{"id":40095,"date":"2016-10-05T23:34:53","date_gmt":"2016-10-06T04:34:53","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-3-de-junio-de-1997-gniezno\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:53","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:53","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-3-de-junio-de-1997-gniezno","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-3-de-junio-de-1997-gniezno\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico a Polonia, 3 de junio de 1997, Gniezno"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">MISA CON OCASI&Oacute;N DEL MILENARIO DEL MARTIRIO DE SAN ADALBERTO<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> <\/font> <\/b><br \/>Gniezno, martes 3 de junio de 1997<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.<i>&nbsp;Veni, Creator Spiritus<\/i>! <\/p>\n<p align=\"left\">Hoy nos encontramos ante la tumba de san Adalberto en Gniezno. As&iacute;, estamos en el centro del milenario de san Adalberto. Hace un mes comenc&eacute; este itinerario en honor de san Adalberto en Praga y Libice, di&oacute;cesis de Hradec Kr&aacute;lov&eacute;, pues de all&iacute; era originario. Y hoy nos hallamos en Gniezno, podr&iacute;amos decir, en el lugar donde termin&oacute; su peregrinaci&oacute;n terrena. Doy gracias a Dios, uno y trino, porque en el ocaso de este milenio tengo oportunidad de orar nuevamente ante las reliquias de san Adalberto, que constituyen uno de los mayores tesoros de nuestra naci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\"> <i> Queremos seguir el itinerario espiritual de san Adalberto, que en cierto sentido comienza en el cen&aacute;culo<\/i>. La liturgia de hoy nos lleva precisamente al cen&aacute;culo, adonde los Ap&oacute;stoles volvieron desde el monte de los Olivos, despu&eacute;s de la ascensi&oacute;n de Cristo a los cielos. Durante cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Resurrecci&oacute;n, &eacute;l se les apareci&oacute; y les habl&oacute; del reino de Dios. Les recomend&oacute; que no se alejaran de Jerusal&eacute;n, y esperaran la promesa del Padre &laquo;que o&iacute;steis de m&iacute; \u2014les dijo\u2014: Que Juan bautiz&oacute; con agua, pero vosotros ser&eacute;is bautizados en el Esp&iacute;ritu Santo dentro de pocos d&iacute;as. (&#8230;) Recibir&eacute;is la fuerza del Esp&iacute;ritu Santo, que vendr&aacute; sobre vosotros, y ser&eacute;is mis testigos en Jerusal&eacute;n, en toda Judea y Samar&iacute;a, y hasta los confines de la tierra&raquo; (<i>Hch <\/i>1, 4-5.8). <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; pues, los Ap&oacute;stoles reciben el mandato misionero. En virtud de las palabras del Resucitado deben ir por todo el mundo a hacer disc&iacute;pulos de todas las gentes bautiz&aacute;ndolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo (cf. <i>Mt <\/i>28, 14-20). Sin embargo, por el momento, vuelven al cen&aacute;culo y all&iacute; permanecen en oraci&oacute;n, esperando el cumplimiento de la promesa. El d&eacute;cimo d&iacute;a, en la fiesta de Pentecost&eacute;s, Cristo les envi&oacute; el Esp&iacute;ritu Santo, que transform&oacute; su coraz&oacute;n. Recibieron fuerza y se dispusieron a cumplir el mandato misionero. As&iacute; iniciaron la obra de la evangelizaci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia contin&uacute;a esa obra. <i>Los sucesores de los Ap&oacute;stoles siguen yendo por todo el mundo a hacer disc&iacute;pulos a todas las gentes<\/i>. Al final del primer milenio, llegaron a Polonia algunos hijos de varias naciones ya cristianizadas, especialmente de las naciones lim&iacute;trofes. Entre ellos ocupa un lugar central san Adalberto, que lleg&oacute; a Polonia de la