{"id":40105,"date":"2016-10-05T23:35:10","date_gmt":"2016-10-06T04:35:10","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-beirut-encuentro-con-los-jovenes-de-libano-en-la-basilica-de-nuestra-senora-de-harisa-10-de-mayo-de-1997\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:10","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:10","slug":"viaje-apostolico-a-beirut-encuentro-con-los-jovenes-de-libano-en-la-basilica-de-nuestra-senora-de-harisa-10-de-mayo-de-1997","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-beirut-encuentro-con-los-jovenes-de-libano-en-la-basilica-de-nuestra-senora-de-harisa-10-de-mayo-de-1997\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Beirut: Encuentro con los j\u00f3venes de L\u00edbano en la Bas\u00edlica de Nuestra Se\u00f1ora de Harisa (10 de mayo de 1997)"},"content":{"rendered":"<p><font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\" face=\"Times New Roman\" size=\"3\"><b> VIAJE APOST&Oacute;LICO A BEIRUT<\/b><\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">ENCUENTRO CON LOS J&Oacute;VENES EN EL SANTUARIO DE HARISA<\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><b><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i> <font size=\"4\">DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/font><\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i> <font face=\"Times New Roman\">S<\/font><\/i><font face=\"Times New Roman\"><i>&aacute;bado 10 de mayo de 1997<\/i><\/font><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><i><font face=\"Times New Roman\">Queridos j&oacute;venes del L&iacute;bano: <\/font> <\/i> <\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;Me alegra particularmente encontrarme con vosotros esta tarde, durante mi viaje apost&oacute;lico a vuestro pa&iacute;s. Ante todo doy gracias al cardenal Nasrallah Pierre Sfeir, patriarca de Antioqu&iacute;a de los maronitas, por sus palabras de bienvenida, as&iacute; como a monse&ntilde;or Habib Bacha, presidente de la comisi&oacute;n episcopal para el apostolado de los laicos, por haberme presentado a la juventud del L&iacute;bano. <\/p>\n<p align=\"left\">Queridos j&oacute;venes, os agradezco las palabras que, a trav&eacute;s de vuestros representantes, me vais a dirigir con franqueza y confianza. Comprendo las aspiraciones que os animan y vuestra impaciencia frente a la situaci&oacute;n diaria que os parece dif&iacute;cil de cambiar. Descubro as&iacute; los rostros de chicos y chicas que, con todo el ardor y el impulso de su juventud, tienen el profundo anhelo de mirar hacia el porvenir, pidiendo al Se&ntilde;or que les d&eacute; fuerza y valent&iacute;a, que les comunique su amor y su esperanza, como vamos a implorar en la plegaria inicial de nuestra celebraci&oacute;n. Constantemente, en los &uacute;ltimos a&ntilde;os, os he sostenido con la oraci&oacute;n, suplicando a Cristo que os asista en vuestro camino hacia la paz y en vuestra vida personal y social.<\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;Vamos a escuchar el relato evang&eacute;lico de los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s. Su experiencia puede ayudaros, porque se asemeja a la de cada uno de vosotros. Entristecidos por los acontecimientos de la Semana santa, desorientados por la muerte de Jes&uacute;s y defraudados por no poder realizar sus expectativas, los dos disc&iacute;pulos deciden abandonar Jerusal&eacute;n el d&iacute;a de Pascua y volver a su aldea. La esperanza que hab&iacute;a suscitado Cristo durante los tres a&ntilde;os vividos con &eacute;l en Tierra santa parec&iacute;a haberse desvanecido con su muerte. Y sin embargo, mientras recorren ese