{"id":40083,"date":"2016-10-05T23:34:36","date_gmt":"2016-10-06T04:34:36","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-paris-22-de-agosto-de-1997-misa-de-beatificacion-del-siervo-de-dios-federico-ozanam-paris\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:36","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:36","slug":"viaje-apostolico-a-paris-22-de-agosto-de-1997-misa-de-beatificacion-del-siervo-de-dios-federico-ozanam-paris","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-paris-22-de-agosto-de-1997-misa-de-beatificacion-del-siervo-de-dios-federico-ozanam-paris\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Par\u00eds: 22 de agosto de 1997, Misa de beatificaci\u00f3n del siervo de Dios Federico Ozanam, Par\u00eds"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\" size=\"3\">XII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <b> <font color=\"#663300\">MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DEL SIERVO DE DIOS FEDERICO OZANAM<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Par&iacute;s, viernes 22 de agosto de 1997 <\/i> <\/font> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1. <i>\u201cEl amor es de Dios\u201d<\/i> (<i>1 Jn<\/i> 4, 7). El evangelio de hoy nos presenta la figura del buen samaritano. Con esta par&aacute;bola, Cristo quiere mostrar a sus oyentes qui&eacute;n es el pr&oacute;jimo citado en el principal mandamiento de la Ley divina: \u201cAmar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n, con toda tu alma, con todas tus fuerzas y con toda tu mente; y a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 27). Un doctor de la Ley le pregunt&oacute; qu&eacute; deb&iacute;a hacer para alcanzar la vida eterna: encontr&oacute; en esas palabras la respuesta decisiva. Sab&iacute;a que el amor a Dios y al pr&oacute;jimo es el primero y el m&aacute;s grande de los mandamientos. A pesar de ello, le pregunta: \u201cY &iquest;qui&eacute;n es mi pr&oacute;jimo?\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 29).<\/p>\n<p>Es significativo que Jes&uacute;s ponga a un samaritano como ejemplo para responder a esa pregunta. En efecto, los jud&iacute;os no ten&iacute;an en gran estima a los samaritanos. Adem&aacute;s, Cristo compara la conducta de este hombre con la de un sacerdote y la de un levita, que vieron al hombre herido por los salteadores medio muerto en el camino y siguieron de largo, sin auxiliarle. Por el contrario, el samaritano, al ver al hombre sufriendo, \u201ctuvo compasi&oacute;n\u201d (<i>Lc<\/i> 10, 33); su compasi&oacute;n lo impuls&oacute; a realizar varias acciones. Ante todo, vend&oacute; sus heridas; despu&eacute;s lo llev&oacute; a una posada para cuidar de &eacute;l; y, antes de irse, dio al posadero dinero suficiente para que se ocupara de &eacute;l (cf. <i>Lc<\/i> 10, 34-35). El ejemplo es elocuente. El doctor de la Ley recibe una respuesta clara a su pregunta: &iquest;qui&eacute;n es mi pr&oacute;jimo? El pr&oacute;jimo es todo ser humano, sin excepci&oacute;n. Es in&uacute;til preguntarle su nacionalidad, su pertenencia social o religiosa. Si necesita ayuda, hay que ayudarle. Esto es lo que exige la primera y m&aacute;s grande Ley divina, la ley del amor a Dios y al pr&oacute;jimo.<\/p>\n<p>Fiel a este mandamiento del Se&ntilde;or, Federico Ozanam crey&oacute; en el amor, en el amor que Dios tiene a los hombres. &Eacute;l mismo se sinti&oacute; llamado a amar, dando ejemplo de un gran amor a Dios y a los dem&aacute;s. Sal&iacute;a al encuentro de todos los que ten&iacute;an mayor necesidad de ser amados que los dem&aacute;s, a quienes Dios Amor s&oacute;lo pod&iacute;a revelarse efectivamente mediante el amor de otra persona. Ozanam descubri&oacute; en eso su vocaci&oacute;n, y vio el camino al que Cristo lo llamaba. All&iacute; encontr&oacute; su camino hacia la santidad. Y lo recorri&oacute; con determinaci&oacute;n.