{"id":40126,"date":"2016-10-05T23:35:42","date_gmt":"2016-10-06T04:35:42","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-enero-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-de-la-esperanza\/"},"modified":"2016-10-05T23:35:42","modified_gmt":"2016-10-06T04:35:42","slug":"19-de-enero-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-de-la-esperanza","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/19-de-enero-de-1997-visita-a-la-parroquia-romana-de-santa-maria-de-la-esperanza\/","title":{"rendered":"19 de enero de 1997, Visita a la parroquia romana de Santa Mar\u00eda de la Esperanza"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA MAR&Iacute;A DE LA ESPERANZA<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font color=\"#663300\"><b><i><font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II<br \/><\/font><\/i><br \/> <\/b><i>Domingo 19 de enero de 1997<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\">1.&nbsp;&laquo;<i>El Se&ntilde;or llam&oacute; a Samuel y &eacute;l respondi&oacute;: &quot;Aqu&iacute; estoy<\/i>&quot;&raquo; (<i>1 S <\/i>3, 4). <\/p>\n<p align=\"left\">La liturgia de la Palabra de este domingo nos presenta el tema de la vocaci&oacute;n. Se delinea, ante todo, en la primera lectura, tomada del primer libro de Samuel. Acabamos de escuchar nuevamente el sugestivo relato de la vocaci&oacute;n del profeta, a quien Dios llama por su nombre, despert&aacute;ndolo del sue&ntilde;o. Al principio, el joven Samuel no sabe de d&oacute;nde proviene esa voz misteriosa. S&oacute;lo despu&eacute;s y gradualmente, tambi&eacute;n gracias a la explicaci&oacute;n del anciano sacerdote El&iacute;, descubre que la voz que ha escuchado es la voz de Dios. Entonces, responde enseguida: &laquo;Habla, Se&ntilde;or, que tu siervo te escucha&raquo; (<i>1 S <\/i>3, 10). <\/p>\n<p align=\"left\">Se puede decir que <i>la llamada de Samuel tiene un significado paradigm&aacute;tico<\/i>, pues es la realizaci&oacute;n de un proceso que se repite en todas las vocaciones. En efecto, la voz de Dios se hace o&iacute;r cada vez con mayor claridad y la persona adquiere progresivamente la conciencia de su proveniencia divina. La persona llamada por Dios aprende con el tiempo a abrirse cada vez m&aacute;s a la palabra de Dios, disponi&eacute;ndose a escuchar y realizar su voluntad en su propia vida. <\/p>\n<p align=\"left\">2.&nbsp;El relato de la vocaci&oacute;n de Samuel en el contexto del Antiguo Testamento coincide, en cierto sentido, con lo que escribe san Juan sobre la vocaci&oacute;n de los Ap&oacute;stoles. El primer llamado fue Andr&eacute;s, hermano de Sim&oacute;n Pedro. Precisamente &eacute;l llev&oacute; a su hermano a Cristo, anunci&aacute;ndole: &laquo;Hemos encontrado al Mes&iacute;as&raquo; (<i>Jn <\/i>1, 41). Cuando Jes&uacute;s vio a Sim&oacute;n, le dijo: &laquo;T&uacute; eres Sim&oacute;n, el hijo de Juan; t&uacute; te llamar&aacute;s Cefas (que significa Pedro)&raquo; (<i>Jn <\/i>1, 42). <\/p>\n<p align=\"left\">En esta breve pero solemne descripci&oacute;n de la vocaci&oacute;n de los disc&iacute;pulos de Jes&uacute;s, destaca <i>el tema de la &laquo;b&uacute;squeda&raquo; y del &laquo;encuentro&raquo;<\/i>. En la actitud de los dos hermanos, Andr&eacute;s y Sim&oacute;n, se manifiesta la b&uacute;squeda del cumplimiento de las profec&iacute;as, que era parte esencial de la fe del Antiguo Testamento. Israel esperaba al Mes&iacute;as prometido; lo buscaba con mayor celo, especialmente desde que Juan Bautista hab&iacute;a empezado a predicar a orillas del Jord&aacute;n. El Bautista no s&oacute;lo anunci&oacute; la pr&oacute;xima venida del Mes&iacute;as, sino que tambi&eacute;n se&ntilde;al&oacute; su presencia en la persona de Jes&uacute;s de Nazaret, que hab&iacute;a ido al Jord&aacute;n para ser bautizado. La llamada de los primeros Ap&oacute;stoles se realiz&oacute; precisamente en este &aacute;mbito, es decir, naci&oacute; de la fe del Bautista en el Mes&iacute;as ya presente en medio del pueblo de Dios. <\/p>\n<p align=\"left\">Tambi&eacute;n el salmo responsorial de hoy habla de la venida del Mes&iacute;as al mundo. La liturgia de este domingo pone las palabras del salmista en la boca de Jes&uacute;s: &laquo;Aqu&iacute; estoy \u2014como est&aacute; escrito en el libro\u2014 para hacer tu voluntad&raquo; (<i>Sal <\/i>39, 8-9). Esta presencia del Mes&iacute;as, que Dios anunci&oacute; en los libros