{"id":40108,"date":"2016-10-05T23:35:15","date_gmt":"2016-10-06T04:35:15","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-la-republica-checa-santa-misa-para-los-jovenes-en-la-plaza-grande-de-hradec-kralove-26-de-abril-de-1997\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:15","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:15","slug":"viaje-apostolico-a-la-republica-checa-santa-misa-para-los-jovenes-en-la-plaza-grande-de-hradec-kralove-26-de-abril-de-1997","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-la-republica-checa-santa-misa-para-los-jovenes-en-la-plaza-grande-de-hradec-kralove-26-de-abril-de-1997\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a la Rep\u00fablica Checa: Santa Misa para los j\u00f3venes en la Plaza Grande de Hradec Kr\u00e1lov\u00e9 (26 de abril de 1997)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA CHECA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>DURANTE LA MISA CON LOS J&Oacute;VENES<\/font><\/b><\/p>\n<p> Plaza Grande de Hradec Kr&aacute;lov&eacute;<br \/>S&aacute;bado 26 de abril de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"> <i>Queridos se&ntilde;ores cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes de toda Europa; <br \/>estimado monse&ntilde;or Karel, pastor de esta di&oacute;cesis:<\/i> <\/p>\n<p align=\"left\"> 1.<i>&nbsp;Veni, Creator Spiritus<\/i>. Las lecturas que hemos escuchado, amad&iacute;simos j&oacute;venes, hablan de la <i>efusi&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo<\/i>. Seg&uacute;n el evangelio de san Juan, tuvo lugar ante todo en el d&iacute;a mismo de la Resurrecci&oacute;n. Cristo se aparece en el cen&aacute;culo, donde se encuentran encerrados los disc&iacute;pulos y, despu&eacute;s de darse a conocer, les habla as&iacute;: &laquo;<i>Recibid el Esp&iacute;ritu Santo<\/i>; a quienes perdon&eacute;is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng&aacute;is, les quedan retenidos&raquo; (<i>Jn <\/i> 20, 22-23). <\/p>\n<p align=\"left\"> Lo que acontecer&aacute; en <i>Pentecost&eacute;s<\/i>, cincuenta d&iacute;as despu&eacute;s de la Resurrecci&oacute;n, ser&aacute; la confirmaci&oacute;n y la manifestaci&oacute;n p&uacute;blica de esta efusi&oacute;n de la tarde de Pascua. <i>Los Ap&oacute;stoles, en compa&ntilde;&iacute;a de la Madre de Jes&uacute;s, esperan ese momento recogidos en oraci&oacute;n<\/i>, como nos ha recordado la primera lectura (cf. <i>Hch <\/i>1, 13-14). Saben que ese acontecimiento producir&aacute; un cambio en su vida y en su misi&oacute;n. Y, efectivamente, la experiencia de Pentecost&eacute;s marca <i>el inicio de la misi&oacute;n de la Iglesia<\/i>, que desde ese momento se manifiesta en p&uacute;blico y comienza a anunciar el Evangelio. <\/p>\n<p align=\"left\"> La Iglesia sabe que naci&oacute; por obra del Esp&iacute;ritu Santo: como Cristo naci&oacute; de Mar&iacute;a Virgen por el poder del Esp&iacute;ritu Santo, as&iacute; tambi&eacute;n en el inicio de la Iglesia se halla la fuerza vivificante del Esp&iacute;ritu. Y por eso <i>no cesa de invocar: &laquo;Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu, Se&ntilde;or, y renovar&aacute;s la faz de la tierra&raquo; <\/i>(cf. <i>Sal <\/i>103, 30). <\/p>\n<p align=\"left\"> 2.