cercana y af&iacute;n Bohemia. En cierto sentido, contribuy&oacute; al segundo inicio de la Iglesia en las tierras de los Piast. El bautismo de la naci&oacute;n, el a&ntilde;o 966, en tiempos de Mieszko I, fue confirmado con la sangre del m&aacute;rtir. Y no s&oacute;lo esto: con &eacute;l <i>Polonia entra en la familia de los pa&iacute;ses europeos<\/i>. En efecto, ante las reliquias de san Adalberto se re&uacute;nen el emperador Ot&oacute;n III y Boleslao el Intr&eacute;pido, en presencia de un legado pontificio. Ese encuentro \u2014llamado &laquo;el Encuentro de Gniezno&raquo;\u2014 tiene gran importancia hist&oacute;rica. Desde luego, tuvo un significado pol&iacute;tico, pero tambi&eacute;n eclesial. El Papa Silvestre II erigi&oacute; la primera sede metropolitana polaca junto a la tumba de san Adalberto: Gniezno, a la que quedaron unidas las sedes episcopales de Cracovia, Wroc&#x142;aw y Ko&#x142;obrzeg. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;La semilla que muere da mucho fruto (cf. <i> Jn <\/i>12, 24). Estas palabras del evangelio de san Juan, que Cristo dirigi&oacute; un d&iacute;a a los Ap&oacute;stoles, encuentran singular aplicaci&oacute;n en san Adalberto. Al morir, dio el testimonio supremo. &laquo;<i>El que ama su vida, la pierde; y el que odia su vida en este mundo, la guardar&aacute; para la vida eterna<\/i>&raquo; (<i>Jn <\/i>12, 25). San Adalberto dio tambi&eacute;n testimonio de servicio apost&oacute;lico. En efecto, Cristo dice: &laquo;Si alguno me sirve, que me siga, y donde yo est&eacute;, all&iacute; estar&aacute; tambi&eacute;n mi servidor. Si alguno me sirve, el Padre le honrar&aacute;&raquo; (<i>Jn <\/i>12, 26). <\/p>\n<p align=\"left\">San Adalberto sigui&oacute; a Cristo. Hizo un largo camino, que lo llev&oacute; desde su patria Libice hasta Praga, y de Praga a Roma. Luego, cuando tuvo que enfrentarse de nuevo a la resistencia de sus compatriotas de Praga, parti&oacute; como misionero hacia la llanura de Panonia y, a continuaci&oacute;n, por la Puerta de Moravia, a Gniezno y al B&aacute;ltico. Su misi&oacute;n fue casi la coronaci&oacute;n de la evangelizaci&oacute;n de las tierras de los Piast. Y eso precisamente porque Adalberto dio testimonio de Cristo sufriendo la muerte por martirio. Boleslao el Intr&eacute;pido rescat&oacute; el cuerpo del m&aacute;rtir y lo trajo aqu&iacute;, a Gniezno.<\/p>\n<p align=\"left\">En &eacute;l se cumplieron las palabras de Cristo. Por encima del amor a la vida terrena, san Adalberto hab&iacute;a puesto el amor al Hijo de Dios. Sigui&oacute; a Cristo como siervo fiel y generoso, dando testimonio de &eacute;l a costa de su vida. Y por eso el Padre lo ha honrado. El pueblo de Dios le ha tributado en la tierra una veneraci&oacute;n que se reserva a los santos, con la convicci&oacute;n de que un m&aacute;rtir de Cristo participa en el cielo de la gloria del Padre. <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;El grano de trigo que muere produce mucho fruto&raquo; (cf. <i>Jn <\/i>12, 24). &iexcl;Qu&eacute; literalmente se han cumplido estas palabras en la vida y en la muerte de san Adalberto! Su muerte por martirio, a la que se a&ntilde;ade la sangre de otros m&aacute;rtires polacos, est&aacute; en el origen de la Iglesia polaca y, en cierto modo, tambi&eacute;n del mismo Estado en las tierras de los Piast. lain <i>La sangre de san Adalberto es una semilla que sigue dando nuevos frutos espirituales<\/i>. Toda Polonia, cuando comenz&oacute; a ser Estado y a lo largo de los siglos sucesivos, ha seguido viviendo de esa semilla. <\/p>\n<p align=\"left\">El &laquo;Encuentro de Gniezno&raquo; abri&oacute; a Polonia el camino hacia la unidad con toda la familia de los Estados de Europa. En el