camino, los peregrinos de Ema&uacute;s recuerdan el mensaje del Se&ntilde;or, un mensaje de amor y de caridad fraterna, un mensaje de esperanza y de salvaci&oacute;n. Conservan en su coraz&oacute;n el recuerdo de los hechos y los gestos que realiz&oacute; durante su vida p&uacute;blica, desde las orillas del Jord&aacute;n hasta el G&oacute;lgota, pasando por Tiro y Sid&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Ambos se acuerdan de las palabras y los encuentros con el Se&ntilde;or, que manifestaba su ternura, su compasi&oacute;n y su amor hacia todo ser humano. Todos quedaban impresionados por su ense&ntilde;anza y su bondad. Cristo sab&iacute;a captar, por encima de la fealdad del pecado, la belleza interior del ser creado a imagen de Dios. Sab&iacute;a percibir el deseo profundo de verdad y la sed de felicidad que anidan en el alma de toda persona. Con su mirada, con su mano extendida y su palabra de consuelo, Jes&uacute;s llamaba a cada uno a levantarse despu&eacute;s de haber ca&iacute;do, porque cada persona tiene un valor que supera lo que ha hecho y no hay pecado que no pueda ser perdonado. As&iacute;, recordando todo esto, los disc&iacute;pulos comienzan a meditar la buena nueva que trajo el Mes&iacute;as. <\/p>\n<p align=\"left\">Mientras los disc&iacute;pulos, a lo largo del camino de Ema&uacute;s, reflexionan en la persona de Cristo, en su palabra y en su vida, el Resucitado mismo se les acerca y les revela la profundidad de las Escrituras, ayud&aacute;ndoles a descubrir el plan de Dios. Los acontecimientos de Jerusal&eacute;n \u2014la muerte en la cruz y la resurrecci&oacute;n\u2014 traen la salvaci&oacute;n a todo hombre. La muerte es vencida, el camino de la vida eterna queda definitivamente abierto. Pero los dos hombres no reconocen a&uacute;n al Se&ntilde;or. Su coraz&oacute;n est&aacute; ofuscado y turbado. S&oacute;lo al final del camino, cuando Jes&uacute;s parte el pan, cuando repite el gesto de la Cena, memorial de su sacrificio, sus ojos se abren para aceptar la verdad: Jes&uacute;s ha resucitado y los precede por los caminos del mundo. La esperanza no ha muerto. De inmediato, vuelven a Jerusal&eacute;n a anunciar la buena nueva. Con la seguridad de estas promesas, tambi&eacute;n nosotros sabemos que Cristo est&aacute; vivo y realmente presente en medio de sus hermanos, todos los d&iacute;as y hasta el final de los tiempos.<\/p>\n<p align=\"left\"> 3.&nbsp;Cristo recorre sin cesar este camino de Ema&uacute;s, este camino sinodal con su Iglesia. En efecto, la palabra <i>s&iacute;nodo <\/i> significa caminar juntos. Cristo ha recorrido este camino junto con los pastores de la Iglesia cat&oacute;lica del L&iacute;bano, durante la Asamblea especial que se celebr&oacute; en Roma en noviembre y diciembre de 1995. Queridos j&oacute;venes, quiere volver a recorrerlo tambi&eacute;n con vosotros. Porque el S&iacute;nodo de los obispos para el L&iacute;bano se realiz&oacute; por vosotros: el futuro sois vosotros. Cuando cumpl&iacute;s vuestros quehaceres diarios, en el estudio o en el trabajo; cuando serv&iacute;s a vuestros hermanos; cuando compart&iacute;s las dudas y las esperanzas; cuando medit&aacute;is la Escritura, solos o en la comunidad; cuando particip&aacute;is en la Eucarist&iacute;a, Cristo se acerca a vosotros, camina a vuestro lado: &eacute;l es vuestra fuerza, vuestro alimento y vuestra luz.