{"id":40117,"date":"2016-10-05T23:35:27","date_gmt":"2016-10-06T04:35:27","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-marzo-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-salvador-en-lauro\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:27","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:27","slug":"16-de-marzo-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-salvador-en-lauro","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/16-de-marzo-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-salvador-en-lauro\/","title":{"rendered":"16 de marzo de 1997, Visita a la parroquia romana de San Salvador en Lauro"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN SALVADOR EN LAURO<\/font><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><br \/><\/font><\/i> <i><font color=\"#663300\"> Domingo 16 de marzo de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.<i>&nbsp;&laquo;Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto&raquo; <\/i>(<i>Jn <\/i>12, 24). <\/p>\n<p>Con estas palabras, la liturgia de hoy nos invita a preparar el tiempo de la pasi&oacute;n del Se&ntilde;or, en el que entraremos el pr&oacute;ximo domingo. Cristo las pronunci&oacute; cuando algunos griegos, que deseaban acercarse a &eacute;l, pidieron a Felipe: &laquo;Se&ntilde;or, quisi&eacute;ramos ver a Jes&uacute;s&raquo; (<i>Jn <\/i>12, 21). Cristo pronunci&oacute; entonces un discurso, cuyo contenido, a primera vista, resulta dif&iacute;cil y oscuro: &laquo;Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre (&#8230;). El que se ama a s&iacute; mismo, se pierde, y el que se aborrece a s&iacute; mismo en este mundo, se guardar&aacute; para la vida eterna&raquo; (<i>Jn <\/i>12, 23.25). <\/p>\n<p>En realidad, estas palabras contienen, en s&iacute;ntesis, el significado esencial de los acontecimientos de la Semana santa. La &laquo;hora&raquo;, en la que debe ser glorificado el Hijo del hombre, es la &laquo;hora&raquo; de su pasi&oacute;n y muerte en la cruz. Precisamente en esa &laquo;hora&raquo;, el grano ca&iacute;do en la tierra, es decir, el Hijo de Dios hecho hombre, morir&aacute; para producir los inestimables frutos de la redenci&oacute;n. En &eacute;l la muerte llevar&aacute; al triunfo de la vida. <\/p>\n<p>El pasaje evang&eacute;lico que acabamos de proclamar habla del miedo de Jes&uacute;s en el umbral del misterio pascual. &laquo;Ahora mi alma est&aacute; agitada y, &iquest;qu&eacute; dir&eacute;?: Padre, l&iacute;brame de esta hora&raquo; (<i>Jn <\/i>12, 27). Parece como si se escuchara en este texto el eco de la oraci&oacute;n de Getseman&iacute;, cuando Jes&uacute;s, experimentando el drama de la soledad y el miedo, pide al Padre que aparte de &eacute;l el c&aacute;liz del sufrimiento. Pero, al mismo tiempo, acepta cumplir totalmente su voluntad. Despu&eacute;s de haber dicho: &laquo;Padre, l&iacute;brame de esta hora &raquo;, prosigue enseguida: &laquo;Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre&raquo; (<i>Jn <\/i>12, 27-28). <\/p>\n<p>2.