umbral del segundo milenio, la naci&oacute;n polaca adquiri&oacute; el derecho de insertarse, en igualdad con otras naciones, en el proceso de formaci&oacute;n de un nuevo rostro de Europa. <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute; pues, san Adalberto es un gran patrono de nuestro continente, que por entonces se estaba unificando en nombre de Cristo. Tanto con su vida como con su muerte, el santo m&aacute;rtir puso las bases de la identidad y de la unidad europea. Muchas veces he seguido esas hist&oacute;ricas huellas, en el per&iacute;odo del milenario del bautismo de Polonia, viniendo de Cracovia a Gniezno con las reliquias de san Estanislao, y doy gracias a la divina Providencia porque hoy tengo la oportunidad de encontrarme una vez m&aacute;s en este itinerario. <\/p>\n<p align=\"left\">Te damos gracias, san Adalberto, por habernos reunido hoy aqu&iacute; a tantas personas. Entre nosotros se encuentran hu&eacute;spedes ilustres. Pienso, ante todo, en los se&ntilde;ores presidentes de los pa&iacute;ses relacionados con la persona de Vojtech- Adalberto. Doy las gracias por su presencia al se&ntilde;or Kwa.niewski, presidente de Polonia; al se&ntilde;or Havel, presidente de la Rep&uacute;blica Checa; al se&ntilde;or Brazauskas, presidente de Lituania; al se&ntilde;or Herzog, presidente de Alemania; al se&ntilde;or Kovac, presidente de la Rep&uacute;blica Eslovaca; al se&ntilde;or Kuchma, presidente de Ucrania; y al se&ntilde;or G&ouml;ncz, presidente de Hungr&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\">Se&ntilde;ores presidentes, vuestra presencia aqu&iacute;, en Gniezno, tiene hoy un significado particular para todo el continente europeo. Como hace mil a&ntilde;os, tambi&eacute;n hoy testimonia la voluntad de una convivencia pac&iacute;fica y de la construcci&oacute;n de una nueva Europa, unida por los v&iacute;nculos de la solidaridad. Os pido que teng&aacute;is la amabilidad de transmitir mis cordiales saludos a las naciones que represent&aacute;is. Dirijo palabras de gratitud tambi&eacute;n a los cardenales que han venido de la ciudad eterna, comenzando por el se&ntilde;or cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado, y a los cardenales de los pa&iacute;ses vinculados con la persona de san Adalberto, encabezados por el se&ntilde;or cardenal Miloslav Vlk, sucesor de san Adalberto en la sede episcopal de Praga. Me alegra que se encuentren con nosotros cardenales que han venido de partes muy lejanas del mundo, desde Am&eacute;rica hasta Australia. Saludo cordialmente y agradezco su presencia a los cardenales polacos y en primer lugar al se&ntilde;or cardenal primado, a los arzobispos y a los obispos. Doy las gracias tambi&eacute;n a los obispos ortodoxos y a los l&iacute;deres de las comunidades que surgieron de la Reforma, as&iacute; como a los responsables de otras comunidades eclesiales. <\/p>\n<p align=\"left\">Dirijo palabras de cordial saludo al arzobispo mons. Muszynski, metropolita de Gniezno y a vosotros, queridos hermanos y hermanas, que hab&eacute;is venido para este encuentro de toda Polonia.<\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Ha quedado profundamente grabado en mi mente el encuentro de Gniezno de junio de 1979, cuando por primera vez el Papa, originario de Cracovia, pudo celebrar la Eucarist&iacute;a en la colina de Lech, en presencia del inolvidable Primado del milenio, de todo el Episcopado polaco, de muchos peregrinos que vinieron no s&oacute;lo de Polonia sino tambi&eacute;n de los pa&iacute;ses lim&iacute;trofes. Hoy, dieciocho a&ntilde;os despu&eacute;s, ser&iacute;a preciso volver a aquella homil&iacute;a de Gniezno que, en cierto sentido, se convirti&oacute; en el programa de mi pontificado. Sin