{"id":40120,"date":"2016-10-05T23:35:31","date_gmt":"2016-10-06T04:35:31","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-febrero-de-1997-santa-misa-de-sufragio-por-el-cardenal-ugo-poletti\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:31","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:31","slug":"27-de-febrero-de-1997-santa-misa-de-sufragio-por-el-cardenal-ugo-poletti","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/27-de-febrero-de-1997-santa-misa-de-sufragio-por-el-cardenal-ugo-poletti\/","title":{"rendered":"27 de febrero de 1997, Santa Misa de sufragio por el cardenal Ugo Poletti"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE SUFRAGIO POR EL CARDENAL UGO POLETTI<\/font><\/p>\n<p><b> <\/b><\/p>\n<p align=\"center\"><i><font color=\"#663300\"><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><br \/><\/font><\/i><i><font color=\"#663300\"> Bas&iacute;lica de San Pedro<br \/>Jueves 27 de febrero de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"LEFT\">&nbsp;<\/p>\n<p>1.&nbsp;&laquo;Scio quod Redemptor meus vivit&raquo; (<i>Jb <\/i>19, 25). <\/p>\n<p>En el gran silencio que envuelve el misterio de la muerte, se eleva, llena de esperanza, la voz del antiguo creyente. Job implora la salvaci&oacute;n del Redentor, en quien todo acontecimiento humano encuentra su sentido y su meta definitiva. <\/p>\n<p>&laquo;Yo, s&iacute;, yo mismo lo ver&eacute;, mis ojos lo mirar&aacute;n, y no otros&raquo; (<i>Jb <\/i>19, 27), prosigue el texto inspirado, dejando entrever, al t&eacute;rmino de la peregrinaci&oacute;n terrenal, el rostro misericordioso del Se&ntilde;or. &laquo;Mi Redentor se levantar&aacute; sobre el polvo&raquo;, subraya el autor sagrado, que funda su confianza y sostiene su esperanza en la bondad del Omnipotente, que nos socorre. <\/p>\n<p>2.&nbsp;Esta firme esperanza ha guiado el camino de nuestro recordado y amad&iacute;simo cardenal Poletti durante toda su existencia entre nosotros: una esperanza que se apoyaba en la fe inquebrantable y sencilla, que recibi&oacute; en su familia, y en la comunidad cristiana de Omegna, en la di&oacute;cesis de Novara, donde hab&iacute;a nacido hace ochenta y tres a&ntilde;os. <\/p>\n<p>Precisamente esta relaci&oacute;n de confianza y di&aacute;logo con el Se&ntilde;or llev&oacute; al joven Ugo a percibir la llamada divina y a entrar en el seminario de Novara. Esta relaci&oacute;n, alimentada diariamente con la oraci&oacute;n, fue la que sostuvo sus primeros pasos en el ministerio sacerdotal. Se dej&oacute; guiar por el Maestro divino en cada uno de los servicios que prest&oacute; a la di&oacute;cesis de Novara, en la que primero fue nombrado pro-vicario y, despu&eacute;s, vicario general. Al lado de su obispo y maestro, monse&ntilde;or Gilla Gremigni, que hab&iacute;a sido p&aacute;rroco en Roma, el Se&ntilde;or lo preparaba para asumir mayores responsabilidades. <\/p>\n<p>En 1958 monse&ntilde;or Poletti fue nombrado auxiliar de Novara y, seis a&ntilde;os despu&eacute;s, se le encomend&oacute; la direcci&oacute;n de las Obras misionales pontificias. En 1967 se convirti&oacute; en arzobispo de Spoleto y, s&oacute;lo dos a&ntilde;os m&aacute;s tarde, fue llamado a Roma como vicegerente y colaborador del cardenal Dell\u2019Acqua. En 1972 el Papa Pablo VI lo nombr&oacute; pro-vicario de la di&oacute;cesis de Roma y, al a&ntilde;o siguiente, cardenal y su vicario general. En 1985 le encomend&eacute; la presidencia de la Conferencia episcopal italiana, cargo que acept&oacute; con gran disponibilidad y desempe&ntilde;&oacute; con su acostumbrada generosidad hasta enero de 1991. <\/p>\n<p>Cuando dej&oacute; la gu&iacute;a de la di&oacute;cesis de Roma, asumi&oacute; con mucho gusto el cargo de arcipreste de la bas&iacute;lica liberiana, viviendo a la sombra de la &laquo;Salus populi romani&raquo; \u2014&laquo;Spes certa poli&raquo;, como reza su lema episcopal\u2014 los &uacute;ltimos a&ntilde;os silenciosos, e igualmente fecundos, de su vida.