&nbsp;Del misterio pascual habla tambi&eacute;n la segunda lectura, que recuerda c&oacute;mo Cristo, &laquo;en los d&iacute;as de su vida mortal, a gritos y con l&aacute;grimas, present&oacute; oraciones y s&uacute;plicas al que pod&iacute;a salvarlo de la muerte, cuando en su angustia fue escuchado &raquo; (<i>Hb <\/i>5, 7). Podr&iacute;amos preguntarnos aqu&iacute;: &iquest;de qu&eacute; modo Cristo fue escuchado, si el que pod&iacute;a salvarlo permiti&oacute; que soportara la tr&aacute;gica experiencia del Viernes santo? <\/p>\n<p>En la continuaci&oacute;n del texto encontramos la respuesta: &laquo;&Eacute;l, a pesar de ser Hijo, aprendi&oacute;, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumaci&oacute;n, se ha convertido para todos los que le obedecen en autordesalvaci&oacute;n eterna&raquo; (<i>Hb<\/i>5,8-9). Por tanto, Cristo fue escuchado como Redentor del mundo, habi&eacute;ndose convertido para todos los que creen en &eacute;l en autor de salvaci&oacute;n eterna. Esto se precisa en el pasaje jo&aacute;nico: &laquo;El que quiera servirme, que me siga y donde est&eacute; yo, all&iacute; tambi&eacute;n estar&aacute; mi servidor&raquo; (<i>Jn <\/i>12, 26). <\/p>\n<p>3.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la parroquia de San Salvador en Lauro, me alegra estar en medio de vosotros hoy, para celebrar el d&iacute;a del Se&ntilde;or. Saludo cordialmente al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro p&aacute;rroco, don Antonio Tedeschi, y a sus colaboradores, entre los cuales est&aacute;, ya desde hace muchos a&ntilde;os, monse&ntilde;or Luigi De Magistris, regente de la Penitenciar&iacute;a apost&oacute;lica. Saludo a los representantes de los diversos grupos y asociaciones que trabajan en esta comunidad y a todos vosotros, queridos feligreses, que no hab&eacute;is querido faltar a esta celebraci&oacute;n. <\/p>\n<p>Dirijo un saludo especial al presidente, al asistente eclesi&aacute;stico y a los miembros de la Obra p&iacute;a del Piceno, a los monse&ntilde;ores Sergio Sebastiani y Elio Sgreccia, as&iacute; como tambi&eacute;n a tantas personas procedentes de Las Marcas aqu&iacute; presentes, unidas por profundos v&iacute;nculos de fe y tradici&oacute;n cultural a esta antigua y hermosa iglesia. Este templo es testigo de siglos de historia y, sobre todo, de la antigua devoci&oacute;n a la bienaventurada Virgen de Loreto, tan venerada lineaqu&iacute;. Dirijo un recuerdo particular al cardenal Pietro Palazzini. <\/p>\n<p>Queridos hermanos, vuestra peque&ntilde;a parroquia est&aacute; situada en el centro hist&oacute;rico de Roma y, como muchas otras cercanas a la vuestra, su actividad pastoral se ve afectada por los fen&oacute;menos t&iacute;picos de estos barrios ciudadanos, como la escasez de nuevas familias y de j&oacute;venes, el n&uacute;mero reducido de residentes a causa del elevado coste de los apartamentos y los numerosos comercios y oficinas que, poco a poco, los han sustituido, y la dispersi&oacute;n de los fieles en las numerosas y cercanas iglesias del centro. Todo esto condiciona casi inevitablemente la pastoral parroquial. Por eso, mientras hay que insistir en las iniciativas ordinarias para los pocos habitantes del territorio, que se esfuerzan por mantener vivas las caracter&iacute;sticas de la vieja Roma, y en la asistencia humana y espiritual a cuantos prestan servicio a las familias de la zona, es necesario comprometerse en favor de una pastoral renovada, que responda de modo cada vez m&aacute;s adecuado a las nuevas exigencias del barrio. <\/p>\n<p>4.