{"id":40080,"date":"2016-10-05T23:34:31","date_gmt":"2016-10-06T04:34:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-agosto-de-1997-celebracion-internacional-de-la-jornada-mundial-de-la-juventud-paris\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:31","slug":"24-de-agosto-de-1997-celebracion-internacional-de-la-jornada-mundial-de-la-juventud-paris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/24-de-agosto-de-1997-celebracion-internacional-de-la-jornada-mundial-de-la-juventud-paris\/","title":{"rendered":"24 de agosto de 1997, Celebraci\u00f3n internacional de la Jornada Mundial de la Juventud, Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<p><font size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">XII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">SANTA MISA DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p> <\/font><br \/>\n<font size=\"4\"> <\/p>\n<p align=\"center\">\n<p><\/font><br \/>\n<font color=\"#663300\"> <font size=\"4\"> <i><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/><\/b><\/i> <\/font> <font size=\"3\"> <br \/><i>Hip&oacute;dromo de Longchamp, Par&iacute;s<br \/>Domingo 24 de agosto de 1997<\/i><\/font><\/font><br \/>\n<font size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"left\"><b>&nbsp;<\/b><\/p>\n<p align=\"left\">1.<i> &quot;Maestro, &iquest;d&oacute;nde vives?&quot; <\/i>(<i>Jn<\/i> 1, 38). Dos j&oacute;venes hicieron un d&iacute;a esta pregunta a Jes&uacute;s de Nazaret. Esto ocurr&iacute;a al borde del Jord&aacute;n. Jes&uacute;s hab&iacute;a venido para recibir el bautismo de Juan, pero el Bautista, al ver a Jes&uacute;s que ven&iacute;a a su encuentro, dice: &quot;Este es el Cordero de Dios&quot; (<i>Jn<\/i> 1,36). Estas palabras prof&eacute;ticas se&ntilde;alaban al Redentor, al que iba a dar su vida por la salvaci&oacute;n del mundo. As&iacute;, desde el bautismo en el Jord&aacute;n, Juan indicaba al Crucificado. Fueron precisamente dos disc&iacute;pulos de Juan el Bautista quienes, al o&iacute;r estas palabras, siguieron a Jes&uacute;s. &iquest;No tiene esto un rico significado? Cuando Jes&uacute;s les pregunta: &quot;&iquest;Qu&eacute; busc&aacute;is?&quot; (<i>Jn<\/i> 1, 38), contestaron tambi&eacute;n ellos con una pregunta: &quot;Rabbi (es decir Maestro), &iquest;d&oacute;nde moras?&quot; (<i>Ib&iacute;d<\/i> ). Jes&uacute;s les respondi&oacute;: &quot;Venid y ver&eacute;is&quot;. Ellos le siguieron, fueron donde viv&iacute;a y se quedaron con &Eacute;l aquel d&iacute;a&quot; (<i>Jn<\/i> 1,39). Se convirtieron as&iacute; en los primeros disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s. Uno de ellos era Andr&eacute;s, el que condujo tambi&eacute;n a su hermano Sim&oacute;n Pedro a Jes&uacute;s.<\/p>\n<p align=\"left\">Queridos amigos, me complace poder meditar este Evangelio con vosotros, juntamente con los Cardenales y los Obispos que me rodean y que me es grato saludar. Saludo gustoso en particular al Cardenal Eduardo Pironio, que ha trabajado tanto por las Jornadas Mundiales. Mi gratitud va al Cardenal Jean-Marie Lustiger por su acogida, a Mons. Michel Dubost, a los Obispos de Francia y a los de muchos Pa&iacute;ses del mundo que os acompa&ntilde;an y que han enriquecido vuestras reflexiones. Saludo cordialmente asimismo a los sacerdotes concelebrantes, a los religiosos y religiosas, y a todos los responsables de vuestros movimientos y de vuestros grupos diocesanos.<\/p>\n<p align=\"left\">Agradezco su presencia a nuestros hermanos cristianos de otras comunidades, as&iacute; como a las personalidades civiles que han querido asociarse a esta celebraci&oacute;n lit&uacute;rgica.<\/p>\n<p align=\"left\">Salud&aacute;ndoos a todos de nuevo, me complace dirigir una palabra de &aacute;nimo afectuoso a los minusv&aacute;lidos que est&aacute;n entre vosotros; les estamos agradecidos por haber venido con nosotros y por ofrecernos su testimonio de fe y de esperanza.