{"id":40110,"date":"2016-10-05T23:35:17","date_gmt":"2016-10-06T04:35:17","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-sarajevo-santa-misa-en-el-estadio-kosevo-de-sarajevo-13-de-abril-de-1997\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:17","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:17","slug":"viaje-apostolico-a-sarajevo-santa-misa-en-el-estadio-kosevo-de-sarajevo-13-de-abril-de-1997","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-sarajevo-santa-misa-en-el-estadio-kosevo-de-sarajevo-13-de-abril-de-1997\/","title":{"rendered":"Viaje Apost\u00f3lico a Sarajevo: Santa Misa en el Estadio Ko\u0161evo de Sarajevo (13 de abril de 1997)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VIAJE APOST&Oacute;LICO A SARAJEVO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font size=\"4\" color=\"#663300\"><b>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> DURANTE LA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA <br \/>EN EL ESTADIO KO\u0160EVO<br \/> <\/b><br \/> <\/font><font color=\"#663300\">Domingo 13 de abril de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"LEFT\">&nbsp;<\/p>\n<p>&laquo;<i>Tenemos a un abogado ante el Padre: a Jesucristo, el justo<\/i>&raquo; (<i>1 Jn <\/i>2, 1). <\/p>\n<p>1.&nbsp;Tenemos a un abogado que habla en nuestro nombre. &iquest;Qui&eacute;n es este abogado que se hace nuestro portavoz? La liturgia de hoy nos da una respuesta completa: &laquo;<i>Tenemos a un abogado ante el Padre: a Jesucristo, el justo<\/i>&raquo; (<i>1Jn<\/i> 2,1). <\/p>\n<p>Leemos en los Hechos de los Ap&oacute;stoles: &laquo;El Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, el Dios de nuestros padres, ha glorificado a su siervo Jes&uacute;s&raquo; (<i>Hch <\/i>3, 13). A &eacute;l sus compatriotas lo traicionaron y renegaron, incluso cuando Pilato quer&iacute;a ponerlo en libertad. Pidieron que fuera indultado en su lugar un asesino, Barrab&aacute;s. De ese modo, condenaron a la muerte al autor de la vida (cf. <i>Hch <\/i>3, 13-15). <\/p>\n<p>Pero &laquo;Dios lo resucit&oacute; de entre los muertos&raquo; (<i>Hch <\/i> 3, 15). As&iacute; habla Pedro, que fue testigo directo de la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n de Cristo. Como tal, fue enviado a los hijos de Israel y a todas las naciones del mundo. Sin embargo, al dirigirse a sus compatriotas, no s&oacute;lo los acusa; tambi&eacute;n los excusa: &laquo;Hermanos, s&eacute; que lo hicisteis por ignorancia y vuestras autoridades lo mismo&raquo; (<i>Hch <\/i>3, 17). <\/p>\n<p>Pedro es testigo consciente de la verdad sobre el Mes&iacute;as que, en la cruz, cumpli&oacute; las antiguas profec&iacute;as: <i> Jesucristo se ha convertido en abogado ante el Padre, el abogado del pueblo elegido y de toda la humanidad<\/i>. <\/p>\n<p>San Juan a&ntilde;ade: &laquo;Tenemos a un abogado ante el Padre: a Jesucristo, el justo. &Eacute;l es v&iacute;ctima de propiciaci&oacute;n por nuestros pecados, no s&oacute;lo por los nuestros, sino tambi&eacute;n por los del mundo entero&raquo; (<i>1 Jn <\/i>2, 1-2). El Sucesor de Pedro, que por fin ha llegado a vuestra tierra, ha venido a repetiros esta verdad. Pueblo de Sarajevo y de toda Bosnia- Herzegovina, hoy vengo a decirte: &iexcl;Tienes a un abogado ante Dios. Su nombre es Jesucristo, el justo! <\/p>\n<p>2.&nbsp;Pedro y Juan, as&iacute; como tambi&eacute;n los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, se convirtieron en testigos de esta verdad, pues vieron con sus ojos a Cristo crucificado y resucitado. Se hab&iacute;a presentado en medio de ellos en el cen&aacute;culo, mostrando las heridas de la pasi&oacute;n; les hab&iacute;a permitido tocarlo, para que pudieran convencerse personalmente de que era el mismo Jes&uacute;s que hab&iacute;an conocido antes como &laquo;el Maestro&raquo;. Y para confirmar totalmente la verdad sobre su resurrecci&oacute;n, acept&oacute; el alimento que le hab&iacute;an ofrecido, comi&eacute;ndolo con ellos como lo hab&iacute;a hecho muchas veces antes de morir. <\/p>\n<p>Jes&uacute;s conserv&oacute; su identidad, a pesar de la extraordinaria transformaci&oacute;n que se hab&iacute;a producido en &eacute;l despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n. Y todav&iacute;a la conserva. &Eacute;l es el mismo hoy, como ayer, y seguir&aacute; si&eacute;ndolo por los siglos (cf. <i>Hb <\/i>13, 8). Como tal, como verdadero hombre, es <i>el abogado de todos los hombres ante el Padre. <\/i>M&aacute;s a&uacute;n, es el abogado de toda la creaci&oacute;n redimida por &eacute;l y en &eacute;l.