{"id":40124,"date":"2016-10-05T23:35:39","date_gmt":"2016-10-06T04:35:39","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/homilia-en-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-primera-jornada-de-la-vida-consagrada-2-de-febrero-de-1997\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:39","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:39","slug":"homilia-en-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-primera-jornada-de-la-vida-consagrada-2-de-febrero-de-1997","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/homilia-en-la-fiesta-de-la-presentacion-del-senor-primera-jornada-de-la-vida-consagrada-2-de-febrero-de-1997\/","title":{"rendered":"Homil\u00eda en la Fiesta de la Presentaci\u00f3n del Se\u00f1or -Primera Jornada de la Vida Consagrada (2 de febrero de 1997)"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font face=\"Times\" size=\"3\"> <b><font color=\"#663300\">FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR<\/font><\/b><\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font face=\"Times\" size=\"4\"> HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<\/font><\/i><\/b> <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><font face=\"Times\" size=\"3\"><i>Domingo 2 de febrero de 1997<\/i><br \/><i>I Jornada de la Vida Consagrada<\/i><\/font> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">1.<i>&nbsp;Lumen ad revelationem gentium<\/i>: luz para alumbrar a las naciones (cf. <i>Lc <\/i>2, 32). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s de su nacimiento, Jes&uacute;s fue llevado por Mar&iacute;a y Jos&eacute; al templo para presentarlo al Se&ntilde;or (cf. <i>Lc <\/i>2, 22), seg&uacute;n lo que est&aacute; escrito en la ley de Mois&eacute;s: &laquo;Todo primog&eacute;nito var&oacute;n ser&aacute; consagrado al Se&ntilde;or&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 23), y para ofrecer en sacrificio &laquo;un par de t&oacute;rtolas o dos pichones, como dice la ley del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 24). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Al recordar estos eventos, la liturgia sigue intencionalmente y con precisi&oacute;n el ritmo de los acontecimientos evang&eacute;licos: el plazo de los cuarenta d&iacute;as del nacimiento de Cristo. Har&aacute; lo mismo despu&eacute;s con el per&iacute;odo que va de la resurrecci&oacute;n a la ascensi&oacute;n al cielo. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">En el evento evang&eacute;lico que se celebra hoy destacan tres elementos fundamentales: el misterio de la <i>venida<\/i>, la realidad del <i>encuentro <\/i>y la proclamaci&oacute;n de la <i>profec&iacute;a<\/i>. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">2.&nbsp;Ante todo, el <i>misterio de la venida<\/i>. Las lecturas b&iacute;blicas, que hemos escuchado, subrayan <i>el car&aacute;cter extraordinario <\/i>de esta venida de Dios: lo anuncia con entusiasmo y alegr&iacute;a el profeta Malaqu&iacute;as, lo canta el Salmo responsorial, lo describe el texto del evangelio seg&uacute;n san Lucas. Basta, por ejemplo, escuchar el Salmo responsorial: &laquo;&iexcl;Portones!, alzad los dinteles (&#8230;): va a entrar el rey de la gloria (&#8230;). &iquest;Qui&eacute;n es ese rey de la gloria? (&#8230;). El Se&ntilde;or, h&eacute;roe de la guerra (&#8230;). El Se&ntilde;or, Dios de los ej&eacute;rcitos. &Eacute;l es el rey de la gloria&raquo; (<i>Sal <\/i>23, 7-8.10). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Entra en el templo de Jerusal&eacute;n el esperado durante siglos, aquel que es el cumplimiento de las promesas de la antigua alianza: el Mes&iacute;as anunciado. El salmista lo llama &laquo;Rey de la gloria&raquo;. S&oacute;lo m&aacute;s tarde se aclarar&aacute; que su reino no es de este mundo (cf. <i>Jn <\/i>18, 36), y que cuantos pertenecen a este mundo est&aacute;n preparando para &eacute;l, no una corona real, sino una corona de espinas. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Sin embargo, la liturgia mira m&aacute;s all&aacute;. Ve en ese ni&ntilde;o de cuarenta d&iacute;as la &laquo;luz&raquo; destinada a iluminar a las naciones, y lo presenta como la &laquo;gloria&raquo; del pueblo de Israel (cf. <i>Lc <\/i>2, 32). &Eacute;l es quien deber&aacute; vencer la muerte, como anuncia la carta a los Hebreos, explicando el misterio de la Encarnaci&oacute;n y de la Redenci&oacute;n: &laquo;Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre particip&oacute; tambi&eacute;n Jes&uacute;s&raquo; (<i>Hb <\/i>2, 14), habiendo asumido la naturaleza humana. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Despu&eacute;s de haber descrito el misterio de la Encarnaci&oacute;n, el autor de la carta a los Hebreos presenta el de la Redenci&oacute;n: &laquo;Por eso ten&iacute;a que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar as&iacute; los pecados del pueblo. Como &eacute;l ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella&raquo; (<i>Hb <\/i>2, 17-18). Se trata de una profunda y conmovedora presentaci&oacute;n del misterio de Cristo. Ese pasaje de la carta a los Hebreos nos ayuda a comprender mejor por qu&eacute; esta ida a Jerusal&eacute;n del reci&eacute;n nacido hijo de Mar&iacute;a es un evento decisivo para la historia de la salvaci&oacute;n. El templo, desde su construcci&oacute;n, esperaba de una manera completamente singular a aquel que hab&iacute;a sido prometido. Su presentaci&oacute;n reviste, por tanto, un significado sacerdotal: &laquo;<i>Ecce sacerdos magnus&raquo;<\/i>; el sumo Sacerdote verdadero y eterno entra en el templo. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">3.&nbsp;El segundo elemento caracter&iacute;stico de la celebraci&oacute;n de hoy es <i>la realidad del encuentro<\/i>. Aunque nadie est&aacute; esperando la llegada de Jos&eacute; y Mar&iacute;a con el ni&ntilde;o Jes&uacute;s, que acuden entre la gente, en el templo de Jerusal&eacute;n sucede algo muy singular. All&iacute; se encuentran algunas personas guiadas por el Esp&iacute;ritu Santo: el anciano Sime&oacute;n, de quien san Lucas escribe: &laquo;Hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Esp&iacute;ritu Santo moraba en &eacute;l. Hab&iacute;a recibido un or&aacute;culo del Esp&iacute;ritu Santo: que no ver&iacute;a la muerte antes de ver al Mes&iacute;as del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 25-26), y la profetisa Ana, que &laquo;de jovencita hab&iacute;a vivido siete a&ntilde;os casada, y luego viuda hasta los ochenta y cuatro; no se apartaba del templo d&iacute;a y noche, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 36-37). El evangelista prosigue: &laquo;Acerc&aacute;ndose en aquel momento, daba gracias a Dios y hablaba del ni&ntilde;o a todos los que aguardaban la liberaci&oacute;n de Jerusal&eacute;n&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 38). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Sime&oacute;n y Ana: un hombre y una mujer, representantes de la antigua alianza que, en cierto sentido, hab&iacute;an vivido toda su vida con vistas al momento en que el Mes&iacute;as esperado visitar&iacute;a el templo de Jerusal&eacute;n. Sime&oacute;n y Ana comprenden que finalmente ha llegado el momento y, confortados por ese encuentro, pueden afrontar con paz en el coraz&oacute;n la &uacute;ltima parte de su vida: &laquo;Ahora, Se&ntilde;or, seg&uacute;n tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 29-30). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">En este encuentro discreto las palabras y los gestos expresan eficazmente la realidad del acontecimiento que se est&aacute; realizando. La llegada del Mes&iacute;as no ha pasado desapercibida. Ha sido reconocida por la mirada penetrante de la fe, que el anciano Sime&oacute;n manifiesta en sus conmovedoras palabras. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">4.