<\/p>\n<p align=\"left\">En nombre de todos, quisiera tambi&eacute;n expresar nuestra gratitud a los numerosos voluntarios que aseguran con dedicaci&oacute;n y competencia la organizaci&oacute;n de vuestra reuni&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">2. El breve fragmento del Evangelio de Juan que hemos escuchado nos dice lo esencial del programa de la Jornada Mundial de la Juventud: un intercambio de preguntas, y despu&eacute;s una respuesta que es una llamada. Presentando este encuentro con Jes&uacute;s, la liturgia quiere mostrarnos hoy lo que m&aacute;s cuenta en nuestra vida. Y yo, Sucesor de Pedro, he venido a pediros que pong&aacute;is tambi&eacute;n vosotros esta cuesti&oacute;n a Cristo: &quot;&iquest;D&oacute;nde moras? Si le hac&eacute;is sinceramente esta pregunta, podr&eacute;is escuchar su respuesta y recibir de &Eacute;l el valor y la fuerza para acogerla.<\/p>\n<p align=\"left\">La pregunta es el fruto de <i>una b&uacute;squeda<\/i>. El hombre busca a Dios. El hombre joven comprende en el fondo de s&iacute; mismo que esta b&uacute;squeda es la ley interior de su existencia. El ser humano busca su camino en el mundo visible; y, a trav&eacute;s del mundo visible, busca el invisible a lo largo de su itinerario espiritual. Cada uno de nosotros puede repetir las palabras del salmista &quot;Tu rostro buscar&eacute; Se&ntilde;or, no me escondas tu rostro&quot; (<i>Sal<\/i>. 27\/26, 8-9). Cada uno de nosotros tiene su historia personal y lleva en s&iacute; mismo el deseo de ver a Dios, un deseo que se experimenta al mismo tiempo que se descubre el mundo creado. Este mundo es maravilloso y rico, despliega ante la humanidad sus maravillosas riquezas, seduce, atrae la raz&oacute;n tanto como la voluntad. Pero, a fin de cuentas, no colma el esp&iacute;ritu. El hombre se da cuenta de que este mundo, en la diversidad de sus riquezas, es superficial y precario; en un cierto sentido, esta abocado a la muerte. Hoy tomamos conciencia cada vez m&aacute;s de la fragilidad de nuestra tierra, demasiado a menudo degradada por la misma mano del hombre a quien el Creador la ha confiado.<\/p>\n<p align=\"left\">En cuanto al hombre mismo, viene al mundo, nace del seno materno, crece y muere; descubre su vocaci&oacute;n y desarrolla su personalidad a lo largo de los a&ntilde;os de su actividad; despu&eacute;s se aproxima cada vez m&aacute;s al momento en que debe abandonar este mundo. Cuanto m&aacute;s larga es su vida, m&aacute;s se resiente el hombre de su propio car&aacute;cter precario, mas se pone la cuesti&oacute;n de la inmortalidad; &iquest;qu&eacute; hay m&aacute;s all&aacute; de las fronteras de la muerte? Entonces, en lo profundo de ser, surge la pregunta planteada a Aquel que ha vencido la muerte: &quot;Maestro, &iquest;d&oacute;nde moras?&quot; Maestro, t&uacute; que amas y respetas la persona humana, t&uacute; que has compartido el sufrimiento de los hombres, tu que esclareces el misterio de la existencia humana, &iexcl;haznos descubrir el verdadero sentido de nuestra vida y de nuestra vocaci&oacute;n! &quot;Tu rostro buscar&eacute; Se&ntilde;or, no me escondas tu rostro&quot; (<i>Sal<\/i>. 27\/26, 8-9).<\/p>\n<p align=\"left\">3. En la orilla del Jord&aacute;n, y m&aacute;s tarde a&uacute;n, los disc&iacute;pulos no sab&iacute;an qui&eacute;n era verdaderamente Jes&uacute;s. Har&aacute; falta mucho tiempo para comprender el misterio del Hijo de Dios. Tambi&eacute;n nosotros llevamos muy dentro el deseo de conocer aquel que revela el rostro de Dios. Cristo responde a la pregunta de sus disc&iacute;pulos con su entera misi&oacute;n mesi&aacute;nica. Ense&ntilde;aba y, para confirmar la verdad de lo que proclamaba, hac&iacute;a grandes prodigios, curaba a los enfermos, resucitaba a los muertos, calmaba las tempestades del mar. Pero todo este proceso excepcional lleg&oacute; a su plenitud en el G&oacute;lgota. Es contemplando a Cristo en la Cruz, con la mirada de la fe cuando se puede &quot;ver&quot; quien es Cristo Salvador, el que carg&oacute; con nuestros sufrimientos, el justo que hizo de su vida un sacrificio y que justificar&aacute; a muchos (cf. <i>Is<\/i> 53, 4.10-11).