<\/p>\n<p>2. \u201cEl amor es de Dios\u201d. El amor del hombre tiene su fuente en la ley de Dios; lo muestra la primera lectura, tomada del Antiguo Testamento. Encontramos en ella una descripci&oacute;n detallada de los actos de amor al pr&oacute;jimo. Es como una preparaci&oacute;n b&iacute;blica para la par&aacute;bola del buen samaritano.<\/p>\n<p>La segunda lectura, tomada de la primera carta de san Juan, desarrolla lo que significa la expresi&oacute;n \u201cel amor es de Dios\u201d. El Ap&oacute;stol escribe a sus disc&iacute;pulos: \u201cQueridos, am&eacute;monos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor\u201d (<i>1 Jn<\/i> 4, 7-8). Estas palabras del Ap&oacute;stol son verdaderamente el centro de la Revelaci&oacute;n, el coronamiento al que nos lleva todo lo que se halla escrito en los evangelios y en las cartas apost&oacute;licas. San Juan prosigue: \u201cEn esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que &eacute;l nos am&oacute; y nos envi&oacute; a su Hijo como propiciaci&oacute;n por nuestros pecados\u201d (<i>1 Jn<\/i> 4, 10). La redenci&oacute;n de los pecados manifiesta el amor que nos tiene el Hijo de Dios hecho hombre. Entonces, el amor al pr&oacute;jimo, el amor al hombre, ya no es s&oacute;lo un mandamiento. Es una exigencia que brota de la experiencia vivida del amor a Dios. Por eso san Juan puede escribir: \u201cSi Dios nos am&oacute; de esta manera, tambi&eacute;n nosotros debemos amarnos unos a otros\u201d (<i>1 Jn<\/i> 4, 11).<\/p>\n<p>La ense&ntilde;anza de la carta de Juan prosigue; a continuaci&oacute;n el Ap&oacute;stol escribe: \u201cA Dios nadie le ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en &eacute;l y &eacute;l en nosotros: en que nos ha dado de su Esp&iacute;ritu\u201d (<i>1 Jn<\/i> 4, 12-13). Por tanto, el amor es la fuente del conocimiento. Si, por una parte, el conocimiento es una condici&oacute;n del amor, por otra, el amor ampl&iacute;a el conocimiento. Si permanecemos en el amor, tenemos la certeza de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo, que nos hace participar en el amor redentor del Hijo, a quien el Padre envi&oacute; para la salvaci&oacute;n del mundo. Conociendo a Cristo como Hijo de Dios, permanecemos en &eacute;l y, por &eacute;l, permanecemos en Dios. Por los m&eacute;ritos de Cristo, hemos cre&iacute;do en el amor, conocemos el amor que Dios nos tiene, sabemos que Dios es amor (cf. <i>1 Jn<\/i> 4, 16). Este conocimiento mediante el amor es, en cierto modo, la piedra angular de toda la vida espiritual del cristiano. \u201cQuien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en &eacute;l\u201d (<i>1 Jn<\/i> 4, 16).<\/p>\n<p>3. En el marco de la Jornada mundial de la juventud, que tiene lugar este a&ntilde;o en Par&iacute;s, procedo hoy a la beatificaci&oacute;n de Federico Ozanam. Saludo cordialmente al se&ntilde;or cardenal Jean-Marie Lustiger, arzobispo de Par&iacute;s, ciudad donde se encuentra la tumba del nuevo beato. Me alegra tambi&eacute;n la presencia en este acontecimiento de los cardenales y de obispos de numerosos pa&iacute;ses. Saludo con afecto a los miembros de la Sociedad de San Vicente de Pa&uacute;l, que han venido de todo el mundo para la beatificaci&oacute;n de su principal