<\/p>\n<p>Se presenta ante el Padre como el testigo m&aacute;s experto y m&aacute;s competente de cuanto, mediante la cruz y la resurrecci&oacute;n, se ha realizado en la historia de la humanidad y del mundo. Habla con el lenguaje de la redenci&oacute;n, es decir, de la liberaci&oacute;n de la esclavitud del pecado. Jes&uacute;s se dirige al Padre como Hijo consustancial y, al mismo tiempo, como verdadero hombre, hablando el lenguaje de todas las generaciones humanas y de toda la historia humana: de las victorias y las derrotas, de todos los sufrimientos y todos los dolores de cada hombre y, a la vez, de cada pueblo y cada naci&oacute;n de la tierra entera. <\/p>\n<p>Cristo habla con vuestro lenguaje, queridos hermanos y hermanas de Bosnia- Herzegovina, probada durante tanto tiempo y tan dolorosamente. &Eacute;l dijo: &laquo;As&iacute; estaba escrito: el Mes&iacute;as padecer&aacute;&raquo;, pero a&ntilde;adi&oacute;: &laquo;resucitar&aacute; de entre los muertos al tercer d&iacute;a (&#8230;). Vosotros sois testigos de esto&raquo; (<i>Lc <\/i>24, 48-49). <i>&iexcl;&Aacute;nimo, habitantes de esta tierra tan probada! Ten&eacute;is a un abogado ante Dios. Su nombre es: Jesucristo, el justo. <\/i> <\/p>\n<p>3.<i>&nbsp;Sarajevo<\/i>: ciudad que se ha convertido en un s&iacute;mbolo, en cierto sentido, en <i>el s&iacute;mbolo del siglo XX<\/i>. En 1914, el nombre de Sarajevo se asoci&oacute; el estallido del primer conflicto mundial. Al t&eacute;rmino de este mismo siglo, el nombre de esta ciudad evoca la dolorosa experiencia de la guerra que, a lo largo de cinco a&ntilde;os, ha dejado en esta regi&oacute;n una impresionante estela de muerte y devastaci&oacute;n.<\/p>\n<p>Durante ese per&iacute;odo, el nombre de esta ciudad no dej&oacute; de ocupar las p&aacute;ginas de la cr&oacute;nica y de ser tema de intervenciones pol&iacute;ticas por parte de jefes de naciones, estrategas y generales. Todo el mundo ha seguido hablando de Sarajevo en t&eacute;rminos hist&oacute;ricos, pol&iacute;ticos y militares. Tambi&eacute;n el Papa hizo o&iacute;r su voz sobre esa tr&aacute;gica guerra y, muchas veces y en diferentes circunstancias, tuvo en sus labios, y siempre en su coraz&oacute;n, el nombre de esta ciudad. Ya desde hace algunos a&ntilde;os deseaba con ardor venir a visitaros personalmente. <\/p>\n<p>Hoy, por fin, ese deseo se ha hecho realidad. &iexcl;Demos gracias al Se&ntilde;or! Las palabras con las que os saludo afectuosamente son las mismas con las que Cristo, despu&eacute;s de su resurrecci&oacute;n, se dirigi&oacute; a sus disc&iacute;pulos: &laquo;Paz a vosotros&raquo; (<i>Lc <\/i>24, 26). &iexcl;Paz a vosotros, hombres y mujeres de Sarajevo! &iexcl;Paz a vosotros, habitantes de Bosnia-Herzegovina! &iexcl;Paz a vosotros, hermanos y hermanas de esta amada tierra! <\/p>\n<p>Saludo al se&ntilde;or cardenal Vinko Puljia, pastor diligente de esta Iglesia, a quien agradezco las palabras de bienvenida y comuni&oacute;n que me ha dirigido tambi&eacute;n en nombre de su obispo auxiliar, monse&ntilde;or Pero Sudar, y de todos los presentes. Saludo al venerado e intr&eacute;pido obispo, monse&ntilde;or Franjo Komarica, y a sus fieles de la di&oacute;cesis de Banja Luka, as&iacute; como al venerado y celoso obispo, monse&ntilde;or Ratko Peria, y a sus fieles de las di&oacute;cesis de Mostar-Duvno y Trebinje- Mrkan.