{"id":40099,"date":"2016-10-05T23:34:59","date_gmt":"2016-10-06T04:34:59","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-31-de-mayo-de-1997-encuentro-ecumenico\/"},"modified":"2016-10-05T23:34:59","modified_gmt":"2016-10-06T04:34:59","slug":"viaje-apostolico-a-polonia-31-de-mayo-de-1997-encuentro-ecumenico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-31-de-mayo-de-1997-encuentro-ecumenico\/","title":{"rendered":"Viaje apost\u00f3lico a Polonia: 31 de mayo de 1997 &#8211; Encuentro ecum\u00e9nico"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font color=\"#663300\">ENCUENTRO ECUM&Eacute;NICO DE ORACI&Oacute;N<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><b> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/b><\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i>Wroc&#x142;aw, s&aacute;bado 31 de mayo de 1997<\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i>&iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;Saludo cordialmente a todos los presentes en nuestra plegaria ecum&eacute;nica com&uacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Agradezco al obispo de Opole sus palabras de bienvenida. Saludo al reverendo Jan Szarek, presidente del Consejo ecum&eacute;nico polaco, y a trav&eacute;s de &eacute;l a todos los representantes de las Iglesias y comunidades eclesiales integradas en el Consejo ecum&eacute;nico polaco. Con sentido de comuni&oacute;n en Cristo, saludo a los hermanos y hermanas de otras Iglesias ortodoxas invitadas, a los representantes de las Iglesias y de las comunidades protestantes del extranjero, y tambi&eacute;n a los representantes de las dem&aacute;s Iglesias y comunidades cristianas. Nos ha reunido aqu&iacute; Jes&uacute;s, nuestro Se&ntilde;or y Salvador. Sea alabado su santo nombre; el Esp&iacute;ritu Santo haga que produzca fruto la palabra de Dios que hemos escuchado en la obediencia de la fe. <\/p>\n<p align=\"left\">Agradezco al se&ntilde;or presidente y a las m&aacute;s altas autoridades su presencia en este importante encuentro ecum&eacute;nico de oraci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;El pensamiento principal de esta liturgia de la Palabra est&aacute; constituido por lo que Jes&uacute;s incluy&oacute; en su oraci&oacute;n sacerdotal la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n y muerte en la cruz. Es la oraci&oacute;n por la unidad de sus disc&iacute;pulos: Padre, &laquo;no ruego s&oacute;lo por &eacute;stos, sino tambi&eacute;n por aquellos que, por medio de su palabra, creer&aacute;n en m&iacute;, para que todos sean uno. Como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti, que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t&uacute; me has enviado &raquo; (<i>Jn <\/i>17, 20-21). Esta invocaci&oacute;n no s&oacute;lo abarca a los Ap&oacute;stoles, sino tambi&eacute;n a <i>todas las generaciones <\/i>de los que heredar&aacute;n de ellos la misma fe. Tanto en la oraci&oacute;n como en la acci&oacute;n ecum&eacute;nica, nos referimos constantemente a estas palabras de Cristo en el cen&aacute;culo: <i>Ut unum sint<\/i>. Se trata aqu&iacute; <i>de la unidad a semejanza de la trinitaria<\/i>: &laquo;Como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti&raquo; (<i>Jn <\/i>17, 21). La relaci&oacute;n rec&iacute;proca de las Personas en la unidad de la sant&iacute;sima Trinidad es <i>la forma m&aacute;s elevada de la unidad, su modelo supremo<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Cristo ora por la unidad de sus disc&iacute;pulos, y les explica que esa unidad es, a la vez, <i>un don y una obligaci&oacute;n<\/i>. Es un don que recibimos del Padre y del Hijo y del Esp&iacute;ritu Santo. Es tambi&eacute;n una obligaci&oacute;n, pues Cristo nos la dio como tarea a todas las generaciones cristianas, comenzando por los Ap&oacute;stoles; a todos, tanto en el primer milenio como en el segundo. <\/p>\n<p