fundador, as&iacute; como a los representantes de la gran familia espiritual heredera del esp&iacute;ritu de san Vicente. Los v&iacute;nculos entre los vicentinos fueron privilegiados desde los or&iacute;genes de la Sociedad, puesto que fue una Hija de la Caridad, sor Rosalie Rendu, quien gui&oacute; al joven Federico Ozanam y a sus compa&ntilde;eros hacia los pobres del barrio Mouffetard de Par&iacute;s. Queridos disc&iacute;pulos de san Vicente de Pa&uacute;l, os invito a unir vuestras fuerzas para que, como deseaba vuestro fundador, los pobres sean cada vez m&aacute;s amados y servidos, y Jesucristo sea honrado en ellos.<\/p>\n<p>4. Federico Ozanam amaba a todos los necesitados. Desde su juventud, tom&oacute; conciencia de que no bastaba hablar de la caridad y de la misi&oacute;n de la Iglesia en el mundo: esto deb&iacute;a traducirse en un compromiso efectivo de los cristianos al servicio de los pobres. As&iacute;, coincid&iacute;a con la intuici&oacute;n de san Vicente: \u201cAmemos a Dios, hermanos m&iacute;os, amemos a Dios, pero que sea con el esfuerzo de nuestros brazos y con el sudor de nuestra frente\u201d (<i>san Vicente de Pa&uacute;l<\/i>, XI, 40). Para manifestarlo concretamente, a la edad de 20 a&ntilde;os, con un grupo de amigos, cre&oacute; las Conferencias de San Vicente de Pa&uacute;l, cuya finalidad era la ayuda a los m&aacute;s pobres, con un esp&iacute;ritu de servicio y comuni&oacute;n. Muy pronto, esas Conferencias se difundieron fuera de Francia, en todos los pa&iacute;ses de Europa y del mundo. Yo mismo, cuando era estudiante, antes de la segunda guerra mundial, form&eacute; parte de una de ellas.<\/p>\n<p>Desde entonces, el amor a los m&aacute;s miserables, a aquellos de quienes nadie se ocupa, est&aacute; en el centro de la vida y de las preocupaciones de Federico Ozanam. Hablando de esos hombres y mujeres, escribe: &laquo;Deber&iacute;amos caer a sus pies y decirles con el Ap&oacute;stol: \u201c<i>Tu es Dominus meus\u201d<\/i>. Vosotros sois nuestros se&ntilde;ores y nosotros seremos vuestros servidores; vosotros sois para nosotros las im&aacute;genes sagradas del Dios a quien no vemos y, no sabi&eacute;ndolo amar de otro modo, lo amamos en vosotros&raquo; (<i>A Louis Janmot<\/i>).<\/p>\n<p>5. &Eacute;l observa la situaci&oacute;n real de los pobres y busca un compromiso cada vez m&aacute;s eficaz para ayudarles a crecer en humanidad. Comprende que la caridad debe impulsar a trabajar para corregir las injusticias. La caridad y la justicia est&aacute;n unidas. Tiene la valent&iacute;a clarividente de un compromiso social y pol&iacute;tico de primer plano, en una &eacute;poca agitada de la vida de su pa&iacute;s, ya que ninguna sociedad puede aceptar la miseria como una fatalidad, sin que se hiera su honor. As&iacute;, podemos considerarlo un precursor de la doctrina social de la Iglesia, que el Papa Le&oacute;n XIII desarroll&oacute; algunos a&ntilde;os m&aacute;s tarde en la enc&iacute;clica <i> <a href=\"\/content\/leo-xiii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_l-xiii_enc_15051891_rerum-novarum.html\">Rerum novarum<\/a><\/i>.<\/p>\n<p>Frente a las formas de pobreza que agobian a tantos hombres y mujeres, la caridad es un signo prof&eacute;tico del compromiso del cristiano en el seguimiento de Cristo. Por tanto, invito a los laicos, y particularmente a los j&oacute;venes, a dar prueba de valent&iacute;a y de imaginaci&oacute;n, para trabajar en la edificaci&oacute;n de sociedades m&aacute;s fraternas, donde se reconozca la dignidad de los m&aacute;s necesitados y se encuentren los medios para una existencia digna. Con la humildad y la confianza ilimitada en la Providencia que caracterizaban a Federico Ozanam, tened la audacia de compartir los bienes materiales y espirituales con quienes viven en la miseria.