{"id":40098,"date":"2016-10-05T23:34:57","date_gmt":"2016-10-06T04:34:57","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-1-de-junio-de-1997-clausura-del-46-congreso-eucaristico-internacional-wroclaw\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:57","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:57","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-1-de-junio-de-1997-clausura-del-46-congreso-eucaristico-internacional-wroclaw","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-1-de-junio-de-1997-clausura-del-46-congreso-eucaristico-internacional-wroclaw\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico a Polonia: 1 de junio de 1997, Clausura del 46 Congreso Eucar\u00edstico Internacional, Wroc\u0142aw"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">CLAUSURA DEL 46&ordm; CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO INTERNACIONAL<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b><\/p>\n<p><i>Wroc&#x142;aw, domingo 1 de junio de 1997<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i><b>&laquo;Statio orbis&raquo;<\/b> <\/i><\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;El 46 Congreso eucar&iacute;stico internacional est&aacute; llegando a su momento culminante: la &laquo;<i>Statio orbis<\/i>&raquo; <i> En torno a este altar se re&uacute;ne hoy espiritualmente la Iglesia <\/i>de todos los continentes del globo terrestre. Desea hacer una vez m&aacute;s, delante del mundo entero, la solemne profesi&oacute;n de fe en la Eucarist&iacute;a y cantar el himno de acci&oacute;n de gracias por este inefable don del amor divino. En verdad, &laquo;habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los am&oacute; hasta el extremo&raquo; (<i>Jn <\/i>13, 1). La Eucarist&iacute;a es fuente y culmen de la vida de la Iglesia (cf. <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19631204_sacrosanctum-concilium_sp.html\"> Sacrosanctum Concilium<\/a><\/i>, 10). <i>La Iglesia vive de la Eucarist&iacute;a; <\/i>en ella encuentra las energ&iacute;as espirituales para cumplir su misi&oacute;n. La Eucarist&iacute;a le da el vigor para crecer y mantenerse unida. <i>La Eucarist&iacute;a es el coraz&oacute;n de la Iglesia<\/i>.<\/p>\n<p align=\"left\">Este congreso se inserta, de modo org&aacute;nico, <i>en el marco del gran jubileo del a&ntilde;o 2000<\/i>. En el programa de preparaci&oacute;n espiritual para el jubileo, este a&ntilde;o est&aacute; dedicado a una particular contemplaci&oacute;n de la persona de Jesucristo: &laquo;Jesucristo, &uacute;nico salvador del mundo, ayer, hoy y siempre&raquo; (cf. <i>Hb <\/i>13, 8). &iquest;Pod&iacute;a faltar, acaso, en este a&ntilde;o esta profesi&oacute;n de fe eucar&iacute;stica de toda la Iglesia? <\/p>\n<p align=\"left\">En el itinerario de los congresos eucar&iacute;sticos, que pasa por todos los continentes, ha llegado el turno de <i>Wroc&#x142;aw, de Polonia, de la Europa centro-oriental<\/i>. Los cambios producidos aqu&iacute; han dado inicio a una nueva &eacute;poca en la historia del mundo contempor&aacute;neo. De este modo, la Iglesia quiere dar gracias a Cristo por el don de la libertad reconquistada por todas estas naciones, que han sufrido tanto en los a&ntilde;os de la opresi&oacute;n totalitaria. El congreso se est&aacute; llevando a cabo <i>en Wroc&#x142;aw<\/i>, ciudad rica en historia y en tradiciones de vida cristiana. La archidi&oacute;cesis de Wroc&#x142;aw se est&aacute; preparando para celebrar su milenio. Wroc&#x142;aw es una ciudad situada casi en la encrucijada de tres