{"id":40119,"date":"2016-10-05T23:35:30","date_gmt":"2016-10-06T04:35:30","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-marzo-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-juliano-martir\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:30","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:30","slug":"2-de-marzo-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-juliano-martir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-marzo-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-juliano-martir\/","title":{"rendered":"2 de marzo de 1997, Visita a la parroquia romana de San Juliano m\u00e1rtir"},"content":{"rendered":"<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font size=\"4\" color=\"#663300\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/>DURANTE LA MISA EN LA PARROQUIA ROMANA <br \/>DE SAN JULIANO M&Aacute;RTIR<\/font><\/i><i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\"><br \/> <\/font><\/b><br \/>&nbsp;Domingo 2 de marzo de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&laquo;<i>Se&ntilde;or, t&uacute; tienes palabras de vida eterna<\/i>&raquo; (cf. <i>Jn <\/i>6, 68). <\/p>\n<p>El Salmo responsorial que acabamos de proclamar nos lleva al coraz&oacute;n del mensaje de la liturgia de hoy. El poder de la Palabra divina se manifest&oacute; por primera vez en la creaci&oacute;n del mundo, cuando Dios dijo: &laquo;<i>Fiat<\/i>&raquo; (cf. <i>Gn <\/i>1, 3), llamando a la existencia a todas las criaturas. Pero las lecturas b&iacute;blicas de este tercer domingo de Cuaresma destacan otra dimensi&oacute;n del poder de la Palabra de Dios: la que se refiere al <i>orden moral<\/i>. <\/p>\n<p>Dios entreg&oacute; al pueblo elegido el Dec&aacute;logo en el monte Sina&iacute;, monta&ntilde;a que reviste singular valor simb&oacute;lico en la historia de la salvaci&oacute;n. Precisamente por esto, con ocasi&oacute;n del gran jubileo de a&ntilde;o 2000, se ha propuesto un encuentro en ese monte (cf. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_10111994_tertio-millennio-adveniente.html\">Tertio millennio adveniente<\/a><\/i>, 53). La primera lectura de hoy, tomada del libro del &Eacute;xodo, desarrolla de modo particular los primeros tres mandamientos dados a Israel, esto es, los de la que se suele llamar &laquo;primera tabla&raquo;: &laquo;Yo soy el Se&ntilde;or, tu Dios (&#8230;). No tendr&aacute;s otros dioses frente a m&iacute; (&#8230;). No pronunciar&aacute;s el nombre del Se&ntilde;or, tu Dios, en falso (&#8230;). F&iacute;jate en el s&aacute;bado para santificarlo &raquo; (<i>Ex <\/i>20, 2.7-8). <\/p>\n<p>2.&nbsp;Es fundamental el primer mandamiento, en el que se afirma solemnemente la <i>unicidad de Dios<\/i>: no hay otras divinidades, adem&aacute;s de &eacute;l. En la ley dada a Mois&eacute;s, se manifiesta el Dios invisible, que ninguna imagen realizada por las manos del hombre puede representar dignamente. Con la encarnaci&oacute;n del Verbo, Dios se hizo hombre, y as&iacute; el Dios invisible se hizo visible y, desde ese momento, la humanidad puede contemplar su gloria. La cuesti&oacute;n de la representaci&oacute;n art&iacute;stica de Dios fue examinada detenidamente en el segundo concilio de Nicea, y se aclar&oacute; entonces que, dado que el Dios invisible se hab&iacute;a hecho hombre en la Encarnaci&oacute;n, su reproducci&oacute;n art&iacute;stica era leg&iacute;tima para los cristianos. <\/p>\n<p>Al primer mandamiento est&aacute; muy unido el segundo, que no s&oacute;lo quiere condenar el <i>abuso del nombre de Dios<\/i>, sino que tambi&eacute;n tiene como finalidad advertir que no se siga la idolatr&iacute;a difundida en las religiones paganas. <\/p>\n<p>De la misma forma, por lo que concierne al tercer mandamiento: &laquo;F&iacute;jate en el s&aacute;bado para santificarlo&raquo; (<i>Ex <\/i>20, 8), la normativa es detallada y se remonta al modelo originario del descanso, del que dio ejemplo Dios al t&eacute;rmino de la creaci&oacute;n. <\/p>\n<p>En cambio, se describen de manera sint&eacute;tica los mandamientos de la que se suele llamar &laquo;segunda tabla&raquo;.