embargo, fue ante todo una humilde lectura de los designios de Dios, vinculados con los &uacute;ltimos veinticinco a&ntilde;os de nuestro milenio. En esa ocasi&oacute;n dije: &laquo;<i>&iquest;No quiere, quiz&aacute;, Cristo; no dispone quiz&aacute; el Esp&iacute;ritu Santo que este Papa polaco, este Papa eslavo, manifieste precisamente ahora la unidad espiritual de la Europa cristiana? Sabemos que esta unidad cristiana de Europa est&aacute; compuesta por dos grandes tradiciones: la del Occidente y la del Oriente. <\/i>(&#8230;) S&iacute;. Cristo quiere, el Esp&iacute;ritu Santo dispone que todo cuanto yo digo sea dicho aqu&iacute; y ahora, precisamente en Gniezno&raquo; (<i>Homil&iacute;a <\/i>en la catedral dedicada a la Asunci&oacute;n de la Virgen Mar&iacute;a, 3 de junio de 1979, n. 5: <i> L\u2019Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 10 de junio de 1979, p. 10). <\/p>\n<p align=\"left\">Desde este lugar se derram&oacute; entonces la gran fuerza del Esp&iacute;ritu Santo. Aqu&iacute; el pensamiento sobre la nueva evangelizaci&oacute;n comenz&oacute; a revestir formas concretas. Mientras tanto se llevaron a cabo grandes transformaciones, surgieron nuevas posibilidades, aparecieron otros hombres. Cay&oacute; el muro que divid&iacute;a a Europa. Cincuenta a&ntilde;os despu&eacute;s del inicio de la segunda guerra mundial, sus efectos dejaron de empa&ntilde;ar el rostro de nuestro continente. Termin&oacute; medio siglo de separaci&oacute;n, por la que millones de habitantes de la Europa central y oriental pagaron un precio terrible. <i>Por eso, aqu&iacute;, ante la tumba de san Adalberto, hoy doy gracias a Dios todopoderoso por el gran don de la libertad que ha concedido a las naciones de Europa<\/i>, y lo hago con las palabras del Salmista: &laquo;Hasta los gentiles dec&iacute;an: &quot;El Se&ntilde;or ha estado grande con ellos&quot;. El Se&ntilde;or ha estado grande con nosotros, y estamos alegres&raquo; (<i>Sal <\/i>124, 2-3). <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Queridos hermanos y hermanas, despu&eacute;s de tantos a&ntilde;os repito lo mismo: es necesaria una nueva disponibilidad. En efecto, se ha visto, a veces de modo doloroso, que la recuperaci&oacute;n del derecho de autodeterminaci&oacute;n y la ampliaci&oacute;n de las libertades pol&iacute;ticas y econ&oacute;micas no basta para la reconstrucci&oacute;n de la unidad europea. &iexcl;C&oacute;mo no mencionar aqu&iacute; la tragedia de las naciones de la ex Yugoslavia, el drama de la naci&oacute;n albanesa y los pesos enormes que han soportado todas las sociedades que han reconquistado la libertad y con gran esfuerzo se liberan del yugo del sistema totalitario comunista! <\/p>\n<p align=\"left\">&iquest;No ser&aacute; que, despu&eacute;s de la ca&iacute;da del muro visible se ha descubierto otro, invisible, que sigue dividiendo nuestro continente: el muro que pasa por los corazones de los hombres? Es un muro hecho de miedo y agresividad, de falta de comprensi&oacute;n hacia los hombres de origen diverso, de diferente color de piel, de diversas convicciones religiosas. Es el muro del ego&iacute;smo pol&iacute;tico y econ&oacute;mico, de la disminuci&oacute;n de la sensibilidad ante el valor de la vida humana y la dignidad de todo hombre. <\/p>\n<p align=\"left\">Incluso los indudables &eacute;xitos del &uacute;ltimo per&iacute;odo en el campo econ&oacute;mico, pol&iacute;tico y social no logran ocultar la existencia de ese muro. Su sombra se extiende a toda Europa. La meta de una aut&eacute;ntica unidad del continente europeo est&aacute; a&uacute;n lejana. <i>No habr&aacute; unidad en Europa hasta que no se funde en la unidad del esp&iacute;ritu. <\/i>Este fundamento