<\/p>\n<p>Saludo a los cardenales y a los obispos presentes, y a todos vosotros, sacerdotes, personas consagradas y fieles laicos. Mi saludo deferente se extiende a las autoridades civiles y diplom&aacute;ticas reunidas aqu&iacute;, as&iacute; como a los representantes de otras confesiones religiosas que han querido honrarnos con su presencia. <\/p>\n<p>La paz que Jes&uacute;s da a sus disc&iacute;pulos no es la que imponen los vencedores a los vencidos, los m&aacute;s fuertes a los m&aacute;s d&eacute;biles. No se legitima con las armas; por el contrario, nace del amor. Amor de Dios al hombre, y amor del hombre al hombre. Hoy resuena fuerte el mandamiento de Dios: &laquo;Amar&aacute;s al Se&ntilde;or tu Dios con todo tu coraz&oacute;n&raquo;, &laquo;Amar&aacute;s a tu pr&oacute;jimo como a ti mismo&raquo; (<i>Dt <\/i>6, 5; <i>Lv <\/i>19, 18). Con estos firmes requisitos puede consolidarse y edificarse la paz alcanzada. Y &laquo;bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos ser&aacute;n llamados hijos de Dios&raquo; (<i>Mt <\/i>5, 9).<\/p>\n<p> <i>&iexcl;Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, tienes un abogado ante Dios, Jesucristo, el justo! <\/i> <\/p>\n<p>4.&nbsp;El Papa, como servidor del Evangelio, en uni&oacute;n con los pastores de Bosnia- Herzegovina y con toda la Iglesia, quiere revelar una dimensi&oacute;n m&aacute;s profunda a&uacute;n, escondida en la realidad de la vida de esta regi&oacute;n que, desde hace a&ntilde;os, centra la atenci&oacute;n de todo el mundo. <\/p>\n<p>Sarajevo, Bosnia-Herzegovina, tu historia, tus sufrimientos, las experiencias de los pasados a&ntilde;os de guerra, que esperamos no se repitan nunca m&aacute;s, tienen un abogado ante Dios: Jesucristo, el &uacute;nico justo. En &eacute;l tienen un abogado ante Dios los numerosos muertos, cuyas tumbas se han multiplicado en esta tierra; aquellos a quienes lloran sus madres, sus viudas y sus hijos hu&eacute;rfanos. <\/p>\n<p>&iquest;Qui&eacute;n otro puede ser abogado ante Dios de todos estos sufrimientos y todas estas pruebas? Sarajevo, &iquest;qui&eacute;n otro puede leer en su totalidad esta p&aacute;gina de tu historia? Pa&iacute;ses balc&aacute;nicos, Europa, &iquest;qui&eacute;n puede leer en su totalidad esta p&aacute;gina de vuestra historia? <\/p>\n<p>No se puede olvidar que <i> Sarajevo se ha convertido en s&iacute;mbolo del sufrimiento de toda Europa en este siglo. <\/i>Lo fue al inicio del siglo XX, cuando estall&oacute; aqu&iacute; la primera guerra mundial; lo fue, de modo diferente, por segunda vez, cuando el conflicto se desarroll&oacute; totalmente en esta regi&oacute;n. Europa particip&oacute; como testigo. Pero, tenemos que preguntarnos: &iquest;ha sido un testigo siempre plenamente responsable? No se puede evitar esta pregunta. Es preciso que los estadistas, los pol&iacute;ticos, los militares, los estudiosos y los hombres de cultura traten de darle una respuesta. Todos los hombres de buena voluntad desean que lo que simboliza Sarajevo quede circunscrito al siglo XX, y no se repita su tragedia en el milenio ya inminente. <\/p>\n<p>5.&nbsp;Para ello, dirijamos con confianza nuestra mirada a la divina Providencia. Pidamos al Pr&iacute;ncipe de la paz, por intercesi&oacute;n de Mar&iacute;a, su Madre, tan amada por los pueblos de toda la regi&oacute;n, que Sarajevo llegue a ser para toda Europa un modelo de convivencia y colaboraci&oacute;n pac&iacute;fica entre pueblos de etnias y religiones diversas. <\/p>\n<p>Reunidos en la celebraci&oacute;n del sacrificio de Cristo, no dejamos de darte gracias a ti, ciudad tan probada, y a vosotros, hermanos y hermanas que viv&iacute;s en esta tierra de Bosnia-Herzegovina, porque, en cierto modo, con vuestro sacrificio hab&eacute;is aceptado el peso de esta tremenda experiencia, en la que todos tienen su parte. Os repito a vosotros: tenemos un abogado ante Dios, que es Cristo, el &uacute;nico justo. <\/p>\n<p>Ante ti, Cristo crucificado y resucitado, se presentan hoy Sarajevo y toda Bosnia-Herzegovina, con el triste balance de su historia. T&uacute; eres nuestro gran abogado. Esta humanidad te invoca para que impregnes con la fuerza de tu redenci&oacute;n la dolorosa historia vivida aqu&iacute;. T&uacute;, Hijo de Dios encarnado, como hombre caminas a trav&eacute;s de las vicisitudes de los hombres y de las naciones. Camina a trav&eacute;s de la historia de esta gente y de estos pueblos vinculados m&aacute;s estrechamente al nombre de Sarajevo, al nombre de Bosnia-Herzegovina. <\/p>\n<p>6.