pa&iacute;ses que, por su historia, est&aacute;n muy profundamente unidos entre s&iacute;. En cierto sentido, es una ciudad de encuentro, la ciudad que une. Aqu&iacute; se hallan, de alguna manera, las tradiciones espirituales de Oriente y de Occidente. Todo esto confiere una elocuencia particular a este congreso eucar&iacute;stico y, especialmente a esta <i>Statio orbis<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Abrazo con la mirada y con el coraz&oacute;n a toda nuestra gran <i>comunidad eucar&iacute;stica<\/i>, cuya &iacute;ndole es aut&eacute;nticamente internacional, mundial. A trav&eacute;s de sus representantes, hoy est&aacute; presente en Wroc&#x142;aw la Iglesia universal. Dirijo <i>un saludo particular <\/i>a todos los cardenales, arzobispos y obispos aqu&iacute; presentes, comenzando por mi legado al congreso, el se&ntilde;or cardenal Angelo Sodano, mi secretario de Estado. Saludo al Episcopado polaco, presidido por el se&ntilde;or cardenal primado. Saludo al se&ntilde;or cardenal Henryk Gulbinowicz, pastor de la Iglesia de Wroc&#x142;aw, que ha asumido con tanta magnanimidad la tarea de acoger un acontecimiento tan grande como este congreso. Esta magnanimidad se manifiesta muy claramente ahora, cuando le toca celebrar la <i>Statio orbis <\/i>bajo la lluvia. <\/p>\n<p align=\"left\">La alegr&iacute;a de esta celebraci&oacute;n resulta a&uacute;n m&aacute;s grande por la participaci&oacute;n de otros de nuestros hermanos cristianos. Les agradezco que hayan venido a unirse a nuestra alabanza y a nuestra s&uacute;plica. Agradezco a las Iglesias ortodoxas que hayan decidido enviar sus representantes y, entre ellos, doy las gracias en especial al querido metropolita Damaskinos, que representa aqu&iacute; a mi amado hermano el patriarca ecum&eacute;nico Bartolom&eacute; I. Su presencia es testimonio de nuestra fe y afirma nuestra esperanza de que llegue el d&iacute;a en que, con plena fidelidad a la voluntad de nuestro &uacute;nico Se&ntilde;or, podremos comulgar juntos del mismo c&aacute;liz. Expreso tambi&eacute;n mi gratitud al metropolita Te&oacute;fano, que representa al querido patriarca de Mosc&uacute; Alexis II. <\/p>\n<p align=\"left\">Doy la bienvenida y saludo a los presb&iacute;teros, a las familias religiosas masculinas y femeninas. Os saludo a todos, queridos peregrinos, que hab&eacute;is venido tal vez de lugares muy distantes. Os saludo a vosotros, queridos compatriotas de toda Polonia. Saludo tambi&eacute;n a todos los que, en este momento, se unen a nosotros espiritualmente mediante la radio o la televisi&oacute;n en todo el mundo. En verdad, se trata de una aut&eacute;ntica <i> Statio orbis<\/i>. Ante esta <i>asamblea eucar&iacute;stica de dimensiones mundiales<\/i>, que en este instante rodea el altar, es dif&iacute;cil resistir a una emoci&oacute;n profunda. <\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>&laquo;&iexcl;Misterio de la fe!&raquo; <\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;Para escrutar a fondo el misterio de la Eucarist&iacute;a, <i>es preciso volver siempre de nuevo al cen&aacute;culo<\/i>, en el que, la tarde del Jueves santo, tuvo lugar la &uacute;ltima cena. En la liturgia de hoy, san Pablo habla precisamente de <i>la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a<\/i>. Al parecer, se trata del texto m&aacute;s antiguo relativo a la Eucarist&iacute;a, incluso anterior al relato de los evangelistas. En la carta a los Corintios, san Pablo escribe: &laquo;El Se&ntilde;or Jes&uacute;s, la noche en que fue entregado, tom&oacute; pan, y