align=\"left\">Cristo repite dos veces ese pensamiento esencial. En efecto, ora as&iacute;: &laquo;Yo les he dado la gloria que t&uacute; me diste, para que sean uno como nosotros somos uno: yo en ellos y t&uacute; en m&iacute;&raquo; (<i>Jn <\/i>17, 22-23). Aqu&iacute; Cristo cruza, en cierto sentido, los confines de la unidad divina de la Trinidad y pasa a la unidad que corresponde como tarea a los cristianos. Dice: &laquo;Para que sean perfectamente uno, y el mundo conozca que t&uacute; me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a m&iacute;&raquo; (<i>Jn <\/i>17, 23). Los disc&iacute;pulos de Cristo deben formar una unidad perfecta, tambi&eacute;n visible, para que el mundo vea en ellos un signo perceptible por s&iacute; mismo. La unidad de los cristianos tiene, por tanto, este significado esencial: <i>testimoniar la credibilidad de la misi&oacute;n de Cristo, revelar el amor del Padre a &eacute;l y a sus disc&iacute;pulos<\/i>. Precisamente por esto, esa unidad, don supremo de la sant&iacute;sima Trinidad, es tambi&eacute;n un alt&iacute;simo deber de todos los seguidores de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Poni&eacute;ndose a la escucha de la voz del Esp&iacute;ritu Santo, las Iglesias y las comunidades eclesiales se sienten llamadas irrevocablemente a buscar una unidad cada vez m&aacute;s profunda, no s&oacute;lo interior sino tambi&eacute;n visible. Una unidad que se transforme en signo para el mundo, para que el mundo conozca y para que el mundo crea. No se puede volver atr&aacute;s en el camino ecum&eacute;nico. <\/p>\n<p align=\"left\">Los cristianos que viven en las sociedades, donde muchos experimentan de modo tr&aacute;gico las divisiones exteriores e interiores, necesitan profundizar constantemente la conciencia del magn&iacute;fico don de la reconciliaci&oacute;n con Dios en Jesucristo. S&oacute;lo as&iacute; pueden convertirse ellos mismos en propagadores de la reconciliaci&oacute;n entre los que anhelan reconciliarse con Dios, contribuyendo de este modo a la reconciliaci&oacute;n entre las Iglesias y las comunidades eclesiales como camino y est&iacute;mulo a la reconciliaci&oacute;n entre las naciones. Esta exhortaci&oacute;n a la reconciliaci&oacute;n ser&aacute; tambi&eacute;n el tema de la II Asamblea ecum&eacute;nica europea, que tendr&aacute; lugar en Graz (Austria) del 23 al 29 de junio de este a&ntilde;o. Precisamente los efectos de numerosos acontecimientos que han tenido lugar en la historia del mundo y de Europa exigen la reconciliaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Me complace volver con el pensamiento a nuestro &uacute;ltimo encuentro en la iglesia de la Sant&iacute;sima Trinidad de Varsovia, en el a&ntilde;o 1991. En esa ocasi&oacute;n dije que necesitamos tolerancia, pero que entre las Iglesias la tolerancia &uacute;nica mente es demasiado poco. &iquest;Qu&eacute; hermanos son los que s&oacute;lo se toleran? Es preciso tambi&eacute;n aceptarse rec&iacute;procamente. Recuerdo hoy esas palabras y las confirmo con toda firmeza. Sin embargo, tampoco nos podemos contentar con una aceptaci&oacute;n rec&iacute;proca. En efecto, el Se&ntilde;or de la historia nos sit&uacute;a ante el tercer milenio del cristianismo. Ha llegado una gran hora. Nuestra respuesta deber&iacute;a estar a la altura del gran momento de este particular <i> kair&oacute;s <\/i>de Dios. Aqu&iacute;, en este lugar, quiero decir: No basta la tolerancia. No basta la aceptaci&oacute;n rec&iacute;proca. Jesucristo, el que es y que viene, espera de nosotros un signo visible de unidad; espera un testimonio com&uacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Hermanos y hermanas, vengo a vosotros con este mensaje. Pido un testimonio com&uacute;n de Cristo ante el mundo. Lo pido en nombre de Cristo. Me dirijo, ante todo, a los fieles de la Iglesia cat&oacute;lica, especialmente a mis hermanos en el ministerio