profund&iacute;simo de la unidad lleg&oacute; a Europa y se consolid&oacute; a lo largo de los siglos gracias al cristianismo con su Evangelio, con su comprensi&oacute;n del hombre y con su contribuci&oacute;n al desarrollo de la historia de los pueblos y de las naciones. <\/p>\n<p align=\"left\">Esto no significa que queramos apropiarnos de la historia. En efecto, la historia de Europa es un gran r&iacute;o, en el que desembocan numerosos afluentes, y la variedad de las tradiciones y culturas que la forman es su gran riqueza. Los fundamentos de la identidad de Europa est&aacute;n construidos sobre el cristianismo. Y su actual falta de unidad espiritual brota principalmente de la crisis de esta autoconciencia cristiana. <\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;Hermanos y hermanas, fue Jesucristo, &laquo;el mismo ayer, hoy y siempre&raquo; (cf. <i>Hb <\/i>13, 8), quien revel&oacute; al hombre su dignidad. &Eacute;l es el garante de esta dignidad. Fueron los patronos de Europa \u2014san Benito y los santos Cirilo y Metodio\u2014 quienes injertaron en la cultura europea la verdad sobre Dios y sobre el hombre. Fueron los ej&eacute;rcitos de santos misioneros, que nos ha recordado hoy san Adalberto, obispo y m&aacute;rtir, quienes trajeron a los pueblos europeos la ense&ntilde;anza sobre el amor al pr&oacute;jimo, incluso sobre el amor a los enemigos: una ense&ntilde;anza confirmada con la entrega de la vida por ellos. <\/p>\n<p align=\"left\">De esta buena nueva, del Evangelio, vivieron en Europa, en el decurso de los siglos, hasta el d&iacute;a de hoy, nuestros hermanos y hermanas. La repet&iacute;an los muros de las iglesias, de las abad&iacute;as, de los hospitales y de las universidades. La proclamaban los vol&uacute;menes, las esculturas y los cuadros; la anunciaban las estrofas po&eacute;ticas y las obras de los compositores. Sobre el Evangelio se pusieron los cimientos de la unidad espiritual de Europa. <\/p>\n<p align=\"left\">Por consiguiente, <i>desde la tumba de san Adalberto pregunto: &iquest;Nos es l&iacute;cito rechazar la ley de la vida cristiana<\/i>, que afirma que da fruto abundante s&oacute;lo quien da su vida por amor a Dios y a los hermanos, como una semilla plantada en la tierra? <i>Aqu&iacute;, desde este lugar, repito el grito <\/i>que lanc&eacute; al inicio de mi pontificado: &iexcl;<i>Abrid de par en par las puertas a Cristo<\/i>! <\/p>\n<p align=\"left\">En nombre del respeto a los derechos del hombre, en nombre de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad; en nombre de la solidaridad interhumana y del amor, grito: &iexcl;<i>No teng&aacute;is miedo<\/i>! Abrid de par en par las puertas a Cristo. <i>Sin Cristo no es posible comprender al hombre<\/i>. Por eso, el muro, que se alza hoy en los corazones, el muro que divide a Europa, no ser&aacute; derribado si no se vuelve al Evangelio, pues sin Cristo no es posible construir una unidad duradera. No se puede lograr separ&aacute;ndose de las ra&iacute;ces de las que crecieron las naciones y las culturas de Europa, y de la gran riqueza de la cultura espiritual de los siglos pasados. <\/p>\n<p align=\"left\"> &iquest;C&oacute;mo se puede construir una &laquo;casa com&uacute;n&raquo; para toda Europa, si no se edifica con los ladrillos de las conciencias de los hombres, cocidos en el fuego del Evangelio, unidos por el v&iacute;nculo de un amor social solidario, fruto del amor de Dios? San Adalberto se esforz&oacute; por lograr eso; por ese futuro dio su vida. &Eacute;l nos recuerda hoy que no es posible construir una sociedad nueva sin un hombre nuevo, que es el solid&iacute;simo cimiento de la sociedad. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6.