prof&eacute;ticos, cuando lleg&oacute; la plenitud de los tiempos se convirti&oacute; en <i>realidad hist&oacute;rica en el misterio de la Encarnaci&oacute;n<\/i>. Todos nosotros, que acabamos de vivir el per&iacute;odo de Navidad, tiempo de alegr&iacute;a y de fiesta por el nacimiento del Salvador, tenemos grabada a&uacute;n en nuestros ojos y en nuestro coraz&oacute;n la celebraci&oacute;n del cumplimiento de las profec&iacute;as mesi&aacute;nicas en la noche de Bel&eacute;n. Terminado el tiempo navide&ntilde;o, la liturgia nos muestra ahora el comienzo gradual de la misi&oacute;n salv&iacute;fica de Jes&uacute;s a trav&eacute;s de los relatos sencillos e inmediatos de la vocaci&oacute;n de los Ap&oacute;stoles. <\/p>\n<p align=\"left\">3.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas de la parroquia de <i>Santa Mar&iacute;a de la Esperanza<\/i>, me alegra estar con vosotros hoy, para celebrar la Eucarist&iacute;a en este domingo que cae en la &laquo;Semana de oraci&oacute;n por la unidad de los cristianos&raquo;. Estoy seguro de que, durante estos d&iacute;as, tambi&eacute;n de vuestra parroquia se elevar&aacute; una oraci&oacute;n m&aacute;s insistente con esta finalidad \u2014la unidad de los cristianos\u2014, que tanto anhela el Redentor divino.<\/p>\n<p align=\"left\">S&eacute; que desde hace tiempo esperabais mi visita pastoral. Os saludo a todos con afecto, comenzando por el cardenal vicario, Camillo Ruini, el obispo auxiliar del sector, monse&ntilde;or Enzo Dieci, y el rector mayor de los salesianos, don Juan Edmundo Vecchi, que hoy nos honra con su presencia. Tambi&eacute;n saludo al p&aacute;rroco, don Stelvio Tonnini, as&iacute; como a los vicarios parroquiales y a todos los hijos e hijas de Don Bosco, que trabajan con tanta generosidad en esta comunidad desde su fundaci&oacute;n. <\/p>\n<p align=\"left\">Mi pensamiento va, asimismo, a las religiosas de los Sagrados Corazones, fundadas por don Variara, a los miembros de los diversos &oacute;rganos de participaci&oacute;n pastoral, a los representantes de los numerosos y activos grupos parroquiales, y a todos los laicos comprometidos de m&uacute;ltiples modos en las diversas actividades de vuestra parroquia. <\/p>\n<p align=\"left\">Viv&iacute;s en un gran barrio metropolitano, donde parecer&iacute;a que los problemas no son tan graves como en otras zonas de Roma. Sin embargo, tambi&eacute;n aqu&iacute; la gente debe afrontar diariamente dificultades como, por ejemplo, la incomodidad de pasar toda la jornada lejos de la propia casa, con consecuencias negativas para la vida familiar y para la formaci&oacute;n de relaciones de verdadera amistad con los vecinos. En este &aacute;mbito, la parroquia, que constituye el &uacute;nico centro de reuni&oacute;n, desempe&ntilde;a un papel importante. Con sus diferentes propuestas, bien organizadas, se convierte en <i>un lugar id&oacute;neo para un camino espiritual, formativo, cultural y recreativo para todos.<\/i><\/p>\n<p align=\"left\">Vuestra comunidad dispone ahora de un lugar de culto hermoso y amplio, que hab&eacute;is querido con empe&ntilde;o todos vosotros y, sobre todo, el anterior rector mayor de la Sociedad Salesiana, don Egidio Vigan&ograve;, a quien recordamos con particular afecto en esta eucarist&iacute;a. Antes de la consagraci&oacute;n de este templo, que tuvo lugar hace algo m&aacute;s de un a&ntilde;o, la parroquia estuvo alojada durante muchos a&ntilde;os en locales de la adyacente <i> Pontificia Universidad Salesiana<\/i>. Agradezco a los responsables y a los profesores de la Universidad Salesiana no s&oacute;lo la hospitalidad que han brindado durante tantos a&ntilde;os a vuestra comunidad parroquial, sino tambi&eacute;n el generoso servicio teol&oacute;gico, pastoral y cultural que prestan a la di&oacute;cesis de Roma y a toda la Iglesia. <\/p>\n<p align=\"left\">4.