\/p>\n<p>El libro de<font size=\"3\">l<\/font><font size=\"3\"> G&eacute;nesis muestra, ante todo, la dimensi&oacute;n c&oacute;smica de la creaci&oacute;n. La aparici&oacute;n del hombre se realiza en el inmenso horizonte de la creaci&oacute;n de todo el universo: no es casualidad que acontezca en el &uacute;ltimo d&iacute;a de la creaci&oacute;n del mundo. El hombre entra en la obra del Creador, en el momento en que se daban todas las condiciones para que pudiera existir. El hombre es una de sus criaturas visibles; sin embargo, al mismo tiempo, s&oacute;lo de &eacute;l dice la sagrada Escritura que fue hecho &laquo;a imagen y semejanza de Dios&raquo;. Esta admirable uni&oacute;n del cuerpo y del esp&iacute;ritu constituye una innovaci&oacute;n decisiva en el proceso de la creaci&oacute;n. Con el ser humano, toda la grandeza de la creaci&oacute;n visible se abre a la dimensi&oacute;n espiritual. La inteligencia y la voluntad, el conocimiento y el amor, entran en el universo visible en el momento mismo de la creaci&oacute;n del hombre. Entran precisamente manifestando desde el inicio la compenetraci&oacute;n de la vida corporal con la espiritual. As&iacute; el hombre deja a su padre y a su madre y se une a su mujer, llegando a ser una sola carne; con todo, esta uni&oacute;n conyugal se arraiga al mismo tiempo en el conocimiento y en el amor, o sea, en la dimensi&oacute;n espiritual.<\/font><\/p>\n<p>El libro del G&eacute;nesis habla de todo esto con un lenguaje que le es propio y que, al mismo tiempo, es admirablemente sencillo y completo. El hombre y la mujer, llamados a vivir en el proceso de la creaci&oacute;n del universo, se presentan en el umbral de su vocaci&oacute;n llevando consigo la capacidad de procrear en colaboraci&oacute;n con Dios, que directamente crea el alma de cada nuevo ser humano. Mediante el conocimiento rec&iacute;proco y el amor, as&iacute; como mediante la uni&oacute;n corporal, llamar&aacute;n a la existencia a seres semejantes a ellos y, como ellos, hechos &laquo;a imagen y semejanza de Dios&raquo;. Dar&aacute;n la vida a sus hijos, al igual que ellos la recibieron de sus padres. Esta es la verdad, sencilla y, al mismo tiempo, grande sobre la familia, tal como nos la presentan las p&aacute;ginas del libro del G&eacute;nesis y del Evangelio: en el plan de Dios, el matrimonio \u2014el matrimonio indisoluble\u2014 es el fundamento de una familia sana y responsable.<\/p>\n<p>4. Con trazos breves pero incisivos, Cristo describe en el Evangelio el plan original de Dios creador. Ese relato lo hace tambi&eacute;n la carta a los Hebreos, proclamada en la segunda lectura: &laquo;Conven&iacute;a, en verdad, que Aquel por quien es todo y para quien es todo, llevara muchos hijos a la gloria, perfeccionando mediante el sufrimiento al que iba a guiarlos a la salvaci&oacute;n. Pues tanto el santificador como los santificados tienen todos el mismo origen&raquo; (<i>Hb<\/i> 2, 10-11). La creaci&oacute;n del hombre tiene su fundamento en el Verbo eterno de Dios. Dios ha llamado a la existencia todas las cosas por la acci&oacute;n de este Verbo, el Hijo eterno, por medio del cual todo ha sido creado. Tambi&eacute;n el hombre fue creado por el Verbo, y fue creado var&oacute;n y mujer. La alianza conyugal tiene su origen en el Verbo eterno de Dios. <i>En &eacute;l fue creada la familia.<\/i> En &eacute;l la familia es eternamente pensada, imaginada y realizada por Dios. Por Cristo adquiere su car&aacute;cter sacramental, su santificaci&oacute;n.<\/p>\n<p>El texto de la carta a los Hebreos recuerda que la santificaci&oacute;n del matrimonio, como la de cualquier otra realidad humana, fue realizada por Cristo al precio de su pasi&oacute;n y cruz. &Eacute;l se manifiesta aqu&iacute; como el nuevo Ad&aacute;n. De la misma manera que en el orden natural descendemos todos de Ad&aacute;n, as&iacute; en el orden de la gracia y de la santificaci&oacute;n procedemos todos de Cristo. La santificaci&oacute;n de la familia tiene su fuente en el car&aacute;cter sacramental del matrimonio.