{"id":40146,"date":"2016-10-05T23:36:47","date_gmt":"2016-10-06T04:36:47","guid":{"rendered":"http:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-1998-convocacion-del-ano-santo-2\/"},"modified":"2016-10-05T23:36:47","modified_gmt":"2016-10-06T04:36:47","slug":"29-de-noviembre-de-1998-convocacion-del-ano-santo-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.biblia.work\/sermones\/29-de-noviembre-de-1998-convocacion-del-ano-santo-2\/","title":{"rendered":"29 de noviembre de 1998, Convocaci\u00f3n del A\u00f1o Santo"},"content":{"rendered":"<p align=\"center\"><font color=\"#663300\">DOMINGO I DE ADVIENTO<\/font><\/p>\n<p align=\"center\"><font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\"><i><b> <font size=\"4\">HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II <br \/><\/font><br \/>&nbsp;<\/b>Bas&iacute;lica de San Pedro <br \/>Domingo 29 de noviembre de 1998 <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\">&nbsp;<\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">1.&nbsp;&laquo;Vayamos jubilosos al encuentro del Se&ntilde;or&raquo; (<i>Estribillo del Salmo responsorial<\/i>).<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Son las palabras del Salmo responsorial de esta liturgia del primer domingo de Adviento, tiempo lit&uacute;rgico que renueva a&ntilde;o tras a&ntilde;o la espera de la venida de Cristo. En estos a&ntilde;os que estamos viviendo en la perspectiva del tercer milenio, el Adviento ha cobrado una dimensi&oacute;n nueva y singular. <i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_10111994_tertio-millennio-adveniente.html\"> Tertio millennio adveniente<\/a><\/i>: el a&ntilde;o 1998, que est&aacute; a punto de terminar, y el a&ntilde;o pr&oacute;ximo 1999 nos acercan al umbral de un nuevo siglo y de un nuevo milenio. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&laquo;En el umbral&raquo; ha comenzado tambi&eacute;n esta celebraci&oacute;n: en el umbral de la bas&iacute;lica vaticana, ante la puerta santa, con la entrega y la lectura de la <i> <a href=\"http:\/\/www.vatican.va\/jubilee_2000\/docs\/documents\/hf_jp-ii_doc_30111998_bolla-jubilee_sp.html\"> bula de convocaci&oacute;n<\/a> <\/i>del gran jubileo del a&ntilde;o 2000.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&laquo;Vayamos jubilosos al encuentro del Se&ntilde;or&raquo; es un estribillo que est&aacute; perfectamente en armon&iacute;a con el jubileo. Es, por decir as&iacute;, un &laquo;estribillo jubilar&raquo;, seg&uacute;n la etimolog&iacute;a de la palabra latina <i>iubilar<\/i>, que encierra una referencia al j&uacute;bilo. &iexcl;Vayamos, pues, con alegr&iacute;a! Caminemos jubilosos y vigilantes a la espera del tiempo que recuerda la venida de Dios en la carne humana, tiempo que lleg&oacute; a su plenitud cuando en la cueva de Bel&eacute;n naci&oacute; Cristo. Entonces se cumpli&oacute; el tiempo de la espera.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Viviendo el Adviento, esperamos un acontecimiento que se sit&uacute;a en la historia y a la vez la trasciende. Al igual que los dem&aacute;s a&ntilde;os, tendr&aacute; lugar en la noche de la Navidad del Se&ntilde;or. A la cueva de Bel&eacute;n acudir&aacute;n los pastores; m&aacute;s tarde, ir&aacute;n los Magos de Oriente. Unos y otros simbolizan, en cierto sentido, a toda la familia humana. La exhortaci&oacute;n que resuena en la liturgia de hoy: &laquo;Vayamos jubilosos al encuentro del Se&ntilde;or&raquo; se difunde en todos los pa&iacute;ses, en todos los continentes, en todos los pueblos y naciones. La voz de la liturgia, es decir, la voz de la Iglesia, resuena por doquier e invita a todos al gran jubileo. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">2.&nbsp;Estos &uacute;ltimos tres a&ntilde;os que preceden al 2000 forman un tiempo de espera muy intenso, orientado a la meditaci&oacute;n sobre el significado del inminente evento espiritual y sobre su necesaria preparaci&oacute;n. El contenido de esa preparaci&oacute;n sigue el modelo trinitario, que se repite al final de toda plegaria lit&uacute;rgica. As&iacute; pues, vayamos jubilosos <i>hacia el Padre<\/i>, <i>por el camino que es nuestro Se&ntilde;or Jesucristo<\/i>, el cual vive y reina con &eacute;l <i>en la unidad del Esp&iacute;ritu Santo.