{"id":40109,"date":"2016-10-05T23:35:16","date_gmt":"2016-10-06T04:35:16","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-1997-jornada-de-oracion-por-las-vocaciones\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:16","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:16","slug":"20-de-abril-de-1997-jornada-de-oracion-por-las-vocaciones","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/20-de-abril-de-1997-jornada-de-oracion-por-las-vocaciones\/","title":{"rendered":"20 de abril de 1997, Jornada de oraci\u00f3n por las vocaciones"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">XXXIV JORNADA MUNDIAL DE ORACI&Oacute;N POR LAS VOCACIONES<\/font><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>DURANTE LA SANTA MISA DE ORDENACIONES<\/font><\/p>\n<p><\/font><\/i> <i><font color=\"#663300\">Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/>Domingo 20 de abril de 1997 <\/font><br \/> <\/i> <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;<i>&laquo;Yo soy el buen pastor&raquo; <\/i>(<i>Jn <\/i>10, 11). <\/p>\n<p>Hoy, cuarto domingo de Pascua, &laquo;Domingo del Buen Pastor&raquo;, tengo la alegr&iacute;a de ordenar en esta bas&iacute;lica a 31 nuevos presb&iacute;teros, que se han formado en los seminarios de la di&oacute;cesis de Roma. Se trata de una hermosa costumbre, que se sit&uacute;a muy bien en el &aacute;mbito lit&uacute;rgico y espiritual de esta jornada, dedicada a la oraci&oacute;n por las vocaciones. Mientras doy gracias al Se&ntilde;or por el don del sacerdocio, quisiera detenerme a considerar con vosotros, amad&iacute;simos hermanos y hermanas, las palabras de Cristo a prop&oacute;sito del buen pastor.<\/p>\n<p>&laquo;Yo soy el buen pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 11). &iquest;C&oacute;mo no ver en estas palabras una referencia impl&iacute;cita al misterio la muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or? &laquo;Yo doy mi vida para tomarla de nuevo. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para darla y poder para recuperarla&raquo; (<i>Jn <\/i> 10, 17-18). Cristo se entreg&oacute; libremente a la cruz y resucit&oacute; en virtud de su poder divino. Por tanto, la alegor&iacute;a del buen pastor tiene un fuerte car&aacute;cter pascual, y por eso la Iglesia la propone a nuestra reflexi&oacute;n durante este tiempo de Pascua. &laquo;Yo soy el buen pastor; conozco a mis ovejas y mis ovejas me conocen a m&iacute;, igual que el Padre me conoce y yo conozco al Padre&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 14-15). Del misterio del conocimiento eterno de Dios y de la intimidad del amor trinitario brotan el sacerdocio y la misi&oacute;n pastoral de Cristo, que afirma: &laquo;Yo doy mi vida por las ovejas. Tengo, adem&aacute;s, otras ovejas que no son de este redil; tambi&eacute;n a &eacute;sas las tengo que traer, y escuchar&aacute;n mi voz y habr&aacute; un solo reba&ntilde;o y un solo pastor&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 15-16). <i>La misi&oacute;n pastoral de Cristo es misi&oacute;n universal<\/i>; no se limita a los hijos e hijas de Israel; en virtud del sacrificio de la cruz, abraza a todos los hombres y pueblos. <\/p>\n<p>2.&nbsp;Leyendo atentamente esta p&aacute;gina evang&eacute;lica, descubrimos que constituye <i>una s&iacute;ntesis sugestiva de la teolog&iacute;a del sacerdocio <\/i>de Cristo y del sacerdocio ministerial que vosotros, queridos di&aacute;conos, est&aacute;is a punto de recibir. Hab&eacute;is sido llamados, como el buen pastor, a entregar vuestra vida, guiando al pueblo cristiano hacia la salvaci&oacute;n. Deb&eacute;is imitar a Cristo, convirti&eacute;ndoos en sus testigos valientes, ministros incansables de su Evangelio. <\/p>\n<p>Queridos ordenandos, os saludo con afecto; saludo a todos los que os han guiado a lo largo del itinerario de vuestra formaci&oacute;n en los diversos seminarios de Roma; saludo a vuestras familias y a las comunidades cristianas en las que floreci&oacute; vuestra vocaci&oacute;n, as&iacute; como a vuestros amigos, que hoy comparten con vosotros la alegr&iacute;a de vuestra ordenaci&oacute;n presbiteral. <\/p>\n<p>La vocaci&oacute;n sacerdotal es llamada al ministerio pastoral, es decir, al servicio de la grey de Cristo; un servicio que est&aacute;is a punto de comenzar en la di&oacute;cesis de Roma y en otras Iglesias particulares. La comunidad cristiana ora hoy por vosotros, para que &laquo;el gran pastor de la ovejas&raquo; (<i>Hb <\/i>13, 20) os comunique el amor total que es indispensable para los pastores de la Iglesia. <\/p>\n<p>Lo que hemos escuchado en el Evangelio acerca de Cristo, buen pastor, se transforma en este momento en una invocaci&oacute;n coral al Padre celestial para que os infunda el amor y la entrega generosa de Cristo. &laquo;El buen pastor da la vida por las ovejas&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 11). <\/p>\n<p>3.