{"id":40077,"date":"2016-10-05T23:34:28","date_gmt":"2016-10-06T04:34:28","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/visita-pastoral-a-bolonia-28-de-septiembre-de-1997-misa-de-clausura-del-congreso-eucaristico-nacional-italiano-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:28","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:28","slug":"visita-pastoral-a-bolonia-28-de-septiembre-de-1997-misa-de-clausura-del-congreso-eucaristico-nacional-italiano-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/visita-pastoral-a-bolonia-28-de-septiembre-de-1997-misa-de-clausura-del-congreso-eucaristico-nacional-italiano-2\/","title":{"rendered":"Visita pastoral a Bolonia: 28 de septiembre de 1997, Misa de clausura del Congreso eucar\u00edstico nacional italiano"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA PASTORAL A LA CIUDAD DE BOLONIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b>MISA DE CLAUSURA DEL CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO NACIONAL ITALIANO<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/i><\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Domingo 28 de septiembre de 1997<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis disc&iacute;pulos?&raquo; (<i>Mc <\/i>14, 14). <\/p>\n<p align=\"left\">Esa pregunta la hace Jes&uacute;s el Jueves santo en Jerusal&eacute;n. Los disc&iacute;pulos, cuando encontraron el lugar donde comer&iacute;an la cena pascual, van y preparan todo como lo hab&iacute;a establecido el Maestro y all&iacute;, en esa sala privilegiada, tiene lugar la &uacute;ltima Cena, la cena pascual, durante la cual Cristo instituye la Eucarist&iacute;a, el supremo sacramento de la nueva alianza. <\/p>\n<p align=\"left\">Despu&eacute;s de tomar el pan, lo bendice y lo entrega a sus disc&iacute;pulos, diciendo: &laquo;Tomad, esto es mi cuerpo&raquo;. Lo mismo hace con el c&aacute;liz del vino: despu&eacute;s de bendecirlo, se lo da a los disc&iacute;pulos, diciendo: &laquo;Tomad y bebed. Esta es mi sangre, la sangre de la alianza, derramada por todos; haced esto en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&raquo; (cf. <i>Mc <\/i>14, 22-24). <\/p>\n<p align=\"left\">Entramos hoy idealmente en Jerusal&eacute;n, <i>en la sala veneranda donde tuvo lugar la &uacute;ltima Cena <\/i>y donde se llev&oacute; a cabo la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a. Al mismo tiempo, entramos en muchos otros lugares de todo el mundo, en otros innumerables &laquo;cen&aacute;culos&raquo;. En el decurso de la historia, durante los per&iacute;odos de persecuci&oacute;n, fue necesario muchas veces preparar esas salas en las catacumbas. Tambi&eacute;n hoy, por desgracia, se dan circunstancias en que los cristianos deben celebrar la Eucarist&iacute;a a escondidas, como en tiempos de las catacumbas. Pero dondequiera que se celebre la Cena, en las estupendas catedrales ricas de historia o en las capillitas de los pa&iacute;ses de misi&oacute;n, siempre se reproduce el cen&aacute;culo de Jerusal&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;Son numeros&iacute;simos los lugares en los que se renueva la Cena pascual, especialmente en Italia. De manera simb&oacute;lica, hoy ser&iacute;a necesario citar aqu&iacute; todas las &laquo;salas eucar&iacute;sticas&raquo;, todos los cen&aacute;culos de esta tierra de antiguas tradiciones cristianas. En efecto, este es el sentido del Congreso eucar&iacute;stico nacional, que constituye, en la maravillosa coreograf&iacute;a de esta celebraci&oacute;n, <i>una especial &laquo;sala pascual&raquo;<\/i>, un nuevo &laquo;cen&aacute;culo &raquo;, donde se hace presente de modo solemne el gran Misterio de la fe. Se celebra la Eucarist&iacute;a de la Iglesia como don y misterio, se eleva al cielo la gran oraci&oacute;n de acci&oacute;n de gracias del pueblo italiano, que desde hace casi dos mil a&ntilde;os participa en el banquete eucar&iacute;stico. <\/p>\n<p align=\"left\">Pienso aqu&iacute; en los <i>inicios de la Iglesia<\/i>, en los ap&oacute;stoles Pedro y Pablo, en los m&aacute;rtires de los primeros siglos y, despu&eacute;s del edicto de Constantino, en la &eacute;poca de los santos Padres, de los doctores, de los fundadores de &oacute;rdenes y congregaciones religiosas hasta nuestros tiempos. Es incesante el memorial de la gran Eucarist&iacute;a, que entra&ntilde;a la acci&oacute;n de gracias de la historia, porque Cristo &laquo;con su santa cruz ha redimido el mundo&raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\">Para el pueblo italiano este Congreso es el &uacute;ltimo del siglo: un siglo en el que se han perpetrado, a escala mundial, graves atentados contra el hombre en la verdad