<\/p>\n<p>3.&nbsp;&laquo;Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser part&iacute;cipe del mismo&raquo; (<i>1 Co <\/i>9, 22-23). Estas palabras del ap&oacute;stol Pablo, que acabamos de proclamar, reflejan bien la constante preocupaci&oacute;n apost&oacute;lica del cardenal Ugo Poletti. Lo recordamos hoy en su entrega incansable a la causa del Evangelio, sobre todo en su cargo de cardenal vicario, en el que gast&oacute; sus energ&iacute;as m&aacute;s maduras al servicio de la Iglesia. <\/p>\n<p>Un amor particular lo uni&oacute; a la ciudad de Roma, que consideraba su segunda patria. Tuvo hacia mi venerado predecesor el siervo de Dios Pablo VI sentimientos de veneraci&oacute;n y obediencia sincera, que dirigi&oacute; luego, con la misma cordialidad, hacia mi persona, introduci&eacute;ndome en el servicio pastoral de esta ciudad singular, cuando la Providencia me llam&oacute; a la c&aacute;tedra de Pedro. Recuerdo con emoci&oacute;n los numerosos encuentros que mantuve con &eacute;l y la pasi&oacute;n con que me hablaba de la di&oacute;cesis, de los sacerdotes, de los religiosos, del laicado, de los problemas de la gente com&uacute;n, y de las luces y sombras que acompa&ntilde;an las r&aacute;pidas transformaciones del entramado ciudadano. <\/p>\n<p>Sobre todo fue &eacute;l quien me introdujo en el conocimiento de las parroquias que, poco a poco, iba visitando. Gracias a su gu&iacute;a experta y sabia, he podido leer con particular perspicacia la compleja realidad ciudadana, entrando en sinton&iacute;a cada vez m&aacute;s profunda con la grey que la Providencia me ha encomendado. Por todo esto, siento hoy el deber de expresar al querid&iacute;simo cardenal Poletti mi sincero agradecimiento. <\/p>\n<p>4.&nbsp;&laquo;Todo lo hago por el Evangelio&raquo;. El purpurado fallecido, a quien hoy despedimos espiritualmente, hizo suyas estas palabras de san Pablo. Consideraba que la misi&oacute;n de la Iglesia estaba estrechamente relacionada con la concreta realidad humana y eclesial de la ciudad eterna. Se dedic&oacute; con gran celo a suscitar en la di&oacute;cesis la conciencia del profundo v&iacute;nculo que la une al Romano Pont&iacute;fice al igual que el deseo y la alegr&iacute;a de contribuir a su ministerio universal, redescubriendo su propia identidad de Iglesia local. <\/p>\n<p>Acogiendo el impulso del concilio ecum&eacute;nico Vaticano II, supo imprimir a la di&oacute;cesis de Roma, en sus diversos componentes, una vitalidad nueva: piedras miliares del crecimiento de la vida diocesana fueron las asambleas eclesiales, encaminadas a recuperar fuerzas vivas y valiosas para la evangelizaci&oacute;n de la ciudad, a fin de insertarlas armoniosamente en la actividad diocesana. <\/p>\n<p>5.&nbsp;&laquo;&iexcl;Ay de m&iacute; si no predicara el Evangelio! &raquo;. Se podr&iacute;a decir que este grito del Ap&oacute;stol resonaba constantemente en el coraz&oacute;n del cardenal Poletti. Con su acci&oacute;n quer&iacute;a suscitar en los romanos una viva conciencia del extraordinario patrimonio de valores heredado de sus padres y un compromiso cada vez mayor respecto a la misi&oacute;n hist&oacute;rica de la ciudad con vistas al futuro.