&nbsp;Amad&iacute;simos hermanos y hermanas, durante nuestro encuentro he podido observar c&oacute;mo el <i>cuidado pastoral de los j&oacute;venes, <\/i>que tanto interesaba a san Juan Bosco, es para vuestra parroquia una opci&oacute;n privilegiada. En efecto, son muchos los caminos y las iniciativas que se les ofrecen, como, por ejemplo, el oratorio-centro juvenil, en el que colaboran ochenta animadores, entre j&oacute;venes y adultos, que dan una nota de actividad y de energ&iacute;a a la entera comunidad parroquial. <\/p>\n<p align=\"left\">S&eacute; que os est&aacute;is preparando con empe&ntilde;o para la celebraci&oacute;n de la <i>gran misi&oacute;n ciudadana<\/i>. Precisamente ayer se ha hecho p&uacute;blica la carta que, el d&iacute;a de Navidad, dirig&iacute; a todos los romanos para presentarles el evangelio de san Marcos, que se entregar&aacute; tambi&eacute;n a cada una de las familias de esta comunidad. En esa carta he subrayado que no existe ninguna noticia m&aacute;s sorprendente que la que contiene el Evangelio: &laquo;Dios mismo \u2014en Jes&uacute;s\u2014 sali&oacute; personalmente a nuestro encuentro, se hizo uno de nosotros, fue crucificado, resucit&oacute; y nos llama a todos a participar en su misma vida para siempre&raquo;. Os exhorto a llevar esta buena nueva tambi&eacute;n a cuantos hoy no est&aacute;n aqu&iacute; con nosotros; llevadla a todos los muchachos y muchachas, a las familias, a las personas solas, a los ancianos y a los enfermos. Ofreced a todos la buena nueva del Evangelio, para que puedan decir, como el ap&oacute;stol Andr&eacute;s: &laquo;Hemos encontrado al Mes&iacute;as&raquo; (<i>Jn <\/i>1, 41). <\/p>\n<p align=\"left\">5.&nbsp;&laquo;<i>&iquest;No sab&eacute;is que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? (&#8230;). &iquest;O es que no sab&eacute;is que vuestro cuerpo es templo del Esp&iacute;ritu Santo, que habita en vosotros? &raquo; <\/i>(<i>1 Co <\/i>6, 15.19). Estas palabras del ap&oacute;stol Pablo a los Corintios merecen una reflexi&oacute;n particular, puesto que describen la vocaci&oacute;n cristiana. S&iacute;, el Esp&iacute;ritu Santo habita en cada uno de nosotros, y nosotros lo hemos recibido de Dios. Por tanto, ya no nos pertenecemos a nosotros mismos (cf. <i>1 Co <\/i>6, 19), puesto que Cristo nos &laquo;ha comprado pagando un alto precio&raquo; (cf. <i>1 Co <\/i>6, 20). <\/p>\n<p align=\"left\">San Pablo quiere que los Corintios, destinatarios de su carta, sean conscientes de esta verdad: el hombre pertenece a Dios, ante todo porque es criatura suya, pero m&aacute;s a&uacute;n por el hecho de haber sido redimido del pecado por obra de Cristo. Darse cuenta de esto significa llegar a <i>las ra&iacute;ces mismas de toda vocaci&oacute;n<\/i>. <\/p>\n<p align=\"left\">Esto es verdad, en primer lugar, para la vocaci&oacute;n cristiana y, sobre este fundamento, es verdad para toda vocaci&oacute;n particular: para la vocaci&oacute;n sacerdotal, para la vocaci&oacute;n religiosa y para la vocaci&oacute;n al matrimonio, as&iacute; como para cualquier otra vocaci&oacute;n relacionada con las diversas actividades y profesiones, por ejemplo, m&eacute;dico, ingeniero, artista, profesor, etc. Para un cristiano, todas estas vocaciones particulares encuentran su fundamento en el gran misterio de la Redenci&oacute;n.<\/p>\n<p align=\"left\">Precisamente por haber sido redimido por Cristo y haberse convertido en morada del Esp&iacute;ritu Santo, todo cristiano puede encontrar en s&iacute; mismo los diversos talentos y carismas que le permiten desarrollar de modo creativo su propia vida. As&iacute;, es capaz de servir a Dios y a los hombres, respondiendo de modo adecuado a su vocaci&oacute;n particular en la comunidad cristiana y en el ambiente social en el que vive. Os deseo que siempre se&aacute;is conscientes de la dignidad de vuestra vocaci&oacute;n cristiana, que est&eacute;is atentos a la voz de Dios que os llama, y que se&aacute;is generosos al anunciar su presencia salv&iacute;fica a vuestros hermanos. <\/p>\n<p align=\"left\">&iexcl;Habla Se&ntilde;or, que nosotros, tus siervos, estamos dispuestos a escucharte! <\/p>\n<p align=\"left\">&laquo;T&uacute; solo tienes palabras de vida eterna &raquo; (cf. <i>Aleluya <\/i>de la misa). Am&eacute;n. <\/p>\n<p align=\"center\"> &nbsp;<\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">&copy; Copyright 1997 &#8211; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font color=\"#663300\">&nbsp; <\/font> <\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>VISITA A LA PARROQUIA ROMANA DE SANTA MAR&Iacute;A DE LA ESPERANZA HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 19 de enero de 1997 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;El Se&ntilde;or llam&oacute; a Samuel y &eacute;l respondi&oacute;: &quot;Aqu&iacute; estoy&quot;&raquo; (1 S 3, 4). La liturgia de la Palabra de este domingo nos presenta el tema de la vocaci&oacute;n. 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