de su ser. En nombre de ideolog&iacute;as totalitarias y enga&ntilde;osas, este siglo ha sacrificado millones de vidas humanas. En nombre del arbitrio, llamado libertad, se siguen suprimiendo seres humanos por nacer e inocentes. En nombre de un bienestar que no sabe mantener las perspectivas de felicidad que promete, muchos han pensado que era posible prescindir de Dios. Por consiguiente, un siglo marcado por sombras oscuras, pero tambi&eacute;n un siglo que ha conservado la fe transmitida por los Ap&oacute;stoles, enriqueci&eacute;ndola con el resplandor de la santidad. <\/p>\n<p align=\"left\">En la peregrinaci&oacute;n espiritual que lleva al gran jubileo del a&ntilde;o 2000, este Congreso eucar&iacute;stico constituye <i> una etapa importante para las Iglesias que est&aacute;n en Italia. <\/i>Lo atestigua tambi&eacute;n el gran n&uacute;mero de obispos que hoy est&aacute;n aqu&iacute; para celebrar conmigo la Eucarist&iacute;a y los muchos fieles que han venido de todo el pa&iacute;s. A cada uno de ellos le saludo cordialmente. En particular, a mi venerado hermano el se&ntilde;or cardenal Giacomo Biffi, arzobispo de Bolonia, que me acoge en esta circunstancia extraordinaria; y al cardenal Camillo Ruini, mi legado en este Congreso. Saludo, asimismo, a los numerosos cardenales, arzobispos y obispos, a los sacerdotes, a los religiosos y a las religiosas presentes. Un saludo va tambi&eacute;n a los j&oacute;venes, con los que me reun&iacute; ayer por la tarde, aqu&iacute;, en esta plaza, a las familias y a los enfermos, unidos de modo especial al misterio eucar&iacute;stico mediante su sufrimiento f&iacute;sico y moral. Saludo al presidente del Gobierno, hon. Romano Prodi, bolo&ntilde;&eacute;s, y a las dem&aacute;s autoridades civiles y militares que han querido participar en nuestra celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Congregados todos en esta asamblea lit&uacute;rgica, que representa a la entera comunidad cristiana de Italia, aclamamos: &laquo;<i>Anunciamos tu muerte; proclamamos tu resurrecci&oacute;n; ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s&raquo;. <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;&laquo;Acu&eacute;rdate de todo el camino que el Se&ntilde;or tu Dios te ha hecho recorrer durante estos cuarenta a&ntilde;os en el desierto &raquo; (<i>Dt <\/i>8, 2). <\/p>\n<p align=\"left\">En la primera lectura, la liturgia de hoy se refiere a la historia de Israel, pueblo elegido, que Dios hizo salir de Egipto, de la situaci&oacute;n de esclavitud, y durante cuarenta a&ntilde;os gui&oacute; en el desierto hacia la tierra prometida. Ese camino de cuarenta a&ntilde;os no es s&oacute;lo un dato hist&oacute;rico; es tambi&eacute;n un gran s&iacute;mbolo, que tiene un significado, en cierto modo, universal. Toda la humanidad, todos los pueblos y las naciones <i>est&aacute;n en camino<\/i>, como Israel, <i>en el desierto de este mundo. <\/i>Ciertamente, cada regi&oacute;n del planeta tiene sus caracter&iacute;sticas de cultura y civilizaci&oacute;n, que la hacen interesante y grata. Pero eso no quita que cada tierra siga siendo siempre, desde un punto de vista m&aacute;s profundo, <i>un desierto por el que el hombre avanza hacia la patria prometida<\/i>, hacia la casa del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\">En esta peregrinaci&oacute;n, nuestro gu&iacute;a es Cristo crucificado y resucitado que, mediante su muerte y su resurrecci&oacute;n, confirma constantemente la orientaci&oacute;n &uacute;ltima del camino humano en la historia. De por s&iacute;, <i>el desierto de este mundo es lugar de muerte: <\/i>en &eacute;l el ser humano nace, crece y muere. &iexcl;Cu&aacute;ntas generaciones, a lo largo de los siglos, han encontrado la muerte en este desierto! <i>La &uacute;nica excepci&oacute;n es Cristo. <\/i>S&oacute;lo &eacute;l ha vencido la muerte y ha revelado la vida. S&oacute;lo gracias a &eacute;l los que han muerto podr&aacute;n resucitar, porque s&oacute;lo &eacute;l puede introducir al hombre, a trav&eacute;s del desierto del tiempo, <i>en la tierra prometida de la eternidad. <\/i>Ya lo ha hecho con su Madre; y lo har&aacute; con todos los que creen en &eacute;l y forman parte del nuevo pueblo en camino hacia la patria del cielo.