<\/p>\n<p>3.&nbsp;&laquo;<i>Se&ntilde;or, t&uacute; tienes palabras de vida eterna<\/i>&raquo;. Las palabras que Dios pronuncia en el Antiguo Testamento encuentran pleno cumplimiento en Cristo, Palabra de Dios encarnada. En la antigua alianza, el poder creador de Dios en el &aacute;mbito moral se expres&oacute; en el <i>Dec&aacute;logo<\/i>; en la nueva alianza, en cambio, <i>Cristo es la actuaci&oacute;n plena de ese poder<\/i>; por tanto, no es una ley escrita, sino la persona misma del Salvador. <\/p>\n<p>Se trata de una verdad que san Pablo expresa con eficacia al escribir a los G&aacute;latas y a los Romanos: a la justificaci&oacute;n mediante la observancia de la ley contrapone la justificaci&oacute;n mediante la fe en Cristo. Hoy, en cambio, en la segunda lectura, tomada de la primera carta a los Corintios, leemos estas palabras: &laquo;Nosotros predicamos a Cristo crucificado: esc&aacute;ndalo para los jud&iacute;os, necedad para los griegos; pero para los llamados a Cristo \u2014jud&iacute;os o griegos\u2014 fuerza de Dios y sabidur&iacute;a de Dios&raquo; (<i>1Co <\/i>1, 22-24). <\/p>\n<p>El poder y la sabidur&iacute;a que Dios manifest&oacute; al crear el mundo y al hombre, hecho &laquo;a su imagen y semejanza&raquo; (cf. <i> Gn <\/i>1, 26), se expresan plenamente en el orden moral. Por tanto, est&aacute; al servicio del bien del hombre y de la sociedad humana. Esto lo confirma el Nuevo Testamento que determina con claridad el papel de la moral al servicio de la salvaci&oacute;n eterna del hombre. <\/p>\n<p>Precisamente por esto, en la aclamaci&oacute;n antes del Evangelio acabamos de proclamar las palabras que Jes&uacute;s pronunci&oacute; en el di&aacute;logo con Nicodemo: &laquo;Tanto am&oacute; Dios al mundo, que entreg&oacute; a su Hijo &uacute;nico. Todo el que cree en &eacute;l, tiene vida eterna&raquo; (<i>Jn <\/i>3, 16). No s&oacute;lo los mandamientos, sino sobre todo el Verbo eterno, que se hizo hombre, es la fuente de la vida eterna. <\/p>\n<p>4.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la parroquia de San Juliano m&aacute;rtir, me alegra estar aqu&iacute; con vosotros hoy, para celebrar la Eucarist&iacute;a en el tercer domingo de Cuaresma. Saludo al cardenal vicario, al obispo auxiliar del sector, a vuestro celoso p&aacute;rroco don Luciano D\u2019Erme, al vicario parroquial, a las religiosas que viven en este territorio y a todos vosotros que pertenec&eacute;is a esta comunidad parroquial, dedicada de modo particular al Coraz&oacute;n inmaculado de Mar&iacute;a y al Coraz&oacute;n misericordioso de Jes&uacute;s. <\/p>\n<p>Mi pensamiento va hoy, naturalmente, a mi venerado y querido hermano el cardenal Ugo Poletti, que falleci&oacute; hace algunos d&iacute;as. Vuestra parroquia, erigida en 1980, es <i>una de las m&aacute;s de setenta que &eacute;l construy&oacute; <\/i>durante su largo servicio a la di&oacute;cesis de Roma. Mientras doy gracias al Se&ntilde;or una vez m&aacute;s por hab&eacute;rmelo concedido como valioso vicario general, os invito a todos a orar por &eacute;l, encomendando a la Misericordia divina su alma elegida. <\/p>\n<p>Sigo con afecto y atenci&oacute;n las fases sucesivas de la Misi&oacute;n y, de modo especial, acompa&ntilde;o la entrega del <i>evangelio seg&uacute;n san Marcos <\/i>a las familias y la pr&aacute;ctica de los <i>ejercicios espirituales<\/i>, que se est&aacute;n realizando durante este tiempo cuaresmal. Es muy oportuna la iniciativa de los ejercicios espirituales, que constituyen una gran ayuda para los cristianos, llamados a &laquo;renovarse en el esp&iacute;ritu (&#8230;) y a revestirse del hombre nuevo, creado seg&uacute;n Dios, en la justicia y santidad de la verdad&raquo; (<i>Ef <\/i>4, 23-24). Los ejercicios espirituales, fruto de la rica tradici&oacute;n espiritual de la Iglesia, responden aut&eacute;nticamente a los interrogantes profundos del hombre. Por tanto, los recomiendo a los j&oacute;venes, en el &aacute;mbito de su camino de discernimiento vocacional, a los esposos cristianos, a las familias y a todos los que buscan sinceramente a Dios. <\/p>\n<p>5.