{"id":40112,"date":"2016-10-05T23:35:20","date_gmt":"2016-10-06T04:35:20","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-abril-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-judas-tadeo\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:20","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:20","slug":"6-de-abril-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-judas-tadeo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/6-de-abril-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-judas-tadeo\/","title":{"rendered":"6 de abril de 1997, Visita a la parroquia romana de San Judas Tadeo"},"content":{"rendered":"<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA PARROQUIA ROMANA<br \/>&nbsp;DE SAN JUDAS TADEO<\/font><\/i> <\/font> <i><font color=\"#663300\"><\/p>\n<p>Domingo 6 de abril de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&laquo;A los ocho d&iacute;as (&#8230;) lleg&oacute; Jes&uacute;s, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: &quot;Paz a vosotros&quot;&raquo; (<i>Jn<\/i>&nbsp;20, 26). <\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico de hoy, &laquo;domingo in albis&raquo;, narra <i>dos apariciones del Resucitado <\/i>a los Ap&oacute;stoles: una, el mismo d&iacute;a de Pascua y, otra, ocho d&iacute;as despu&eacute;s. La tarde del primer d&iacute;a despu&eacute;s del s&aacute;bado, mientras los Ap&oacute;stoles se encuentran reunidos en un &uacute;nico lugar, con las puertas cerradas por miedo a los jud&iacute;os, se presenta Jes&uacute;s y les dice: &laquo;Paz a vosotros&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 19). En realidad, con ese saludo les ofrece el don de la aut&eacute;ntica paz, fruto de su muerte y resurrecci&oacute;n. En el misterio pascual se realiz&oacute;, efectivamente, la reconciliaci&oacute;n definitiva de la humanidad con Dios, que es la fuente de todo progreso verdadero hacia la plena pacificaci&oacute;n de los hombres y de los puebles entre s&iacute; y con Dios. <\/p>\n<p>Jes&uacute;s conf&iacute;a, despu&eacute;s, a los Ap&oacute;stoles la tarea de proseguir su misi&oacute;n salv&iacute;fica, para que a trav&eacute;s de su ministerio la salvaci&oacute;n llegue a todos los lugares y a todos los tiempos de la historia humana: &laquo;Como el Padre me ha enviado, as&iacute; tambi&eacute;n os env&iacute;o yo&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 21). El gesto de encomendarles la misi&oacute;n evangelizadora y el poder de perdonar los pecados est&aacute; &iacute;ntimamente relacionado con el don del Esp&iacute;ritu, como indican sus palabras: &laquo;Recibid el Esp&iacute;ritu Santo; a quienes perdon&eacute;is los pecados les quedan perdonados &raquo; (<i>Jn <\/i>21, 22-23). <\/p>\n<p>Con estas palabras, Jes&uacute;s encomienda a sus disc&iacute;pulos el ministerio de la misericordia. En efecto, en el misterio pascual se manifiesta plenamente el amor salv&iacute;fico de <i> Dios, rico en misericordia<\/i>, &laquo;dives in misericordia&raquo; (cf. <i>Ef <\/i>2, 4). En este segundo domingo de Pascua, la liturgia nos invita a reflexionar de modo particular en la misericordia divina, que supera todo l&iacute;mite humano y resplandece en la oscuridad del mal y del pecado. La Iglesia nos impulsa a acercarnos con confianza a Cristo, quien, con su muerte y su resurrecci&oacute;n, revela plena y definitivamente las extraordinarias riquezas del amor misericordioso de Dios. <\/p>\n<p>2.