despu&eacute;s de dar gracias, lo parti&oacute; y dijo: &quot;Este es mi cuerpo que se da por vosotros; haced esto en recuerdo m&iacute;o&quot;. Asimismo tambi&eacute;n el c&aacute;liz despu&eacute;s de cenar, diciendo: &quot;Este c&aacute;liz es la nueva alianza en mi sangre. Cuantas veces la bebiereis, hacedlo en conmemoraci&oacute;n m&iacute;a&quot;. Pues cada vez que com&eacute;is este pan y beb&eacute;is de este c&aacute;liz, anunci&aacute;is la muerte del Se&ntilde;or, hasta que venga&raquo; (<i>1&nbsp;Co <\/i>11, 23-26). Anunciamos tu muerte. Proclamamos tu resurrecci&oacute;n. &iexcl;Ven, Se&ntilde;or Jes&uacute;s! <\/p>\n<p align=\"left\">Estas palabras contienen <i>la esencia del misterio eucar&iacute;stico<\/i>. En ellas encontramos lo que a diario testimoniamos y participamos, al celebrar y recibir la Eucarist&iacute;a. En el cen&aacute;culo, Jes&uacute;s realiza la consagraci&oacute;n. En virtud de sus palabras, el pan, conservando la forma exterior de pan, se transforma en su Cuerpo, y el vino, manteniendo la forma exterior de vino, se transforma en su Sangre. &iexcl;<i>Este es el gran misterio de la fe<\/i>! <\/p>\n<p align=\"left\">Al celebrar este misterio, no s&oacute;lo renovamos lo que Cristo hizo en el cen&aacute;culo, sino que, adem&aacute;s, <i>entramos en el misterio de su muerte<\/i>. &laquo;Anunciamos tu muerte&raquo;, una muerte redentora. &laquo;Proclamamos tu resurrecci&oacute;n&raquo;. Somos part&iacute;cipes del <i>Triduo sacro <\/i>y de la noche de Pascua. Somos part&iacute;cipes del misterio salv&iacute;fico de Cristo y esperamos su venida en la gloria. Con la instituci&oacute;n de la Eucarist&iacute;a, <i>hemos entrado en el &uacute;ltimo tiempo<\/i>, en el tiempo de la espera de la segunda y definitiva venida de Cristo, cuando se llevar&aacute; a cabo el juicio en el mundo, y al mismo tiempo llegar&aacute; a plenitud la obra de la redenci&oacute;n. La Eucarist&iacute;a no s&oacute;lo habla de esto; en ella todo esto se celebra, se cumple. En verdad, la Eucarist&iacute;a es el gran sacramento de la Iglesia. La Iglesia celebra la Eucarist&iacute;a y, a la vez, <i> la Eucarist&iacute;a hace a la Iglesia<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>&laquo;Yo soy el pan vivo&raquo; (<\/i>Jn<i> 6, 51) <\/i><\/b><\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;El mensaje del evangelio de san Juan completa el cuadro lit&uacute;rgico de este gran misterio eucar&iacute;stico que estamos celebrando hoy, en el culmen del Congreso eucar&iacute;stico internacional, en Wroc&#x142;aw. Las palabras del evangelio de san Juan son <i>el gran anuncio de la Eucarist&iacute;a<\/i>, despu&eacute;s de la milagrosa multiplicaci&oacute;n del pan, cerca de Cafarna&uacute;m. Anticipando de alguna manera el tiempo, mucho antes de que fuera instituida la Eucarist&iacute;a, Cristo revel&oacute; lo que era. Dijo: &laquo;Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. Si uno come de este pan, vivir&aacute; para siempre; y el pan que yo le voy a dar, es mi carne por la vida del mundo&raquo; (<i>Jn <\/i>6, 51). Y cuando esas palabras provocaron la protesta de muchos de los que lo escuchaban, Jes&uacute;s dijo: &laquo;En verdad, en verdad os digo: si no com&eacute;is la carne del Hijo del hombre, y no beb&eacute;is su sangre, no ten&eacute;is vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo lo resucitar&eacute; el &uacute;ltimo d&iacute;a. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en m&iacute;, y yo en &eacute;l&raquo; (<i>Jn <\/i>6, 53-56). <\/p>\n<p align=\"left\"><i>Son palabras que ata&ntilde;en a la esencia misma de la Eucarist&iacute;a<\/i>. Cristo vino al mundo para comunicar al hombre la vida divina. No s&oacute;lo anunci&oacute; la buena nueva, sino que, adem&aacute;s, instituy&oacute; la Eucarist&iacute;a, que debe hacer presente hasta el final de los tiempos su misterio redentor. Y, como medio de expresi&oacute;n, escogi&oacute; los elementos de la naturaleza: el pan y el vino, la comida y la bebida que el hombre debe tomar para mantenerse en vida. La Eucarist&iacute;a es precisamente esta comida y esta bebida. <i>Este alimento contiene en s&iacute; todo el poder de la Redenci&oacute;n realizada por Cristo<\/i>. Para vivir, el hombre necesita la comida y la bebida. Para alcanzar la vida eterna, el hombre necesita la Eucarist&iacute;a. Esta es la comida y la bebida que transforma la vida del hombre y le abre el horizonte de la vida eterna. Al comulgar el Cuerpo y la Sangre de Cristo, el hombre lleva en s&iacute; mismo, ya aqu&iacute; en la tierra, la semilla de la vida eterna, pues la Eucarist&iacute;a es el sacramento de la vida en Dios. Cristo dice: &laquo;Lo mismo que el Padre, que vive, me ha enviado y yo vivo por el Padre, tambi&eacute;n el que me coma vivir&aacute; por m&iacute;&raquo; (<i>Jn <\/i>6, 57).<\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>&laquo;Los ojos de todos te est&aacute;n aguardando; <br \/>t&uacute; les das la comida a su tiempo&raquo; (<\/i>Sal<i> 145, 15) <\/i> <\/b><\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;En la primera lectura de la liturgia de hoy, Mois&eacute;s nos habla <i>de Dios que da de comer a su pueblo <\/i> durante el camino por el desierto hacia la tierra prometida: &laquo;Acu&eacute;rdate de todo el camino que el Se&ntilde;or, tu Dios, te ha hecho andar durante estos cuarenta a&ntilde;os en el desierto para humillarte, probarte y conocer lo que hab&iacute;a en tu coraz&oacute;n (&#8230;). Te aliment&oacute; en el desierto con el man&aacute;, que no hab&iacute;an conocido tus padres, a fin de humillarte y ponerte a prueba para despu&eacute;s hacerte feliz&raquo; (<i>Dt <\/i>8, 2.16). La imagen de un pueblo que peregrina por el desierto, como la presentan esas palabras, nos habla tambi&eacute;n a nosotros, que nos estamos acercando al final del segundo milenio del nacimiento de Cristo. En esa imagen se ven reflejados todos los pueblos y las naciones de toda la tierra, y especialmente los que sufren hambre. <\/p>\n<p align=\"left\">Durante esta <i>Statio orbis <\/i>es necesario repasar toda la &laquo;<i>geograf&iacute;a del hambre<\/i>&raquo;, que abarca muchas zonas de la tierra. En este momento millones de hermanos y hermanas nuestros sufren hambre, y muchos de ellos mueren a causa de ella, especialmente ni&ntilde;os. En la &eacute;poca de un desarrollo jam&aacute;s alcanzado, de la t&eacute;cnica y la tecnolog&iacute;a m&aacute;s avanzadas, <i>el drama del hambre es un gran desaf&iacute;o y una gran acusaci&oacute;n<\/i>. La tierra es capaz de alimentar a todos. &iquest;Por qu&eacute;, entonces, hoy, al final del siglo XX, miles de hombres mueren de hambre? Es necesario hacer aqu&iacute; un serio examen de conciencia, a escala mundial: un examen de conciencia sobre la justicia social, sobre la elemental solidaridad interhumana. <\/p>\n<p align=\"left\">Conviene recordar aqu&iacute; la verdad fundamental seg&uacute;n la cual <i>la tierra pertenece a Dios<\/i>, y todas las riquezas que contiene Dios las ha puesto en manos del hombre, para que las use de modo justo, <i>para