<\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Durante los cuarenta a&ntilde;os pasados en el desierto, el pueblo necesit&oacute; <i>el man&aacute; <\/i>para sobrevivir. En efecto, el desierto no se pod&iacute;a cultivar y, por consiguiente, no pod&iacute;a dar de comer al pueblo en su camino: era preciso el man&aacute;, el pan que bajaba del cielo. Cristo, nuevo Mois&eacute;s, alimenta al pueblo de la nueva alianza con <i>un man&aacute; totalmente particular. <\/i>Su Cuerpo es el verdadero alimento bajo la especie del pan; su Sangre es la verdadera bebida bajo la especie del vino. Nos mantiene en vida este alimento y esta bebida eucar&iacute;sticos. <\/p>\n<p align=\"left\">En el misterio de la Sangre nos introduce la segunda lectura, tomada de la carta a los Hebreos. El Ap&oacute;stol escribe: &laquo;Present&oacute;se Cristo como sumo sacerdote de los bienes futuros, (&#8230;) penetr&oacute; en el santuario una vez para siempre, (&#8230;) con su propia sangre, consiguiendo una redenci&oacute;n eterna. (&#8230;) Por eso es mediador de una nueva alianza; para que, interviniendo su muerte para remisi&oacute;n de las transgresiones de la primera alianza, los que han sido llamados reciban la herencia eterna prometida&raquo; (<i>Hb <\/i>9, 11-12.15). <\/p>\n<p align=\"left\">El Ap&oacute;stol reserva un lugar particular al misterio de la Sangre de Cristo, de la que un canto eucar&iacute;stico proclama: &laquo;Sangre sant&iacute;sima, Sangre de la redenci&oacute;n, t&uacute; curas las heridas del pecado&raquo;. Esta es precisamente la verdad que afirma el Autor inspirado: &laquo;La sangre de Cristo, que por el Esp&iacute;ritu eterno se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo sin tacha a Dios, purificar&aacute; de las obras muertas nuestra conciencia&raquo; (<i>Hb <\/i>9, 14). <\/p>\n<p align=\"left\"> 5.&nbsp;Se trata de dos significados de la Eucarist&iacute;a, que van unidos de un modo estrecho y peculiar en nuestra reflexi&oacute;n de hoy. <i>La Eucarist&iacute;a nos nutre; <\/i>es alimento y bebida. Al mismo tiempo, <i>la Eucarist&iacute;a, <\/i>en cuanto &laquo;Cuerpo entregado &raquo; y &laquo;Sangre derramada&raquo;, es <i>fuente de nuestra purificaci&oacute;n<\/i>. Mediante la Eucarist&iacute;a, Jesucristo, Redentor del hombre, &uacute;nico Salvador del mundo, no s&oacute;lo permanece entre nosotros, sino tambi&eacute;n dentro de nosotros. Con su gracia permanece en nosotros &laquo;ayer, hoy y siempre &raquo; (<i>Hb <\/i>13, 8). <\/p>\n<p align=\"left\"> Este Congreso eucar&iacute;stico quiere expresar todo eso de modo global y significativo para gloria de Dios, para la renovaci&oacute;n de la conciencia de los hombres y para consuelo del pueblo de Dios. Quiere poner de relieve que la <i>Eucarist&iacute;a es el don supremo de Dios al hombre. <\/i>Como tal, es el arquetipo de todo verdadero don del hombre al hombre, el fundamento de toda aut&eacute;ntica solidaridad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Como conclusi&oacute;n del Congreso, tan bien preparado por la Iglesia en que se ha llevado a cabo y por la ciudad que lo ha acogido, quisiera decir a todos los creyentes de este amado pa&iacute;s: mirad con confianza a Cristo, renovad vuestro amor a &eacute;l, presente en el Sacramento eucar&iacute;stico. &Eacute;l es el Hu&eacute;sped divino del alma, el apoyo en toda debilidad, la fuerza en toda prueba, el consuelo en todo dolor, el Pan de vida, el destino supremo de todo ser humano. <\/p>\n<p align=\"left\"> De la Eucarist&iacute;a brota la fuerza para afrontar siempre, en cualquier circunstancia, las exigencias de la verdad y el deber de la coherencia. Los Congresos eucar&iacute;sticos nacionales han constituido una ya larga tradici&oacute;n de servicio al hombre; tradici&oacute;n que Bolonia entrega hoy a la cristiandad del tercer milenio. <\/p>\n<p align=\"left\"> Con la mirada fija en la Eucarist&iacute;a, misterio central de nuestra fe, imploramos: Se&ntilde;or Jes&uacute;s, Verbo de Dios encarnado en el seno de la Virgen Mar&iacute;a, acompa&ntilde;a los pasos del pueblo italiano por las sendas de la justicia y la solidaridad, de la reconciliaci&oacute;n y la paz. <\/p>\n<p align=\"left\"> Haz que Italia conserve intacto el patrimonio de valores humanos y cristianos que la ha hecho grande a lo largo de los siglos. Que de los innumerables tabern&aacute;culos que hay en todo el pa&iacute;s se irradie la luz de esa verdad y el calor del amor en que radica la esperanza del futuro para este pueblo, al igual que para todos los dem&aacute;s pueblos de la tierra. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA PASTORAL A LA CIUDAD DE BOLONIA MISA DE CLAUSURA DEL CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO NACIONAL ITALIANO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 28 de septiembre de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;&iquest;D&oacute;nde est&aacute; mi sala, donde pueda comer la Pascua con mis disc&iacute;pulos?&raquo; (Mc 14, 14). Esa pregunta la hace Jes&uacute;s el Jueves santo en Jerusal&eacute;n. 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