&nbsp;Durante la aparici&oacute;n del Resucitado que tuvo lugar la tarde de Pascua no estaba presente el ap&oacute;stol Tom&aacute;s. Informado sobre ese extraordinario acontecimiento, e incr&eacute;dulo ante el testimonio de los dem&aacute;s Ap&oacute;stoles, pretende comprobar personalmente la veracidad de lo que afirman. <\/p>\n<p>Ocho d&iacute;as despu&eacute;s, es decir, en la octava de Pascua, precisamente como hoy, se repite la aparici&oacute;n: Jes&uacute;s mismo sale al encuentro de la incredulidad de Tom&aacute;s, ofreci&eacute;ndole la posibilidad de <i>palpar con su mano los signos de su pasi&oacute;n<\/i>, e invit&aacute;ndolo a pasar de la incredulidad a la plenitud de la fe pascual. <\/p>\n<p>Ante la profesi&oacute;n de fe de Tom&aacute;s: &laquo;&iexcl;Se&ntilde;or m&iacute;o y Dios m&iacute;o!&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 28), Jes&uacute;s pronuncia una bienaventuranza que <i>ensancha el horizonte hacia la multitud de los futuros creyentes<\/i>: &laquo;&iquest;Porque me has visto has cre&iacute;do? Dichosos los que crean sin haber visto&raquo; (<i>Jn <\/i>20, 29). La experiencia pascual del ap&oacute;stol Tom&aacute;s fue <i>m&aacute;s grande que su misma petici&oacute;n<\/i>. En efecto, no s&oacute;lo pudo constatar la veracidad de los signos de la pasi&oacute;n y la resurrecci&oacute;n, sino que, a trav&eacute;s del contacto personal con el Resucitado, tambi&eacute;n comprendi&oacute; el significado profundo de la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s y, habi&eacute;ndose transformado &iacute;ntimamente, confes&oacute; abiertamente su fe plena y total en su Se&ntilde;or resucitado y presente en medio de los disc&iacute;pulos. Por tanto, en cierto sentido, pudo &laquo;ver&raquo; la realidad divina del Se&ntilde;or Jes&uacute;s, muerto y resucitado por nosotros. El Resucitado mismo es el argumento definitivo de su divinidad y, a la vez, de su humanidad. <\/p>\n<p>3.&nbsp;Tambi&eacute;n todos nosotros estamos invitados a ver con los ojos de la fe a Cristo vivo y presente en la comunidad cristiana. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la parroquia de San Judas Tadeo, me alegra poder estar finalmente en medio de vosotros, en vuestra hermosa parroquia. Os saludo a todos con gran afecto. Esta visita se retras&oacute; un poco por una enfermedad, pero al fin ha llegado y lo ha hecho en el d&iacute;a m&aacute;s solemne posible. Saludo cordialmente al cardenal vicario, al monse&ntilde;or vicegerente, a vuestro celoso p&aacute;rroco, don Gabriele Zuccarini, y a los sacerdotes que colaboran con &eacute;l en el cuidado pastoral de vuestra comunidad. <\/p>\n<p>Saludo, asimismo, a las religiosas del instituto Hermanas de la Misericordia y a las Hijas de la Caridad de la Precios&iacute;sima Sangre. Extiendo mi saludo a los habitantes del barrio, especialmente a los que no han podido estar presentes aqu&iacute;. Pienso, en particular, en los enfermos, en los ancianos y en quienes, por diversos motivos, atraviesan alguna dificultad. <\/p>\n<p>Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, en vuestra parroquia, donde durante los &uacute;ltimos a&ntilde;os ha aumentado el n&uacute;mero de las personas ancianas o solas y ha comenzado el asentamiento de <i>una segunda generaci&oacute;n joven de familias<\/i>, es muy necesaria una labor capilar de nueva evangelizaci&oacute;n. En efecto, el desaf&iacute;o pastoral consiste en ayudar a todas las familias y, sobre todo a las m&aacute;s j&oacute;venes, a descubrir la riqueza del Evangelio y a perseverar en los compromisos de la fe cristiana. <\/p>\n<p>Os encomiendo en particular a vosotros, queridos fieles miembros de los numerosos grupos parroquiales, la tarea de ser <i>portadores de esperanza<\/i>, llevando el Evangelio a vuestros hermanos que viven en el barrio. No esper&eacute;is que vengan a vosotros; salid vosotros a su encuentro, confiando en el poder de la Palabra que llev&aacute;is. En efecto, la <i>misi&oacute;n ciudadana<\/i>, con sus m&uacute;ltiples iniciativas actualmente en curso, llama a cada cristiano de Roma a redescubrir el mandato misionero que Jes&uacute;s resucitado ha encomendado a todos los bautizados a trav&eacute;s del ministerio de los Ap&oacute;stoles. Seg&uacute;n las noticias que me dan el cardenal vicario y los obispos auxiliares de los diversos sectores, son muchas las personas dispuestas a tomar parte en la <i>misi&oacute;n ciudadana. <\/i>Son personas que se presentan para participar activamente en la nueva evangelizaci&oacute;n de Roma. <\/p>\n<p>4.