<\/p>\n<p>El santificador \u2014es decir, Cristo\u2014 y los santificados \u2014vosotros, padres y madres; vosotras, familias\u2014 os present&aacute;is juntos ante Dios Padre para pedirle ardientemente que bendiga lo que ha realizado en vosotros mediante el sacramento del matrimonio. Esta oraci&oacute;n incluye a todos los casados y a las familias que viven en la tierra. En efecto, Dios, el &uacute;nico creador del universo, es la fuente de la vida y de la santidad.<\/p>\n<p>5. Padres y familias del mundo entero, dejad que os lo diga: Dios os llama a la santidad. &Eacute;l mismo os ha elegido &laquo;antes de la creaci&oacute;n del mundo \u2014nos dice san Pablo\u2014 para ser santos e inmaculados en su presencia (&#8230;) por medio de Jesucristo&raquo; (<i>Ef<\/i> 1, 4). &Eacute;l os ama much&iacute;simo y desea vuestra felicidad, pero quiere que sep&aacute;is <i>conjugar siempre la fidelidad con la felicidad, pues una no puede existir sin la otra<\/i>. No dej&eacute;is que la mentalidad hedonista, la ambici&oacute;n y el ego&iacute;smo entren en vuestros hogares. Sed generosos con Dios. No puedo por menos de recordar, una vez m&aacute;s, que la familia est&aacute; &laquo;al servicio de la Iglesia y de la sociedad en su ser y en su obrar, <i>en cuanto comunidad &iacute;ntima de vida y de amor<\/i>&raquo; (<i><a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_exhortations\/documents\/hf_jp-ii_exh_19811122_familiaris-consortio.html\">Familiaris consortio<\/a><\/i>, 50). La entrega mutua, bendecida por Dios e impregnada de fe, esperanza y caridad, permitir&aacute; alcanzar la perfecci&oacute;n y la santificaci&oacute;n de cada uno de los esposos. En otras palabras, servir&aacute; como n&uacute;cleo santificador de la misma familia, y ser&aacute; instrumento de difusi&oacute;n de la obra de evangelizaci&oacute;n de todo hogar cristiano.<\/p>\n<p>Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;qu&eacute; gran tarea ten&eacute;is ante vosotros! Sed portadores de paz y alegr&iacute;a en el seno del hogar; la gracia eleva y perfecciona el amor y con &eacute;l os concede las virtudes familiares indispensables de la humildad, el esp&iacute;ritu de servicio y de sacrificio, el afecto paterno, materno y filial, el respeto y la comprensi&oacute;n mutua. Y dado que el bien es difusivo por s&iacute; mismo, espero tambi&eacute;n que vuestra adhesi&oacute;n a la pastoral familiar sea, en la medida de vuestras posibilidades, un incentivo a irradiar generosamente el don que hay en vosotros, ante todo entre vuestros hijos y luego entre los casados \u2014tal vez parientes y amigos\u2014 que est&aacute;n lejos de Dios o pasan momentos de incomprensi&oacute;n o desconfianza. En este camino hacia el jubileo del a&ntilde;o 2000, invito a todos los que me escuchan a <i>robustecer la fe y el testimonio de los cristianos<\/i>, para que con la gracia de Dios se realicen la aut&eacute;ntica conversi&oacute;n y la renovaci&oacute;n personal en el seno de las familias de todo el mundo (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_10111994_tertio-millennio-adveniente.html\"> Tertio millennio adveniente<\/a><\/i>, 42). Que el esp&iacute;ritu de la Sagrada Familia de Nazaret reine en todos los hogares cristianos.<\/p>\n<p>Familias de Brasil, de Am&eacute;rica Latina y del mundo entero, el Papa y la Iglesia conf&iacute;an en vosotras. &iexcl;Tened confianza: Dios est&aacute; con nosotros!<\/p>\n<p><font size=\"3\"> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A R&Iacute;O DE JANEIRO SANTA MISA PARA EL II ENCUENTRO MUNDIAL CON LAS FAMILIAS EN LA EXPLANADA DE FLAMENGO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II 5 de octubre de 1997 &nbsp; &iexcl;Alabado sea nuestro Se&ntilde;or Jesucristo! 1. &laquo;Que el Se&ntilde;or nos bendiga todos los d&iacute;as de nuestra vida&raquo; (Salmo responsorial). 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