&nbsp;&laquo;&Eacute;l hablaba del templo de su cuerpo&raquo; (<i>Jn <\/i>2, 21). <\/p>\n<p>En el evangelio hemos rele&iacute;do el episodio de la expulsi&oacute;n de los vendedores del templo. La descripci&oacute;n de san Juan es viva y elocuente: por una parte est&aacute; Jes&uacute;s que, &laquo;haciendo un azote de cordeles, los ech&oacute; a todos del templo, ovejas y bueyes&raquo; (<i>Jn <\/i>2, 14-15), y por otra est&aacute;n los jud&iacute;os, en particular los fariseos. El contraste es fuerte, hasta el punto de que algunos de los presentes preguntan a Jes&uacute;s: &laquo;&iquest;Qu&eacute; signos nos muestras para obrar as&iacute;?&raquo; (<i>Jn <\/i>2, 18). <\/p>\n<p>&laquo;Destruid este templo y en tres d&iacute;as lo levantar&eacute;&raquo; (<i>Jn <\/i>2, 19), responde Cristo. La gente replica: &laquo;Cuarenta y seis a&ntilde;os ha costado construir este templo, &iquest;y t&uacute; lo vas a levantar en tres d&iacute;as?&raquo; (<i>Jn <\/i>2, 20). No hab&iacute;an comprendido \u2014anota san Juan\u2014 que el Se&ntilde;or estaba hablando del templo vivo de su cuerpo que, durante los acontecimientos pascuales, ser&iacute;a destruido con la muerte en la cruz, pero que resucitar&iacute;a al tercer d&iacute;a. &laquo;Y cuando resucit&oacute; de entre los muertos \u2014escribe el evangelista\u2014, los disc&iacute;pulos se acordaron de que lo hab&iacute;a dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que hab&iacute;a dicho Jes&uacute;s&raquo; (<i>Jn <\/i>2, 22). <\/p>\n<p>El acontecimiento pascual da significado aut&eacute;ntico a todos los elementos presentes en las lecturas de hoy. En la Pascua se revela plenamente el poder del Verbo encarnado, poder del Hijo eterno de Dios, que se hizo hombre por nosotros y por nuestra salvaci&oacute;n. <\/p>\n<p>&laquo;Se&ntilde;or, t&uacute; tienes palabras de vida eterna&raquo;. <\/p>\n<p>Creemos que t&uacute; eres verdaderamente el Hijo de Dios. <\/p>\n<p>Y te damos gracias por habernos hecho part&iacute;cipes de tu misma vida divina. <\/p>\n<p>Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II DURANTE LA MISA EN LA PARROQUIA ROMANA DE SAN JULIANO M&Aacute;RTIR &nbsp;Domingo 2 de marzo de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Se&ntilde;or, t&uacute; tienes palabras de vida eterna&raquo; (cf. Jn 6, 68). El Salmo responsorial que acabamos de proclamar nos lleva al coraz&oacute;n del mensaje de la liturgia de hoy. El &hellip; <a href=\"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/2-de-marzo-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-san-juliano-martir\/\" class=\"more-link\">Continuar leyendo<span class=\"screen-reader-text\"> \u00ab2 de marzo de 1997, Visita a la parroquia romana de San Juliano m\u00e1rtir\u00bb<\/span><\/a><\/p>\n","protected":false},"author":1,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"footnotes":""},"categories":[1],"tags":[],"class_list":["post-40119","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-general"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40119","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/users\/1"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=40119"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/40119\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=40119"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=40119"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=40119"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}