&nbsp;Desde el d&iacute;a de Pentecost&eacute;s, la obra de la salvaci&oacute;n realizada por Cristo ha encontrado, por medio de la Iglesia, caminos siempre nuevos para difundirse por el mundo. <i>En el siglo noveno, el Evangelio, anunciado por los santos hermanos de Sal&oacute;nica Cirilo y Metodio, lleg&oacute; a vuestra tierra<\/i>, la gran Moravia, y tambi&eacute;n a las naciones eslavas vecinas, donde hall&oacute; un terreno propicio. Vuestros antepasados acogieron el cristianismo de los &laquo;ap&oacute;stoles de los eslavos &raquo; y, a su vez, se convirtieron en ap&oacute;stoles. As&iacute;, por ejemplo, el bautismo de Polonia est&aacute; vinculado a la acci&oacute;n apost&oacute;lica de sus vecinos checos. <\/p>\n<p align=\"left\"> De Bohemia proviene tambi&eacute;n <i>san Adalberto<\/i>, de la gran estirpe bohema de Slavn&iacute;k, cuya cuna se encontraba aqu&iacute;, en el territorio de la di&oacute;cesis de Hradec Kr&aacute;lov&eacute;, en la que nos encontramos. Con esta celebraci&oacute;n <i>damos gracias a Dios, en el milenario de san Adalberto<\/i>, por su misi&oacute;n y por el testimonio que dio de Cristo hasta el sacrificio de su vida.<\/p>\n<p align=\"left\"> 3.&nbsp;Amad&iacute;simos j&oacute;venes de las di&oacute;cesis de la Rep&uacute;blica Checa; j&oacute;venes amigos venidos de otros pa&iacute;ses de Europa; venerados hermanos en el episcopado y en el sacerdocio, que los hab&eacute;is acompa&ntilde;ado; religiosos y religiosas, y todos vosotros, amad&iacute;simos fieles aqu&iacute; presentes, <i>os saludo cordialmente <\/i>en esta estupenda plaza, en la que se yergue la catedral, &uacute;nica dedicada al Esp&iacute;ritu Santo, como suele recordar el querido mons. Karel Ot&#x10d;en&aacute;\u0161ek, obispo de esta di&oacute;cesis, a quien doy las gracias con nuestra antigua amistad, que &eacute;l conoce muy bien, por las cordiales palabras que me ha dirigido. <\/p>\n<p align=\"left\"> Asimismo quiero expresar mi agradecimiento en particular a los ciudadanos de Hradec Kr&aacute;lov&eacute; por el vivo sentido de hospitalidad que han sabido demostrar tambi&eacute;n en esta circunstancia, cediendo sus lugares en la parte central de la plaza a los j&oacute;venes de las diversas partes del pa&iacute;s, reunidos aqu&iacute; para el encuentro dedicado a ellos. A todos los fieles de la di&oacute;cesis les manifiesto mi aprecio por la generosidad con que han colaborado, a menudo a costa de notables sacrificios, en la construcci&oacute;n del &laquo;Centro de nueva evangelizaci&oacute;n e inculturaci&oacute;n &raquo;, promovido por el obispo. Estoy seguro de que sabr&aacute;n seguir sosteniendo tambi&eacute;n su conveniente funcionamiento. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pero volvamos a vosotros, j&oacute;venes. En el &aacute;mbito de las celebraciones en honor de san Adalberto, <i>&eacute;sta es vuestra jornada<\/i>, queridos j&oacute;venes, y me agrada veros aqu&iacute; en tan gran n&uacute;mero. Hace dos a&ntilde;os, en el mes de <i>mayo de 1995<\/i>, me reun&iacute; con muchos de vosotros en <i>Svat&yacute; Kope&#x10d;ek<\/i>. Padre santo, la Colina santa (Svat&yacute; Kope&#x10d;ek) est&aacute; llena de sus ovejas. Y hoy lo est&aacute; Hrade&#x10d;ek. Recuerdo siempre con alegr&iacute;a ese encuentro, en el que coment&eacute; el &laquo;Padre nuestro&raquo;: fue una de las m&aacute;s hermosas reuniones de j&oacute;venes en que he participado. Algunos meses despu&eacute;s tuvo lugar la peregrinaci&oacute;n de los j&oacute;venes a Loreto, donde acudisteis en gran n&uacute;mero, junto con vuestros obispos, despu&eacute;s del encuentro de la Colina santa. Vuestros representantes tomaron parte tambi&eacute;n en los encuentros mundiales de Denver y Manila. <\/p>\n<p align=\"left\"> Os saludo a todos con afecto. Dirijo un saludo especial a cuantos no han podido venir aqu&iacute; a estar con nosotros. En particular a vosotros, muchachos y j&oacute;venes enfermos, que ofrec&eacute;is vuestros sufrimientos por los dem&aacute;s; y a vosotras, j&oacute;venes monjas de clausura, que hab&eacute;is elegido la vida contemplativa y or&aacute;is tanto por vuestros coet&aacute;neos. <\/p>\n<p align=\"left\"> 4.&nbsp;&laquo;Como el Padre me envi&oacute;, tambi&eacute;n yo os env&iacute;o&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 21). San Adalberto escuch&oacute; estas palabras como si se las hubieran dirigido a &eacute;l mismo. Al final del primer milenio, como <i>primer obispo de Praga <\/i>de sangre bohemia, fue <i>heredero de las tradiciones de santidad de los m&aacute;rtires <\/i>que lo hab&iacute;an precedido, especialmente de <i>Ludmila <\/i>y <i>Wenceslao<\/i>. Al mismo tiempo, mir&oacute; hacia el futuro: realiz&oacute; todos los esfuerzos posibles para lograr el renacimiento espiritual de Praga y de su patria, sostenido por una fe ardiente en Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> <i> Combati&oacute; por la verdad<\/i>. No acept&oacute; que el esp&iacute;ritu del tiempo lo ahogase. Por esto, vivi&oacute; decidido a no ceder ante ninguna presi&oacute;n de la sociedad de su tiempo. En el umbral del tercer milenio, del que vosotros, j&oacute;venes, ser&eacute;is los primeros protagonistas, <i>san Adalberto se<\/i> <i>os presenta como testigo intr&eacute;pido de la fe<\/i>. Contempl&aacute;ndolo, pod&eacute;is encontrar inspiraci&oacute;n y luz para afrontar con valent&iacute;a los desaf&iacute;os del momento presente. <\/p>\n<p align=\"left\"> Os ense&ntilde;a la <i> apertura a los dem&aacute;s <\/i>en una entrega generosa. Vosotros ten&eacute;is una gran aspiraci&oacute;n a la libertad y a la plenitud de vida, pero eso no se puede lograr mediante la b&uacute;squeda ego&iacute;sta de beneficios propios, sino s&oacute;lo con <i>la apertura del amor<\/i>. La vocaci&oacute;n al amor es vuestra vocaci&oacute;n fundamental. Jes&uacute;s os llama a este camino: respondedle &laquo;s&iacute;&raquo;, como hizo san Adalberto. Superando los confines agobiantes del ego&iacute;smo con la fuerza del amor a Cristo ser&eacute;is constructores de la nueva Europa y del mundo de ma&ntilde;ana. <\/p>\n<p align=\"left\"> 5.