&nbsp;En el umbral del tercer milenio, el testimonio de san Adalberto est&aacute; siempre presente en la Iglesia y siempre produce fruto. <i>Debemos reanudar con nuevo vigor su obra de evangelizaci&oacute;n<\/i>. Ayudemos a redescubrir a Cristo, junto con su ense&ntilde;anza, a quien lo ha olvidado. Eso se realizar&aacute; cuando numerosos testigos fieles del Evangelio comiencen de nuevo a recorrer nuestro continente; cuando las obras de arquitectura, de literatura y de arte muestren, de modo convincente, al hombre de hoy a Aquel que es &laquo;el mismo ayer, hoy y siempre&raquo;; cuando en la liturgia celebrada por la Iglesia los hombres vean cu&aacute;n hermoso es dar gloria a Dios; cuando descubran en nuestra vida un testimonio de misericordia cristiana, de amor heroico y de santidad. <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos hermanos y hermanas, &iexcl;<i>en qu&eacute; momento tan extraordinario de la historia nos ha tocado vivir<\/i>! &iexcl;Qu&eacute; tareas tan importantes nos ha confiado Cristo! &Eacute;l nos llama a cada uno de nosotros a preparar la nueva primavera de la Iglesia. Quiere que la Iglesia \u2014la misma de los tiempos de los Ap&oacute;stoles y de san Adalberto\u2014 entre en el nuevo milenio llena de lozan&iacute;a, de una nueva vida que surge y de impulso evang&eacute;lico. En el a&ntilde;o 1949 el Primado del milenio exclam&oacute;: &laquo;Aqu&iacute;, ante la tumba de san Adalberto, encenderemos antorchas que anunciar&aacute;n a nuestra tierra la &quot;luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo&quot; (<i>Lc <\/i>2, 32)&raquo; (<i>Carta pastoral para el ingreso<\/i>). Hoy alzamos nuevamente este grito, pidiendo la luz y el fuego del Esp&iacute;ritu Santo, para encender nuestras antorchas como los heraldos del Evangelio hasta los &uacute;ltimos confines de la tierra.<\/p>\n<p align=\"left\"> 7.&nbsp;San Adalberto est&aacute; siempre con nosotros. Ha permanecido en la Gniezno de los Piast y en la Iglesia universal, envuelto en la gloria del martirio. Y, desde la perspectiva del milenio, parece hablarnos hoy con las palabras de san Pablo: &laquo;<i>Lo que importa es que vosotros llev&eacute;is una vida digna del Evangelio de Cristo, para que, tanto si voy a veros como si estoy ausente, oiga de vosotros que os manten&eacute;is firmes en un mismo esp&iacute;ritu y luch&aacute;is acordes por la fe del Evangelio, sin dejaros intimidar en nada por los adversarios<\/i>&raquo; (<i>Flp <\/i>1, 27-28). S&iacute;. En un solo esp&iacute;ritu, luchando acordes por la fe. <\/p>\n<p align=\"left\"> Hoy releemos, una vez m&aacute;s, despu&eacute;s de mil a&ntilde;os, este testamento de san Pablo y san Adalberto. Pedimos que sus palabras se cumplan tambi&eacute;n en nuestra generaci&oacute;n. En efecto, se nos ha concedido en Cristo no s&oacute;lo la gracia de creer en &eacute;l, sino tambi&eacute;n la de sufrir por &eacute;l, dado que hemos sostenido el mismo combate del que san Adalberto nos dej&oacute; testimonio (cf. <i>Flp <\/i>1, 29-30). <\/p>\n<p align=\"left\"> Nos encomendamos a san Adalberto, pidi&eacute;ndole que interceda por nosotros, mientras la Iglesia y Europa se preparan para el gran jubileo del a&ntilde;o 2000. <\/p>\n<p align=\"left\"> E invocamos al Esp&iacute;ritu Santo, Esp&iacute;ritu de sabidur&iacute;a y fortaleza: <i>Veni, Creator Spiritus<\/i>! Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA MISA CON OCASI&Oacute;N DEL MILENARIO DEL MARTIRIO DE SAN ADALBERTO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Gniezno, martes 3 de junio de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;Veni, Creator Spiritus! Hoy nos encontramos ante la tumba de san Adalberto en Gniezno. 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