&nbsp;Pienso, por ejemplo, en cuanto ya hac&eacute;is plausiblemente en vuestro barrio cuando se organizan exposiciones y mercados u otras manifestaciones parecidas, que atraen a un gran n&uacute;mero de personas a vuestro territorio parroquial. Tener abierta vuestra hermosa iglesia tambi&eacute;n al atardecer y acoger a los visitantes hasta tarde, ofreci&eacute;ndoles la posibilidad de participar en una liturgia bien cuidada y acercarse al sacramento de la reconciliaci&oacute;n, es un modo id&oacute;neo y concreto de evangelizar. <\/p>\n<p>Con ocasi&oacute;n del gran jubileo del a&ntilde;o 2000, muchos peregrinos visitar&aacute;n el centro de Roma. Tener la posibilidad de visitar iglesias acogedoras y dispuestas a ofrecer momentos espirituales y culturales cualificados, ser&aacute; una importante ocasi&oacute;n de encuentro con la Iglesia que est&aacute; en Roma y estimular&aacute; a los creyentes de la ciudad a crear nuevas formas de anuncio del Evangelio, comprometi&eacute;ndolos en la obra misionera a todos los niveles que, cada vez m&aacute;s, debe ser la misi&oacute;n ciudadana. <\/p>\n<p>S&eacute; que tambi&eacute;n en vuestra parroquia os est&aacute;is moviendo en esta direcci&oacute;n. Ojal&aacute; que la misi&oacute;n ciudadana, que ya os estimula a trabajar unidos por zonas pastorales, ayude y favorezca los esfuerzos que est&aacute;is realizando para una presencia evangelizadora en Roma que sea cada vez mayor y m&aacute;s incisiva <\/p>\n<p>5.<i>&nbsp;&laquo;Mirad que llegan d&iacute;as \u2014or&aacute;culo del Se&ntilde;or\u2014 en que har&eacute; <\/i> (&#8230;) <i>una alianza nueva&raquo; <\/i>(<i>Jr <\/i>31, 31). <\/p>\n<p>Con esta sugestiva visi&oacute;n de la nueva alianza, el profeta Jerem&iacute;as, en la primera lectura que se ha proclamado, anuncia la futura renovaci&oacute;n de las relaciones entre Dios y su pueblo, mediante el sacrificio de Cristo. <\/p>\n<p>El texto prof&eacute;tico funda esta decisiva intervenci&oacute;n salv&iacute;fica de Dios en la entrega de una nueva ley: &laquo;Meter&eacute; mi ley en su pecho \u2014or&aacute;culo del Se&ntilde;or\u2014, la escribir&eacute; en sus corazones; yo ser&eacute; su Dios, y ellos ser&aacute;n mi pueblo&raquo; (<i>Jr<\/i>31,33). <\/p>\n<p>Para que la ley definitiva de Dios, esto es, el Dec&aacute;logo completado por Jes&uacute;s en el mandamiento del amor, pudiera inscribirse en el coraz&oacute;n del hombre, era necesario ese sacrificio, hacia el que nos est&aacute; guiando la liturgia de estos d&iacute;as. A la luz de la pasi&oacute;n y muerte de Cristo cobran un significado nuevo y m&aacute;s profundo tambi&eacute;n las palabras del rey David, que resuenan en el Salmo responsorial: &laquo;Oh, Dios, crea en m&iacute; un coraz&oacute;n puro, renu&eacute;vame por dentro con esp&iacute;ritu firme; no me arrojes lejos de tu rostro, no me quites tu santo esp&iacute;ritu &raquo; (<i>Sal <\/i>50, 12-13). <\/p>\n<p>Estas palabras encontrar&aacute;n su cumplimiento en el misterio pascual. En efecto, la redenci&oacute;n coincide con la nueva creaci&oacute;n, puesto que, a trav&eacute;s de ella, se restituye al hombre pecador la alegr&iacute;a de la salvaci&oacute;n y se le concede el gozo del Esp&iacute;ritu Santo. <\/p>\n<p>Mientras nos encaminamos ahora a grandes pasos hacia la pasi&oacute;n, muerte y resurrecci&oacute;n del Se&ntilde;or, hagamos nuestra la oraci&oacute;n del profeta David: Danos tambi&eacute;n a nosotros la alegr&iacute;a de tu salvaci&oacute;n y afi&aacute;nzanos con esp&iacute;ritu generoso. <\/p>\n<p>Renueva la firmeza de nuestro esp&iacute;ritu, a fin de que ense&ntilde;emos tus caminos tambi&eacute;n a nuestros hermanos (cf. <i>Sal <\/i>50, 13-14), para que todos vuelvan a ti, y gocen juntos de los frutos de tu redenci&oacute;n. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SAN SALVADOR EN LAURO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 16 de marzo de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto&raquo; (Jn 12, 24). 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