&nbsp;&laquo;Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu, Se&ntilde;or, y renovar&aacute;s la faz de la tierra&raquo;. De la primera comunidad cristiana, reunida en el cen&aacute;culo, recibimos esta invocaci&oacute;n, inspirada en el Salmo, y hoy tengo la alegr&iacute;a de repetirla junto con vosotros, j&oacute;venes, en el umbral del tercer milenio. Viv&iacute;s en una situaci&oacute;n que, en ciertos aspectos, es semejante a la de los primeros cristianos. El mundo que los rodeaba no conoc&iacute;a el Evangelio. Pero ellos no se desconcertaron. Despu&eacute;s de recibir el don del Esp&iacute;ritu, se unieron en torno a los Ap&oacute;stoles, am&aacute;ndose entre s&iacute; fraternalmente. Sab&iacute;an que eran la nueva levadura, que tanto necesitaba el mundo romano en su ocaso. De esa forma unidos en el amor superaron toda resistencia. <\/p>\n<p align=\"left\"> Sed tambi&eacute;n vosotros como ellos. <i>Sed Iglesia<\/i>, para llevar al mundo de hoy el anuncio gozoso del Evangelio. San Adalberto fue un <i>apasionado servidor de la Iglesia<\/i>. Sedlo tambi&eacute;n vosotros. La Iglesia os necesita. Despu&eacute;s de cuarenta a&ntilde;os de intentos de amordazarla, vive, aqu&iacute; entre vosotros, una gran renovaci&oacute;n, a pesar de tantas dificultades. Cuenta con vuestras energ&iacute;as j&oacute;venes, con la contribuci&oacute;n de vuestra inteligencia y de vuestro entusiasmo. Confiad en la Iglesia, como ella conf&iacute;a en vosotros.<\/p>\n<p align=\"left\"> 6.&nbsp;&laquo;Env&iacute;a tu Esp&iacute;ritu, Se&ntilde;or, y renovar&aacute;s la faz de la tierra&raquo;. La Iglesia, que recibi&oacute; el Esp&iacute;ritu Santo en Pentecost&eacute;s, lo lleva a los hombres de todos los tiempos. Y os lo lleva tambi&eacute;n a vosotros mediante sus sacramentos, relacionados con las etapas fundamentales de vuestra vida: hab&eacute;is sido <i> bautizados <\/i>con el agua y el Esp&iacute;ritu Santo y muchos de vosotros ya hab&eacute;is recibido la <i>confirmaci&oacute;n<\/i>, el sacramento en el que el Esp&iacute;ritu os capacita y os compromete a ser testigos de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\"> Orad al Esp&iacute;ritu Santo, para que manifieste su presencia en vuestra vida. <i>A m&iacute;, la experiencia de la acci&oacute;n del Esp&iacute;ritu Santo me la transmiti&oacute; de modo especial mi padre<\/i>, cuando ten&iacute;a vuestra edad. Si me encontraba en alguna dificultad, me recomendaba orar al Esp&iacute;ritu Santo; y esa ense&ntilde;anza me marc&oacute; el camino que he seguido hasta hoy. Os hablo de esto porque vosotros sois j&oacute;venes, como yo lo era entonces. Y os hablo de ello sobre la base de muchos a&ntilde;os de vida, transcurridos en tiempos tambi&eacute;n dif&iacute;ciles.<\/p>\n<p align=\"left\"> 7.&nbsp;Volvamos al cen&aacute;culo. Jes&uacute;s sopla sobre los Ap&oacute;stoles y les dice: &laquo;<i>Recibid el Esp&iacute;ritu Santo; a quienes perdon&eacute;is los pecados, les quedan perdonados<\/i>; a quienes se los reteng&aacute;is, les quedan retenidos &raquo; (<i>Jn <\/i>20, 22-23). Amad&iacute;simos j&oacute;venes, deseo que especialmente estas palabras queden grabadas en vuestra mente y en vuestro coraz&oacute;n. El Esp&iacute;ritu Santo se da a la Iglesia como <i>manantial de fuerza para vencer el pecado<\/i>. S&oacute;lo Dios tiene el poder de perdonar los pecados, porque &uacute;nicamente &eacute;l escruta hasta el fondo al ser humano y puede valorar plenamente su responsabilidad. El pecado, en su profundidad psicol&oacute;gica, sigue siendo un secreto en el que s&oacute;lo Dios tiene el poder de entrar para decir al hombre con palabras eficaces: &laquo;Tus pecados te son perdonados; quedas perdonado&raquo; (cf. <i> Mt <\/i>9, 2.4; <i>Mc <\/i>2, 5.9; <i>Lc <\/i>5, 