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, cuando en 1994 deseaba intensa mente venir a visitaros, me refer&iacute; a un pensamiento que hab&iacute;a resultado muy significativo en un momento crucial de la historia europea: &laquo;Perdonemos y pidamos perd&oacute;n&raquo;. Se dijo entonces que a&uacute;n no hab&iacute;a llegado la hora. &iquest;Quiz&aacute; ya ha llegado esa hora? <\/p>\n<p>Por tanto, hoy vuelvo a ese pensamiento y a esas palabras, que quiero repetir aqu&iacute;, para que penetren en la conciencia de quienes est&aacute;n unidos por la dolorosa experiencia de vuestra ciudad y de vuestra tierra, de todos los pueblos y naciones desgarradas por la guerra: <i>&laquo;Perdonemos y pidamos perd&oacute;n<\/i>&raquo;. <i>Si Cristo debe ser nuestro abogado ante el Padre, no podemos menos de pronunciar estas palabras<\/i>. No podemos menos de emprender la peregrinaci&oacute;n del perd&oacute;n, dif&iacute;cil pero necesaria, que lleva a una profunda reconciliaci&oacute;n. <\/p>\n<p>&laquo;Ofrece el perd&oacute;n, recibe la paz&raquo;, he recordado en el <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/peace\/documents\/hf_jp-ii_mes_08121996_xxx-world-day-for-peace.html\">Mensaje de este a&ntilde;o para la Jornada mundial de la paz<\/a>; y a&ntilde;ad&iacute;: &laquo;El perd&oacute;n, en su forma m&aacute;s alta y verdadera, es un acto de amor gratuito&raquo; (n. 5; <i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 20 de diciembre de 1996, p. 11), como lo fue la reconciliaci&oacute;n que Dios ofreci&oacute; al hombre mediante la cruz y la muerte de su Hijo encarnado, el &uacute;nico justo. Ciertamente, &laquo;el perd&oacute;n, lejos de excluir la b&uacute;squeda de la verdad, la exige&raquo;, porque &laquo;presupuesto esencial del perd&oacute;n y de la reconciliaci&oacute;n es la justicia&raquo; (<i>ib.<\/i>). Pero sigue siendo siempre verdad que &laquo;pedir y ofrecer perd&oacute;n es una v&iacute;a profundamente digna del hombre&raquo; (<i>ib.<\/i>, 4).<\/p>\n<p>7.&nbsp;Mientras hoy aparece claramente la luz de esta verdad, mi pensamiento se dirige a ti, Madre de Cristo crucificado y resucitado, a ti, a quien veneran y aman en numerosos santuarios de esta tierra tan probada. Alcanza para todos los creyentes el don de un coraz&oacute;n nuevo. Haz que el perd&oacute;n, palabra central del Evangelio, llegue a ser realidad aqu&iacute;. Oh clemente, oh piadosa, Madre de Dios y Madre nuestra, oh dulce Virgen Mar&iacute;a, te lo pide, abrazada fuertemente a la cruz de Cristo, la Iglesia que est&aacute; reunida hoy en Sarajevo. Am&eacute;n. <\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VIAJE APOST&Oacute;LICO A SARAJEVO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA CONCELEBRACI&Oacute;N EUCAR&Iacute;STICA EN EL ESTADIO KO\u0160EVO Domingo 13 de abril de 1997 &nbsp; &laquo;Tenemos a un abogado ante el Padre: a Jesucristo, el justo&raquo; (1 Jn 2, 1). 1.&nbsp;Tenemos a un abogado que habla en nuestro nombre. &iquest;Qui&eacute;n es este abogado que &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/viaje-apostolico-a-sarajevo-santa-misa-en-el-estadio-kosevo-de-sarajevo-13-de-abril-de-1997\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00abViaje Apost\u00f3lico a Sarajevo: Santa Misa en el Estadio Ko\u0161evo de Sarajevo (13 de abril de 1997)\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40110","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40110","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40110"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40110\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40110"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40110"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40110"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}