que contribuyan al bien de todos<\/i>. Ese es el destino de los bienes creados. En favor de ese destino se pronuncia tambi&eacute;n la ley de la naturaleza. Durante este congreso eucar&iacute;stico no puede faltar una <i>invocaci&oacute;n solidaria para pedir pan <\/i>en nombre de todos los que sufren hambre. La dirigimos ante todo a Dios, que es Padre de todos: &laquo;Danos hoy nuestro pan de cada d&iacute;a&raquo;. Pero tambi&eacute;n la dirigimos a los hombres de la pol&iacute;tica y de la econom&iacute;a, sobre los que pesa la responsabilidad de una justa distribuci&oacute;n de los bienes a escala mundial y nacional: <i>Es necesario, finalmente, acabar con el azote del hambre<\/i>. Que la solidaridad prevalezca sobre la desenfrenada b&uacute;squeda del lucro y sobre las aplicaciones de las leyes del mercado que no tienen en cuenta derechos humanos inviolables. <\/p>\n<p align=\"left\">Sobre cada uno de nosotros pesa una peque&ntilde;a parte de responsabilidad por esta injusticia. A cada uno de nosotros, de alg&uacute;n modo, nos afecta de cerca el hambre y la miseria de nuestros hermanos. Sepamos compartir el pan con los que no tienen, o tienen menos que nosotros. Sepamos abrir nuestro coraz&oacute;n a las necesidades de nuestros hermanos y hermanas que sufren a causa de la miseria y la indigencia. A veces les da verg&uuml;enza admitirlo, y ocultan su angustia. Hacia ellos es preciso tender, con discreci&oacute;n, una mano fraternal. Esta es tambi&eacute;n la lecci&oacute;n que nos da la Eucarist&iacute;a, pan de vida. La hab&iacute;a resumido, de modo muy elocuente, el santo hermano Alberto, <i> poverello <\/i>de Cracovia, que entreg&oacute; su vida al servicio de los m&aacute;s necesitados. A menudo dec&iacute;a: &laquo;<i>Es necesario ser buenos como el pan<\/i>, que para todos est&aacute; en la mesa, del que cada uno puede tomar un pedazo y alimentarse, si tiene hambre&raquo;.<\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>&laquo;Para ser libres, nos libert&oacute; Cristo&raquo; (<\/i>Ga<i> 5, 1)<\/i><\/b> <\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;El tema de este 46 Congreso eucar&iacute;stico internacional de Wroc&#x142;aw es <i>la libertad<\/i>. La libertad tiene un sabor particular especialmente aqu&iacute;, en esta parte de Europa que, durante muchos a&ntilde;os, sufri&oacute; la dolorosa prueba de ser privada de ella por el totalitarismo nazi y comunista. Ya la palabra misma &laquo;libertad&raquo; provoca un latido m&aacute;s fuerte del coraz&oacute;n. Y lo hace, ciertamente, porque durante los decenios pasados era preciso pagar por ella un precio muy elevado. Son profundas las heridas que dej&oacute; esa &eacute;poca en los esp&iacute;ritus. Pasar&aacute; a&uacute;n mucho tiempo antes de que puedan cicatrizar.<\/p>\n<p align=\"left\">El congreso nos invita a <i>mirar la libertad del hombre en la perspectiva de la Eucarist&iacute;a<\/i>. En el himno del congreso cantamos: &laquo;Nos has dejado el don de la Eucarist&iacute;a para <i>reordenar la libertad interior <\/i>&raquo;. Es una afirmaci&oacute;n esencial. Se habla aqu&iacute; del &laquo;orden de la libertad&raquo;. S&iacute;, la verdadera libertad exige orden. Pero, &iquest;de qu&eacute; orden se trata aqu&iacute;? Se trata, ante todo, del <i> orden moral, del orden de la esfera de los valores, del orden de la verdad y del bien<\/i>. Cuando se produce un vac&iacute;o en el campo de los valores y en la esfera moral reina el caos y la confusi&oacute;n, la libertad muere, el hombre, en vez de ser libre, se