episcopal, y tambi&eacute;n al clero, a las personas de vida consagrada y a todos los laicos. Me atrevo a pedirlo tambi&eacute;n a vosotros, amados hermanos y hermanas de otras Iglesias y comunidades eclesiales. En nombre de Jes&uacute;s, pido un testimonio cristiano com&uacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Occidente tiene gran necesidad de nuestra fe, viva y profunda, en la hist&oacute;rica etapa de la construcci&oacute;n de un sistema nuevo de m&uacute;ltiples referencias. Oriente, devastado espiritualmente por muchos a&ntilde;os de programada ateizaci&oacute;n necesita un gran signo de abandono en Cristo. Europa nos necesita a todos reunidos de forma solidaria en torno a la cruz y al Evangelio. Debemos leer con atenci&oacute;n los signos de nuestro tiempo. Jesucristo espera de todos nosotros el testimonio de la fe. El destino de la evangelizaci&oacute;n va unido al testimonio de la unidad que da la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\">Signo de ese testimonio com&uacute;n es la colaboraci&oacute;n fraterna en el campo ecum&eacute;nico en Polonia. Pienso en el grupo que ha trabajado sobre el sacramento del bautismo como fundamento de la unidad de los cristianos que ya existe. Ya han publicado los frutos de ese trabajo. Y est&aacute;is preparando tambi&eacute;n la traducci&oacute;n ecum&eacute;nica de la sagrada Escritura. Una iniciativa privada de algunas personas se ha transformado en colaboraci&oacute;n intereclesial oficial. El resultado de esta colaboraci&oacute;n es la traducci&oacute;n ecum&eacute;nica del evangelio seg&uacute;n san Mateo, publicada el 17 de febrero de este a&ntilde;o por la Sociedad b&iacute;blica. Albergamos la esperanza de que toda la sagrada Escritura se publique en una edici&oacute;n ecum&eacute;nica con ocasi&oacute;n del gran jubileo del a&ntilde;o 2000. <\/p>\n<p align=\"left\">Actualmente ten&eacute;is la intenci&oacute;n de crear una nueva estructura ecum&eacute;nica intereclesial m&aacute;s din&aacute;mica. Esta iniciativa, necesaria desde todos los puntos de vista, ha surgido del Consejo ecum&eacute;nico polaco. Espero que esa idea se transforme en un foro eficaz de encuentros, de di&aacute;logo, de entendimiento y de acciones comunes concretas y, por tanto, de testimonio. Deseo dar las gracias de coraz&oacute;n a los autores de este proyecto y expresar mi sincero aprecio por estos nobles esfuerzos. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;El arduo camino de la reconciliaci&oacute;n, sin el cual no es posible la unidad, lleva a un testimonio com&uacute;n. Nuestras Iglesias y comunidades eclesiales necesitan la reconciliaci&oacute;n. &iquest;Podemos estar plenamente reconciliados con Cristo sin estar plenamente reconciliados entre nosotros? &iquest;Podemos dar un testimonio com&uacute;n y eficaz de Cristo sin estar reconciliados entre nosotros? &iquest;Podemos reconciliarnos entre nosotros sin perdonarnos rec&iacute;procamente? El perd&oacute;n es la condici&oacute;n de la reconciliaci&oacute;n. Pero no puede existir sin la transformaci&oacute;n interior y la conversi&oacute;n, que es obra de la gracia. &laquo;El compromiso ecum&eacute;nico debe basarse en la conversi&oacute;n de los corazones y en la oraci&oacute;n&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 2). <\/p>\n<p align=\"left\">La lectura del libro del profeta Ezequiel indica la necesidad de la conversi&oacute;n, aludiendo a la dispersi&oacute;n de Israel: &laquo;Os tomar&eacute; de entre las naciones, os recoger&eacute; de todos los pa&iacute;ses y os llevar&eacute; a vuestro suelo. (&#8230;) Os dar&eacute; un coraz&oacute;n nuevo, infundir&eacute; en vosotros un esp&iacute;ritu nuevo, arrancar&eacute; de vuestra carne el coraz&oacute;n de piedra y os dar&eacute; un coraz&oacute;n de carne&raquo; (<i>Ez <\/i>36, 24.26). Para realizar el camino ecum&eacute;nico de la unidad son necesarios