{"id":40145,"date":"2016-10-05T23:36:47","date_gmt":"2016-10-06T04:36:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-noviembre-de-1998-sinodo-para-oceania-solemnidad-de-jesucristo-rey-del-universo\/"},"modified":"2016-10-05T23:36:47","modified_gmt":"2016-10-06T04:36:47","slug":"22-de-noviembre-de-1998-sinodo-para-oceania-solemnidad-de-jesucristo-rey-del-universo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/22-de-noviembre-de-1998-sinodo-para-oceania-solemnidad-de-jesucristo-rey-del-universo\/","title":{"rendered":"22 de noviembre de 1998, S\u00ednodo para Ocean\u00eda &#8211; Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">MISA DE APERTURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL <br \/>PARA OCEAN&Iacute;A DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><b><i> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <\/font><\/i><\/p>\n<p><\/b> <i>Domingo 22 de noviembre de 1998<br \/>Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"><i><br \/>&nbsp;<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> 1.&nbsp;&laquo;Jes&uacute;s Nazareno, el rey de los jud&iacute;os&raquo;. &Eacute;sta es la inscripci&oacute;n que pusieron en la cruz. Poco antes de la muerte de Cristo, uno de los dos condenados, crucificados junto con &eacute;l, le dijo: &laquo;Acu&eacute;rdate de m&iacute; <i>cuando llegues a tu reino<\/i>&raquo;. &iquest;Cu&aacute;l reino? El objeto de su petici&oacute;n no era, ciertamente, un reino terreno, sino otro reino. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> El buen ladr&oacute;n habla como si hubiera escuchado la conversaci&oacute;n que mantuvieron antes Pilato y Cristo. En efecto, en presencia de Pilato, acusaron a Jes&uacute;s de querer convertirse en rey. A este prop&oacute;sito, Pilato le pregunt&oacute;: &laquo;&iquest;Eres t&uacute; el rey de los jud&iacute;os?&raquo; (<i>Jn <\/i>18, 33). Cristo no lo neg&oacute;; le explic&oacute;: &laquo;Mi reino <i>no es de este mundo<\/i>. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia habr&iacute;a luchado para que no cayera en manos de los jud&iacute;os. Pero mi reino no es de aqu&iacute;&raquo; (<i>Jn <\/i>18, 36). A la siguiente pregunta de Pilato sobre si era rey, Jes&uacute;s le respondi&oacute; directamente: &laquo;T&uacute; lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz&raquo; (<i>Jn <\/i>18, 37). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> 2.&nbsp;La liturgia de hoy habla del reino terreno de Israel, recordando la unci&oacute;n de David como rey. S&iacute;, Dios eligi&oacute; a Israel y no s&oacute;lo le envi&oacute; profetas, sino tambi&eacute;n reyes, cuando el pueblo elegido insisti&oacute; en tener un soberano terreno. Entre todos los reyes que se sentaron en el trono de Israel, el m&aacute;s grande fue David. La primera lectura de esta celebraci&oacute;n habla de ese reino, para recordar que Jes&uacute;s de Nazaret proven&iacute;a de la estirpe del rey David; pero al mismo tiempo, y sobre todo, para subrayar que la realeza de Cristo es de otro tipo. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> Son significativas las palabras que dirige el &aacute;ngel a Mar&iacute;a en la anunciaci&oacute;n: &laquo;El Se&ntilde;or Dios le dar&aacute; el trono de David, su padre; reinar&aacute; para siempre sobre la casa de Jacob y su reino no tendr&aacute; fin&raquo; (<i>Lc <\/i>1, 32-33). Por tanto, su reino no es s&oacute;lo el reino terreno de David, que tuvo fin. Es el reino de Cristo, que <i>no tendr&aacute; fin<\/i>, el reino eterno, el <i>reino de verdad, de amor y de vida eterna<\/i>. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> El buen ladr&oacute;n crucificado con Cristo lleg&oacute;, de alg&uacute;n modo, al n&uacute;cleo de esta verdad. En cierto sentido, se convirti&oacute; en <i>profeta de este reino eterno<\/i>, cuando, clavado en la cruz, dijo: &laquo;Jes&uacute;s, acu&eacute;rdate de m&iacute; cuando llegues a tu reino&raquo; (<i>Lc <\/i>23, 42). Cristo le respondi&oacute;: &laquo;Hoy estar&aacute;s conmigo en el para&iacute;so&raquo; (<i>Lc <\/i>23, 43). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> 3.&nbsp;Jes&uacute;s nos invit&oacute; a mirar hacia ese reino, que no es de este mundo, cuando nos ense&ntilde;&oacute; a orar: &laquo;&iexcl;Venga tu reino!&raquo;. Por obediencia a ese mandato, los Ap&oacute;stoles, los disc&iacute;pulos y los misioneros de todos los tiempos han gastado sus mejores energ&iacute;as para extender, mediante la evangelizaci&oacute;n, los confines de este reino. En efecto, es don del Padre (cf.<i>&nbsp;Lc <\/i>12, 32), pero tambi&eacute;n fruto de la respuesta personal del hombre. En la &laquo;nueva creaci&oacute;n&raquo;, s&oacute;lo podremos entrar en el reino del Padre si hemos seguido al Se&ntilde;or en su peregrinaci&oacute;n terrena (cf.<i>&nbsp;Mt <\/i>19, 28). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> Por eso, el programa de todo cristiano consiste en seguir al Se&ntilde;or, que es el camino, la verdad y la vida, para poseer el reino que prometi&oacute; y dio. Con esta solemne concelebraci&oacute;n eucar&iacute;stica, inauguramos hoy la Asamblea especial para Ocean&iacute;a del S&iacute;nodo de los obispos, cuyo tema es: &laquo;Jesucristo y los pueblos de Ocean&iacute;a: seguir su camino, proclamar su verdad y vivir su vida&raquo;.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> Bienvenidos, venerados y queridos hermanos en el episcopado, a quienes est&aacute; encomendado el cuidado pastoral de las Iglesias particulares de Ocean&iacute;a. Saludo, asimismo, a todos los que tomar&aacute;n parte en los trabajos sinodales y a los que han contribuido a su preparaci&oacute;n. Quisiera, adem&aacute;s, enviar un cordial saludo a las comunidades cristianas y a las poblaciones de Ocean&iacute;a que est&aacute;n unidas espiritualmente a nosotros en este momento. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> &laquo;Jes&uacute;s, el Verbo encarnado, fue enviado por el Padre al mundo para salvarlo, para proclamar y establecer el reino de Dios. (&#8230;) El Padre, al resucitarlo, lo convirti&oacute;, perfectamente y para siempre, en el camino, la verdad y la vida para todos los que creen&raquo; (<i>Instrumentum laboris<\/i>, 5). Esa amplia porci&oacute;n de la Iglesia, que est&aacute; extendida por los inmensos espacios de Ocean&iacute;a, conoce el camino y sabe que en &eacute;l encontrar&aacute; la verdad y la vida: el camino del Evangelio, el camino se&ntilde;alado por los santos y los m&aacute;rtires, que dieron su vida por el Evangelio (cf. <i>ib., <\/i>4). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> 4.&nbsp;Mientras la Iglesia universal se prepara para cruzar el umbral del tercer milenio de la era cristiana, los pastores de Ocean&iacute;a se han reunido en la comuni&oacute;n, unidos al Sucesor de Pedro, para tratar de dar un nuevo impulso a la solicitud pastoral que los lleva a anunciar el reino de Cristo en las diversas culturas y tradiciones humanas, sociales y religiosas, y en la admirable multiplicidad de sus pueblos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> El ap&oacute;stol Pablo, en la segunda lectura, explica en qu&eacute; consiste el reino del que habla Jes&uacute;s. Escribe a los Colosenses: demos gracias a Dios, que &laquo;nos ha sacado del dominio de las tinieblas, y nos ha trasladado al reino de su Hijo querido, por cuya sangre hemos recibido la redenci&oacute;n, el perd&oacute;n de los pecados &raquo; (<i>Col <\/i>1, 13-14). Precisamente este <i>perd&oacute;n de los pecados <\/i>se convirti&oacute; en la herencia del buen ladr&oacute;n en el Calvario. &Eacute;l fue el primero en experimentar que <i>Cristo es rey por ser Redentor. <\/i> <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> A continuaci&oacute;n, el Ap&oacute;stol explica en qu&eacute; consiste la realeza de Cristo: &laquo;&Eacute;l es imagen de Dios invisible, primog&eacute;nito de toda creatura; porque por medio de &eacute;l fueron creadas todas las cosas: celestes y terrestres, visibles e invisibles; (&#8230;) todo fue creado por &eacute;l y para &eacute;l. &Eacute;l es anterior a todo, y todo se mantiene en &eacute;l&raquo; (<i>Col <\/i>1, 15-17). <i>Por tanto, Cristo es Rey ante todo como primog&eacute;nito de toda creatura<\/i>. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> El texto paulino prosigue: &laquo;&Eacute;l es tambi&eacute;n la cabeza del cuerpo: de la Iglesia. &Eacute;l es el principio, el primog&eacute;nito de entre los muertos, para que tenga la primac&iacute;a sobre todas las cosas. Porque en &eacute;l quiso Dios que residiera toda la plenitud. Y por &eacute;l quiso reconciliar consigo todos los seres: los del cielo y los de la tierra, haciendo la paz por la sangre de su cruz&raquo; (<i>Col <\/i>1, 18-20). Con estas palabras, el Ap&oacute;stol confirma de nuevo y justifica lo que hab&iacute;a revelado sobre la esencia de la realeza de Cristo: Cristo es Rey como <i>primog&eacute;nito de entre los muertos<\/i>. En otras palabras: como <i>Redentor <\/i>del mundo, <i>Cristo crucificado y resucitado es el Rey de la humanidad nueva<\/i>.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> 5.&nbsp;&laquo;Jes&uacute;s, acu&eacute;rdate de m&iacute; cuando llegues a tu reino&raquo; (<i>Lc <\/i>23, 42). <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> En el Calvario, Jes&uacute;s tuvo un compa&ntilde;ero de pasi&oacute;n bastante singular: un ladr&oacute;n. Para ese desventurado, el camino de la cruz se transform&oacute; infaliblemente en el camino del para&iacute;so (cf. <i>Lc <\/i>23, 43), el camino de la verdad y de la vida, el camino del Reino. Hoy lo recordamos como el &laquo;buen ladr&oacute;n&raquo;. En esta circunstancia solemne, en la que estamos reunidos alrededor del altar de Cristo para inaugurar un S&iacute;nodo, que tiene ante s&iacute; todo un continente con sus problemas y sus esperanzas, podemos hacer nuestra la oraci&oacute;n del &laquo;buen ladr&oacute;n&raquo;: <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> Jes&uacute;s, acu&eacute;rdate de m&iacute;, acu&eacute;rdate de nosotros, acu&eacute;rdate de los pueblos a los que los pastores aqu&iacute; reunidos dan diariamente el pan vivo y verdadero de tu Evangelio a lo largo y a lo ancho de espacios ilimitados, por mar y por tierra. Mientras pedimos que venga tu reino, nos damos cuenta de que tu promesa se convierte en realidad: despu&eacute;s de haberte seguido, venimos a ti, a tu reino, atra&iacute;dos por ti, elevado en la cruz (cf. <i>Jn <\/i>12, 32); a ti, elevado sobre la historia y en el centro de ella, alfa y omega, principio y fin (cf. <i>Ap <\/i>22, 13), Se&ntilde;or del tiempo y de los siglos. <\/font> <\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"> A ti nos dirigimos con las palabras de un antiguo himno: &laquo;Por tu muerte dolorosa, Rey de eterna gloria, has obtenido para los pueblos la vida eterna; por eso el mundo entero te llama Rey de los hombres. &iexcl;Reina sobre nosotros, Cristo Se&ntilde;or!&raquo;. Am&eacute;n. <\/font><\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> <\/font> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>MISA DE APERTURA DE LA ASAMBLEA ESPECIAL PARA OCEAN&Iacute;A DEL S&Iacute;NODO DE LOS OBISPOS HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II Domingo 22 de noviembre de 1998Solemnidad de Jesucristo, Rey del universo &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Jes&uacute;s Nazareno, el rey de los jud&iacute;os&raquo;. &Eacute;sta es la inscripci&oacute;n que pusieron en la cruz. 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