convierte en esclavo, esclavo de los instintos, de las pasiones y de los pseudovalores. <\/p>\n<p align=\"left\">Es verdad que el orden de la libertad se ha de construir con esfuerzo. La verdadera libertad cuesta siempre. Cada uno de nosotros debe realizar continuamente este esfuerzo. Y aqu&iacute; nace la pregunta sucesiva: &iquest;Puede el hombre construir el orden de la libertad por s&iacute; solo, sin Cristo, o incluso contra Cristo? Se trata de una pregunta extraordinariamente dram&aacute;tica, pero muy actual en un contexto social dominado por concepciones de la democracia inspiradas en la ideolog&iacute;a liberal. En efecto, se pretende persuadir al hombre y a sociedades enteras de que Dios es un obst&aacute;culo en el camino hacia la plena libertad, de que la Iglesia es enemiga de la libertad, no comprende la libertad y tiene miedo de ella. <i>En este punto reina una incre&iacute;ble confusi&oacute;n de ideas. <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">La Iglesia no deja de anunciar en el mundo <i>el evangelio de la libertad<\/i>. Esta es su misi&oacute;n. &laquo;Para ser libres nos libert&oacute; Cristo&raquo; (<i>Ga <\/i>5, 1). Por eso, un cristiano no tiene miedo de la libertad, no huye ante ella. La asume de modo creativo y responsable, como tarea de su vida. En efecto, la libertad no es s&oacute;lo un <i>don <\/i>de Dios; tambi&eacute;n se nos ha dado como una <i>tarea<\/i>. Es nuestra vocaci&oacute;n: &laquo;Porque, hermanos, hab&eacute;is sido llamados a la libertad &raquo; (<i>Ga <\/i>5, 13), nos recuerda el Ap&oacute;stol. <\/p>\n<p align=\"left\">La afirmaci&oacute;n seg&uacute;n la cual la Iglesia es enemiga de la libertad es particularmente absurda aqu&iacute;, en este pa&iacute;s, en esta tierra, en este pueblo, donde la Iglesia ha demostrado tantas veces que es un verdadero palad&iacute;n de la libertad, tanto en el siglo pasado como en &eacute;ste, y en los &uacute;ltimos cincuenta a&ntilde;os. La Iglesia es el palad&iacute;n de la libertad, porque cree que para ser libres Cristo nos ha libertado.<\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;Nos ha dejado el don de la Eucarist&iacute;a para reordenar la libertad interior&raquo;. &iquest;<i>En qu&eacute; consiste este orden de la libertad<\/i>, seg&uacute;n el modelo de la Eucarist&iacute;a? En la Eucarist&iacute;a Cristo se halla presente como quien hace el don de s&iacute; mismo al hombre, como quien sirve al hombre: &laquo;habiendo amado a los suyos (&#8230;) los am&oacute; hasta el extremo&raquo; (<i>Jn <\/i> 13, 1). <i>La verdadera libertad se mide con la disposici&oacute;n a servir y a entregarse a s&iacute; mismo<\/i>. S&oacute;lo la libertad as&iacute; entendida es realmente creativa, edifica nuestra humanidad y construye v&iacute;nculos interhumanos. Construye y no divide. &iexcl;Cu&aacute;nta necesidad tienen el mundo, Europa y Polonia de esta <i>libertad que une<\/i>! <\/p>\n<p align=\"left\">Cristo Eucarist&iacute;a seguir&aacute; siendo siempre un modelo inalcanzable de la actitud de &laquo;pro-existencia&raquo;, que quiere decir <i>de la actitud de quien vive para el otro<\/i>. &Eacute;l era todo para su Padre celestial y, en el Padre, para cada hombre. El concilio Vaticano II explica que el hombre se encuentra a s&iacute; mismo y, por tanto, encuentra el pleno sentido de su libertad, precisamente &laquo;en la entrega sincera de s&iacute; mismo&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/archive\/hist_councils\/ii_vatican_council\/documents\/vat-ii_const_19651207_gaudium-et-spes_sp.html\">Gaudium