<\/p>\n<p>6. El beato Federico Ozanam, ap&oacute;stol de la caridad, esposo y padre de familia ejemplar, gran figura del laicado cat&oacute;lico del siglo XIX, fue un universitario que desempe&ntilde;&oacute; un papel importante en el movimiento de las ideas de su tiempo. Estudiante, profesor eminente primero en Lyon y luego en Par&iacute;s, en la Sorbona, aspira ante todo a la b&uacute;squeda y la comunicaci&oacute;n de la verdad, en la serenidad y el respeto a las convicciones de quienes no compart&iacute;an las suyas. \u201cAprendamos a defender nuestras convicciones, sin odiar a nuestros adversarios \u2014escrib&iacute;a\u2014; a amar a quienes piensan de un modo diferente del nuestro (&#8230;). Quej&eacute;monos menos de nuestro tiempo y m&aacute;s de nosotros mismos\u201d (<i>Cartas<\/i>, 9 de abril de 1851). Con la valent&iacute;a del creyente, denunciando todo ego&iacute;smo, participa activamente en la renovaci&oacute;n de la presencia y de la acci&oacute;n de la Iglesia en la sociedad de su &eacute;poca. Es conocido tambi&eacute;n su papel en la instituci&oacute;n de las Conferencias de Cuaresma en esta catedral de Notre Dame de Par&iacute;s, con el objetivo de permitir que los j&oacute;venes reciban una ense&ntilde;anza religiosa renovada frente a las grandes cuestiones que interpelan su fe. Federico Ozanam, hombre de pensamiento y de acci&oacute;n, sigue siendo para los universitarios de nuestro tiempo, para los profesores y los alumnos, un modelo de compromiso valiente, capaz de hacer o&iacute;r una palabra libre y exigente en la b&uacute;squeda de la verdad y en la defensa de la dignidad de toda persona humana. &iexcl;Que sea tambi&eacute;n para ellos una llamada a la santidad!<\/p>\n<p>7. La Iglesia confirma hoy la opci&oacute;n de vida cristiana hecha por Ozanam, as&iacute; como el camino que emprendi&oacute;. Ella le dice: Federico, tu camino ha sido verdaderamente el camino de la santidad. Han pasado m&aacute;s de cien a&ntilde;os, y este es el momento oportuno para redescubrir ese camino. Es necesario que todos estos j&oacute;venes, m&aacute;s o menos de tu edad, que se han reunido en gran n&uacute;mero en Par&iacute;s, procedentes de todos los pa&iacute;ses de Europa y del mundo, reconozcan que ese camino es tambi&eacute;n el suyo. Es preciso que comprendan que, si quieren ser cristianos aut&eacute;nticos, deben seguir ese mismo camino. Que abran m&aacute;s los ojos de su alma ante las necesidades, tan numerosas, de los hombres de hoy. Que afronten esas necesidades como desaf&iacute;os. Cristo los llama a cada uno por su nombre, para que cada uno pueda decir: &iexcl;&eacute;ste es mi camino! En las opciones que hagan, tu santidad, Federico, ser&aacute; particularmente confirmada. Y tu alegr&iacute;a ser&aacute; grande. T&uacute;, que ya ves con tus ojos a Aquel que es amor, s&eacute; tambi&eacute;n un gu&iacute;a en todos los caminos que estos j&oacute;venes elijan, siguiendo hoy tu ejemplo.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XII JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD MISA DE BEATIFICACI&Oacute;N DEL SIERVO DE DIOS FEDERICO OZANAM HOMIL&Iacute;A DE SU SANTIDAD JUAN PABLO II Par&iacute;s, viernes 22 de agosto de 1997 &nbsp; 1. \u201cEl amor es de Dios\u201d (1 Jn 4, 7). 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