<\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos j&oacute;venes, en vuestra vida diaria, no teng&aacute;is miedo de que Cristo se os acerque, como hizo con los disc&iacute;pulos de Ema&uacute;s. En la vida personal, en la vida eclesial, el Se&ntilde;or os acompa&ntilde;a e infunde en vosotros su esperanza. Cristo conf&iacute;a en vosotros, en que se&aacute;is responsables de vuestra existencia y de la de vuestros hermanos y hermanas, del futuro de la Iglesia en el L&iacute;bano y del futuro de vuestro pa&iacute;s. Viva la paz. Hoy y ma&ntilde;ana, Jes&uacute;s os invita a dejar vuestros senderos para seguirlo a &eacute;l, unidos con todos los fieles de la Iglesia cat&oacute;lica y con todo el pueblo liban&eacute;s. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4.&nbsp;Entonces, &iquest;acept&aacute;is seguir a Cristo? Si acept&aacute;is seguir a Cristo y dejaros conquistar por &eacute;l, os mostrar&aacute; que el misterio de su muerte y resurrecci&oacute;n es la clave de lectura, por excelencia, de la vida cristiana y de la vida humana. En efecto, en toda existencia hay tiempos en que Dios parece guardar silencio, como en la noche del Jueves santo; tiempos de desconcierto, como el d&iacute;a del Viernes santo, en que Dios parece abandonar a los que ama; y tiempos de luz, como el alba de la ma&ntilde;ana de Pascua, que vio la victoria definitiva de la vida sobre la muerte. A ejemplo de Cristo, que entreg&oacute; su vida en manos del Padre, para hacer grandes cosas es preciso que pong&aacute;is vuestra confianza en Dios, porque, si contamos &uacute;nicamente con nosotros mismos, nuestros proyectos ponen de manifiesto con demasiada frecuencia intereses particulares y parciales. Pero todo puede cambiar cuando se cuenta ante todo con el Se&ntilde;or, que viene a transformar, purificar y apaciguar nuestro interior. Los cambios a que aspir&aacute;is en vuestra tierra exigen, ante todo y sobre todo, cambios en los corazones. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5.&nbsp;En realidad, a vosotros corresponde hacer que caigan los muros que hayan podido surgir durante los dolorosos per&iacute;odos de la historia de vuestra naci&oacute;n; no levant&eacute;is nuevos muros en vuestro pa&iacute;s. Al contrario, deb&eacute;is construir puentes entre las personas, entre las familias y entre las diversas comunidades. Espero que en la vida diaria realic&eacute;is gestos de reconciliaci&oacute;n, para pasar de la desconfianza a la confianza. Tambi&eacute;n deb&eacute;is hacer que cada liban&eacute;s, en especial cada joven, pueda participar en la vida social, en la casa com&uacute;n. As&iacute; nacer&aacute; una nueva fraternidad y se crear&aacute;n s&oacute;lidos v&iacute;nculos, pues el arma principal y decisiva para la construcci&oacute;n del L&iacute;bano es el amor. Si acud&iacute;s a la intimidad con el Se&ntilde;or, manantial del amor y de la paz, ser&eacute;is tambi&eacute;n vosotros art&iacute;fices de paz y de amor. Como dice Cristo, en esto nos reconocer&aacute;n como sus disc&iacute;pulos. <\/p>\n<p align=\"left\"> La riqueza del L&iacute;bano sois vosotros, que ten&eacute;is sed de paz y fraternidad, y que anhel&aacute;is comprometeros cada d&iacute;a en favor de esta tierra a la que est&aacute;is profundamente vinculados. Con vuestros padres, vuestros educadores y todos los adultos que tienen responsabilidades sociales y eclesiales, est&aacute;is llamados a preparar el L&iacute;bano del futuro, para hacer de &eacute;l un pueblo unido, con su diversidad cultural y espiritual. El L&iacute;bano es una herencia llena de promesas. Esforzaos por adquirir una s&oacute;lida educaci&oacute;n c&iacute;vica y moral, para ser plenamente conscientes de vuestras responsabilidades en la reconstrucci&oacute;n nacional. Uno de los elementos que contribuyen a la unidad en el seno de una naci&oacute;n es el sentido del di&aacute;logo con todos los hermanos, respetando las sensibilidades espec&iacute;ficas y las diferentes historias comunitarias. En vez de alejar a las personas unas de otras, esta actitud fundamental de apertura es uno de los elementos morales esenciales de la vida democr&aacute;tica y uno de los instrumentos esenciales del desarrollo de la solidaridad, para rehacer el entramado social y para dar nuevo impulso a la vida nacional. <\/p>\n<p align=\"left\"> 6.