et spes<\/a><\/i>, 24). Hoy, durante esta <i> Statio orbis<\/i>, la Iglesia nos invita a entrar en esta <i>escuela eucar&iacute;stica de libertad<\/i>, para que contemplando la Eucarist&iacute;a con los ojos de la fe nos convirtamos en constructores de un nuevo orden evang&eacute;lico de la libertad, en nuestro interior y en las sociedades en que nos toque vivir y trabajar. <\/p>\n<p align=\"left\"><b><i>&laquo;&iquest;Qu&eacute; es el hombre para que te acuerdes de &eacute;l, <br \/>el hijo del hombre, para que de &eacute;l te cuides?&raquo; (<\/i>Sal<i> 8, 5) <\/i> <\/b> <\/p>\n<p align=\"left\">6.&nbsp;Al contemplar la Eucarist&iacute;a nos invade el <i>asombro de la fe<\/i>, no s&oacute;lo con respecto al misterio de Dios y de su infinito amor, sino tambi&eacute;n con respecto al misterio del hombre. Ante la Eucarist&iacute;a vienen espont&aacute;neamente a nuestros labios las palabras del Salmista: &laquo;&iquest;<i>Qu&eacute; es el hombre, para que de &eacute;l te cuides tanto<\/i>?&raquo;. &iexcl;Qu&eacute; gran valor tiene el hombre a los ojos de Dios, si Dios mismo lo alimenta con su Cuerpo! &iexcl;Qu&eacute; gran espacio encierra en s&iacute; el coraz&oacute;n del hombre, si s&oacute;lo puede ser colmado por Dios! &laquo;Nos hiciste, Se&ntilde;or, para ti \u2014confesamos con san Agust&iacute;n\u2014 y nuestro coraz&oacute;n est&aacute; inquieto hasta que descanse en ti&raquo; (<i>Confessiones<\/i>, I, 1. 1). <\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Statio orbis <\/i>del 46 Congreso eucar&iacute;stico internacional&#8230; Toda la Iglesia te rinde hoy homenaje y gloria particular a ti, Cristo, Redentor del hombre, oculto en la Eucarist&iacute;a. Confiesa p&uacute;blicamente su fe en ti, que te convertiste para nosotros en Pan de vida. Y te da gracias porque <i>eres el &laquo;Dios con nosotros&raquo;<\/i>, porque eres el Emmanuel. <\/p>\n<p align=\"left\">Tuyo el poder y la gloria&#8230; <\/p>\n<p align=\"left\">A ti, para siempre, el honor y la gloria, nuestro Se&ntilde;or eterno. A ti, junto con tu pueblo, ofrecemos nuestra adoraci&oacute;n y nuestros cantos, nosotros, tus siervos. Te damos gracias por tu generosidad al hacernos este gran regalo de tu omnipotencia. Te entregaste a nosotros, indignos, aqu&iacute; presentes, en este Sacramento. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA CLAUSURA DEL 46&ordm; CONGRESO EUCAR&Iacute;STICO INTERNACIONAL HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Wroc&#x142;aw, domingo 1 de junio de 1997 &nbsp; &laquo;Statio orbis&raquo; 1.&nbsp;El 46 Congreso eucar&iacute;stico internacional est&aacute; llegando a su momento culminante: la &laquo;Statio orbis&raquo; En torno a este altar se re&uacute;ne hoy espiritualmente la Iglesia de todos los &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-1-de-junio-de-1997-clausura-del-46-congreso-eucaristico-internacional-wroclaw\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje apost\u00f3lico a Polonia: 1 de junio de 1997, Clausura del 46 Congreso Eucar\u00edstico Internacional, Wroc\u0142aw\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40098","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40098","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40098"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40098\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40098"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40098"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40098"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}