20.23). <\/p>\n<p align=\"left\"> Queridos amigos, quiero que lo record&eacute;is. Como sabemos, existen los as&iacute; llamados &laquo;pecados sociales&raquo;, pero, en definitiva, todo pecado <i>depende de la responsabilidad de un hombre concreto<\/i>. Este hombre concreto lucha con el pecado, lo vence o es derrotado. El hombre concreto, si es derrotado por el pecado, sufre. S&iacute;, los remordimientos de conciencia constituyen un sufrimiento. No se pueden eliminar. Antes o despu&eacute;s, es preciso buscar el perd&oacute;n. Si el mal que hemos cometido concierne a otros hombres, hay que pedirles tambi&eacute;n perd&oacute;n a ellos, pero, <i>para que la culpa sea realmente perdonada, siempre es necesario obtener el perd&oacute;n de Dios<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\"> El <i>sacramento de la reconciliaci&oacute;n <\/i>constituye un gran regalo de Cristo. Si lo sabemos vivir con fidelidad, se transforma en fuente inagotable de vida nueva. No lo olvid&eacute;is. Acudid con confianza a este manantial para obtener la gracia, la curaci&oacute;n, la alegr&iacute;a y la paz, a fin de participar en la vida misma de Cristo, que es vida del Padre comunicada en el Esp&iacute;ritu Santo.<\/p>\n<p align=\"left\"> 8.&nbsp;Queridos amigos, <i>a vosotros os encomiendo la misi&oacute;n de contribuir de modo decisivo a la evangelizaci&oacute;n de vuestro pa&iacute;s<\/i>, el pa&iacute;s checo. Llevad a Cristo al tercer milenio. Confiad en &eacute;l. Su promesa atraviesa los siglos: &laquo;Quien pierda su vida por mi causa y por el Evangelio, la salvar&aacute;&raquo; (<i>Mc <\/i>8, 35). &iexcl;No teng&aacute;is miedo! &iexcl;No teng&aacute;is miedo! La vida con Cristo es una aventura estupenda. S&oacute;lo &eacute;l puede dar sentido pleno a la vida; s&oacute;lo &eacute;l es el centro de la historia. Vivid de &eacute;l. Con Mar&iacute;a. Con vuestros santos. <\/p>\n<p align=\"left\"> Pedid a Cristo el don del Esp&iacute;ritu, pues precisamente el Esp&iacute;ritu Santo es la Persona divina que tiene la misi&oacute;n de sanar, purificar, santificar las conciencias de los hombres y as&iacute; renovar la faz de la tierra. Deseo de todo coraz&oacute;n que esto se realice en vosotros, en vuestra naci&oacute;n, en todos los que forman parte de la milenaria herencia de san Adalberto, y en los hombres del mundo entero. Ojal&aacute; que se cumplan en vosotros las palabras anunciadas con tanta fuerza por la Iglesia en la liturgia de hoy: <i>Veni, Sancte Spiritus<\/i>. &iexcl;Ven, Esp&iacute;ritu Santo! En ti est&aacute; la fuente de la luz y de la vida. En ti est&aacute; la llama del amor perenne. <\/p>\n<p align=\"left\"> En ti est&aacute; el secreto de la esperanza que no defrauda. &iexcl;Ven, Esp&iacute;ritu Santo! Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\"> &nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A LA REP&Uacute;BLICA CHECA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CON LOS J&Oacute;VENES Plaza Grande de Hradec Kr&aacute;lov&eacute;S&aacute;bado 26 de abril de 1997 &nbsp; Queridos se&ntilde;ores cardenales, arzobispos, obispos y sacerdotes de toda Europa; estimado monse&ntilde;or Karel, pastor de esta di&oacute;cesis: 1.&nbsp;Veni, Creator Spiritus. 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