<\/p>\n<p>Poni&eacute;ndose a la escucha de los cercanos y de los alejados, de los hombres de cultura y de la gente m&aacute;s sencilla, de los responsables de la Administraci&oacute;n p&uacute;blica y de cuantos eran cr&iacute;ticos con respecto a las instituciones, contribuy&oacute; a suscitar en los sacerdotes, en los religiosos y en los laicos comprometidos, una actitud de acogida y tolerancia, que influy&oacute; tambi&eacute;n en la vida de la comunidad civil. <\/p>\n<p>Con esos prop&oacute;sitos, comenz&oacute; la preparaci&oacute;n del S&iacute;nodo diocesano, que constituy&oacute; un ulterior momento de confrontaci&oacute;n leal y positiva entre los cristianos y los ciudadanos de la Urbe.<\/p>\n<p>6.&nbsp;&laquo;Conozco a mis ovejas y las m&iacute;as me conocen a m&iacute;&raquo; (<i>Jn <\/i>10, 14). <\/p>\n<p>Las palabras del Evangelio, que acaban de resonar en esta bas&iacute;lica, indican cu&aacute;l debe ser el estilo del pastor con respecto a las personas que le han sido encomendadas. &iquest;No fue ese el modo de actuar que caracteriz&oacute; el ministerio episcopal del cardenal Poletti? &iquest;No se esforz&oacute; por entablar con todos una relaci&oacute;n personal y afectuosa?<\/p>\n<p>Podemos decir que, quiz&aacute;, precisamente aqu&iacute; estriba el secreto de su proficuo servicio eclesial. &laquo;No soy un intelectual, sino un hombre que trata de estar cerca de la gente&raquo;, dijo un d&iacute;a a un amigo. Su coraz&oacute;n de pastor lo llevaba a poner en primer lugar este &laquo;estar cerca de la gente&raquo;, objetivo al que consagraba sus energ&iacute;as y su notable competencia teol&oacute;gica, pastoral y administrativa, acumulada durante sus numerosos a&ntilde;os de sacerdocio y episcopado. <\/p>\n<p>La gente de Roma lo conoc&iacute;a y &eacute;l conoc&iacute;a a la gente. Adem&aacute;s de los momentos oficiales, su celo pastoral le permit&iacute;a mantener relaciones llenas de humanidad en sus numerosos contactos durante las visitas a las parroquias, a las escuelas, a las sedes de las asociaciones y a las comunidades religiosas, as&iacute; como tambi&eacute;n en las peregrinaciones diocesanas a Lourdes, en las que siempre trat&oacute; de participar. <\/p>\n<p>Por eso, el clero y el pueblo lo amaban. Saludo a cuantos han venido a testimoniarle su afecto tambi&eacute;n en esta &uacute;ltima despedida: al presidente de la Rep&uacute;blica italiana, Oscar Luigi Scalfaro, al ministro Giovanni Maria Flick, a las autoridades civiles, as&iacute; como a los numerosos sacerdotes, religiosos y religiosas y a la amplia representaci&oacute;n de fieles laicos. <\/p>\n<p>7.&nbsp;&laquo;El buen pastor da su vida por las ovejas&raquo;. <\/p>\n<p>Con esta liturgia f&uacute;nebre, iluminada por la presencia de Cristo resucitado, damos el &uacute;ltimo saludo a los restos mortales de este amado hermano, valios&iacute;simo colaborador m&iacute;o. Lo encomendamos con confianza al buen Pastor, mientras invocamos para su alma elegida la misericordia divina. <\/p>\n<p>Demos gracias al Padre por haberlo donado a su Iglesia. Que Cristo, el buen pastor, lo acoja en su morada de luz y paz y le d&eacute; la recompensa reservada a los siervos buenos y fieles. <\/p>\n<p>Y que la Virgen Mar&iacute;a, <i> Salus populi romani<\/i>, cuyo hijo devoto fue, lo introduzca en la gozosa liturgia del cielo.<\/p>\n<p>&laquo;In paradisum deducant te angeli&raquo;, dilectissime frater! Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp;<\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE SUFRAGIO POR EL CARDENAL UGO POLETTI HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Bas&iacute;lica de San PedroJueves 27 de febrero de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Scio quod Redemptor meus vivit&raquo; (Jb 19, 25). 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