<\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Por eso, el primer a&ntilde;o lo dedicamos al Hijo; el segundo, al Esp&iacute;ritu Santo; y el que comienza hoy .el &uacute;ltimo antes del gran jubileo. ser&aacute; <i>el a&ntilde;o del Padre<\/i>. Invitados por el Padre, vayamos a &eacute;l mediante el Hijo, en el Esp&iacute;ritu Santo. Este trienio de preparaci&oacute;n inmediata para el nuevo milenio, por su car&aacute;cter trinitario, no s&oacute;lo nos habla de Dios en s&iacute; mismo, como misterio inefable de vida y santidad, sino tambi&eacute;n de <i>Dios que viene a nuestro encuentro. <\/i><\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">3.&nbsp;Por este motivo, el estribillo &laquo;Vayamos jubilosos <i>al encuentro del Se&ntilde;or<\/i>&raquo; resulta tan adecuado. Nosotros podemos encontrar a Dios, porque &eacute;l ha venido a nuestro encuentro. Lo ha hecho, como el padre de la par&aacute;bola del hijo pr&oacute;digo (cf. <i>Lc <\/i>15, 11-32), porque es rico en misericordia, <i>dives in misericordia<\/i>, y quiere salir a nuestro encuentro sin importarle de qu&eacute; parte venimos o a d&oacute;nde lleva nuestro camino. Dios viene a nuestro encuentro, tanto si lo hemos buscado como si lo hemos ignorado, e incluso si lo hemos evitado. &Eacute;l sale el primero a nuestro encuentro, con los brazos abiertos, como un padre amoroso y misericordioso.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Si Dios se pone en movimiento para salir a nuestro encuentro, &iquest;podremos nosotros volverle la espalda? Pero no podemos ir solos al encuentro con el Padre. Debemos ir en compa&ntilde;&iacute;a de cuantos forman parte de &laquo;la familia de Dios&raquo;. Para prepararnos convenientemente al jubileo debemos disponernos a acoger a todas las personas. Todos son nuestros hermanos y hermanas, porque son hijos del mismo Padre celestial.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">En esta perspectiva, podemos leer la bimilenaria historia de la Iglesia. Es consolador constatar c&oacute;mo la Iglesia, en este paso del segundo al tercer milenio, est&aacute; experimentando un nuevo impulso misionero. Lo ponen de manifiesto los S&iacute;nodos continentales que se est&aacute;n celebrando estos a&ntilde;os, incluido el actual para Australia y Ocean&iacute;a. Y tambi&eacute;n lo confirman los informes que llegan al Comit &eacute; para el gran jubileo sobre las iniciativas puestas en marcha por las Iglesias locales como preparaci&oacute;n para ese hist&oacute;rico acontecimiento. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Quisiera saludar, en particular, al cardenal presidente del comit&eacute;, al secretario general y a sus colaboradores. Mi saludo se extiende tambi&eacute;n a los cardenales, a los obispos y a los sacerdotes aqu&iacute; presentes, as&iacute; como a todos vosotros, queridos hermanos y hermanas, que particip&aacute;is en esta solemne liturgia. Saludo en especial al clero, a los religiosos, a las religiosas y a los laicos comprometidos de Roma, que, junto con el cardenal vicario y los obispos auxiliares, est&aacute;n aqu&iacute; esta ma&ntilde;ana para inaugurar la &uacute;ltima fase de la misi&oacute;n ciudadana, dirigida a los ambientes de la sociedad. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Es una fase importante, en la que la di&oacute;cesis realizar&aacute; una amplia labor de evangelizaci&oacute;n en todos los &aacute;mbitos de vida y de trabajo. Al terminar la santa misa, entregar&eacute; a los misioneros la cruz de la misi&oacute;n. Es necesario que Cristo sea anunciado y testimoniado en cada lugar y en cada situaci&oacute;n. Invito a todos a sostener con la oraci&oacute;n esta gran empresa. En particular, cuento con la aportaci&oacute;n de las monjas de clausura, de los enfermos, de las personas ancianas que, a pesar de que les es imposible participar directamente en esta iniciativa apost&oacute;lica, pueden dar una gran contribuci&oacute;n con su oraci&oacute;n y con la ofrenda de sus sufrimientos para disponer los corazones a la acogida del anuncio evang&eacute;lico. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Mar&iacute;a, que el tiempo de Adviento nos invita a contemplar en espera activa del Redentor, os ayude a todos a ser ap&oacute;stoles generosos de su Hijo Jes&uacute;s. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">4.&nbsp;En el evangelio de hoy hemos escuchado la invitaci&oacute;n del Se&ntilde;or a la <i>vigilancia<\/i>. &laquo;Velad, porque no sab&eacute;is qu&eacute; d&iacute;a vendr&aacute; vuestro Se&ntilde;or&raquo;. Y a continuaci&oacute;n: &laquo;Estad preparados, porque a la hora que menos pens&eacute;is vendr&aacute; el Hijo del hombre&raquo; (<i>Mt <\/i>24, 42.44). La exhortaci&oacute;n a velar resuena muchas veces en la liturgia, especialmente en Adviento, tiempo de preparaci&oacute;n no s&oacute;lo para la Navidad, sino tambi&eacute;n para <i>la definitiva y gloriosa venida de Cristo al final de los tiempos<\/i>. Por eso, tiene un significado marcadamente escatol&oacute;gico e invita al creyente a pasar cada d&iacute;a, cada momento, en presencia de Aquel &laquo;que es, que era y que vendr&aacute;&raquo; (<i>Ap <\/i>1, 4), al que pertenece el futuro del mundo y del hombre. &Eacute;sta es la esperanza cristiana. Sin esta perspectiva, nuestra existencia se reducir&iacute;a a un vivir para la muerte. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Cristo es nuestro Redentor: <i> Redemptor mundi et Redemptor hominis<\/i>, Redentor del mundo y Redentor del hombre. Vino a nosotros para ayudarnos a cruzar el umbral que lleva a la puerta de la vida, la &laquo;puerta santa&raquo; que es &eacute;l mismo. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">5.&nbsp;Que esta consoladora verdad est&eacute; siempre muy presente ante nuestros ojos, mientras caminamos como peregrinos hacia el gran jubileo. Esa verdad constituye la raz&oacute;n &uacute;ltima de la alegr&iacute;a a la que nos exhorta la liturgia de hoy: &laquo;Vayamos <i>jubilosos <\/i>al encuentro del Se&ntilde;or&raquo;. Creyendo en Cristo crucificado y resucitado, creemos en la resurrecci&oacute;n de la carne y en la vida eterna. <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\"><i> <a href=\"\/content\/john-paul-ii\/es\/apost_letters\/documents\/hf_jp-ii_apl_10111994_tertio-millennio-adveniente.html\"> Tertio millennio adveniente<\/a><\/i>. En esta perspectiva, los a&ntilde;os, los siglos y los milenios cobran el sentido definitivo de la existencia que el jubileo del a&ntilde;o 2000 quiere manifestarnos.<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Contemplando a Cristo, hagamos nuestras las palabras de un antiguo canto popular polaco: <\/font><\/p>\n<blockquote>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&laquo;La salvaci&oacute;n ha venido por la cruz; <br \/>&eacute;ste es un gran misterio. <br \/>Todo sufrimiento tiene un sentido: <br \/> lleva a la plenitud de la vida&raquo;. <\/font><\/p>\n<\/blockquote>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">Con esta fe en el coraz&oacute;n, que es la fe de la Iglesia, inauguro hoy, como Obispo de Roma, el tercer a&ntilde;o de preparaci&oacute;n para el gran jubileo. Lo inauguro en el nombre del Padre celestial, que &laquo;tanto am&oacute; (&#8230;) al mundo que le dio su Hijo &uacute;nico, para que quien cree en &eacute;l (&#8230;) tenga la vida eterna&raquo; (<i>Jn <\/i>3, 16). <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"><font face=\"Times New Roman\">&iexcl;Alabado sea Jesucristo! <\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" size=\"3\"> &nbsp; <\/font> <\/p>\n<p align=\"center\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\" size=\"3\">Copyright &copy; Libreria Editrice Vaticana<\/font><\/p>\n<p align=\"left\"> <font face=\"Times New Roman\" color=\"#663300\">&nbsp; <\/font><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>DOMINGO I DE ADVIENTO HOMIL&Iacute;A DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II &nbsp;Bas&iacute;lica de San Pedro Domingo 29 de noviembre de 1998 &nbsp; 1.&nbsp;&laquo;Vayamos jubilosos al encuentro del Se&ntilde;or&raquo; (Estribillo del Salmo responsorial). 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