{"id":40121,"date":"2016-10-05T23:35:33","date_gmt":"2016-10-06T04:35:33","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-febrero-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-la-santa-cruz-flaminio\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:33","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:33","slug":"23-de-febrero-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-la-santa-cruz-flaminio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/23-de-febrero-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-la-santa-cruz-flaminio\/","title":{"rendered":"23 de febrero de 1997, Visita a la parroquia romana de la Santa Cruz, Flaminio"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"> <font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA DE LA SANTA CRUZ<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <i><font color=\"#663300\"><b><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/> <\/font><\/b><br \/>Domingo 23 de febrero de 1997<\/font><\/i><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&laquo;<i>Este es mi Hijo amado: escuchadlo <\/i>&raquo; (<i>Mc <\/i>9, 7). Hoy, en el marco de la transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or, volvemos a escuchar estas palabras, que resonaron en el momento del bautismo de Jes&uacute;s en el Jord&aacute;n (cf. <i>Mt <\/i>3, 17). &laquo;Jes&uacute;s se llev&oacute; a Pedro, a Santiago y a Juan (&#8230;), y se transfigur&oacute; delante de ellos (&#8230;). Se les aparecieron El&iacute;as y Mois&eacute;s conversando con Jes&uacute;s (&#8230;). Pedro (&#8230;) le dijo a Jes&uacute;s: &quot;Maestro. &iexcl;Qu&eacute; bien se est&aacute; aqu&iacute;! Vamos a hacer tres chozas, una para ti, otra para Mois&eacute;s y otra para El&iacute;as&quot;&raquo; (<i>Mc <\/i>9, 2-5). En ese preciso instante se oy&oacute; una voz: &laquo;Este es mi Hijo amado; escuchadlo&raquo; (<i>Mc <\/i>9, 7). <\/p>\n<p align=\"left\">No dur&oacute; mucho esa extraordinaria manifestaci&oacute;n de la filiaci&oacute;n divina de Jes&uacute;s. Cuando los Ap&oacute;stoles alzaron nuevamente su mirada, no vieron m&aacute;s que a Jes&uacute;s, el cual, &laquo;cuando bajaban de la monta&ntilde;a \u2014prosigue el evangelista\u2014 (&#8230;), les mand&oacute;: &quot;No cont&eacute;is a nadie lo que hab&eacute;is visto hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos&quot;&raquo; (<i>Mc <\/i>9, 9). <\/p>\n<p align=\"left\">As&iacute;, en este segundo domingo de Cuaresma, escuchamos junto con los Ap&oacute;stoles el anuncio de la Resurrecci&oacute;n. Lo escuchamos mientras nos encaminamos con ellos hacia Jerusal&eacute;n, donde reviviremos el misterio de la pasi&oacute;n y muerte del Se&ntilde;or. En efecto, el ayuno y la penitencia de este tiempo sagrado se orientan precisamente hacia este acontecimiento-clave de toda la econom&iacute;a salv&iacute;fica. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;La transfiguraci&oacute;n del Se&ntilde;or, que seg&uacute;n la tradici&oacute;n tuvo lugar en el monte Tabor, sit&uacute;a en primer plano la persona y la obra de Dios Padre, presente junto al Hijo de modo invisible pero real. Esto explica el hecho de que, en el trasfondo del evangelio de la Transfiguraci&oacute;n, la liturgia de hoy sit&uacute;a un importante episodio del Antiguo Testamento, en el que se pone de relieve de modo particular la paternidad. <\/p>\n<p align=\"left\">En efecto, la primera lectura, tomada del libro del G&eacute;nesis, nos recuerda el sacrificio de Abraham. &Eacute;ste ten&iacute;a un hijo, Isaac, que hab&iacute;a nacido en su vejez. Era el hijo de la promesa. Pero un d&iacute;a Abraham recibe de Dios la orden de ofrecerlo en sacrificio. El anciano patriarca se encuentra ante la perspectiva de un sacrificio que para &eacute;l, padre, es seguramente el mayor que se pueda imaginar. A pesar de ello, no duda ni un instante y, despu&eacute;s de haber preparado lo necesario, parte con Isaac hacia el lugar establecido. Construye un altar, coloca la le&ntilde;a y, una vez atado el muchacho, toma el cuchillo para inmolarlo. S&oacute;lo entonces lo detiene una orden de lo alto: &laquo;No alargues tu mano contra tu hijo, ni le hagas nada, que ahora ya s&eacute; que t&uacute; eres temeroso de Dios, ya que no me has negado tu hijo, tu &uacute;nico hijo&raquo; (<i>Gn <\/i>22, 12). <\/p>\n<p align=\"left\">Es conmovedor este acontecimiento, en el que la fe y el abandono de un padre en las manos de Dios alcanzan la cima. Con raz&oacute;n san Pablo llama a Abraham &laquo;padre de todos los creyentes&raquo; (<i>Rm <\/i>4, 11.17). Tanto la religi&oacute;n jud&iacute;a como la cristiana hacen referencia a su fe. El Cor&aacute;n destaca tambi&eacute;n la figura de Abraham. La fe del padre de los creyentes es un espejo en el que se refleja el misterio de Dios, misterio de amor que une al Padre y al Hijo. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la parroquia de la Santa Cruz, en la v&iacute;a Flaminia, para m&iacute; es una gran alegr&iacute;a celebrar hoy la santa misa en esta hermosa iglesia, construida por voluntad de mi venerado predecesor san P&iacute;o X, y que en 1964 visit&oacute; el siervo de Dios Papa Pablo VI, quien la elev&oacute; al grado de bas&iacute;lica menor. Saludo al cardenal vicario; al cardenal Baum, titular de la bas&iacute;lica; al obispo auxiliar encargado del sector; al p&aacute;rroco, padre Carlo Zanini; a los vicarios parroquiales y a los padres estigmatinos, a quienes desde el principio se encomend&oacute; la atenci&oacute;n pastoral de vuestra comunidad. Muchos de ellos, desempe&ntilde;ando aqu&iacute; su ministerio, han influido profundamente en la vida de la parroquia. Entre los muchos que merecer&iacute;an ser mencionados de modo particular, quisiera citar, al padre Emilio Recchia, p&aacute;rroco de vuestra comunidad durante muchos a&ntilde;os, as&iacute; como al conocido fil&oacute;sofo y te&oacute;logo padre Cornelio Fabro, que falleci&oacute; hace dos a&ntilde;os.<\/p>\n<p align=\"left\">Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, s&eacute; que la <i>misi&oacute;n ciudadana<\/i>, que comenz&oacute; hace poco, ha tenido una acogida r&aacute;pida y generosa tambi&eacute;n en vuestra parroquia. Os expreso mi vivo aprecio por vuestra disponibilidad, y os exhorto a ser testigos del Evangelio en este barrio que, como otras zonas de Roma, va experimentando r&aacute;pidos cambios sociales. <\/p>\n<p align=\"left\">Sin embargo, para que el anuncio resulte eficaz, es necesario que los creyentes est&eacute;n y trabajen profundamente unidos. Por tanto, en esta perspectiva aprovechad al m&aacute;ximo las m&uacute;ltiples energ&iacute;as apost&oacute;licas aqu&iacute; presentes. Pienso en los institutos religiosos de los Hermanos de las Escuelas Cristianas, de las religiosas Isabelinas, de las Hijas de la misericordia y de las Ap&oacute;stoles de la vida interior, as&iacute; como en la riqueza de los grupos parroquiales comprometidos en los diversos campos de la catequesis, la liturgia y la caridad. <\/p>\n<p align=\"left\">Pienso en el &laquo;oratorio&raquo; parroquial que, una vez reestructurado, podr&aacute; constituir un lugar privilegiado de encuentro formativo para todo el barrio. Ojal&aacute; que la iglesia y las obras parroquiales sean cada vez m&aacute;s un punto de referencia para todos. Vuestra comunidad debe estar dispuesta a acoger a todas las personas, especialmente a los numerosos inmigrantes filipinos y peruanos, que con frecuencia viven aqu&iacute; como &laquo;feligreses sin casa en la parroquia &raquo;. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;&laquo;El que no perdon&oacute; a su propio Hijo, sino que lo entreg&oacute; a la muerte por nosotros, &iquest;c&oacute;mo no nos dar&aacute; todo con &eacute;l?&raquo; (<i>Rm <\/i>8, 32). Estas palabras de san Pablo en la carta a los Romanos nos introducen en el tema fundamental de la liturgia de hoy: el misterio del amor divino revelado en el sacrificio de la cruz. <\/p>\n<p align=\"left\">El sacrificio de Isaac anticipa el de Cristo: el Padre no escatim&oacute; a su propio Hijo, sino que lo entreg&oacute; para la salvaci&oacute;n del mundo. &Eacute;l, que detuvo el brazo de Abraham en el momento en que estaba a punto de inmolar a Isaac, no dud&oacute; en sacrificar a su propio Hijo por nuestra redenci&oacute;n. De ese modo, el sacrifico de Abraham pone de relieve que nunca y en ning&uacute;n lugar se deben realizar sacrificios humanos, porque el &uacute;nico sacrificio verdadero y perfecto es el del Hijo unig&eacute;nito y eterno de Dios vivo. Jes&uacute;s, que por nosotros y por nuestra salvaci&oacute;n naci&oacute; de Mar&iacute;a virgen, se inmol&oacute; voluntariamente una vez para siempre, como v&iacute;ctima de expiaci&oacute;n por nuestros pecados, obteni&eacute;ndonos as&iacute; la salvaci&oacute;n total y definitiva (cf. <i>Hb <\/i>10, 5-10). Despu&eacute;s del sacrifico del Hijo de Dios, no se necesita ninguna otra expiaci&oacute;n humana, puesto que su sacrificio en la cruz abarca y supera todos los dem&aacute;s sacrificios que el hombre podr&iacute;a ofrecer a Dios. Aqu&iacute; nos encontramos en el centro del misterio pascual. <\/p>\n<p align=\"left\">Desde el Tabor, el monte de la transfiguraci&oacute;n, el itinerario cuaresmal nos lleva hasta el G&oacute;lgota, el monte del sacrifico supremo del &uacute;nico sacerdote de la alianza nueva y eterna. Dicho sacrificio encierra la mayor fuerza de transformaci&oacute;n del hombre y de la historia. Asumiendo en s&iacute; mismo todas las consecuencias del mal y del pecado, Jes&uacute;s resucitar&aacute; al tercer d&iacute;a y saldr&aacute; de esa dram&aacute;tica experiencia como vencedor de la muerte, del infierno y de Satan&aacute;s. La Cuaresma nos prepara para participar personalmente en este gran misterio de la fe, que celebraremos en el triduo de la pasi&oacute;n, la muerte y la resurrecci&oacute;n de Cristo. <\/p>\n<p align=\"left\">Pidamos al Se&ntilde;or la gracia de prepararnos de modo conveniente: &laquo;Jes&uacute;s, Hijo amado del Padre, haz que te escuchemos y te sigamos hasta el Calvario, hasta la cruz, para poder participar contigo en la gloria de la resurrecci&oacute;n&raquo;. Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA DE LA SANTA CRUZ HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 23 de febrero de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Este es mi Hijo amado: escuchadlo &raquo; (Mc 9, 7). 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