&nbsp;El tercer elemento que destaca en esta fiesta es <i>la profec&iacute;a<\/i>: hoy resuenan palabras verdaderamente prof&eacute;ticas. La liturgia de las Horas concluye cada d&iacute;a la jornada con el c&aacute;ntico inspirado de Sime&oacute;n: &laquo;Ahora, Se&ntilde;or, seg&uacute;n tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz; porque mis ojos han visto a tu Salvador (&#8230;), luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 29-32). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">El anciano Sime&oacute;n, dirigi&eacute;ndose a Mar&iacute;a, a&ntilde;ade: &laquo;Mira, &eacute;ste est&aacute; puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; signo de contradicci&oacute;n, para que se manifiesten los pensamientos de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasar&aacute; el alma&raquo; (<i>Lc <\/i>2, 34-35). As&iacute; pues, mientras todav&iacute;a nos encontramos al comienzo de la vida de Jes&uacute;s, ya estamos orientados hacia el Calvario. En la cruz Jes&uacute;s se confirmar&aacute; de modo definitivo como signo de contradicci&oacute;n, y all&iacute; el coraz&oacute;n de su Madre ser&aacute; traspasado por la espada del dolor. Se nos dice todo esto ya desde el inicio, cuarenta d&iacute;as despu&eacute;s del nacimiento de Jes&uacute;s, en la fiesta de la presentaci&oacute;n de Jes&uacute;s en el templo, tan importante en la liturgia de la Iglesia.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">5.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, la celebraci&oacute;n de hoy se enriquece este a&ntilde;o con un significado nuevo. En efecto, por primera vez celebramos la <i>Jornada de la vida consagrada. <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">A todos vosotros, queridos religiosos y religiosas, y a vosotros, queridos hermanos y hermanas miembros de los institutos seculares y de las sociedades de vida apost&oacute;lica, se os ha encomendado la tarea de proclamar con la palabra y el ejemplo el primado de lo absoluto sobre toda realidad humana. Se trata de un compromiso urgente en nuestro tiempo que, con frecuencia, parece haber perdido el sentido aut&eacute;ntico de Dios. Como he recordado en el <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/messages\/consecrated_life\/documents\/hf_jp-ii_mes_06011997_i-consecrated-life-day.html\"> mensaje que os he dirigido para esta primera Jornada de la vida consagrada<\/a><\/i>, en nuestros d&iacute;as &laquo;existe realmente una gran necesidad de que la vida consagrada se muestre cada vez m&aacute;s &quot;llena de alegr&iacute;a y de Esp&iacute;ritu Santo&quot;, se lance con br&iacute;o por los caminos de la misi&oacute;n, se acredite por la fuerza del testimonio vivido, ya que &quot;el hombre contempor&aacute;neo escucha m&aacute;s a gusto a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos&quot;&raquo; (n. 4: <i>L\u2019Osservatore Romano<\/i>, edici&oacute;n en lengua espa&ntilde;ola, 24 de enero de 1997, p. 7). Que vuestra misi&oacute;n en la Iglesia y en el mundo sea luz y fuente de esperanza. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Como el anciano Sime&oacute;n y la profetisa Ana, salgamos al encuentro del Se&ntilde;or en su templo. Acojamos la luz de su revelaci&oacute;n, esforz&aacute;ndonos por difundirla entre nuestros hermanos, con vistas al ya pr&oacute;ximo gran jubileo del a&ntilde;o 2000. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Que nos acompa&ntilde;e la Virgen sant&iacute;sima, Madre de la esperanza y de la alegr&iacute;a, y obtenga a todos los creyentes la gracia de ser testigos de la salvaci&oacute;n, que Dios ha preparado para todos los pueblos en su Hijo encarnado, Jesucristo, luz para alumbrar a las naciones y gloria de su pueblo Israel. Am&eacute;n. <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><font size=\"3\" color=\"#663300\"> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>FIESTA DE LA PRESENTACI&Oacute;N DEL SE&Ntilde;OR HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 2 de febrero de 1997I Jornada de la Vida Consagrada &nbsp; 1.&nbsp;Lumen ad revelationem gentium: luz para alumbrar a las naciones (cf. Lc 2, 32). 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