&nbsp;Amad&iacute;simos di&aacute;conos, deber&eacute;is <i>traducir estas palabras en experiencia vivida, en cada tarea y en cada circunstancia <\/i>de vuestra vida sacerdotal. Ser&aacute; necesario que en ellas <i>encontr&eacute;is la luz y la fuerza <\/i>indispensables para vuestro ministerio pastoral. <\/p>\n<p>Os acompa&ntilde;a la oraci&oacute;n de la comunidad cristiana, particularmente intensa en esta liturgia. Oraci&oacute;n que se une a vuestra s&uacute;plica confiada, expresada por el conmovedor rito de la postraci&oacute;n rostro en tierra, durante el canto de las Letan&iacute;as de los santos. La Iglesia pide para vosotros la gracia del sacramento del sacerdocio y <i>la santificaci&oacute;n, a fin de que pod&aacute;is santificar a los dem&aacute;s. <\/i>Este es un momento decisivo de vuestra existencia, que quedar&aacute; grabado para siempre en vuestra mente y en vuestro coraz&oacute;n, como sucede a todos los sacerdotes. <\/p>\n<p>Tambi&eacute;n yo conservo un recuerdo vivo y emocionado de esta gran plegaria de impetraci&oacute;n que precede al momento culminante de la ordenaci&oacute;n, cuando el obispo impone las manos al ordenando, pronuncia la plegaria de consagraci&oacute;n y, mediante este antiguo gesto lit&uacute;rgico que se remonta a los Ap&oacute;stoles, le transmite el poder sacramental del sacerdocio, introduci&eacute;ndolo en el &laquo;presbyterium &raquo; de la Iglesia. Mientras se desarrolla este solemne momento se canta el <i>Veni creator<\/i>, con el que se invoca al Esp&iacute;ritu Santo, que es Se&ntilde;or y da la vida, para que venga y transfigure con su luz y su poder lo que realizamos con nuestra debilidad humana. <\/p>\n<p>&laquo;Veni, creator Spiritus; mentes tuorum visita; imple superna gratia quae tu creasti pectora&raquo;: &laquo;Ven, Esp&iacute;ritu creador, visita nuestra mente; llena con tu gracia los corazones que has creado&raquo;.<\/p>\n<p>4.&nbsp;&laquo;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Sal <\/i>117, 26). A trav&eacute;s de las palabras del Salmo responsorial, que acabamos de cantar, la liturgia de este domingo insiste en mostrarnos el misterio de Cristo resucitado. Es un himno de acci&oacute;n de gracias; alabamos y damos gracias al Se&ntilde;or porque es bueno: es eterna damos gracias, porque nos ha escuchado y ha sido nuestra salvaci&oacute;n (cf. <i>Sal <\/i>117, 21). Lo alabamos, sobre todo, por Cristo, quien, con su muerte y resurrecci&oacute;n, se ha convertido en la piedra angular de la construcci&oacute;n divina (cf. <i>Sal <\/i>117, 22). Sobre &eacute;l est&aacute; edificada la Iglesia y fundado el sacerdocio real de todo bautizado y, m&aacute;s a&uacute;n, el sacerdocio ministerial de los presb&iacute;teros. <\/p>\n<p>Las palabras de este Salmo <i> nos introducen en el misterio eucar&iacute;stico <\/i>que, desde este momento y durante todos los d&iacute;as de vuestra vida, ser&aacute; <i>vuestro lote particular y vuestro don espiritual<\/i>.<\/p>\n<p>&laquo;&iexcl;Bendito el que viene en nombre del Se&ntilde;or!&raquo;. Todos nosotros, obispos y presb&iacute;teros, celebrando el sacrificio divino, en el momento del <i> &laquo;Sanctus&raquo; <\/i>e inmediatamente antes de la consagraci&oacute;n, repetimos esta invocaci&oacute;n. As&iacute;, acogemos a Cristo que diariamente se hace presente en el altar, como entr&oacute; en Jerusal&eacute;n el domingo de Ramos, para ofrecer el sacrificio de la redenci&oacute;n. Cuando en su nombre, <i>in persona Christi capitis<\/i>, pronunciamos las palabras de la consagraci&oacute;n que &eacute;l dijo en el cen&aacute;culo, es siempre el mismo Cristo quien, a trav&eacute;s de nuestro ministerio, hace presente el sacrificio de la cruz. <\/p>\n<p> <i>Sacerdos, alter Christus! <\/i>&iexcl;Piensa, ministro del altar; piensa, sacerdote de Cristo, qu&eacute; gran misterio es tu lote y tu herencia! &iexcl;Cu&aacute;n gran misericordia ha tenido Dios contigo! Pide a Dios la gracia de saber responder con un amor total a su amor infinito. <\/p>\n<p>La Virgen Mar&iacute;a, que al pie de la cruz se uni&oacute; al sacrificio de su Hijo y que &eacute;l nos dio como Madre, te asista y te proteja con su intercesi&oacute;n, para que seas imagen fiel del buen Pastor en medio de tus hermanos. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>XXXIV JORNADA MUNDIAL DE ORACI&Oacute;N POR LAS VOCACIONES HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA SANTA MISA DE ORDENACIONES Bas&iacute;lica de San PedroDomingo 20 de abril de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Yo soy el buen pastor&raquo; (Jn 10, 11). 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