<\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo resume <i>la sabidur&iacute;a suprema<\/i> en la segunda lectura de este d&iacute;a, por las palabras impresionantes: &quot;<i>La predicaci&oacute;n de la cruz<\/i> es una necedad para los que se pierden; mas para los que se salvan \u2014para nosotros\u2014 es fuerza de Dios. Porque dice la Escritura: <i>Destruir&eacute; la sabidur&iacute;a de los sabios, e inutilizar&eacute; la inteligencia de los inteligentes<\/i>.(&#8230;) De hecho, como el mundo mediante su propia sabidur&iacute;a no conoci&oacute; a Dios en su divina sabidur&iacute;a, quiso Dios salvar a los creyentes mediante la necedad de la predicaci&oacute;n. (&#8230;) Nosotros predicamos a un Cristo crucificados&quot; (<i>1Co<\/i> 1, 18-23). El Ap&oacute;stol habla a las gentes de su tiempo, a los hijos de Israel, que hab&iacute;an recibido la revelaci&oacute;n de Dios sobre el monte Sina&iacute;, y a los Griegos, art&iacute;fices de una gran sabidur&iacute;a humana y una gran filosof&iacute;a. Pero al fin y al cabo la cumbre de la sabidur&iacute;a es Cristo crucificado, no s&oacute;lo a causa de su palabra sino porque &Eacute;l se ofreci&oacute; a s&iacute; mismo por la salvaci&oacute;n de la humanidad.<\/p>\n<p align=\"left\">Con su excepcional ardor, san Pablo repite: &quot;Nosotros predicamos a Cristo crucificado&quot;. Aquel que a los ojos de los hombres parece no ser m&aacute;s que debilidad y locura, nosotros lo proclamamos como Fuerza y Sabidur&iacute;a, plenitud de la Verdad. Es cierto que en nosotros la confianza tiene sus altibajos. Es verdad que nuestra mirada de fe a menudo est&aacute; oscurecida por la duda y por nuestra propia debilidad. Humildes y pobres pecadores, aceptamos el mensaje de la Cruz. Para responder a nuestra pregunta: &quot;Maestro, &iquest;d&oacute;nde moras?&quot;, Cristo nos hace una llamada: venid y ver&eacute;is; en la Cruz ver&eacute;is la se&ntilde;al luminosa de la redenci&oacute;n del mundo, la presencia amorosa del Dios vivo. Porque han aprendido que la Cruz domina la historia, los cristianos han colocado el crucifijo en las iglesias y en los bordes de los caminos, o lo llevan en sus corazones. Pues la Cruz es un signo verdadero de la presencia de los Hijos de Dios; por medio de este signo se revela el Redentor del mundo.<\/p>\n<p align=\"left\">4. &quot;Maestro, &iquest;d&oacute;nde moras?&quot;. La Iglesia nos responde cada d&iacute;a: <i>Cristo est&aacute; presente en la Eucarist&iacute;a<\/i>, el sacramento de su muerte y de su resurrecci&oacute;n. En ella y por ella reconoc&eacute;is la presencia del Dios vivo en la historia del hombre. La Eucarist&iacute;a es el sacramento del amor vencedor de la muerte, es el sacramento de la Alianza, puro don de amor para la reconciliaci&oacute;n de los hombres; es el don de la presencia real de Jes&uacute;s, el Redentor, en el pan que es su Cuerpo entregado, y en el vino que es su Sangre derramada por la multitud. Por la Eucarist&iacute;a, renovada sin cesar en todos los pueblos del mundo, Cristo constituye su Iglesia: nos une en la alabanza y en la acci&oacute;n de gracias para la salvaci&oacute;n, en la comuni&oacute;n que s&oacute;lo el amor infinito puede sellar. Nuestra reuni&oacute;n mundial adquiere todo su sentido actual por la celebraci&oacute;n de la Misa. J&oacute;venes, amigos m&iacute;os, &iexcl;que vuestra presencia sea una real adhesi&oacute;n en la fe! He ah&iacute; que Cristo responde a vuestra pregunta y, al mismo tiempo, a las preguntas de todos los hombres que buscan al Dios vivo. &Eacute;l responde con su invitaci&oacute;n: esto es mi cuerpo, comed todos. &Eacute;l conf&iacute;a al Padre su deseo supremo de la unidad en la misma comuni&oacute;n de los que ama en la misma comuni&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">5. La respuesta a la pregunta &quot;Maestro, &iquest;d&oacute;nde moras?