el cambio del coraz&oacute;n y la renovaci&oacute;n de la mente. As&iacute; pues, deber&iacute;amos implorar al Esp&iacute;ritu Santo la gracia de la humildad, una actitud de fraterna magnanimidad con respecto a los dem&aacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo, en la carta a los Efesios, anima a los destinatarios a vivir de una manera digna de su vocaci&oacute;n, a cultivar en ellos las virtudes de la humildad, la mansedumbre, la paciencia, y a soportarse unos a otros por amor (cf. <i>Ef <\/i> 4, 1-3). Esa colaboraci&oacute;n de los hombres con la gracia del Esp&iacute;ritu Santo se convierte en la prenda de la esperanza com&uacute;n de todos los disc&iacute;pulos de Cristo de alcanzar la plena unidad. <\/p>\n<p align=\"left\">Sostengamos con una sincera oraci&oacute;n nuestro compromiso ecum&eacute;nico. En este segundo milenio, en el que la unidad de los disc&iacute;pulos de Cristo ha sufrido dram&aacute;ticas divisiones en Oriente y en Occidente, la oraci&oacute;n para recuperar la plena unidad es uno de nuestros deberes particulares. Tenemos obligaci&oacute;n de <i>tender intensamente a la reconstrucci&oacute;n de la unidad querida por Cristo <\/i>y de <i>orar por esta unidad<\/i>, pues es don de la sant&iacute;sima Trinidad. Cuanto m&aacute;s fuerte sea el v&iacute;nculo que nos une al Padre, al Hijo y al Esp&iacute;ritu Santo, tanto m&aacute;s f&aacute;cil ser&aacute; profundizar nuestra fraternidad rec&iacute;proca. <\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;Este encuentro se realiza en el marco del Congreso eucar&iacute;stico internacional, que tiene lugar precisamente aqu&iacute;, en Wroc&#x142;aw. Es expresi&oacute;n de nuestra fe y de nuestra devoci&oacute;n, pero tambi&eacute;n es un gran acto de culto, que mantiene en la Iglesia el recuerdo de Cristo. La Eucarist&iacute;a, al hacer presente el misterio de la Redenci&oacute;n, el sacrificio que ofreci&oacute; Cristo en la cruz, realiza la uni&oacute;n con &eacute;l, estimula el deseo y la esperanza de nuestra resurrecci&oacute;n en la plenitud de su vida. Este gran misterio de la fe consolida nuestra convicci&oacute;n interior de la uni&oacute;n personal con Cristo y despierta la necesidad de la reconciliaci&oacute;n con los dem&aacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\">Todos los cristianos, pertenecientes a las diversas Iglesias, unidos por el mismo bautismo, reconocen en com&uacute;n el gran papel que desempe&ntilde;a la Eucarist&iacute;a en la reconciliaci&oacute;n del hombre con Dios y con el pr&oacute;jimo, aunque &laquo;a causa de las divergencias relativas a la fe, no es posible todav&iacute;a concelebrar la misma liturgia eucar&iacute;stica. Y sin embargo, tenemos el ardiente deseo de celebrar juntos la &uacute;nica Eucarist&iacute;a del Se&ntilde;or, y este deseo es ya una alabanza com&uacute;n, una misma imploraci&oacute;n. Juntos nos dirigimos al Padre y lo hacemos cada vez m&aacute;s &quot;con un mismo coraz&oacute;n&quot;. En ocasiones, el poder consumar esta comuni&oacute;n &quot;real aunque todav&iacute;a no plena&quot; parece estar m&aacute;s cerca&raquo; (<i><a href=\"http:\/\/w2.vatican.va\/content\/john-paul-ii\/es\/encyclicals\/documents\/hf_jp-ii_enc_25051995_ut-unum-sint.html\">Ut unum sint<\/a><\/i>, 45). <\/p>\n<p align=\"left\">En esta gran fiesta, que estamos celebrando aqu&iacute; en Wroc&#x142;aw, no s&oacute;lo con la participaci&oacute;n de cat&oacute;licos, sino tambi&eacute;n de hermanos de otras Iglesias de Polonia y del extranjero, se puede ver el germen de la conversi&oacute;n ecum&eacute;nica y de la anhelada reconciliaci&oacute;n de las Iglesias y comunidades cristianas. Esta conversi&oacute;n ser&aacute; perfecta cuando podamos reunirnos todos en la celebraci&oacute;n en torno al mismo c&aacute;liz. Eso ser&aacute; expresi&oacute;n de la unidad de toda comunidad a nivel local y universal, expresi&oacute;n