&nbsp;Sin embargo, la evangelizaci&oacute;n que propone la <i>misi&oacute;n ciudadana <\/i>ser&aacute; tanto m&aacute;s eficaz cuanto m&aacute;s sea sostenida y acompa&ntilde;ada por la oraci&oacute;n la obra de los misioneros. Por tanto, me congratulo con vosotros por las numerosas iniciativas de oraci&oacute;n y adoraci&oacute;n eucar&iacute;stica semanal, tambi&eacute;n nocturna, que realiz&aacute;is en esta hermosa comunidad. <i>La oraci&oacute;n es el alma de la misi&oacute;n<\/i>. Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, perseverad en la oraci&oacute;n, porque el contacto con Dios asegura la autenticidad de la actividad apost&oacute;lica. <\/p>\n<p>En los evangelios leemos que Jes&uacute;s mismo, aun prodig&aacute;ndose en favor de numerosos hombres y mujeres, se retiraba a orar a solas durante largos per&iacute;odos (cf. <i>Mt <\/i>14, 23; <i>Mc <\/i>1, 35; <i> Lc <\/i>6, 12; 9, 18; 11, 1; <i>Jn <\/i>6, 15; etc.). Debemos imitarlo y encontrarlo en los momentos de soledad y silencio dedicados a la oraci&oacute;n. Estos providenciales momentos de recogimiento espiritual os ayudar&aacute;n a todos a ser aut&eacute;nticos misioneros del Evangelio en esta gran ciudad. <\/p>\n<p>5.&nbsp;&laquo;<i>En el grupo de los creyentes, todos ten&iacute;an un solo coraz&oacute;n y una sola alma<\/i>&raquo; (<i>Hch <\/i>4, 32).<\/p>\n<p>La comunidad apost&oacute;lica de Jerusal&eacute;n, descrita en los Hechos de los Ap&oacute;stoles, es modelo de toda comunidad cristiana. Tambi&eacute;n nosotros, que ya vivimos en el umbral del tercer milenio cristiano, debemos llegar a ser cada vez m&aacute;s un solo coraz&oacute;n y una sola alma, tanto en la acci&oacute;n lit&uacute;rgica como en la actividad apost&oacute;lica y en el testimonio de la caridad. Debemos comprometernos a testimoniar con gran fuerza la resurrecci&oacute;n de Jes&uacute;s (cf. <i>Hch <\/i>4, 33), en comuni&oacute;n con los sucesores de los Ap&oacute;stoles.<\/p>\n<p>&laquo;Lo que ha conseguido la victoria sobre el mundo es nuestra fe&raquo;, acaba de recordarnos la primera carta de san Juan (<i>1 Jn <\/i>5, 4). Mediante la fe, que se vive en la observancia de los mandamientos, tambi&eacute;n nosotros estamos llamados a derrotar las fuerzas del mal para preparar ya desde ahora, con nuestro apostolado, la manifestaci&oacute;n plena del reino de Dios.<\/p>\n<p>Con las palabras del Salmo responsorial, queremos exultar por las maravillas que Dios sigue realizando tambi&eacute;n en nuestro tiempo. En efecto, en la Pascua de su Hijo, muerto y resucitado, sale al encuentro de cada hombre, manifest&aacute;ndole las infinitas riquezas de su misericordia sin l&iacute;mites. &laquo;Este es el d&iacute;a en que actu&oacute; el Se&ntilde;or: sea nuestra alegr&iacute;a y nuestro gozo&raquo; (<i>Sal <\/i> 117, 24). Am&eacute;n. Aleluya. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA CELEBRADA EN LA PARROQUIA ROMANA&nbsp;DE SAN JUDAS TADEO Domingo 6 de abril de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;A los ocho d&iacute;as (&#8230;) lleg&oacute; Jes&uacute;s, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: &quot;Paz a vosotros&quot;&raquo; (Jn&nbsp;20, 26). 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