&nbsp;Para manifestaros mi estima y mi confianza, dentro de algunos instantes, al final de la homil&iacute;a, firmar&eacute; ante vosotros la exhortaci&oacute;n apost&oacute;lica postsinodal. Con vuestras reflexiones hab&eacute;is dado una notable contribuci&oacute;n a la preparaci&oacute;n de la Asamblea, en la que hab&eacute;is sido representados y escuchados. Hoy, yo os escojo como testigos privilegiados y como depositarios del mensaje de renovaci&oacute;n que necesitan la Iglesia y vuestro pa&iacute;s. Os exhorto a tomar con empe&ntilde;o parte activa en la aplicaci&oacute;n de las orientaciones de la Asamblea sinodal. Con los patriarcas y los obispos, pastores de la grey; con los sacerdotes, los religiosos y las religiosas; y con todo el pueblo cristiano, ten&eacute;is la misi&oacute;n de ser testigos del Resucitado con las palabras y con toda vuestra vida. En la comunidad cristiana cada uno de vosotros est&aacute; llamado a asumir una parte de responsabilidad. Escuchando a Cristo que os llama y que quiere garantizar el &eacute;xito de vuestra existencia, responder&eacute;is a vuestra vocaci&oacute;n particular, en el sacerdocio, en la vida consagrada o en el matrimonio. En cualquier estado de vida, comprometerse a seguir al Se&ntilde;or es fuente de gran alegr&iacute;a. <\/p>\n<p align=\"left\"> La iglesia en que nos encontramos est&aacute; situada en la cima del monte: la pueden contemplar f&aacute;cilmente los habitantes de Beirut y de la regi&oacute;n, y los visitantes que llegan a vuestra tierra. Del mismo modo, &iexcl;ojal&aacute; que tambi&eacute;n vuestro testimonio sea para vuestros amigos un ejemplo luminoso! No olvid&eacute;is vuestra identidad cristiana y vuestra condici&oacute;n de disc&iacute;pulos del Se&ntilde;or. Es vuestra gloria, es vuestra esperanza y es vuestra misi&oacute;n. Recibid la Exhortaci&oacute;n como un don que la Iglesia universal hace a la Iglesia que est&aacute; en el L&iacute;bano y a vuestro pa&iacute;s, con la certeza de que vuestro dinamismo y vuestra valent&iacute;a dar&aacute;n lugar a transformaciones profundas en vosotros y en la sociedad entera. Tened fe y esperanza en Cristo. Con &eacute;l no quedar&eacute;is defraudados. <\/p>\n<p align=\"left\"> 7.&nbsp;Pidamos a la Virgen Mar&iacute;a, Nuestra Se&ntilde;ora del L&iacute;bano, que vele por vuestro pa&iacute;s y por sus habitantes, y que os asista con su ternura maternal, para que se&aacute;is los dignos herederos de los santos de vuestra tierra. As&iacute; contribuir&eacute;is a hacer que vuelva a florecer el L&iacute;bano, pa&iacute;s que forma parte de los santos lugares que Dios ama, porque vino a poner aqu&iacute; su morada y a recordarnos que debemos construir la ciudad terrena con la mirada puesta en los valores del Reino. <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p> <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A BEIRUT ENCUENTRO CON LOS J&Oacute;VENES EN EL SANTUARIO DE HARISA DISCURSO DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II S&aacute;bado 10 de mayo de 1997 &nbsp; Queridos j&oacute;venes del L&iacute;bano: 1.&nbsp;Me alegra particularmente encontrarme con vosotros esta tarde, durante mi viaje apost&oacute;lico a vuestro pa&iacute;s. 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