&quot; conlleva numerosas dimensiones. Tiene una dimensi&oacute;n hist&oacute;rica, pascual y sacramental. La primera lectura de hoy nos sugiere a&uacute;n otra dimensi&oacute;n m&aacute;s de la respuesta a la pregunta-lema de la Jornada Mundial de la Juventud: <i>Cristo habita en su pueblo<\/i>. Es el pueblo del cual habla el Deuteronomio en relaci&oacute;n con la historia de Israel: &quot; Por el amor que os tiene, os ha sacado el Se&ntilde;or con mano fuerte y os ha librado de la casa de servidumbre, (&#8230;) Has de saber, pues que el Se&ntilde;or tu Dios es el Dios verdadero, el Dios fiel que guarda la alianza y el amor por mil generaciones a los que le aman y guardan sus mandamientos&quot; (<i>Dt<\/i> 7, 8-9). Israel es el pueblo que Dios eligi&oacute; y con el cual hizo la Alianza.<\/p>\n<p align=\"left\">En la nueva Alianza, la elecci&oacute;n de Dios se extiende a todos los pueblos de la tierra. En Jesucristo Dios ha elegido a toda la humanidad. &Eacute;l ha revelado la universalidad de la elecci&oacute;n por la redenci&oacute;n. En Cristo no hay jud&iacute;o ni griego, ni esclavo ni hombre libre, todos son una cosa (cf. <i>Ga<\/i> 3, 28). Todos han sido llamados a participar de la vida de Dios, gracias a la muerte y a la resurrecci&oacute;n de Cristo. &iquest;Nuestro encuentro, en esta Jornada Mundial de la Juventud, no ilustra esta verdad? Todos vosotros, reunidos aqu&iacute;, venidos desde tantos pa&iacute;ses y continentes, &iexcl;sois los testigos de la vocaci&oacute;n universal del pueblo de Dios adquirido por Cristo! La &uacute;ltima respuesta a la pregunta &quot;Maestro, &iquest;d&oacute;nde moras?&quot; debe ser entendida as&iacute;: yo moro en todos los seres humanos salvados. S&iacute;, Cristo habita con su pueblo, que ha extendido sus ra&iacute;ces en todos los pueblos de la tierra, el pueblo que le sigue, a &Eacute;l, el Se&ntilde;or crucificado y resucitado, el Redentor del mundo, el Maestro que tiene las palabras de vida eterna; &Eacute;l, &quot;la Cabeza del pueblo nuevo y universal de los hijos de Dios&quot; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19641121_lumen-gentium_sp.html\">Lumen gentium<\/a><\/i>, 13). El Concilio Vaticano II ha dicho de modo admirable: es &Eacute;l quien &quot;nos dio su Esp&iacute;ritu, que es el &uacute;nico y el mismo en la Cabeza y en los miembros&quot; (<i>Ib&iacute;d<\/i>. 7). Gracias a la Iglesia que nos hace participar de la misma vida del Se&ntilde;or, nosotros podemos ahora retomar la palabra de Jes&uacute;s: &quot;&iquest;A quien iremos? &iquest;A qui&eacute;n otro iremos?&quot; (cf. <i>Jn<\/i> 6, 68).<\/p>\n<p align=\"left\">6. Queridos j&oacute;venes, vuestro camino no se detiene aqu&iacute;. El tiempo no se para hoy. &iexcl;Id por los caminos del mundo, sobre las v&iacute;as de la humanidad permaneciendo unidos en la Iglesia de Cristo!<\/p>\n<p align=\"left\">Continuad contemplando la gloria de Dios, el amor de Dios, y ser&eacute;is iluminados para construir la civilizaci&oacute;n del amor, para ayudar al hombre a ver el mundo transfigurado por la sabidur&iacute;a y el amor eterno.<\/p>\n<p align=\"left\">Perdonados y reconciliados, &iexcl;sed fieles a vuestro bautismo!&iexcl;Testimoniad el Evangelio! Como miembros de la Iglesia, activos y responsables, &iexcl;sed disc&iacute;pulos y testigos de Cristo que revela al Padre, permaneced en la unidad del Esp&iacute;ritu que da la vida!<\/p>\n<p> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD SANTA MISA DE LA JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Hip&oacute;dromo de Longchamp, Par&iacute;sDomingo 24 de agosto de 1997 &nbsp; 1. &quot;Maestro, &iquest;d&oacute;nde vives?&quot; (Jn 1, 38). Dos j&oacute;venes hicieron un d&iacute;a esta pregunta a Jes&uacute;s de Nazaret. 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