de nuestra perfecta uni&oacute;n con el Se&ntilde;or y entre nosotros. En efecto, &laquo;casi todos, aunque de manera diferente, aspiran a una Iglesia de Dios &uacute;nica y visible, que sea verdaderamente universal y enviada a todo el mundo, a fin de que el mundo se convierta al Evangelio y as&iacute; se salve para gloria de Dios&raquo; (<i>ib<\/i>., 7). <\/p>\n<p align=\"left\">En los &uacute;ltimos a&ntilde;os se ha reducido de modo significativo la distancia que separa entre s&iacute; a las Iglesias y comunidades eclesiales. Sin embargo, sigue siendo a&uacute;n demasiado grande. &iexcl;Demasiado grande! Eso no es lo que quer&iacute;a Cristo. Debemos hacer todo lo posible para recuperar la plenitud de la comuni&oacute;n. No podemos detenernos en este camino. Volvamos una vez m&aacute;s a la oraci&oacute;n sacerdotal de Jes&uacute;s, en la que dice: &laquo;Que todos sean uno. Como t&uacute;, Padre, en m&iacute; y yo en ti, que ellos tambi&eacute;n sean uno en nosotros, para que el mundo crea que t&uacute; me has enviado&raquo; (<i>Jn <\/i>17, 21). Ojal&aacute; que estas palabras de Cristo se conviertan para todos nosotros en una exhortaci&oacute;n al compromiso en favor de la gran obra de la unidad, en el umbral del a&ntilde;o 2000, que ya se est&aacute; acercando. <\/p>\n<p align=\"left\">En la liturgia de hoy cantamos el salmo del buen pastor: &laquo;El Se&ntilde;or es mi pastor, nada me falta. (&#8230;) Me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas; me gu&iacute;a por el sendero justo, por el honor de su nombre. Aunque camine por ca&ntilde;adas oscuras, nada temo, porque t&uacute; vas conmigo&raquo; (<i>Sal <\/i>22, 1-3). Se trata de un gran <i> est&iacute;mulo a la confianza y a la esperanza ecum&eacute;nica<\/i>. Aunque las divisiones entre los cristianos corresponden a esas &laquo;ca&ntilde;adas oscuras&raquo; por las que caminan a veces todas nuestras comunidades, nos acompa&ntilde;a el Se&ntilde;or, Cristo, el buen Pastor. &Eacute;l es quien nos conduce y &eacute;l es quien har&aacute; que las comunidades cristianas separadas lleguen a la unidad por la que oraba tan ardientemente la v&iacute;spera de su pasi&oacute;n en la cruz. <\/p>\n<p align=\"left\">Durante esta plegaria ecum&eacute;nica com&uacute;n pidamos a Dios, Padre de todos nosotros, que re&uacute;na a todos sus hijos dispersos, y que los conduzca con eficacia por las sendas del perd&oacute;n y la reconciliaci&oacute;n, para que demos un testimonio com&uacute;n de Jesucristo, su Hijo, que es nuestro Se&ntilde;or y Salvador, el mismo ayer, hoy y siempre (cf. <i>Hb <\/i>13, 8). <\/p>\n<p align=\"left\">Padre, haz que &laquo;todos sean uno&raquo;, <i>ut unum sint <\/i>(<i>Jn <\/i>17, 21). <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A POLONIA ENCUENTRO ECUM&Eacute;NICO DE ORACI&Oacute;N HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Wroc&#x142;aw, s&aacute;bado 31 de mayo de 1997 &nbsp; &iexcl;Alabado sea Jesucristo! 1.&nbsp;Saludo cordialmente a todos los presentes en nuestra plegaria ecum&eacute;nica com&uacute;n. Agradezco al obispo de Opole sus palabras de bienvenida. Saludo al reverendo Jan Szarek, presidente del Consejo ecum&eacute;nico &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-polonia-31-de-mayo-de-1997-encuentro-ecumenico\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje apost\u00f3lico a Polonia: 31 de mayo de 1997 &#8211; Encuentro ecum\u00e9nico\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40099","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40099","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40099"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40099\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40099"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40099"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40099"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}